Estudio "The Trevor Project": Tratamiento hormonal y jóvenes trans

ATA - Sylvia Rivera • 20 de diciembre de 2021
Un nuevo estudio de the Trevor Project (organización para la prevención del suicidio de personas LGTBI+) ha descubierto que el tratamiento hormonal está directamente vinculado a reducir el porcentaje de menores trans o no binaries deprimidos, con pensamientos suicidas o intentos de autolesión.

En el estudio, publicado el jueves 9 de diciembre, en la revista Journal of Adolescent Health se hizo hincapié en la necesidad de ampliar el acceso al tratamiento hormonal a la juventud.

Este estudio es el primero realizado a gran escala para investigar el impacto del tratamiento hormonal entre jóvenes trans y no binaries, en el que han participado 9000 jóvenes, cuya media de edad era entre 17 y 18 años (este estudio se ha realizado en EEUU, donde la mayoría de edad es a los 21).

“Antes de este estudio no se habían realizado estudios a tan gran escala sobre la salud mental de la juventud trans y no binaria en relación con al tratamiento hormonal” Le comenta Jonah DeChants, científico investigador de the Trevor Project al periodico The Advocate “Dados los debates políticos que nos rodean en estos momentos, es esencial entender los beneficios del tratamiento hormonal en las juventudes trans y no binarias en todo el territorio de los Estados Unidos”.

Los investigadores han descubierto que el 52% de los jóvenes trans y no binarios habían considerado alguna vez seriamente quitarse la vida. La nueva investigación confirmó que el 50% de los jóvenes trans y no binarios que no estaba recibiendo tratamiento hormonal estaban interesados en recibirlo, un 36% no, y un 14% ya estaba recibiéndolo.

En esta investigación se descubrió que los jóvenes que estaban recibiendo el tratamiento hormonal tenían una probabilidad mucho más baja de depresión o de pensar en quitarse la vida que los jóvenes que no estaban recibiéndolo, pero les gustaría recibirla. El resultado del estudio también concluyó que entre los jóvenes menores de 18 años que sí recibían tratamiento hormonal era un 40% menos frecuente haber sufrido depresión o haber atentado contra su vida en el último año. El 8% de aquellos que estaban recibiendo tratamiento hormonal tenían al menos un padre que apoyaba su identidad.

“No es muy sorprendente, basado en lo que sabemos de estudios anteriores, pero es importante señalar el hecho de que el porcentaje de jóvenes racializados recibiendo terapia hormonal es mucho más bajo que el de jóvenes blancos”, decía DeChants. “Esto habla de una realidad que, desafortunadamente, las barreras que existen para acceder a los servicios sanitarios tienen un impacto desproporcionado en las comunidades de racializadas - necesitamos ponernos serios y hacer cambios sistemáticos en la infraestructura del sistema sanitario para eliminar estas barreras”.

https://www.advocate.com

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Y Barcelona en aquella época, con todas sus contradicciones, era uno de los pocos lugares donde una persona trans podía intentar construir una vida con algo más de libertad. Sonia trabajó como vedette durante un tiempo, pero la realidad terminó golpeándola muy duro entre adicciones, prostitución y pobreza extrema. Una vulnerabilidad que la convertiría en un claro objetivo. La noche de los hechos El 5 de octubre de 1991, un grupo de jóvenes skinheads pasaba la noche por distintos bares de Barcelona, y sobre las tres y media de la madrugada entraron en el parque de la Ciutadella. Allí llegan a una glorieta donde duermen varias personas sin hogar tapadas con mantas y empiezan a hacer ruido. Sonia y otra persona les dicen algo muy sencillo: que los dejen dormir. En ese momento, se desencadena lo peor. 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La agresión no solo buscaba matarla sino mandar un mensaje de exclusión y de odio a todo un colectivo. Los errores en la construcción del caso El problema estructural en este caso radica en que no se contemplara el motivo discriminatorio en el actuar criminal. Muchas veces, el problema aparece al principio, en cómo se mira el crimen. Con Sonia ocurrió algo peligrosísimo: se empezó investigar como una agresión salvaje de jóvenes violentos, pero no con toda la intensidad necesaria como una posible agresión selectiva contra personas vulnerables. Afortunadamente, el Mosso d’Esquadra Joan Carles Molinero Juncà, se hizo cargo de esa investigación y la impulsó de forma moderna y profesional, pero voluntarista. Y eso condiciona todo. Porque, si desde el primer momento no incorporas la discriminación como hipótesis, el odio puede desaparecer del procedimiento aunque sea el núcleo del crimen. La importancia del fiscal especialista en delitos de odio Hay quien piensa que un fiscal solo aparece en el juicio. Y no. Hay fiscales revisando denuncias, monitorizando procedimientos, intentando detectar motivaciones discriminatorias que a veces ni siquiera aparecen claramente descritas en el atestado inicial por razones ajenas a los policías. Esta labor exige formación, sensibilidad y muchísimo compromiso humano. Y a pesar del esfuerzo, su ánimo no decae. Saben que detrás de cada denuncia hay una persona que muchas veces llega rota, con miedo, con vergüenza o con sensación de que nadie le va a creer. Y ahí, el papel del fiscal es estrictamente necesario. La realidad de las mujeres trans en la actualidad En unas jornadas recientes en la Fiscalía, se analizó el asesinato de Sonia, con la oportunidad de conversar y aprender de Sofía, Judith y Marina, mujeres trans con increíbles reflexiones e historias a sus espaldas. No hablaron desde el resentimiento, pero también desde la dignidad, reivindicando algo tan simple como su derecho a existir, a vivir tranquilas y a no tener miedo. Un testimonio que recuerda que la discriminación y la transfobia no conceptos abstractos. Detrás de ellas hay seres humanos, y la dignidad humana, no se debate. ¿Acabarán algún día este tipo de crímenes? El fiscal asegura que el problema no ha desaparecido, sino que ha cambiado de forma. A día de hoy tenemos mejores leyes y mayor formación, pero siguen existiendo discursos de deshumanización que se amparan en era de la desinformación. Hay que recalcar dos ideas fundamentales: 1. Los delitos de odio no castigan ideas, castigan conductas que lesionan derechos fundamentales en un contexto discriminatorio. 2. Los discursos de odio sí son peligrosos por sí mismos, porque reducen las barreras frente a la violencia. Cuando conviertes constantemente a un colectivo en amenaza, acabas facilitando que alguien crea legítimo atacarlo. Y por eso recordar a Sonia no es mirar al pasado. Es preguntarnos qué sociedad queremos ser, si una sociedad donde determinadas personas tengan miedo de existir, o una capaz de proteger la dignidad de todos. Martín reafirma que la dignidad humana no puede depender ni de la identidad, ni de la orientación sexual, ni del aspecto físico, ni de la pobreza, ni de la vulnerabilidad. Porque, es para todos, o al final no será para nadie. https://cadenaser.com