La comunidad trans en Portugal, entre el miedo y el retroceso por proyectos de derechas
ATA Sylvia Rivera • 7 de abril de 2026
Lisboa, 7 de abril.
"Miedo" y "retroceso" son las palabras más usadas por el colectivo trans de Portugal para referirse a las propuestas de ley presentadas por el centroderecha y los ultras, que actualmente evalúa el Parlamento y que buscan regresar a una norma de hace quince años para poner trabas a la autodeterminación de género.
"Varias cosas pueden cambiar para peor", alertó a EFE Diana, una joven trans. La vigente legislación data de 2018 y las derechas buscan rescatar la anterior, de 2011, que exigía un informe médico para los cambios de nombre y género en el registro civil y no contemplaba el uso del "nombre social", que permite que las personas, independientemente de su edad, sean tratadas por el nombre que eligen, aunque no coincida con el de su documento de identidad.
"Pero no solo quieren volver a la ley de 2011, sino que quieren introducir cambios que empeoran aún más el contexto legal para las personas trans e intersexuales", explicó en una entrevista con EFE Jo Mato, que preside la organización Rede Ex Aequo.
Entre las modificaciones se incluye la prohibición del uso de bloqueadores y hormonas por parte de adolescentes trans y "la posibilidad de discriminación en el deporte, en las cárceles, las escuelas, los baños, en el acceso a los vestuarios y prohíbe que se hable de temas LGTB en las escuelas", contó Jo. "Los bloqueadores y las hormonas salvan vidas", declaró Isabel Rodrigues, vicepresidenta de AMPLUS -una organización de familias de personas trans-, quien anticipó que esto acarreará "problemas de salud mental muy graves" para los adolescentes. En su opinión, esto acabará derivando en que las personas trans y sus familias busquen otras formas de conseguir las hormonas, quizás incluso cruzando a España: "Van a obligar a la gente a pasar a la clandestinidad", resumió.
Sobre la posible eliminación del nombre social, esta madre de un joven trans de 26 años señaló que puede suponer dar "marcha atrás" para muchos niños que han realizado una transición social en sus familias, escuelas, centros de salud. Rodrigues afirmó que hay niños de hasta siete años que han hecho esta transición y usan su nombre social, por lo que no todo el mundo sabe que son trans. Esta ley les obligaría a salir del armario, generándoles problemas de salud mental, generando problemas de identidad y desarrollo de la personalidad. Las familias están "muy asustadas, muy angustiadas", mientras que los niños que están al tanto del debate parlamentario sienten ansiedad por su futuro.
Para el presidente del grupo Opus Diversidades Hélder Bertolo, estos cambios legislativos supondrían "un retroceso" y abrirían una caja de Pandora: "Cuando se abre, no se sabe lo que viene después, el aborto, la protección de las mujeres, el matrimonio y la adopción homosexual" podrían estar en peligro, advirtió. Según cifras proporcionadas por la Rede Ex Aequo, desde la aprobación en 2018 de la ley de autodeterminación de género, unas 3.000 personas han cambiado su nombre e indicador de género en el registro civil, unas 500 al año. Las organizaciones consultadas coinciden en no comprender qué ha motivado la presentación de las propuestas, especialmente en el caso del gobernante Partido Social Demócrata (PSD, centroderecha), partido mayoritario en el Parlamento, ya que no figuraba en su programa político.
"No hay indicios de que se esté produciendo ningún abuso de la ley o de que la gente esté cambiando sus documentos a la ligera, que es el argumento del PSD", argumentó Matos, "La gente no se despierta un día -siguió- y decide ir al registro civil y cambiar todos sus documentos porque sí". En este sentido, no entiende "que se exija a las personas trans tener un diagnóstico médico para cambiar algo que es puramente administrativo", lo que creará "obstáculos que dejaron de existir hace ocho años" y se volverá a la patologización.
Critican unánimemente que no se haya escuchado a ninguno de los afectados, ni a la comunidad científica, son proyectos que se han hecho "a espaldas de todos", en palabras de Rodrigues. "Hay personas trans, y no van a dejar de existir porque la ley se revoque, seguirán existiendo", concluyó Rodrigues, mientras que Diana recalcó: "No nos van a apagar porque no exista una ley" de autodeterminación de género.
https://www.infobae.com/america/agencias/2026/04/07/
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Barcelona, octubre de 1991. España todavía está entrando en los años 90, a unos meses de los Juegos Olímpicos. La ciudad intenta proyectar modernidad, apertura, libertad. Pero, en una glorieta del parque de la Ciutadella, un grupo de jóvenes neonazis encuentra a varias personas sin hogar descansando bajo unas mantas. Entre ellas hay una mujer trans de 45 años, Sonia Rescalvo. Pocos minutos después sería asesinada a golpes, patadas y barras metálicas, y otras dos personas resultarían gravemente heridas con secuelas permanentes. Y aunque entonces casi nadie lo sabía, aquel crimen iba a cambiar para siempre la manera en que la justicia española entendería los delitos de odio. ¿Quién era Sonia? Sonia Rescalvo nació en Cuenca en 1965. Y como muchísimas personas trans de su generación, tuvo que marcharse de su entorno para poder vivir su identidad. En la actualidad, usamos una palabra muy potente para eso: sexilio. Y Barcelona en aquella época, con todas sus contradicciones, era uno de los pocos lugares donde una persona trans podía intentar construir una vida con algo más de libertad. Sonia trabajó como vedette durante un tiempo, pero la realidad terminó golpeándola muy duro entre adicciones, prostitución y pobreza extrema. Una vulnerabilidad que la convertiría en un claro objetivo. La noche de los hechos El 5 de octubre de 1991, un grupo de jóvenes skinheads pasaba la noche por distintos bares de Barcelona, y sobre las tres y media de la madrugada entraron en el parque de la Ciutadella. Allí llegan a una glorieta donde duermen varias personas sin hogar tapadas con mantas y empiezan a hacer ruido. Sonia y otra persona les dicen algo muy sencillo: que los dejen dormir. En ese momento, se desencadena lo peor. Los agresores se dan cuenta de que quienes están allí son homosexuales y personas trans, y uno de ellos utiliza la expresión “subir a tocar el tambor”, que en su argot significaba golpear brutalmente la cabeza de alguien en manada. Los agresores comenzaron a patear sus cabezas y tórax, hasta que Sonia perdió el conocimiento. Seguidamente, uno de los neonazis comprobó si alguna de las víctimas seguía respirando, para acto seguido acabar con su vida. Un antes y un después en la justicia española El caso Sonia obligó a la justicia española a hacerse una pregunta distinta. Hasta entonces muchas investigaciones se centraban exclusivamente en: quién golpeó, quién mató o quién llevaba el arma. Pero este crimen obligó a preguntarse algo mucho más profundo: ¿por qué eligieron precisamente a esa víctima? Porque ella no fue asesinada al azar. Era una mujer trans, era pobre y dormía en la calle. En definitiva, era vulnerable. La agresión no solo buscaba matarla sino mandar un mensaje de exclusión y de odio a todo un colectivo. Los errores en la construcción del caso El problema estructural en este caso radica en que no se contemplara el motivo discriminatorio en el actuar criminal. Muchas veces, el problema aparece al principio, en cómo se mira el crimen. Con Sonia ocurrió algo peligrosísimo: se empezó investigar como una agresión salvaje de jóvenes violentos, pero no con toda la intensidad necesaria como una posible agresión selectiva contra personas vulnerables. Afortunadamente, el Mosso d’Esquadra Joan Carles Molinero Juncà, se hizo cargo de esa investigación y la impulsó de forma moderna y profesional, pero voluntarista. Y eso condiciona todo. Porque, si desde el primer momento no incorporas la discriminación como hipótesis, el odio puede desaparecer del procedimiento aunque sea el núcleo del crimen. La importancia del fiscal especialista en delitos de odio Hay quien piensa que un fiscal solo aparece en el juicio. Y no. Hay fiscales revisando denuncias, monitorizando procedimientos, intentando detectar motivaciones discriminatorias que a veces ni siquiera aparecen claramente descritas en el atestado inicial por razones ajenas a los policías. Esta labor exige formación, sensibilidad y muchísimo compromiso humano. Y a pesar del esfuerzo, su ánimo no decae. Saben que detrás de cada denuncia hay una persona que muchas veces llega rota, con miedo, con vergüenza o con sensación de que nadie le va a creer. Y ahí, el papel del fiscal es estrictamente necesario. La realidad de las mujeres trans en la actualidad En unas jornadas recientes en la Fiscalía, se analizó el asesinato de Sonia, con la oportunidad de conversar y aprender de Sofía, Judith y Marina, mujeres trans con increíbles reflexiones e historias a sus espaldas. No hablaron desde el resentimiento, pero también desde la dignidad, reivindicando algo tan simple como su derecho a existir, a vivir tranquilas y a no tener miedo. Un testimonio que recuerda que la discriminación y la transfobia no conceptos abstractos. Detrás de ellas hay seres humanos, y la dignidad humana, no se debate. ¿Acabarán algún día este tipo de crímenes? El fiscal asegura que el problema no ha desaparecido, sino que ha cambiado de forma. A día de hoy tenemos mejores leyes y mayor formación, pero siguen existiendo discursos de deshumanización que se amparan en era de la desinformación. Hay que recalcar dos ideas fundamentales: 1. Los delitos de odio no castigan ideas, castigan conductas que lesionan derechos fundamentales en un contexto discriminatorio. 2. Los discursos de odio sí son peligrosos por sí mismos, porque reducen las barreras frente a la violencia. Cuando conviertes constantemente a un colectivo en amenaza, acabas facilitando que alguien crea legítimo atacarlo. Y por eso recordar a Sonia no es mirar al pasado. Es preguntarnos qué sociedad queremos ser, si una sociedad donde determinadas personas tengan miedo de existir, o una capaz de proteger la dignidad de todos. Martín reafirma que la dignidad humana no puede depender ni de la identidad, ni de la orientación sexual, ni del aspecto físico, ni de la pobreza, ni de la vulnerabilidad. Porque, es para todos, o al final no será para nadie. https://cadenaser.com

María Cortés renovó el DNI en el año 2024 con su nuevo nombre y sexo, pero el Ayuntamiento de Dos Hermanas no remitió la información a la Oficina del Censo Electoral, por lo que su tarjeta no es correcta para las elecciones del domingo en Andalucía. El Consistorio alega que la ciudadana no actualizó el padrón, pero hace un año inició los trámites para modificar esos datos.

Organizaciones piden a la Fiscalía del Edomex aplicar protocolos con perspectiva de género y diversidad sexual. De acuerdo con pronunciamientos difundidos por organizaciones civiles y medios locales, Fanny era maestra de danza, coreógrafa, creadora de contenido en TikTok y una persona muy querida dentro de su comunidad. Tras darse a conocer el caso, colectivos hicieron un llamado urgente a la Fiscalía General de Justicia del Estado de México para que el crimen sea investigado con perspectiva de género y diversidad sexual, evitando cualquier forma de revictimización. Además, solicitaron que se agoten todas las líneas de investigación, incluyendo la posibilidad de feminicidio y crimen de odio. “Las vidas de las mujeres trans importan y casos como éste no pueden permanecer en la impunidad”, expresaron organizaciones en redes sociales. También pidieron a medios de comunicación y autoridades respetar de forma irrestricta la identidad de género de la víctima durante la cobertura y el proceso judicial. En el posicionamiento, activistas recordaron que la violencia transfeminicida sigue siendo una realidad alarmante en México y señalaron que las reformas legales aprobadas recientemente en el Estado de México para tipificar el transfeminicidio deben traducirse en acceso real a la justicia para las víctimas y sus familias. Personas cercanas a Fanny compartieron mensajes de despedida y reconocimiento a su trayectoria como maestra de danza. “Fanny, una de las mejores maestras de danza. Que Papá Dios te tenga en un mejor lugar, te recordamos con mucho cariño”, escribió una persona en redes sociales. El caso ha provocado indignación entre usuarios y colectivos LGBTQ+, quienes han comenzado a difundir el hashtag #NoMásTransfeminicidios para exigir justicia y visibilizar la violencia contra mujeres trans en el país. Organizaciones también pidieron a medios y autoridades respetar la identidad de género de Fanny y evitar procesos de revictimización. “La violencia transfeminicida es una realidad galopante en el país”, señalaron activistas, quienes además recordaron que las reformas para tipificar el transfeminicidio deben traducirse en justicia real para las víctimas. Amistades y alumnas la recuerdan como una gran maestra de danza y una persona llena de sueños que hoy quedaron truncados. https://elclosetlgbt.com










