Jedet gana el juicio por la agresión sexual que sufrió en los Premios Feroz
ATA - Sylvia Rivera • 30 de enero de 2026
La actriz asegura que para ella ha sido una pesadilla y un proceso «profundamente desgastante»
«Hoy, después de tres años, una sentencia judicial pone fin a un proceso que ha marcado profundamente mi vida. Después de tres años, he ganado el juicio por agresión sexual y vejaciones injustas contra la persona a la que denuncié», ha publicado Jedet (33 años). Hace referencia a la agresión sexual que sufrió en la celebración posterior a la ceremonia de los Premios Feroz a manos del productor Javier Pérez Santana.
Ocurrió entre las 4 y las 6 de la mañana en el Espacio Ebro de Zaragoza, donde se celebró la fiesta. El productor de cine realizó tocamientos indeseados y estuvo acosando sexualmente a la actriz durante la fiesta. Además, profirió graves insultos tránsfobos contra ella. Se detuvo al sospechoso que fue posteriormente puesto en libertad sin cargos, pero tras la investigación de la Unidad de Familia y Mujer (UFAM) de la Policía Nacional la Justicia le ha dado la razón a la intérprete de 'Veneno'.
«Durante todo este tiempo he respetado los tiempos de la justicia y he sostenido un proceso largo, duro y profundamente desgastante», ha admitido Jedet en una publicación en sus redes sociales en donde no menciona el nombre del productor. «No ha sido fácil. Estos tres años han tenido un impacto real en mi salud mental, en mi trabajo y en mi vida personal. Ha sido una carga constante, una herida abierta que me acompañaba a todas partes», ha añadido.
«Empatizo profundamente con el por qué muchas mujeres deciden no denunciar: porque los procesos son largos, complejos y porque una tiene que revivir una y otra vez lo sucedido. Porque denunciar también tiene un precio», ha escrito, denunciando la dificultad a la que se enfrentan otras víctimas.
Sin embargo, y a pesar de los retos a los que ha tenido que enfrentarse, Carmen Jedet tiene claro que «fue necesario» porque es «una forma de protegernos entre todas y de poner límites donde durante demasiado tiempo no los ha habido», ha comentado. Su mensaje, formado por tres páginas diferentes, continúa animando a las mujeres de la industria a que alcen la voz, puesto que sabe que no es la única: «Hay compañeras que han vivido situaciones similares». «Aunque cada una tiene su tiempo y su proceso es importante que entendamos que no estamos solas y que nuestras experiencias importan», ha añadido.
Crítica a la organización
La segunda página la ha dedicado a los agradecimientos, entre los que están sus abogadas o el actor Pol Monen, de quien señala su «valentía, generosidad y honestidad». También a su psicóloga María Losada, su representante, a Andrea Compton y su madre, de quienes dice que han llevado el proceso como si fuera suyo. Pero ha tenido unas palabras de crítica hacia la organización de los Premios Feroz.
«No puedo dejar de señalar, con tristeza, la actitud de la organización de los Premios Feroz. Fue en el contexto de sus premios donde ocurrieron los hechos y fue esa misma organización la que filtró mi nombre a la prensa cuando yo regresaba de Zaragoza a Madrid, cosa que me obligó a huir durante semanas de Madrid para protegerme», ha criticado.
Según explica, no han mostrado interés por cómo estaba en este proceso ni ha vuelto a ser invitada a los premios, con la excepción del año siguiente porque su equipo «insistió». «Me resulta especialmente doloroso que quienes llenan sus galas de discursos sobre los derechos de las mujeres y del colectivo LGTBI no hayan sido capaces de aplicar esos valores cuando más falta hacían». «Hoy para mí esta pesadilla termina. Cierro una etapa muy dura, con la tranquilidad de haber dicho la verdad y de haber confiado en la justicia. Ahora toca sanar, seguir adelante y vivir sin miedo», ha finalizado la intérprete.
https://www.abc.es
Noticias

Si hay una forma de matar a una persona que ya está muerta es haciendo desaparecer de la eternidad el nombre que la acompañó en vida. Cuando la tierra se traga el cuerpo, lo que queda es el eco del mismo a través de esa breve palabra que condensa toda una existencia. Cada vez que alguien pronuncia el nombre de una persona fallecida, da forma a su espíritu con la carne de la lengua. A Daniela Martínez Silveira, una chica trans que se suicidó en 2022 con tan solo 21 años, sus padres le han negado tanto una vida como una muerte dignas. El derecho mismo a la memoria.

Los derechos de las personas LGTBIQ+ atraviesan un momento contradictorio en Europa. Por un lado, nunca habían existido tantos países con leyes que reconocen la igualdad, protegen frente a la discriminación o permiten el matrimonio entre personas del mismo sexo. Por otro, el debate político y social se ha endurecido y en distintos lugares han aparecido movimientos que cuestionan algunos de estos avances. España ocupa, en términos generales, una posición avanzada dentro de Europa. El matrimonio igualitario, reconocido desde 2005, la legislación contra la discriminación y las normas más recientes en materia de derechos trans han ampliado el marco de protección. Pero tener derechos reconocidos sobre el papel no significa que todas las personas puedan ejercerlos en las mismas condiciones. La discriminación laboral, las agresiones, el acoso escolar o las dificultades que todavía encuentran personas trans forman parte de una realidad que continúa existiendo. En Europa las diferencias son aún mayores. Mientras países como España, Países Bajos, Bélgica o los países nórdicos cuentan con marcos legales relativamente amplios, otros Estados mantienen restricciones importantes. En algunos lugares, además, el debate sobre las leyes trans se ha convertido en uno de los principales campos de batalla cultural, en el que los derechos y la dignidad de las personas trans son utilizados como instrumentos de confrontación política e ideológica. Y ya no se trata de discrepancias sobre aspectos concretos de una legislación cuando lo que se pone en cuestión son la integridad y los derechos humanos de un colectivo. Convertir su existencia en una disputa deshumaniza, alimenta la polarización y perpetúa situaciones de vulnerabilidad. La situación obliga a mirar más allá de los grandes titulares. Los derechos LGTBIQ+ no son únicamente una cuestión de leyes nacionales: también están relacionados con la educación, el acceso a la sanidad, la vivienda, el empleo, la seguridad o la posibilidad de formar una familia. La fotografía europea, por tanto, no es la de un avance lineal. Hay conquistas que parecían consolidadas y que vuelven a discutirse, pero también una generación que ha crecido con derechos que sus padres y abuelos no tenían. Quizá la pregunta ya no sea solamente cuánto hemos avanzado, sino cómo conseguir que esos avances sean reales, cotidianos y duraderos. https://www.20minutos.es











