Dolly Van Doll, célebre artista y mujer de negocios, ha fallecido en Barcelona este lunes a los 87 años en un centro médico debido a un accidente cerebrovascular. Fernando Vila, su antiguo esposo, y Cristine Berna, pionera trans en Cataluña, íntima compañera, estuvieron a su lado hasta el último momento. Su legado como impulsora de la noche barcelonesa y símbolo de resiliencia trans perdurará.
Carla Follis era el nombre real de la vedette conocida como Dolly Van Doll. En nuestro país será recordada como impulsora del icónico espacio 'Belle Époque' en Barcelona y una mujer de negocios trans que dejó una huella indeleble en la vida nocturna. Pertenecía a la primera generación de personas trans que llegaron para sorpresa del resto de la sociedad y con una capacidad de romper con lo establecido en cuanto a géneros hasta entonces. Recientemente, el magnífico documental Enigma, sobre la musa de Dalí, Amanda Lear, era un viaje por esa generación que, con París como epicentro, acabó llamando la atención de todo el mundo. Allí Dolly conoció a Amanda, como Kiki de Tokyo. Un pasado que Amanda se empeñaba en negar en el citado documental a pesar de todas las pruebas que le mostraban.
En los años 50, Dolly Van Doll conoció a Peki cuando trabajaba en Madame Arthur, el primer local de travestis de París creado en 1946. Solían cenar a menudo. En el documental, admite que Amanda era un hombre y que años después, cuando fue a saludarla, le dijo: "No la conozco, déjeme en paz. Lo hizo con todo el mundo siempre. Nunca dijo a la gente que cambió de sexo".
Nacida en Turín en 1938, presenció la II Guerra Mundial siendo una infante y desde los once años afirmaba sentirse como una niña. Desde siempre se identificó como mujer, y a los 24 años se convirtió en la pionera italiana en someterse a una operación de reasignación sexual, la cuarta en todo el planeta con resultados positivos, realizada en Casablanca (Marruecos) en 1963. "Soy una mujer feliz y con salud", expresaba en una charla en el programa Noms Propis de La 2, a sus 86 años, destacando que "me ha pasado de todo: bueno y malo". Manejaba una gran cantidad de lenguas y ha actuado en 24 países, incluyendo Japón, Turquía, Grecia y Alemania, donde ya gozaba de renombre antes de llegar a España.
Al pisar suelo español en 1971, ya era una estrella consolidada. Se dice que aterrizó en Barcelona al volante de su propio coche descubierto, que hasta tenía teléfono. El promotor Emili Caballé viajó a Alemania para reclutarla, aunque ella no requirió intermediarios. Estrenó su arte en el Gambrinus, un establecimiento del Barrio Chino de la década de 1960, ya extinto, contiguo a Les Enfants, donde abundaban intérpretes trans como Madame Artur y Coccinelle.
Sin embargo, Dolly poseía un encanto único, una figura imponente, travesura y atractivo que la distinguían. Sus actuaciones osadas y provocativas en discotecas y teatros de variedades revitalizaron la vida nocturna barcelonesa en plena dictadora franquista. Conquistó el Barcelona de Noche, donde las filas se formaban para admirarla gracias a su ingenio particular y originalidad en shows como Noches de otoño, Delirio de estrellas y Loco, loco cabaret. Ya había arrasado en salas internacionales como el
Chez Nous de Berlín, el Bar-Celona de Hamburgo y Le Carrousel de París. En Barcelona generó impacto inmediato: se presentó en el Teatro Victoria y en 1976 actuó como presentadora en un evento que introdujo en el escenario a Ángel Pavlovsky, imitador argentino que igualmente forjó una trayectoria en la noche barcelonesa.
En 1982, Dolly Van Doll realizó un avance significativo al inaugurar, junto a su esposo Fernando Vila y un exempleado, el Belle Èpoque, ubicado en el viejo Teatro Moratín de la calle Muntaner, reconvertido luego en la sala de fiestas Luz de Gas, un salón musical de variedades más refinado que operó hasta 1995. "El vestuario, el maquillaje, todo estaba muy estudiado", describía. Por sus noches desfilaron famosos como Onassis, Maria Callas, Gloria Swanson, Joséphine Baker, Paul Newman, Janet Jackson y Sara Montiel. "Venían a ver el espectáculo y se quedaban con la boca abierta porque yo era la más guapa", indicaba con una carcajada, enfatizando que "en el momento en que entraban por la puerta del teatro, entraban en mi mundo". En su hogar custodiaba el renombrado libro de firmas del 'Belle Époque', que alcanza los 40 kg de peso, con autógrafos y anotaciones de personajes influyentes como Pasqual Maragall. "Hay mucha gente que me conoce y me estima", revelaba la figura que dejó huella en el mundo del cabaret.
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