Atizar a las personas trans con cualquier excusa
Existe una guerra abierta que forma parte de la dichosa batallita cultural ejercida por la ultraderecha
Existe una guerra abierta que forma parte de la dichosa batallita cultural ejercida por la ultraderecha y sus recientes y lustrosos conversos de otros lares, que no tiene otro objetivo que dar que hablar con opiniones más o menos gruesas sobre temas que generan el aplauso rápido de la parroquia. De toda esa guerra cultural contra todo, solo por querer ser el más malote, con la pulsión psicopática de un niño maleducado, con la pasión del acosador del recreo y del apalizador de migrantes, ha surgido una batalla contra el colectivo trans, un colectivo pequeño y posiblemente de los más oprimidos del mundo al que se le atribuyen unas fantasiosas maldades casi sobrenaturales y un poco creíble poder desproporcionado para dirigir nuestros destinos. La memoria es corta y, ante todo, selectiva.
En 1991, Sonia Rescalvo y su amiga Doris sufrieron una agresión brutal en el Parque de la Ciutadella de Barcelona, con resultado de muerte para Sonia y de gravísimas lesiones de por vida para Doris, a manos de una cuadrilla de terroristas neonazis. Sonia y Doris eran mujeres trans que se vieron obligadas por la violencia social de la miseria a dormir en un parque juntas. Los neonazis aparecieron por allí con la intención de apalear mendigos y se encontraron con ellas. En un viejo vídeo que se puede ver en algunos reportajes al respecto, un skinhead nazi con aspecto de no ser el lápiz más afilado del estuche y con la cara tapada dice textualmente que matar a este tipo de personas no es un delito y se siente orgulloso de lo que sus compañeros han perpetrado. La diferencia entre estos skinheads nazis y quienes están en esto de la batalla cultural contra la decencia más básica es que los segundos son demasiado finos para llenarse las Dr. Martens de sangre.
Existe un reciente y extraño consenso no escrito ni pronunciado según el cual atizar al colectivo trans sin venir a cuento se puede justificar en base a lo que uno haya sufrido en la vida, consenso que se limita a personas que en su momento nos cayeron bien o nos hicieron disfrutar con su arte. Esto no ocurriría en las filas progresistas con otros colectivos, nadie puede justificar el asesinato de una persona negra a manos de un nazi sin señalarse como un nazi, nadie puede señalar a las personas negras como un problema para el resto de personas sin que los demás se le tiren encima, tenga un doloroso pasado o no.
Imaginen a los asesinos de Sonia justificando su violencia en base a lo que sufrieron en el pasado. Nadie lo aceptaría, ¿verdad? Pues estos días he leído en redes sociales justificaciones de la transfobia de otra persona por el sufrimiento vivido por ella en el pasado. El asunto de callarse porque alguien sufrió en el pasado es lo que nos ha traído hasta el genocidio palestino. Hay que ser realistas, ser víctima de algo no te hace necesariamente mejor persona ni convierte tus opiniones en válidas, mucho menos en intocables. Cuando uno expone sus ideas se queda a los pies de los caballos, a veces con razón y a veces sin ella, eso no importa en absoluto.
Desde que empezaron estas guerritas culturales, el colectivo trans se ha convertido en el canario en la mina que nos avisa del fascismo. Las campañas promovidas con millones de dólares, libras y euros para reducir a las personas trans a los márgenes de los que han tenido la osadía de salir, de devolverlas al Parque de la Ciutadella, son terroríficas. Una escritora mediocre y multimillonaria es la cabecilla de estos ataques. Los mismos que están hablando de un supuesto borrado de mujeres no están diciendo nada sobre las campañas ultras en EEUU que buscan eliminar el derecho al voto de las mismas, por ejemplo.
Tenemos a medio planeta gobernado por auténticos lunáticos capaces de cualquier cosa y que odian activamente a las personas trans y las convierten en su chivo expiatorio, en la raíz de todo mal, y ninguna de estas personas que están en la guerrita cultural en España tiene media palabra de crítica hacia ellos hagan lo que hagan porque al fin y al cabo están luchando contra no sé qué. Esto tiene explicación, y es más bien siniestra: muchos se están situando para que cuando toque aquí no les dañe a ellos y para poder pillar dinerito llegado el momento. Saben mejor que nadie que el fascismo no se va a quedar en las personas trans, ellas solo son la excusa, después vendremos todos los demás, salvo los que han logrado situarse, y no todos.
Es sorprendente, pero de unos años a esta parte es muy fácil situarse en el lugar correcto de la historia y nunca antes de estos años he visto tantísima cobardía en hacerlo. ¿Acaso Sonia y Doris no sufrieron? Cuando queramos enfrentarnos de verdad a estas opiniones será tarde, ya estarán pisándonos el cuello a todos, no solo a quienes no te gustan a ti personalmente. Esto es tan básico que me sorprende que nadie esté hablando de ello. Las personas no fascistas que miran para otro lado con este asunto también serán sus víctimas. Las personas que se creen progresistas y están atizando al colectivo trans constante y gratuitamente, también. Y ya no se podrá hacer nada.
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