Nepal tendrá por primera vez una mujer trans en el Parlamento
ATA - Sylvia Rivera • 18 de marzo de 2026
La activista Bhumika Shrestha entra en la política nacional y marca un hito histórico para los derechos LGTBI en el país asiático
Nepal ha marcado un nuevo hito en la representación política del colectivo LGTBI. La activista Bhumika Shrestha se convertirá en la primera mujer trans en llegar al Parlamento del país, un hecho histórico que ha sido celebrado por organizaciones y activistas de derechos humanos.
La llegada de Shrestha a la cámara legislativa supone un paso importante para la visibilidad de las personas trans en la política asiática y refleja también los cambios generacionales que se están produciendo en el país.
Una activista histórica del movimiento LGTBI
Bhumika Shrestha es conocida desde hace años por su trabajo dentro del movimiento por los derechos LGTBI en Nepal. Ha colaborado con organizaciones de defensa de la diversidad y ha participado en campañas para mejorar la situación legal y social de las personas trans en el país.
Su trayectoria como activista la ha convertido en una de las figuras más reconocidas de la lucha por la igualdad en Nepal.
El voto joven impulsa el cambio
Según varios análisis políticos, el crecimiento del voto joven ha sido clave para que este avance sea posible. La llamada Generación Z ha mostrado una mayor apertura hacia la diversidad y los derechos de las minorías, lo que ha contribuido a impulsar nuevos perfiles políticos.
Este cambio generacional ha permitido que candidaturas vinculadas a la defensa de los derechos humanos ganen visibilidad dentro del panorama político nepalí.
Un paso simbólico para la representación trans
La entrada de Bhumika Shrestha en el Parlamento es vista por muchas organizaciones como un momento histórico para la representación trans en Asia. Aunque Nepal ha sido considerado uno de los países más progresistas de la región en materia de reconocimiento legal del "tercer género", la presencia de personas trans en cargos políticos sigue siendo muy limitada.
Por ello, este nuevo paso se interpreta como una señal de avance hacia una mayor inclusión dentro de las instituciones democráticas.
La propia activista ha señalado en varias ocasiones que su objetivo es trabajar para mejorar las condiciones de vida de las personas LGTBI en Nepal y avanzar hacia una sociedad más igualitaria.
Su llegada al Parlamento no solo representa un logro personal, sino también un símbolo de esperanza para muchas personas que durante años han luchado por el reconocimiento y la igualdad.
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Si hay una forma de matar a una persona que ya está muerta es haciendo desaparecer de la eternidad el nombre que la acompañó en vida. Cuando la tierra se traga el cuerpo, lo que queda es el eco del mismo a través de esa breve palabra que condensa toda una existencia. Cada vez que alguien pronuncia el nombre de una persona fallecida, da forma a su espíritu con la carne de la lengua. A Daniela Martínez Silveira, una chica trans que se suicidó en 2022 con tan solo 21 años, sus padres le han negado tanto una vida como una muerte dignas. El derecho mismo a la memoria.

Los derechos de las personas LGTBIQ+ atraviesan un momento contradictorio en Europa. Por un lado, nunca habían existido tantos países con leyes que reconocen la igualdad, protegen frente a la discriminación o permiten el matrimonio entre personas del mismo sexo. Por otro, el debate político y social se ha endurecido y en distintos lugares han aparecido movimientos que cuestionan algunos de estos avances. España ocupa, en términos generales, una posición avanzada dentro de Europa. El matrimonio igualitario, reconocido desde 2005, la legislación contra la discriminación y las normas más recientes en materia de derechos trans han ampliado el marco de protección. Pero tener derechos reconocidos sobre el papel no significa que todas las personas puedan ejercerlos en las mismas condiciones. La discriminación laboral, las agresiones, el acoso escolar o las dificultades que todavía encuentran personas trans forman parte de una realidad que continúa existiendo. En Europa las diferencias son aún mayores. Mientras países como España, Países Bajos, Bélgica o los países nórdicos cuentan con marcos legales relativamente amplios, otros Estados mantienen restricciones importantes. En algunos lugares, además, el debate sobre las leyes trans se ha convertido en uno de los principales campos de batalla cultural, en el que los derechos y la dignidad de las personas trans son utilizados como instrumentos de confrontación política e ideológica. Y ya no se trata de discrepancias sobre aspectos concretos de una legislación cuando lo que se pone en cuestión son la integridad y los derechos humanos de un colectivo. Convertir su existencia en una disputa deshumaniza, alimenta la polarización y perpetúa situaciones de vulnerabilidad. La situación obliga a mirar más allá de los grandes titulares. Los derechos LGTBIQ+ no son únicamente una cuestión de leyes nacionales: también están relacionados con la educación, el acceso a la sanidad, la vivienda, el empleo, la seguridad o la posibilidad de formar una familia. La fotografía europea, por tanto, no es la de un avance lineal. Hay conquistas que parecían consolidadas y que vuelven a discutirse, pero también una generación que ha crecido con derechos que sus padres y abuelos no tenían. Quizá la pregunta ya no sea solamente cuánto hemos avanzado, sino cómo conseguir que esos avances sean reales, cotidianos y duraderos. https://www.20minutos.es











