Ni hombre, ni mujer... ¿Entonces qué eres?

ATA - Sylvia Rivera • 29 de diciembre de 2020

Las personas no binarias, que no se identifican con ningún sexo, salen del armario y reivindican sus derechos en una sociedad pensada en clave masculino-femenino

Ya antes de nacer, los padres y madres esperan con ilusión y ansiedad las ecografías donde se ven los genitales del feto. A partir de ahí se suele desatar, de forma automática, una cadena: se elige un nombre de niño o de niña, se les compra ropa –la tradicional dicotomía rosa-azul sigue vigente, sólo hay que echar un vistazo a los escaparates de artículos de bebé–, se decora su habitación con todo el cariño... y, la mayor parte de las veces, con todo el catálogo de estereotipos asignados al sexo : princesas y flores para ellas, dragones y cohetes espaciales para ellos. Porque vivimos en una sociedad binaria, donde el eje hombre-mujer lo marca casi todo. Dos posibilidades. Pero ¿qué pasa cuando una persona no es ni una cosa ni otra porque no se identifica con ninguno de los dos sexos propuestos tradicionalmente? A falta de un sitio para ellas en las clasificaciones de toda la vida, se definen como personas no binarias. Independientemente de los genitales con los que nazcan, ni son hombres, ni mujeres. Así lo reivindican.

Esto, en una sociedad donde nos gusta etiquetarlo todo –lo que no se clasifica según el orden establecido produce recelo y miedo–, tiene su miga y lleva a las personas no binarias a tener que dar muchas explicaciones. Y también a satisfacer la curiosidad morbosa. Porque, a estas alturas, ya todos –o casi todos– sabemos qué es una persona gai, lesbiana, transexual... Pero, ¿una no binaria? Eso ya es para 'avanzados', ya que todavía son los grandes desconocidos del colectivo LGTBI (Lesbianas, Gais, Trans, Bisexuales e Intersexuales) , unas siglas que cada vez se alargan más por la sencilla razón de que cada vez se identifican más realidades distintas que contemplar y respetar.

¿Qué aspecto tienen? El mismo que el suyo o el mío, si acaso algo más neutro en algunos casos. ¿Con quién se acuestan, se sienten atraídos por los hombres, por las mujeres, por otras personas no binarias, por nadie? Pues hay de todo. Más dudas frecuentes... ¿Cuándo se dan cuenta de su naturaleza no binaria, en la niñez? Ay, ¡cuántas preguntas! Marcos Ventura es una procuradora de juzgados de Las Palmas. Sí, con 'a', porque estas personas han de elegir cómo quieren ser tratadas linguísticamente. En femenino, en masculino o con la terminación 'e', indeterminada. Marcos conserva su nombre de nacimiento, su aspecto es masculino y explica que, en su caso, no fue hasta los 20 años cuando descubrió «lo que soy». «Me preguntaba '¿por qué me identifico como hombre?' Pues era porque la sociedad, en función de mi genitalidad, me decía que era un hombre. Y que, en cualquier caso, sólo podía ser hombre o mujer... ¡Pero yo sabía que no era una mujer! –recuerda–. Así que mi identidad era autoimpuesta . Hasta que conocí a una persona no binaria y descubrí que existe esa forma de identificarse con la que me siento más a gusto y cómoda.Fue un alivio».


«Esto no soy y esto, tampoco»

Blanca E. –prefiere no dar más datos– tiene 30 años y también es una persona no binaria.Vive en Bilbao y, tras estudiar Bellas Artes, prepara un doctorado. Ella no sabía qué era hasta que conoció «a una persona no binaria que salió del armario». Así que empezó a leer, a indagar y a pensar «esto no soy y esto tampoco». Y elle (sí, con 'e') decidió salir también. «En casa lo llevaron bien. A la primera persona que se lo dije fue a mi hermana y tuve la fortuna de que no me cuestionó. Lo que hizo fue preguntarme '¿cómo quieres que te llame?' », recuerda Blanca, que siguió usando su nombre de toda la vida y empezó a 'elegir' a quién le explicaba y a quién no su recién descubierta realidad: «Sólo se lo digo a quienes conozco bien, paso directamente de ir por el hipermercado contándole mi vida a las señoras». Lo que teme es que ahora tal vez viva en una 'burbuja' de gente que la entiende y que el día de mañana, cuando se incorpore al mundo laboral, tendrá que lidiar con personas que quizá no lo hagan. «Claro, hasta ahora he podido elegir a mis compañías, pero en el curro eso no va a pasar. Imagino que sólo lo contaré si logro mucha confianza con alguien», desliza con algo de inquietud.

Porque nada en Blanca hace 'sospechar' que es una persona no binaria (salvo ese uso del 'e'). «No me molesta mi cuerpo, sólo que no me quito el vello», asegura, y su aspecto no es llamativo en ningún sentido. «Quizá tengo tendencia a usar prendas de tipo más masculino, con cortes más anchos y que no acentúen la cintura, pero a veces sí que me gusta destacarla , porque me parece divertido», cuenta. Y, sí, a veces se pone atuendos muy femeninos, «aunque siento como si fuese carnaval», admite.

¿Esto son bandazos? No, es «explorar», algo que ella también lleva al terreno sexual, ya que asegura que «aún no tiene claro qué personas me gustan». No hay prisa: «Hay gente que tarda una vida entera en averiguarlo, ¿no? ».


PEQUEÑO DICCIONARIO DE LA DIVERSIDAD

Binarismo: Construcción social que categoriza las actividades, los comportamientos, las emociones y la anatomía de las personas en dos sexos: hombre y mujer. Las personas no binarias son las que rechazan esa disyuntiva y no se identifican ni como hombres ni como mujeres.

Cis:Persona que se identifica con el sexo atribuido al nacer.

LGTBI:Son las siglas de los términos lesbiana, gai, trans, bisexual e intersexual y hacen referencia a todo un movimiento asociativo y reivindicativo. Como tal, está en permanente evolución LGTBIQ+:Son las mismas siglas que en el término anterior pero se le añade la 'Q' de 'queer' y el signo + para aludir al resto de diversidades sexuales y de género. Puede entenderse como una evolución del anterior.

'Queer':Es un término tomado del inglés que literalmente significa «extraño» o «poco usual». Se relaciona con una identidad sexual o de género que no corresponde a las ideas establecidas en estos aspectos. Es un 'término paraguas'.

Guía para no meter la pata


Es muy fácil meter la pata cuando se trata a personas no binarias. La sociedad y el lenguaje están estructurados en torno a dos parámetros, femenino y masculino, y hay mucho que cambiar para que quienes no se identifican con ninguno de estos sexos se sientan a gusto. Algunas cosas sí se han conseguido, pero faltan otras muchas. Así lo cuenta Pau Joan de Sardi Godoy, que se presenta como «entrenadore personal e instructore de Pilates» de Las Palmas y explica así los problemas y situaciones espinosas a las que se enfrentan él mismo y las personas que comparten su identidad en su vida cotidiana: «Necesitamos tener la opción de poder ser visibles», clama.

1. Los pronombres: «Nadie te pregunta '¿con qué pronombre te gustaría o quieres que me dirija a ti?' Dan por hecho que tu expresión de género, es decir, lo que tenemos asociado como hombre o mujer, marca el pronombre», trata de explicar. Muchas personas no binarias usan el 'e'. Por ejemplo, en lugar de él o ella, dicen 'elle', o en vez de amigo o amiga, 'amigue'. Otros, sin embargo, optan por el masculino o el femenino. Por eso, lo mejor es preguntar. Las personas no binarias, en general, aprecian la buena intención del interlocutor y, aunque saben que va a haber muchas equivocaciones, no suelen llevarlo mal si ven que hay detrás un esfuerzo.

2. Es un 'capricho': Una de las cosas que más molesta a las personas no binarias es que la gente piense que su identidad es un 'capricho'. Vamos, que no se las tome en serio. «A veces me han dicho que eso no puede ser posible. Duele que te falten al respeto», indica. Como matiza, estas reacciones suelen provenir de personas «que tienen miedo a lo diverso».

3. Baños y vestuarios: «Estos espacios están segmentados para hombre o mujeres, además de acuerdo con la norma de que los hombres tienen pene y las mujeres vagina. Sería fácil crear aseos mixtos con cabinas individuales, sin la necesidad de elegir».

4. El DNI: Aparece la letra de Masculino o Femenino. «Todavía no he necesitado esa letra para nada, únicamente cuando compro un vuelo para que se me trate como señora o señor, estableciéndose de nuevo un género a mi identidad. ¡Pudiéndome tratar por mi nombre...!», se queja Pau. Según destaca, al menos en las aplicaciones y portales para ligar ya se contempla una tercera casilla. No es mucho, pero algo es algo. Y algunos organismos oficiales, como la Universidad del País Vasco, también ofrecen esta opción. Los cuestionarios, en general, preguntan por el género dando como opción hombre o mujer, según recrimina Pau.

5. Títulos académicos: «En los títulos aparece el encabezado de doña/don y continúa tu nombre .Alguna universidad permite quitarlo, pero de manera sistemática se hace sin preguntarte. Y en la descripción aparece 'Graduado o graduada en..' y no contemplan ni te dan la opción de ponerlo en neutro como 'Grado en...'

6. Al conocer gente nueva: «Te dan la mano los hombres que te 'leen' como hombre, pero las mujeres sí te suelen dar un beso. Para un trato igualitario deberíamos saludar igual, indistintamente de la lectura que hagas en la persona», resume Pau, ya con cierta costumbre de percibir los titubeos de la gente.

7. Hasta en el baile: En los bailes, como salsa o bachata, se da por hecho que los hombres guían el baile y las mujeres les siguen. «Así perpetuamos estándares de roles binarios», dice. Muchas veces se dice «yo hago de hombre» o viceversa. Y se puede trabajar con palabras neutras que se utilizan ya como «hacer de líder o hacer de 'follower'».

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Barcelona, octubre de 1991. España todavía está entrando en los años 90, a unos meses de los Juegos Olímpicos. La ciudad intenta proyectar modernidad, apertura, libertad. Pero, en una glorieta del parque de la Ciutadella, un grupo de jóvenes neonazis encuentra a varias personas sin hogar descansando bajo unas mantas. Entre ellas hay una mujer trans de 45 años, Sonia Rescalvo. Pocos minutos después sería asesinada a golpes, patadas y barras metálicas, y otras dos personas resultarían gravemente heridas con secuelas permanentes. Y aunque entonces casi nadie lo sabía, aquel crimen iba a cambiar para siempre la manera en que la justicia española entendería los delitos de odio. ¿Quién era Sonia? Sonia Rescalvo nació en Cuenca en 1965. Y como muchísimas personas trans de su generación, tuvo que marcharse de su entorno para poder vivir su identidad. En la actualidad, usamos una palabra muy potente para eso: sexilio. Y Barcelona en aquella época, con todas sus contradicciones, era uno de los pocos lugares donde una persona trans podía intentar construir una vida con algo más de libertad. Sonia trabajó como vedette durante un tiempo, pero la realidad terminó golpeándola muy duro entre adicciones, prostitución y pobreza extrema. Una vulnerabilidad que la convertiría en un claro objetivo. La noche de los hechos El 5 de octubre de 1991, un grupo de jóvenes skinheads pasaba la noche por distintos bares de Barcelona, y sobre las tres y media de la madrugada entraron en el parque de la Ciutadella. Allí llegan a una glorieta donde duermen varias personas sin hogar tapadas con mantas y empiezan a hacer ruido. Sonia y otra persona les dicen algo muy sencillo: que los dejen dormir. En ese momento, se desencadena lo peor. Los agresores se dan cuenta de que quienes están allí son homosexuales y personas trans, y uno de ellos utiliza la expresión “subir a tocar el tambor”, que en su argot significaba golpear brutalmente la cabeza de alguien en manada. Los agresores comenzaron a patear sus cabezas y tórax, hasta que Sonia perdió el conocimiento. Seguidamente, uno de los neonazis comprobó si alguna de las víctimas seguía respirando, para acto seguido acabar con su vida. Un antes y un después en la justicia española El caso Sonia obligó a la justicia española a hacerse una pregunta distinta. Hasta entonces muchas investigaciones se centraban exclusivamente en: quién golpeó, quién mató o quién llevaba el arma. Pero este crimen obligó a preguntarse algo mucho más profundo: ¿por qué eligieron precisamente a esa víctima? Porque ella no fue asesinada al azar. Era una mujer trans, era pobre y dormía en la calle. En definitiva, era vulnerable. La agresión no solo buscaba matarla sino mandar un mensaje de exclusión y de odio a todo un colectivo. Los errores en la construcción del caso El problema estructural en este caso radica en que no se contemplara el motivo discriminatorio en el actuar criminal. Muchas veces, el problema aparece al principio, en cómo se mira el crimen. Con Sonia ocurrió algo peligrosísimo: se empezó investigar como una agresión salvaje de jóvenes violentos, pero no con toda la intensidad necesaria como una posible agresión selectiva contra personas vulnerables. Afortunadamente, el Mosso d’Esquadra Joan Carles Molinero Juncà, se hizo cargo de esa investigación y la impulsó de forma moderna y profesional, pero voluntarista. Y eso condiciona todo. Porque, si desde el primer momento no incorporas la discriminación como hipótesis, el odio puede desaparecer del procedimiento aunque sea el núcleo del crimen. La importancia del fiscal especialista en delitos de odio Hay quien piensa que un fiscal solo aparece en el juicio. Y no. Hay fiscales revisando denuncias, monitorizando procedimientos, intentando detectar motivaciones discriminatorias que a veces ni siquiera aparecen claramente descritas en el atestado inicial por razones ajenas a los policías. Esta labor exige formación, sensibilidad y muchísimo compromiso humano. Y a pesar del esfuerzo, su ánimo no decae. Saben que detrás de cada denuncia hay una persona que muchas veces llega rota, con miedo, con vergüenza o con sensación de que nadie le va a creer. Y ahí, el papel del fiscal es estrictamente necesario. La realidad de las mujeres trans en la actualidad En unas jornadas recientes en la Fiscalía, se analizó el asesinato de Sonia, con la oportunidad de conversar y aprender de Sofía, Judith y Marina, mujeres trans con increíbles reflexiones e historias a sus espaldas. No hablaron desde el resentimiento, pero también desde la dignidad, reivindicando algo tan simple como su derecho a existir, a vivir tranquilas y a no tener miedo. Un testimonio que recuerda que la discriminación y la transfobia no conceptos abstractos. Detrás de ellas hay seres humanos, y la dignidad humana, no se debate. ¿Acabarán algún día este tipo de crímenes? El fiscal asegura que el problema no ha desaparecido, sino que ha cambiado de forma. A día de hoy tenemos mejores leyes y mayor formación, pero siguen existiendo discursos de deshumanización que se amparan en era de la desinformación. Hay que recalcar dos ideas fundamentales: 1. Los delitos de odio no castigan ideas, castigan conductas que lesionan derechos fundamentales en un contexto discriminatorio. 2. Los discursos de odio sí son peligrosos por sí mismos, porque reducen las barreras frente a la violencia. Cuando conviertes constantemente a un colectivo en amenaza, acabas facilitando que alguien crea legítimo atacarlo. Y por eso recordar a Sonia no es mirar al pasado. Es preguntarnos qué sociedad queremos ser, si una sociedad donde determinadas personas tengan miedo de existir, o una capaz de proteger la dignidad de todos. Martín reafirma que la dignidad humana no puede depender ni de la identidad, ni de la orientación sexual, ni del aspecto físico, ni de la pobreza, ni de la vulnerabilidad. Porque, es para todos, o al final no será para nadie. https://cadenaser.com