Los registros de cáncer de EE. UU. dejan de recoger datos sobre personas trans
ATA - Sylvia Rivera • 12 de marzo de 2026
La medida podría tener efectos a largo plazo para la investigación del cáncer en las personas trans.

Este año, los registros de cáncer de EE. UU. reconocerán sólo los sexos “masculino” y “femenino” en sus bases de datos. Como informó en primer lugar KFF Health News, la medida podría tener efectos negativos a largo plazo en la salud de las personas transgénero.
El año 2025 “vio más retrocesos sistémicos en la recopilación de datos de personas trans que cualquier otro año en la historia, incluidos los registros de cáncer”, afirma Scout, MA, PhD, a cargo de la dirección ejecutiva de The National LGBTQIA+ Cancer Network (Scout solo tiene un nombre). “Por desgracia, eliminar la recogida de datos no arregla las disparidades sanitarias, sino que las aumenta”.
Los registros de cáncer hacen un seguimiento de los nuevos casos de cáncer y de los resultados de supervivencia en todo el país. También recogen información demográfica sobre las personas que padecen cáncer, como su edad, raza, etnia y sexo. Los registros regionales y estatales cuentan con el apoyo de los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades (CDC) y del Instituto Nacional del Cáncer (NCI). Estos registros alertan a científicos y médicos sobre las tendencias del cáncer, como el aumento del cáncer de mama en jóvenes y cómo el tabaquismo conlleva peores resultados para las mujeres negras con cáncer de mama. Los responsables políticos también utilizan esta información para crear programas y políticas que aborden estas tendencias.
Históricamente, estos registros han excluido la información sobre personas lesbianas, gays, bisexuales, trans y queer (LGBTQ+) con diagnóstico de cáncer, ya que no recogían información sobre sexualidad y género. Sin esta información, hay muchos aspectos que las personas investigadoras aún desconocen sobre cómo el cáncer afecta a las comunidades LGBTQ+, como la prevalencia de ciertos tipos de cáncer o los factores de riesgo específicos para personas LGBTQ+.
En los últimos años, los registros han ampliado las opciones de género para incluir “masculino”, “femenino”, “otro” y varias opciones para “transgénero”. Ahora, en consonancia con la orden ejecutiva de enero de 2025 del presidente Trump, que solo reconoce los sexos masculino y femenino, los registros están echando atrás esas opciones ampliadas. Cualquier registro que reciba financiación de los CDC o del NCI debe ahora clasificar a las personas solo como “hombre”, “mujer” o “desconocido/no declarado”.
“Tomar una de las poblaciones menos estables del país y negarse activamente a controlar el impacto del cáncer en nuestra comunidad”, dice Scout, “es simplemente una mala práctica de salud pública”.
https://www.breastcancer.org
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Si hay una forma de matar a una persona que ya está muerta es haciendo desaparecer de la eternidad el nombre que la acompañó en vida. Cuando la tierra se traga el cuerpo, lo que queda es el eco del mismo a través de esa breve palabra que condensa toda una existencia. Cada vez que alguien pronuncia el nombre de una persona fallecida, da forma a su espíritu con la carne de la lengua. A Daniela Martínez Silveira, una chica trans que se suicidó en 2022 con tan solo 21 años, sus padres le han negado tanto una vida como una muerte dignas. El derecho mismo a la memoria.

Los derechos de las personas LGTBIQ+ atraviesan un momento contradictorio en Europa. Por un lado, nunca habían existido tantos países con leyes que reconocen la igualdad, protegen frente a la discriminación o permiten el matrimonio entre personas del mismo sexo. Por otro, el debate político y social se ha endurecido y en distintos lugares han aparecido movimientos que cuestionan algunos de estos avances. España ocupa, en términos generales, una posición avanzada dentro de Europa. El matrimonio igualitario, reconocido desde 2005, la legislación contra la discriminación y las normas más recientes en materia de derechos trans han ampliado el marco de protección. Pero tener derechos reconocidos sobre el papel no significa que todas las personas puedan ejercerlos en las mismas condiciones. La discriminación laboral, las agresiones, el acoso escolar o las dificultades que todavía encuentran personas trans forman parte de una realidad que continúa existiendo. En Europa las diferencias son aún mayores. Mientras países como España, Países Bajos, Bélgica o los países nórdicos cuentan con marcos legales relativamente amplios, otros Estados mantienen restricciones importantes. En algunos lugares, además, el debate sobre las leyes trans se ha convertido en uno de los principales campos de batalla cultural, en el que los derechos y la dignidad de las personas trans son utilizados como instrumentos de confrontación política e ideológica. Y ya no se trata de discrepancias sobre aspectos concretos de una legislación cuando lo que se pone en cuestión son la integridad y los derechos humanos de un colectivo. Convertir su existencia en una disputa deshumaniza, alimenta la polarización y perpetúa situaciones de vulnerabilidad. La situación obliga a mirar más allá de los grandes titulares. Los derechos LGTBIQ+ no son únicamente una cuestión de leyes nacionales: también están relacionados con la educación, el acceso a la sanidad, la vivienda, el empleo, la seguridad o la posibilidad de formar una familia. La fotografía europea, por tanto, no es la de un avance lineal. Hay conquistas que parecían consolidadas y que vuelven a discutirse, pero también una generación que ha crecido con derechos que sus padres y abuelos no tenían. Quizá la pregunta ya no sea solamente cuánto hemos avanzado, sino cómo conseguir que esos avances sean reales, cotidianos y duraderos. https://www.20minutos.es











