CGT se Suma a las Manifestaciones del Día Internacional de la Visibilidad Trans para Reforzar la Inclusión y los Derechos
Mar Cambrollé Jurado • 4 de marzo de 2026

Bajo el lema “Frente al odio y el fascismo, ¡orgullo, resistencia y furia trans!”, se pretende crear conciencia social ante las agresiones y las desigualdades que originan los discursos de odio.
La Confederación General del Trabajo (CGT) se ha sumado, un año más, a los colectivos y organizaciones sociales que defienden a las personas trans, respaldando el manifiesto y la convocatoria de manifestación que partirá el próximo 28 de marzo, a partir de las 18:00 horas, desde la plaza Pedro Zerolo de Madrid.
La “Federación Plataforma Trans”, convocante de la movilización, ha querido resaltar la urgente necesidad de unirse ante la ofensiva de la extrema derecha y la amenaza de los derechos ya logrados. En este sentido, señala el auge de los discursos de odio como parte de una estrategia de ataque diseñado por los grupos reaccionarios de la sociedad, los cuales están también detrás de los ataques al feminismo, a las personas migrantes y al colectivo LGTBIQA+. Además, en el manifiesto también se señala la hipocresía de aquellos entornos que aun llamándose “de “izquierdas” o “progresistas” también embisten contra las personas trans, haciendo suyos marcos ideológicos conservadores.
Al igual que la “Federación Plataforma Trans”, desde CGT se considera que defender los derechos y las libertades de todas las personas es posicionarse a favor de los derechos fundamentales. Es por ello que desde la organización anarcosindicalista se ha realizado un llamamiento a toda la militancia para que respalde y participe en la manifestación del próximo sábado 28 de marzo en Madrid, así como en todas aquellas actividades organizadas para reivindicar los derechos y las libertades del colectivo LGTBIQA+.
Secretaría de Acción Social de CGT
COMUNICADO Federación Plataforma Trans
Día Internacional de la Visibilidad Trans Frente al Odio y el Fascismo: ¡Orgullo, Resistencia y Furia Trans!
Hoy nos convocamos en torno al Día Internacional de la Visibilidad Trans, una fecha que trasciende la mera celebración para convertirse en una herramienta política de denuncia y conciencia social. Salimos a las calles para visibilizar las discriminaciones estructurales que sufrimos y para interpelar directamente a las instituciones: la igualdad real no es un deseo, es una deuda histórica que exige el desarrollo urgente de políticas públicas valientes.
1. La ofensiva de la extrema derecha.
Asistimos con alarma al auge de los discursos de odio, orquestados por la ultraderecha como parte de una «batalla cultural»
global. Esta ofensiva no es aislada; es un ataque coordinado contra el feminismo, las personas migrantes y el colectivo LGTBIQA+. Su objetivo es claro: aniquilar la resistencia que representan nuestras identidades. Nuestras vidas abren una grieta en el sistema hegemónico y capitalista que se sustenta en la imposición del patriarcado, la blanquitud y el binarismo de género. Somos la prueba de que otros mundos son posibles, y por eso intentan borrarnos.
2. La amenaza a nuestros derechos. En nuestro país, la derecha extrema y la extrema derecha han unido intereses para poner en riesgo los avances en derechos sociales y civiles de toda la población. En aquellos territorios donde el apoyo de VOX es moneda de cambio, la mutilación de las leyes trans y LGTBI es la prioridad de su agenda política. A esta ofensiva institucional se suman las voces de quienes, bajo el disfraz del feminismo (TERFs), actúan como mercenarias del fascismo y el patriarcado. Así mismo, asistimos con pavor, ante las voces de algunas «izquierdas» que han asimilado los marcos ideológicos de la ultraderecha, lo que supone una declaración de derrota y el triunfo de la reacción, que señalan a las personas migrantes, LGTBIQA+ y al feminismo como un objetivo a batir, intentando convertir nuestras existencias en el «eje del mal» para justificar su retroceso ideológico.
3. Un llamamiento a la unidad y la democracia.
Desde la Federación Plataforma Trans, recordamos que la libertad no es un compartimento estanco: ¡Defender a las personas LGTBIQA+ es defender la democracia! Si caen nuestros derechos, cae el muro de contención contra el autoritarismo que amenaza a toda la sociedad.
Por todo ello, hacemos un llamamiento a la ciudadanía, a las entidades sociales, políticas y sindicales para que se unan a nuestra voz. No caminamos en soledad; caminamos por la dignidad de quienes somos y de quienes vendrán.
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Noticias

Mauricio Kuri frenó la reforma aprobada por el Congreso local y acusó que busca imponer una “ideología” Mauricio Kuri González anunció que utilizará su facultad de veto para impedir la entrada en vigor de la reforma de identidad de género aprobada recientemente por el Congreso de Querétaro, la cual reconocía el derecho de las personas trans y no binarias a modificar su acta de nacimiento conforme a su identidad de género.

Barcelona, octubre de 1991. España todavía está entrando en los años 90, a unos meses de los Juegos Olímpicos. La ciudad intenta proyectar modernidad, apertura, libertad. Pero, en una glorieta del parque de la Ciutadella, un grupo de jóvenes neonazis encuentra a varias personas sin hogar descansando bajo unas mantas. Entre ellas hay una mujer trans de 45 años, Sonia Rescalvo. Pocos minutos después sería asesinada a golpes, patadas y barras metálicas, y otras dos personas resultarían gravemente heridas con secuelas permanentes. Y aunque entonces casi nadie lo sabía, aquel crimen iba a cambiar para siempre la manera en que la justicia española entendería los delitos de odio. ¿Quién era Sonia? Sonia Rescalvo nació en Cuenca en 1965. Y como muchísimas personas trans de su generación, tuvo que marcharse de su entorno para poder vivir su identidad. En la actualidad, usamos una palabra muy potente para eso: sexilio. Y Barcelona en aquella época, con todas sus contradicciones, era uno de los pocos lugares donde una persona trans podía intentar construir una vida con algo más de libertad. Sonia trabajó como vedette durante un tiempo, pero la realidad terminó golpeándola muy duro entre adicciones, prostitución y pobreza extrema. Una vulnerabilidad que la convertiría en un claro objetivo. La noche de los hechos El 5 de octubre de 1991, un grupo de jóvenes skinheads pasaba la noche por distintos bares de Barcelona, y sobre las tres y media de la madrugada entraron en el parque de la Ciutadella. Allí llegan a una glorieta donde duermen varias personas sin hogar tapadas con mantas y empiezan a hacer ruido. Sonia y otra persona les dicen algo muy sencillo: que los dejen dormir. En ese momento, se desencadena lo peor. Los agresores se dan cuenta de que quienes están allí son homosexuales y personas trans, y uno de ellos utiliza la expresión “subir a tocar el tambor”, que en su argot significaba golpear brutalmente la cabeza de alguien en manada. Los agresores comenzaron a patear sus cabezas y tórax, hasta que Sonia perdió el conocimiento. Seguidamente, uno de los neonazis comprobó si alguna de las víctimas seguía respirando, para acto seguido acabar con su vida. Un antes y un después en la justicia española El caso Sonia obligó a la justicia española a hacerse una pregunta distinta. Hasta entonces muchas investigaciones se centraban exclusivamente en: quién golpeó, quién mató o quién llevaba el arma. Pero este crimen obligó a preguntarse algo mucho más profundo: ¿por qué eligieron precisamente a esa víctima? Porque ella no fue asesinada al azar. Era una mujer trans, era pobre y dormía en la calle. En definitiva, era vulnerable. La agresión no solo buscaba matarla sino mandar un mensaje de exclusión y de odio a todo un colectivo. Los errores en la construcción del caso El problema estructural en este caso radica en que no se contemplara el motivo discriminatorio en el actuar criminal. Muchas veces, el problema aparece al principio, en cómo se mira el crimen. Con Sonia ocurrió algo peligrosísimo: se empezó investigar como una agresión salvaje de jóvenes violentos, pero no con toda la intensidad necesaria como una posible agresión selectiva contra personas vulnerables. Afortunadamente, el Mosso d’Esquadra Joan Carles Molinero Juncà, se hizo cargo de esa investigación y la impulsó de forma moderna y profesional, pero voluntarista. Y eso condiciona todo. Porque, si desde el primer momento no incorporas la discriminación como hipótesis, el odio puede desaparecer del procedimiento aunque sea el núcleo del crimen. La importancia del fiscal especialista en delitos de odio Hay quien piensa que un fiscal solo aparece en el juicio. Y no. Hay fiscales revisando denuncias, monitorizando procedimientos, intentando detectar motivaciones discriminatorias que a veces ni siquiera aparecen claramente descritas en el atestado inicial por razones ajenas a los policías. Esta labor exige formación, sensibilidad y muchísimo compromiso humano. Y a pesar del esfuerzo, su ánimo no decae. Saben que detrás de cada denuncia hay una persona que muchas veces llega rota, con miedo, con vergüenza o con sensación de que nadie le va a creer. Y ahí, el papel del fiscal es estrictamente necesario. La realidad de las mujeres trans en la actualidad En unas jornadas recientes en la Fiscalía, se analizó el asesinato de Sonia, con la oportunidad de conversar y aprender de Sofía, Judith y Marina, mujeres trans con increíbles reflexiones e historias a sus espaldas. No hablaron desde el resentimiento, pero también desde la dignidad, reivindicando algo tan simple como su derecho a existir, a vivir tranquilas y a no tener miedo. Un testimonio que recuerda que la discriminación y la transfobia no conceptos abstractos. Detrás de ellas hay seres humanos, y la dignidad humana, no se debate. ¿Acabarán algún día este tipo de crímenes? El fiscal asegura que el problema no ha desaparecido, sino que ha cambiado de forma. A día de hoy tenemos mejores leyes y mayor formación, pero siguen existiendo discursos de deshumanización que se amparan en era de la desinformación. Hay que recalcar dos ideas fundamentales: 1. Los delitos de odio no castigan ideas, castigan conductas que lesionan derechos fundamentales en un contexto discriminatorio. 2. Los discursos de odio sí son peligrosos por sí mismos, porque reducen las barreras frente a la violencia. Cuando conviertes constantemente a un colectivo en amenaza, acabas facilitando que alguien crea legítimo atacarlo. Y por eso recordar a Sonia no es mirar al pasado. Es preguntarnos qué sociedad queremos ser, si una sociedad donde determinadas personas tengan miedo de existir, o una capaz de proteger la dignidad de todos. Martín reafirma que la dignidad humana no puede depender ni de la identidad, ni de la orientación sexual, ni del aspecto físico, ni de la pobreza, ni de la vulnerabilidad. Porque, es para todos, o al final no será para nadie. https://cadenaser.com











