Gilda Love, referente histórico del transformismo y superviviente de la represión franquista, fallece en Barcelona a los 100 años

La historia del transformismo español pierde a una de sus figuras más queridas. Gilda Love, nombre artístico de Eduardo Rondón, ha fallecido este domingo en Barcelona, apenas un mes antes de cumplir 101 años. Considerada la drag queen más longeva de España, su muerte pone fin a una trayectoria excepcional que atravesó casi un siglo de historia y convirtió su nombre en sinónimo de resistencia, libertad y memoria para el colectivo LGTBIQ+.
Nacida en San Fernando (Cádiz) en 1925, Gilda Love llegó a Barcelona en 1967, después de trabajar en París, donde descubrió el transformismo en locales tan emblemáticos como Madame Arthur. Fascinada por la película Gilda, protagonizada por Rita Hayworth, adoptó ese nombre artístico para una carrera que la llevaría a convertirse en uno de los rostros más reconocibles de la noche barcelonesa. Ella misma se definía con orgullo como «la cachonda de Cádiz«, aunque siempre aseguró que su verdadero hogar estaba en el Barrio Chino, el actual Raval.
Una energía inolvidable
En plena dictadura franquista encontró en Barcelona el refugio que nunca tuvo en su entorno familiar. La artista relató en varias ocasiones la violencia que sufrió durante su infancia por su orientación sexual, marcada por el rechazo de sus hermanos y por episodios de extrema crueldad que la acompañaron toda la vida. A pesar de ello, nunca perdió el sentido del humor ni la capacidad de emocionar al público, convirtiéndose en un símbolo de quienes sobrevivieron a la persecución de la homosexualidad bajo la Ley de Vagos y Maleantes.
Su carrera estuvo ligada a algunos de los escenarios más emblemáticos de la ciudad, como Bodega Apolo, Kit Kat, Bodega Bohemia y, especialmente, El Cangrejo, donde siguió actuando hasta una edad muy avanzada. Allí mantuvo vivo un estilo de espectáculo que priorizaba la personalidad, la improvisación y el contacto con el público frente a la perfección técnica que domina parte del drag contemporáneo. Gilda Love nunca hizo lip sync: cantaba en directo y convertía cada actuación en una celebración de la autenticidad.
Historia del transformismo
En sus últimos años, el documental Cantando en las azoteas, dirigido por Enric Ribes, permitió que nuevas generaciones descubrieran tanto su historia personal como la memoria de una Barcelona desaparecida. La película mostró también las dificultades económicas y sociales que afrontó en la vejez, después de perder su vivienda y depender de ayudas públicas mientras seguía subiéndose a los escenarios siempre que podía.
Con la muerte de Gilda Love desaparece una de las últimas testigos de una época en la que el transformismo era, además de un espectáculo, un acto de supervivencia. Su legado trasciende los escenarios: representa la memoria de quienes abrieron camino cuando hacerlo implicaba jugarse la libertad, el trabajo e incluso la vida. Su nombre permanecerá ligado para siempre a la historia del colectivo LGTBIQ+ y a la de una Barcelona que encontró en ella una de sus artistas más libres e inolvidables.

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