El niño que no se reconocía en el espejo, se autolesionaba y se veía obeso aunque pesara 38 kilos: “Transicionar me salvó la vida”

ATA - Sylvia Rivera • 17 de diciembre de 2025

Agustín Dante López recién entendió lo que le pasaba cuando se descubrió en Juan, el personaje interpretado en la serie “Cien días para enamorarse”. Tras esa epifanía, comprendió que los trastornos alimenticios y los impulsos suicidas tenían una raíz: su crisis de identidad de género. En una edición más del ciclo Voces, la transición desde los traumas hacia el bienestar de un varón trans a sus 21 años.

Agustín Dante López dice que lo que veía en el espejo no lo representaba, habla del bullying que sufrió en la primaria, narra con crudeza los embates de su trastorno de alimentación, cuenta que aunque la balanza declaraba 38 kilos él se sentía gordo, repasa las mentiras a su familia, los engaños en la cena, su fiesta de 15, las autolesiones o esa manera brutal de exteriorizar un dolor interno. Agustín habla de cómo una serie le despertó una epifanía, rescata la advertencia de su hermana y la voluntad de una médica, de su miedo a morir y de sus impulsos suicidas, hasta llegar a su transición. “Transicionar fue lo mejor que me pudo pasar en la vida”, define. 

Durante su relato utiliza el pronombre masculino cuando se desplaza entre los recuerdos de su niñez y adolescencia. No se trata de un error, sino de un comportamiento voluntario, el corolario de un proceso de entendimiento. “Al principio traté a ese niño en femenino como para que se entendiera a qué me refería, pero ya no”, dice. “Es algo que por lo general incomoda. La gente te dice ‘bueno, pero eras nena en ese momento’. Sí, pero ahora soy un varón y hay que entender que todo ese tiempo también lo fui, solamente que no le podía poner un nombre”. Él siempre se refiere a él como Agustín, incluso en la semblanza de esos años.

Su vida, antes y después de identificar lo que le pasaba, con enfermedades e internaciones, que siempre, a pesar de los contratiempos y las confrontaciones, estuvo secundado por un entorno familiar permeable y amoroso. “Hay muchos compañeros y compañeras trans que los echan de la casa, que la familia los golpea. Hay muchas personas trans que caen en autolesiones, que se suicidan, que caen en consumos problemáticos, que el único recurso que tienen es la prostitución. Y es terrible. Qué privilegio la familia y el entorno que tengo”, agradece.

Pero para llegar a esa comprensión, primero la infancia, el bullying y el trastorno de la conducta alimentaria. “Mi infancia fue difícil. A los tres años y medio empecé, y agradezco tanto a mi mamá que yo hoy en día le pregunto cómo me anotaste en teatro musical. Me acuerdo de que daba shows en el living de mi casa y les daba folletitos a todos para que vengan a verme y mi mamá me dijo ‘yo te vi con capacidades y vi que te gustaba, entonces te llevé’. Tenían un convenio con mi colegio, entonces empecé ahí a tomar las clases de comedia musical y me encantó”.

—La infancia estuvo atravesada por el arte, la actuación, la música.
—Todo el tiempo.

—¿Eso fue un espacio que salvó en algún punto?

—Sí. Porque yo desde muy chiquito no sentía que me encontrara cuando me miraba al espejo. Desde muy chiquito recibí mucho bullying en la escuela por mi peso. Yo de chiquito, no sé si lo podría diagnosticar por así decirlo como trastorno por atracón, pero comía mucho. Manejaba y regulaba mis emociones desde ese nivel. Y me acuerdo que recibí mucho, mucho bullying en la primaria y en el viaje de séptimo grado, que íbamos a Carlos Paz, me tenía que poner malla. Realmente no me encontraba en el espejo y odiaba cómo me veía. Y me acuerdo de que en ese momento empecé a comer menos, a restringir. Mi mamá se daba cuenta y me decía “pero esto es muy poco”. Por ahí comía solo, no me gustaba comer con nadie.

—¿Ahí empezarían los trastornos de alimentación?

—Se desató muy fuerte en el viaje de séptimo grado cuando yo sabía que me tenía que poner malla y empecé a comer menos, a comer menos, y veía que gente externa, no mi familia, me decía “qué flaca que estás, qué linda que estás”. Entonces lo tomaba como algo bueno, voy por buen camino. Está bien pasar hambre, restringirme, porque la gente me ve mejor. Me sentía más lindo.

—¿Alguien en tu casa se daba cuenta de los ataques que estabas recibiendo?

—No. Yo no contaba mucho tampoco. Me lo guardaba. Como es una enfermedad tan silenciosa y tan solitaria yo lo llevaba… Si mis papás se daban cuenta realmente lo que estaba pasando iba a tener que recuperarme y era algo que yo no quería porque sabía que eso conllevaba subir de peso y yo lo veía como lo peor que me podía pasar en la vida. Subir de peso era que volviera el bullying, volviera el odio al verme al espejo.

—¿Se fue incrementando eso?

—Mucho.

—¿Qué pasó?

—Lo que me pasaba en invierno es que también en ese momento de mi vida, en séptimo grado descubrí lo que eran las autolesiones. Dentro de todos los tipos de autolesiones yo en ese momento empecé a cortarme. Me pasaba que yo en invierno como podía usar ropa grande o ropa que no se notara mi cuerpo recurría a eso, a las autolesiones, para descargar todo el dolor. Es como un dolor que no tiene explicación. No lo podía explicar. Es como un dolor en el alma. Es lo peor que le puede pasar a un ser humano: sentir tanta angustia que te lleva a ese momento de desesperación, ese impulso que decís necesito sacar el dolor que tengo adentro para expresarlo en un dolor corporal. Necesitas dejar de sentir ese dolor interno que no te deja hacer nada: no te deja bañarte, no te deja lavarte los dientes, no te deja levantarte de la cama. El TCA (Trastornos de la conducta alimentaria) es una enfermedad muy solitaria también: no te querés juntar con gente porque siempre que te juntás significa compartir algún momento, comer algo, tomar unos mates, compartir unas facturas, salir a comer.

—¿Ya se habían dado cuenta en tu casa lo que estaba pasando?

—No porque yo lo ocultaba mucho. En terapia tampoco hablaba tanto de eso. A esa edad no. De más grande empecé a hablarlo.


—Vos oscilabas entre lesiones y…

—Y el trastorno de la comida.


—¿Las lesiones uno las provoca para sacar algo de ese dolor, para hacerlo corporal?

—Sí. Tratar de sentir, es como una adicción. Una vez que empezás no podés parar. Por más feo que suene porque es horrible.


—La fantasía no era morir.

—No, era dejar de sentir ese dolor tan fuerte que sentís por dentro. Es como inexplicable. Como si te quisiera arrancar el corazón para dejar de sentir tanta angustia. Además yo era muy chico. No tenía manera de regularlo.


—¿Hoy que mirás hacia atrás entendés que ese dolor iba más allá del bullying de tus compañeros?

—Sí. Yo sentía que todo el trastorno alimenticio -lo sé ahora que ya estoy en otra etapa, que pude salir del closet- siento que fue un síntoma que se dio a partir de esconder quién era.


—¿Pero vos en ese momento lo estabas escondiendo o todavía no lo sabías?

—No sabía, no tenía un nombre para lo que me pasaba. Me acuerdo de que pude entenderlo cuando vi la serie Cien días para enamorarse. Ahí fue la primera vez que vi la figura de un varón trans, porque por lo general sabía lo que eran las mujeres trans pero no sabía que existían los varones trans. Dije “claro, me pasa esto”.


—El personaje de Maite Lanata, ¿no?

—Sí.


—¿Ahí te pudiste identificar y entender lo que te pasaba?

—Sí, ahí entendí. Yo siento un privilegiado porque mi familia lo aceptó muy rápido. Me acuerdo de que al principio, cuando supieron que yo era un varón trans, me dijeron “nos va a costar”, porque fueron 17 años de ellos pensando que tenían una hija y de repente decirles “me di cuenta de que todo lo que me había pasado y todo lo que yo sentía que no le encontraba una explicación era esto: soy un varón trans”.


—Hasta que llegaste a ese momento muchísimo dolor y muchísimos problemas también, ¿no?

—Sí. Yo me acuerdo de que antes de mi fiesta de 15, porque hice una fiesta de 15, mis amiguitas no se iban a Disney y yo tenía mucho miedo de ir solo entonces recurrí a la fiesta de 15 para festejar. Pero ese año fue mi peor etapa. Mi punto más bajo del trastorno alimenticio. Porque yo sabía que se acercaban mis 15 y que tenía que usar ese vestido y empecé a bajar mucho de peso. Realmente yo me mataba haciendo ejercicio. Hacía ejercicio mucho, mucho. Iba al teatro también muy seguido. Salía a caminar todo lo que podía. Comía lo menos que podía sin que mis papás se dieran cuenta. En mi fiesta de 15 para que te des una idea ni siquiera probé un bocado de nada de toda la comida que había. Y realmente no pude disfrutar mi fiesta porque no podía pensar en otra cosa que en cómo estaba mi cuerpo. Tenía ganas de comer, pero no quería. No me lo podía permitir.


—¿Y qué pasó?

—Empecé a comer menos. Llegué a comer dos tomates cherry por día. Tomaba mucha agua, hacía mucho ejercicio. Hasta que me acuerdo patente un día llevaba una remera cortita roja y un pantalón, un short, y ya pesaba 40 kilos y mi hermana le dijo a mi papá “vos te das cuenta de que está muy mal, ¿no?”. Mi hermana no me veía hace tres meses. Capaz mis papás que me veían todos los días no se nota cuando una persona baja tanto de peso, no te das cuenta de que es tan rápido el descenso.


—¿Tu hermana no vivía con ustedes?

—No. Y cuando me vio se horrorizó y le dijo a mi papá “está muy mal, hagan algo”. Y ahí ellos dos dijeron “tenés razón”. Me llevaron a una médica, fue todo horrible para mí, yo estaba negado a ir a ninguna médica que me ayudara porque yo no quería salir de eso. Y la médica me pesó y lo que vio fue terrible. Yo pesaba 38 kilos dos días después de pesar 40. Los sentó a mis papás, yo estaba en el medio, mi papá a la derecha, mi mamá a la izquierda, y nos dijo bueno “familia, esto es así: en este momento tu cuerpo ya no tiene nada para alimentarse. No tiene reservas. Tu cuerpo se está comiendo el músculo de tu corazón. Si vos no te internás, si vos no empezás a comer, tenés dos, tres semanas, un mes como mucho. Te vas a morir”. Yo no le creía, para mí era mentira. Además, qué locura, me acuerdo de que me seguía viendo gordo en el espejo. 38 kilos pesaba, ¿cómo me podía ver gordo?


—Van de esta médica. Plantea esto. ¿Y qué sucede ahí?

—La médica me deriva a otra médica, a Viviana Buiras. Me acuerdo de que yo sabía que Viviana me iba a pesar de nuevo y yo el día anterior no había comido nada. Nada en todo el día. Yo ya venía igual de momentos en los que no comía nada en todo el día. Por ahí como mucho me permitía dos frutillas y tomaba mate cocido, mate cocido, mate cocido, porque claramente tenía hambre.


—¿Tus papás entendieron que estabas enfermo?

—Sí. Me llevaron a esta médica. Viviana me pesó y me dijo “mirá, esto no puede ser, es muy poco”. Me dijo “hay dos opciones: o empezás a comer o te tengo que internar con sonda nasogástrica para alimentarte por ahí”. “No voy a comer -le dije-. No voy a comer”. Mi hermana se quedó mientras yo me pesaba, claramente sin ropa, y se largó a llorar de lo que vio. Era la primera vez que me veía desnudo. Se largó a llorar porque no podía creer lo que estaba viendo. Era un esqueleto. Y la médica hizo pasar a mis papás, les dijo “vamos a internarlo en el sanatorio de niños”. Nos fuimos a fijar si había cama. Yo me acuerdo de que tuve que caminar una cuadra y no la podía caminar. Iba lento porque ya no tenía energía en el cuerpo. Llegué al sanatorio de niños. Tenía que ver si había cama. Probablemente no. Había una cama. Me internaron ese día. Yo no entendía nada de lo que estaba pasando. No dimensionás la gravedad.


—¿Qué edad tenías?

—15. Yo entré muy, muy mal. Tenían miedo de que el corazón me dejara de latir porque era una posibilidad porque el cuerpo no sabían hasta cuándo iba a poder aguantar. Me internaron, me pusieron la sonda. Yo lo tomaba con humor, me reía. Mi familia lloraba preocupada, me pedían por favor que comiera y yo estaba negado. Me empezaron a pasar la alimentación. Yo me sacaba fotos todos los días para ver si engordaba. Era terrible. Me fijaba hasta cuántas calorías tenía la alimentación que me pasaban, que no era nada. Pero a mí me preocupaba hasta eso. Me acuerdo de que me ponían comida en el sanatorio y no quería.


—Te alimentaban con sonda, estabas internado, pero no había un tratamiento psicológico todavía que acompañara.

—Sí. Estaba en tratamiento psicológico pero negado completamente. Estaba negado a mejorar. Yo no quería mejorar. Yo iba a la psicóloga porque sabía que tenía que ir porque mis papás sabían que era necesario.


—¿Y por qué había empezado?

—Porque mis papás me veían mal. Yo estaba muy deprimido. No sé si ellos notaban que me cortaba o que no comía bien, pero sabían que algo no estaba bien. Y yo accedí a ir a la psicóloga pero era tedioso para mí, yo no tenía ganas de estar ahí. No tenía ganas de contarle a una desconocida todo lo que me pasaba.


—¿Vos te quemabas también?

—Me quemaba. Fumaba cada tanto porque necesitaba bajar la ansiedad de alguna manera y me quemaba, me apagaba el cigarrillo en la piel. Terrible.


—En ese momento le cuentan a tus padres...

—De los cortes. Además en el sanatorio hacía mucho calor: el 27 de noviembre, una fecha que no me voy a olvidar más, fue la primera internación. Porque después hubo muchas más.


—¿Tus papás te hablaron de eso?

—Ellos tocaban el tema y yo me enojaba. La manera en la que los trataba era horrible y yo me di cuenta con el tiempo. Uno no se da cuenta de lo egoísta que es y de lo mal que trata a la gente de su alrededor que solo se preocupan porque vos vivas.


—Estabas enfermo.

—Mucjho. Y yo me acuerdo de que pesaba 38 kilos, me veía al espejo y decía “soy obeso”.

—¿Y por qué te dan de alta?

—Me dan de alta porque consideraban que ya podía seguir la internación domiciliaria. Yo seguía con sonda. Seguí con sonda mucho tiempo. Dos meses y medio. Una cosa así. Y nada, seguí la internación domiciliaria en mi casa.


—¿Y la respetabas?

—No. Mi nutri me dio de a muy poco comida porque si me daba un plato entero yo me iba a agarrar una crisis de pánico. Empecé comiendo rodajas así de calabaza hervida. Mi mamá se daba vuelta un segundo y yo agarraba un papel tissue para sonarse la nariz, la aplastaba, la escondía abajo de la almohada o me la escondía entre las piernas. Y cuando iba al baño, mi mamá no se daba cuenta, lo tiraba en el inodoro. También lo que hacía era el alimento, lo vaciaba y lo llenaba con agua. O sea, le dejaba un poco para que quede el color.


—El de la sonda.

—Sí, el alimento que colgaba del palito. Yo estaba muy mal. No me daba cuenta de que se iban a dar cuenta en algún momento. Cuando fui a la pediatra en ese momento me pesó y dijo “no puede ser que vos estés bajando de peso con la alimentación por sonda y comiendo”. Me acuerdo de que una vez fui a dormir a la casa de mi papá que vivía a una cuadra de mi mamá, le dijo “una vez lo vi entrando al baño, vi que había menos alimento y me pareció raro”. Mi papá me preguntó “¿qué pasó con el alimento?” “No, no sé, ni idea, ¿por qué?”. Yo sabía mentir muy bien. La médica me pesó y me dijo “no puede ser, bajaste mucho de peso”. Me volvieron a internar me acuerdo en el cumpleaños de mi hermana. Horrible. Horrible. Imaginate, el día de su cumpleaños que tenga a su hermano muriéndose en un hospital. Eso era lo que pasaba, solamente que yo no me daba cuenta de la dimensión y la gravedad.


—Vos no tenías la fantasía de morir.

—En ese momento no.


—¿En algún momento sí?

—Cuando dejé la sonda, cuando me la sacaron y empecé a subir de peso. Fue horrible. Volví a la autolesión. Y tuve dos o tres internaciones más porque me vaciaba blísters de pastillas. Eran como impulsos, no sé cómo explicarlo. Eran impulsos en los que yo tomaba mucha medicación y a los 25 minutos, media hora, me daba cuenta: ¿qué hice?


—¿Y a quién se lo decías?

—A mi mamá. Yo vivía con ella. Y me acuerdo de que la última vez, que fue la peor y fue creo que hace dos años, la agarré a mi mamá y le dije “ma, me tomé como tres blísters de medicación para dormir”. Una medicación muy fuerte encima. Mi mamá, no me voy a olvidar más, se sienta en la cama, se agarra la cabeza y se larga a llorar. No podía creer que esto estuviera pasando de nuevo. Y me lleva al suelo y me dice “te vas a dormir varios días”. Yo le dije “ma, con la dosis que acabo de tomar me voy a morir creo”. Se viste, pedimos un taxi, mi mamá en un estado de shock. Yo no entendía nada.


—¿Hubo algún diagnóstico?

—Trastorno de la conducta alimentaria, depresión y ansiedad... Hay algo que no mencioné. Me acuerdo de que cada vez que yo bajaba de peso, dado que se pierde mucha grasa, mucho músculo, los pechos me empezaron a disminuir y de repente me veía al espejo y era plano. No tenía nada. Y eso me encantaba. Y cuando empecé a subir de peso, empezó todo lo contrario: trastorno por atracón de nuevo, porque fue tanto el tiempo que yo le restringí al cuerpo que me pedía, me pedía, me pedía, porque, claro, el cuerpo se prepara por si, en algún momento se vuelve a restringir, tener esa reserva. Comía todo lo que encontraba. Mezclaba cosas que vos decís “qué asco”. Mezclaba todo lo que encontraba en la cocina.


—Ahí empezó a aparecer un poco más de curvas.

—Sí. Fue terrible. Al tiempo hice mi transición.


—¿Estabas yendo al colegio? ¿Podías estudiar mientras tanto o no se podía?

—Faltaba mucho. Siempre fui un alumno 10. Muy aplicado. Y desde que me pasó el trastorno de la conducta alimentaria en el momento en el que me internaron faltaba mucho. Muchísimo. En un momento estábamos en pandemia. 2020. Yo no me conectaba a los Zoom. No quería, no quería que se viera mi cara, mi cuerpo recuperado. No podía. Porque tenías que prender la cámara. No me podía permitir eso.


—¿El bullying seguía sucediendo?

—No. No.


—Ya había otros compañeros, otra dinámica.

—Sí. Y preocupación.


—¿Entre tus compañeros también?

—Sí. De mi grupo de amigas, mis profesores, se daban cuenta. Se dieron cuenta.



—¿Fue un espacio que pudo contener y abrazar el de la secundaria?

—Sí, el colegio fue la verdad que una contención inmensa me dieron. Había una psicopedagoga. Yo cada vez que me sentía mal, me agarraba un ataque de ansiedad, un ataque de pánico, ella me permitía salir del momento de clase, ir a su oficina, tomar un café, calmarme. Y me ayudaba mucho. La verdad que el colegio en eso un diez.

—¿La pandemia te hizo mal?

—Mucho, porque yo en ese momento como la gente no me veía empecé a comer mucho y no me soportaba. No podía verme al espejo.


—¿Y en tu casa qué pensaban de eso?

—Contentísimos de que yo comiera. No lo podían creer. O sea, ellos felices de la vida.


—¿Cómo siguió?

—En 2021 conocí un grupo de amigos de casualidad porque yo estaba con una amiga que me dijo “mirá, yo en un rato me encuentro con unos amigos en el parque, yo ese día estaba re bajón, vení así te despejás un rato”. Conocí a un grupo de gente trans que iban a una asociación que se llama Varones Trans que necesito mencionarla porque son un diez. Empecé a ir a la asociación y lo agarré a Santi, el presidente de la asociación, y le dije me pasa esto, esto y esto y yo en llanto, pleno ataque. “No sé cómo decírselo a mi familia, no quiero vivir más así, necesito transicionar, necesito ser verdaderamente quien soy”. La desesperación que vos tenés de decir me di cuenta de que estuve toda mi vida así y no puedo aguantar ni un minuto más.


—¿Cuál fue el disparador para que vos lo entiendas?

—La serie. La identificación.


—¿Habías tenido alguna pareja hasta ese momento? ¿Te habías enamorado?

—Cuando era más chico sí. Yo soy bisexual y estuve en pareja con una chica y en ese momento me enamoré de un chico que también era un varón trans y fue una gran contención para mí porque él me entendía en todo. En absolutamente todo. Me acompañó cuando me hormoné. Cuando me operé.


—Te acompañó en todo el proceso.

—En todo el proceso. Vio todo mi cambio.


—¿Y la chica con la que estabas en pareja qué pasó cuando lo conociste a él?

—No, con ella corté antes, cuando terminó la internación terminamos la relación.


—¿Estuvo en riesgo tu vida de nuevo?

—Sí, muchas veces. Pero yo no lo dimensionaba. Yo decía no me morí la primera, no me morí la segunda, no me voy a morir. Y la última fue terrible. El último intento de suicidio, que no sé si llamarlo así porque fue como una desesperación que me llevó a ese impulso de decir “quiero tomar esto”, en ese momento sí pensaba que me quería morir pero yo siento muy en el fondo que no me quería porque recurrí a mi mamá para decirle “hice esto, qué hacemos, ayudame”. Estaba con la desesperación de decir “necesito estar bien, necesito arrancarme este dolor”. Buscaba llamar la atención porque no podía más ocultar y soportar todo ese dolor yo solo.


—¿Te sentías cómodo con la idea?

—Sí, muy. Tenía mucho miedo cómo se lo tomara la gente, eso sí. Tenía muchos miedos, muchas incertidumbres de cómo va a reaccionar mi familia. Yo sabía que mi familia no era capaz de echarme. Hay muchos chicos que lamentablemente la familia los echan de la casa. Pero me daba mucho miedo que no lo aceptaran.

—Pero encontrarte a vos en tu identidad, ¿qué trajo?

—Alivio. Paz y mucha felicidad. Ese dolor fue desapareciendo un montón. Fue como sanar al niño que fui, que sufrió tanto bullying y que no entendía lo que le pasaba. Siento que todo lo que pasó, toda la depresión, la ansiedad, el trastorno de la conducta alimentaria fue el síntoma que desarrollé a partir de odiarme por no entender quién era, qué me pasaba.


—Primero hablaste en el grupo. Después hablaste con tus amigos.

—Mis amigos obviamente lo súper entendieron. También es otra generación. Con mis amigos del teatro. Les conté a mis profes y fue tipo “ok, sos Agustín, ¿qué tiene? Sos Agustín y ya está”. A mí el teatro me salvó la vida porque yo me acuerdo, esto no lo dije, que empecé a comer porque en el momento que a mí me internaron yo tenía puestas, actuaba. Tenía que bailar mucho. Y mi médica me dijo “no, vos no lo podés hacer, no podés subir ni una escalera”. No tenía permitido subir escaleras realmente. Y me dijo “cuando vos empieces a comer y te recuperes un poco, podés volver al teatro”. Yo empecé a comer por eso, porque necesitaba volver al teatro. Me acuerdo de que en vacaciones de verano se hace un receso, pero hay un intensivo de teatro, de canto, de danza. Yo me acuerdo de que iba a ver a mis compañeras, me subían a upa porque no podía ni subir una sola escalera. Iba ahí y me despejaba, no pensaba en lo que me pasaba. Y empecé a comer porque necesitaba volver al teatro. Realmente a mí el teatro y la transición me salvaron la vida.


—Encontraste tu lugar en el mundo. ¿Cómo fue la charla en tu casa? ¿Cómo la decidiste?

—No tenía la valentía por así decirlo de decirles cara a cara así que recurrí a mi psicóloga de ese momento. Yo sabía que tenían una reunión con mis papás. Y le dije “¿vos podés contarles esto? Porque yo no me animo pero necesito contarlo”. “Sí”, me dijo, y lo habló ella.


—¿En ese momento ya había sucedido algo del cambio de estética?

—No, todavía no. Lo habló con mis papás. Yo sabía a qué hora salían de sesión y estaba en el teatro con mis amigas conteniéndome para ver cuál era la reacción de mis papás. Y mis papás me dijeron “nosotros te amamos, nos va a costar porque fueron muchos años pero te amamos y es lo único que importa que vos estés bien, que seas feliz y te respetamos. No tenés que preocuparte ni angustiarte por nada. Es lo que menos queremos”. Me acuerdo de que mi papá con su esposa y con las hijas de ella, que para mí son hermanas, me pusieron Toti porque como al principio les costaba decirme Agustín. Todo el mundo, toda mi familia me decía Toti. Y fue como volver a respirar. Fue como “ya está, ya pasó”. Ellos lo entienden, ellos me respetan y me acompañan. Es lo único que importaba.



—¿Les pudiste contar que elegiste Agustín por ellos?

—Sí. Y elegí Dante también porque me encanta el nombre y es una escuela en la que trabajó mi mamá.


—¿Cómo empezó el cambio en tu estética?

—Me fajaba y era terrible porque era muy riesgoso. Podía tener muchos problemas en las mamas. No podías respirar bien. Me acuerdo de que yo siempre tuve muchos esguinces por bailar y de más chico hice vóley, tenía vendas. Con las vendas me apretaba a morir hasta que no podía respirar. Y mis compañeros de la asociación de Varones Trans me decían “no podés hacer eso, existen los binders que son como unos tops deportivos que sirven para aplanar”. Pero al principio recurrí mucho a las vendas y cuando me compré mi primer binder fue increíble. Verme al espejo y verme plano. Después me miraba mis pechos cuando me estaba por bañar y era volver a la realidad de no quiero esto. Pero mientras tanto podía salir a la calle y sentirme más o menos cómodo. Y después empecé con las hormonas. Mi ex me acompañó en todo. Él ya sabía todo el proceso, entonces para mí era mucho más fácil. Me hice todos los estudios porque previamente hay que hacerse un montón de estudios.


—¿Acompañó un médico también?

—Sí, por supuesto. Un endocrinólogo y mi médica de cabecera. Yo en ese momento no les conté a mis papás, al tiempo les conté, costó un poco entenderlo porque les daba miedo. Solo por eso, no porque me quisiera hormonar. Les daba miedo por la desinformación misma de que me pasara algo malo. Cuando se quedaron tranquilos, ellos siempre me acompañaron, en todas mis decisiones ellos siempre estuvieron al lado mío. Estuviera bien, estuviera mal, ellos siempre se quedaron al lado mío y para mí eso es un privilegio que no a todos les pasa.


—¿Las hormonas son testosterona básicamente?

—Testosterona. Empecé con inyectables. Seguí con gel. Y las dejé porque no estaba pudiendo controlar mi voz, que yo me dedico al canto. Yo me dedico al teatro musical entonces no estaba pudiendo encontrar mi voz. Hasta que di con una profe de canto que era fonoaudióloga y me di cuenta de que las hormonas las podía seguir mientras estuviera supervisado con una profe de canto. No las retomé hasta ahora que estoy volviendo a tratar de retomarlas. Pero para mí fue increíble. Y ese mismo año a fin de año me operé. Me pude operar gracias a la Ley de Identidad de Género. Yo me veía al espejo y no lo podía creer.


—Te operaste de mastectomía.

—Sí. Me miraba al espejo y no lo podía creer. Fue realmente una felicidad: al día de hoy te juro que fue la mejor decisión que pude haber tomado en la vida.


—¿Dudaste, tuviste miedo antes?

—No. No. Yo sabía que lo quería. Y cuando me vi al espejo terminé de confirmarlo. Me sentía yo. O sea, por primera vez me sentía yo completamente.

—¿Dónde sentís discriminación hoy?

—En TikTok recibo muchos, muchos comentarios de odio. Muchísimos. Tengo un video que se me viralizó, tiene como 1.500.000 vistas, y los comentarios que recibo son terribles.


—¿Qué contás en el video?

—Es un video que muestro mi transición. Dice, como que alguien dice nunca vas a poder ser un hombre. Y muestro el cambio que hice como diciendo sí pude, lo pude lograr. Y hay muchos comentarios. Y mi mamá me decía no contestes. No contestes. Eliminalos. Yo le decía obvio que voy a contestar, porque necesito visibilizar que esto sigue pasando. Porque hay gente que te dice ay no, pero es delirio suyo, de la comunidad LGBT, de la comunidad travesti-trans sobre todo. Es delirio suyo que los siguen discriminando. Con esos videos dejo en evidencia que no. Que en 2025 sigue pasando.


—Hay un tema que me preocupa y tiene que ver con la medicina y con la salud. Las personas trans tienen que tener acceso a la medicina. Es fundamental que un varón trans vaya a la ginecóloga y que una mujer trans vaya al proctólogo.

—Sí. De hecho hice un video al respecto y recibí muchísimos comentarios horribles. Que yo después los uso para informar. A mí ya realmente me genera risa pero en un principio sí, es horrible. Es horrible ver cómo te mira la gente. Es horrible también tener que ir juntando data de compañeros trans a ver a qué ginecóloga voy. No me importa pagar, necesito ir a una ginecóloga que esté informada. Son muy pocas lamentablemente. No podés ir a cualquier ginecóloga. No podés ir a cualquier endocrinólogo. Porque hay mucha desinformación y hay mucha discriminación todavía en la medicina. Y en la salud mental también. Me acuerdo de que una anterior psiquiatra me dijo “yo no te puedo anotar con Agustín porque todavía no tenés el cambio de DNI”. La Ley de Identidad de Género dice que sí, que por más que no tengas el cambio de DNI te pueden anotar con tu nombre autopercibido.


—Es terrible. ¿Tenés el DNI?

—Sí. Todo el mismo año fue. El DNI, las hormonas, la operación. Fue, ay, fue un alivio para mí. Fue lo mejor que me pudo pasar en la vida transicionar.


—Nosotros hablamos antes y vos me decías que todo lo que pasó tenía que ver con encontrarte vos.

—Sí. Sí, sin dudas.


—Hoy lo entendés.

—Hoy lo entiendo. Hoy estoy menos enojado con la vida. Hoy no estoy enojado con la vida. No estoy enojado. Antes odiaba el mundo. Me odiaba a mí. Porque ni yo podía entender qué me pasaba. Y pude sanar ese niño que fui. A ese adolescente que fui que sufrió tanto.


—Tuviste la suerte de tener una familia que acompañó.

—Sí.


—Me imagino que tenés amigos y amigas que no tuvieron esa suerte.

—Y es terrible. Terrible. Hay muchos compañeros y compañeras trans que los echan de la casa. Que la familia los golpea. Hay muchas personas trans que caen en autolesiones. Hay muchas personas trans que se suicidan. Los asesinatos de las personas trans cada vez se incrementan más. Hay muchas personas trans que caen en consumos problemáticos. Que el único recurso que tienen es la prostitución. Y es terrible. Ver eso es realmente decir qué privilegio la familia y el entorno que tengo.


—¿Agus, te dejaste de lastimar?

—Sí.


—¿Estás bien hoy?

—Hoy estoy bien.


—¿Qué tenés ganas de que pase?

—De seguir trabajando de esto. Por ahí mi sueño no, algo que yo de chico pensaba era quiero ser famoso. Quiero ser famoso. Hoy en día lo veo de otra manera. Hoy en día lo veo como quiero vivir de esto. No busco ser famoso. No busco que todo el mundo me reconozca. Quiero vivir de lo que me gusta.


—¿Hoy qué estás haciendo?

—Hoy estoy en dos proyectos. Estoy en Lutero, el musical. Estoy en Caída libre, el musical. Y antes estuve en Ana es luz, el musical. Estuve en Regreso a la tierra de Oz que fue una obra que hice en vacaciones de invierno. Hice Inferno. Hice Libre cautiverio también que la terminamos hace poco la temporada.


—¿Estás noviando?

—No. Soltero.


—¿Estás con ganas de enamorarte?

—Estoy con ganas de enamorarme. No, pero realmente ver todo lo que me ha regalado esta ciudad, esta provincia, desde que llegué es increíble. Es como decir realmente esto puede pasar, los sueños se cumplen. Se puede soñar, se puede estar mejor. Y también agradezco de nuevo mucho por el espacio. Para mí es muy importante que se visibilice un varón trans en la tele. Un artista trans en la tele.


—¿Hay algo que no te haya preguntado que te parezca importante comunicar?

—Me parece que no. Quiero agradecer a mi familia. A mi papá, a la esposa de mi papá, a sus hijas, a mi mamá, a mi abuela. Mi abuela es una persona grande y el cambio que ha hecho es increíble. El amor que me tiene tu familia y la contención que me han dado. Siempre estuvieron al pie del cañón conmigo. Decisión que tomo decisión que me acompañan con amor. Para mí es muy importante y es realmente un privilegio. A mis amigos que siempre estuvieron ahí, que nunca me soltaron la mano. Y de nuevo también a la gente que me da trabajo que para un artista trans es difícil.


—Vos entendés que ese día tu hermana te salvó la vida, ¿no?

—Sí. Y mi médica también.


—¿Se los dijiste?

—No. Pero yo siento que sí, que gracias por darme eso para agradecer a mi hermana. Y para agradecerle también a Viviana Buiras, yo antes la veía como una bruja. La odiaba. Era como me estaba obligando. Y después me di cuenta de que ella me salvó la vida. Que si mi hermana y ella no se daban cuenta, no me ayudaban, yo hoy no estaría acá.


—Y esos papás que después pudieron también…

—Mis papás increíbles. Todo lo que soportaron. Pobres padres. Pero siempre con amor me acompañaron así que no puedo estar más agradecido.


https://www.infobae.com

Noticias

Por ATA - Sylvia Rivera 24 de febrero de 2026
Poco tiene de villana la rapera Villana Santiago Pacheco (Puerto Rico, 30 años), reconocida por un sagaz sentido del humor. Nació en Bayamón, creció en la época dorada del reggaetón en la isla, y a los 17 años huyó de su casa para encontrarse: estudió ciencias políticas y terminó dedicada al rap. Saltó a la fama de la mano del DJ argentino Bizarrap, en 2022, y ahora es la primera artista trans en entrar en Top 50 Global de Spotify . Ya suma numerosas colaboraciones, varios álbumes y distintos EP: Tiranía (2019), Ketaprincesa (2020), La sustancia X (2022), Hembrismo (2022), y el más reciente, Miss Misogyny, en 2024. Asentada entre Madrid y Puerto Rico, vino a Colombia por primera vez en 2023 para el Festival Estéreo Picnic. Regresó ahora al país para abrir el Festival Ondas, en el que compartió fecha con la icónica boricua Ivy Queen. Antes de cerrar su presentación, el viernes en la noche, invocó a Sara Millerey, la mujer trans cruelmente torturada y asesinada el año pasado en Antioquia. “Sigo pensando en Sara. La llevo aquí”, dijo. Pregunta. La última vez que estuvo en Colombia fue al barrio Santa Fe, en el centro de Bogotá, para reunirse con la Red Comunitaria Trans. ¿Cómo las conoció? Respuesta. Ellas se pusieron en contacto conmigo. Las visité, compartimos un ratito, nunca lo he olvidado. Sé que de ese momento para acá han pasado mil crímenes desastrosos. Es un poco agridulce el hecho de venir a Bogotá y recibir tanto amor, pero también saber de tanto maltrato hacia ellas, saber que a tantas mujeres como yo las matan sin ningún tipo de alto al tren. Bogotá tiene que avergonzarse un poco. Bueno, ¡el mundo entero! P. Ellas y usted reivindican mucho el sentido de comunidad y la familia elegida. R. Desde que yo tengo uso de razón, quienes han sacado la cara por mí, me han protegido y me han dado absolutamente todo, son mis amigas, cis y trans. Obvio, hay un lazo particular de experiencia de vida con mis hermanas trans, sin ellas yo no estaría aquí. Cuando era pequeña pensaba –creo que nos pasa a las personas que no caemos en la heteronorma– que no existía más gente como yo. Cuando te das cuenta de que no es verdad y encuentras tu sitio… es precioso. Ahí empieza un efecto en cadena: te inspiras de otras, te persigues a ti misma a través de otras, y cuando lo logras, te das cuenta de que venían otras detrás, que te estaban mirando y vieron ese espejo en ti. Suelo decir que las personas trans somos como vampiras: yo sé cuál fue la vampira que me mordió a mí y me despertó. También sé a cuáles he despertado. Ese lazo es inquebrantable, es un lazo de madre, de hermana, de amiga, de prima, de familia, que nada puede tocar. P. ¿Cuáles son esas hermanas musicales? R. Varios proyectos me gustan mucho, que no necesariamente son personas queer, o trans pero van de la mano con mi visión del mundo. Como La Blackie, que genuinamente me encanta, me la pongo en el gimnasio y todo. He visto cómo se enfrenta a la industria y hace las cosas distintas. Jedet también. Conocerla fue un momento canónico, la veía tan lejos y, bum, ahora es mi amiga, de las que amo, con la que he llorado y hemos pasado por muchas cosas. La vida te va juntando con gente que no esperas. Ahí es cuando dudo que seamos minoría, creo que hay mucha gente buena. Lo que pasa es que al mal le gusta hacer mucho ruido, pero no, no está ganando. P. ¿Pese al auge de la ultraderecha? R. En la mayoría de casos, o al menos así era de donde vengo, fue ignorancia y no maldad. Mis abuelas, mis papás, fueron educados de cierta manera, y los papás de un montón de otras chicas trans también. En mi caso, era ignorancia y un deseo de proteger. Pensaban: “No entiendo, pero sé que para la gente como tú, la vida es bien difícil, así voy a intentar evitártelo”. Así fuera incómodo, mis abuelas me dejaron jugar con muñecas, no decían nada, había una complicidad: “Voy a dejar que hagas estas cosas porque sé quién eres, pero allá fuera, en el mundo, no puedes hacerlo”. Por eso, no me parece que la maldad sea predominante, pienso que es más el miedo, el desconocimiento. En mi familia, nació desde esa frustración de no saber cómo protegerme.
Por ATA - Sylvia Rivera 23 de febrero de 2026
Kansas está a punto de invalidar unas 1.700 licencias de conducir en poder de personas trans y aproximadamente la misma cantidad de certificados de nacimiento en virtud de una nueva ley que va más allá de las restricciones impuestas por los republicanos en otros estados sobre la inclusión de identidades de género en documentos gubernamentales. La nueva ley entrará en vigor el jueves. La gobernadora demócrata Laura Kelly vetó la medida, pero las supermayorías republicanas de la Legislatura anularon su veto la semana pasada, mientras legisladores republicanos en todo el país impulsan otra ronda de medidas para recortar los derechos de las personas trans. El proyecto de ley prohíbe que los documentos consignen cualquier sexo que no sea el asignado al nacer. Florida, Tennessee y Texas tampoco permiten que las licencias de conducir reflejen la identidad de género de una persona trans, y al menos ocho estados, además de Kansas, tienen políticas que impiden a residentes trans cambiar sus certificados de nacimiento. Pero solo la ley de Kansas exige revertir cambios realizados previamente para residentes trans. Funcionarios de Kansas prevén cancelar unas 1.700 licencias de conducir y emitir nuevos certificados de nacimiento para hasta 1.800 personas. La legisladora estatal demócrata Abi Boatman, una veterana trans de la Fuerza Aérea designada en enero para cubrir una vacante de Wichita, afirmó: “Esto me dice que los republicanos de Kansas están interesados en estar a la vanguardia de la guerra cultural y en una carrera hacia el fondo”. La nueva ley de Kansas contó con un apoyo republicano casi unánime. Es el éxito más reciente de lo que se ha convertido en un esfuerzo anual para recortar aún más los derechos de las personas trans por parte de republicanos en legislaturas estatales de todo Estados Unidos, reforzado por políticas y retórica del gobierno del presidente Donald Trump. Kelly apoya los derechos de las personas trans, pero los legisladores republicanos han anulado sus vetos en tres de los últimos cuatro años. Kansas prohíbe la atención de afirmación de género para menores y veta que mujeres y niñas tran integren equipos deportivos femeninos, desde el kínder hasta la universidad. Las personas trans no pueden usar baños públicos, vestuarios u otras instalaciones de un solo sexo asociadas con sus identidades de género, aunque no existía un mecanismo de aplicación hasta que la ley de este año incorporó nuevas disposiciones estrictas. Personas trans han dicho que portar identificaciones que las clasifican con un género que no es el suyo las expone a preguntas intrusivas, acoso e incluso violencia cuando las muestran a la policía, a comerciantes y a otras personas. En 2023, los republicanos detuvieron los cambios en los certificados de nacimiento y las licencias de conducir de Kansas al promulgar una medida que puso fin al reconocimiento legal por parte del estado de las identidades de género de residentes trans. Aunque la ley no mencionaba ninguno de los dos documentos, definió legalmente lo masculino y lo femenino según el “sistema reproductivo biológico” de una persona al nacer. Sin embargo, una demanda derivó en decisiones de tribunales estatales que el año pasado permitieron que se reanudaran los cambios en las licencias de conducir. Legisladores de al menos otros siete estados están considerando proyectos de ley para impedir que las personas trans cambien uno o ambos documentos, según una búsqueda realizada con el software de seguimiento legislativo Plural. Pero ninguno revertiría cambios anteriores. El paso adicional de los legisladores de Kansas refuerza el mensaje de “que las personas trans no son bienvenidas”, manifestó Anthony Alvarez, un estudiante trans de la Universidad de Kansas que trabaja para un grupo a favor de los derechos LGBTQ. Kansas probablemente notificará por correo a residentes trans que sus licencias de conducir ya no son válidas y que deben acudir a una oficina local de licencias para obtener una nueva, indicó Zachary Denney, portavoz de la agencia que las emite. La Legislatura no ha asignado fondos para cubrir el costo, por lo que cada persona lo pagará: 26 dólares por una licencia estándar. Alvarez ya ha tenido cuatro identificaciones en cuatro años: cuando cambió su nombre, cuando cambió su marcador de género y al cumplir 21 años. Había planeado quedarse en su Kansas natal después de obtener su título en historia esta primavera, pero ahora “solo están haciendo que sea cada vez más difícil para mí vivir en el estado que amo”. https://www.independentespanol.com
Por ATA - Sylvia Rivera 20 de febrero de 2026
En la mañana del miércoles 18 de febrero, fue hallada muerta en su vivienda ubicada en el barrio Santa Fe, de la localidad de Los Mártires en Bogotá, la madre Constanza, reconocida como “abuela de todas las travestis”, y considerada una de las figuras más emblemáticas del movimiento trans de la capital. La noticia fue confirmada por el colectivo Caribe Afirmativo, que precisó que el cuerpo presentaba signos de violencia. Aunque el hallazgo sugiere un posible crimen, corresponde a las autoridades adelantar una investigación integral y rápida para determinar si se trató de un asesinato. Constanza se destacó por su labor de cuidado y acompañamiento a jóvenes trans desplazadas o expulsadas de sus hogares. Su trabajo incluía orientación, acompañamiento legal y social, y defensa de los derechos fundamentales de la población trans, consolidando su reputación como un referente histórico en la ciudad. Con este caso, ya suman ocho las muertes violentas de personas trans en lo que va de 2026, situación que organizaciones y defensores de derechos humanos consideran parte de un patrón persistente de violencia por prejuicio, ensañamiento e impunidad que afecta de manera desproporcionada a mujeres trans.
Por ATA - Sylvia Rivera 19 de febrero de 2026
En las últimas semanas vemos cómo los portales de noticias cubrieron mucho más el fenómeno de los jóvenes disfrazados de animales (llamados Therians) que los diferentes reclamos de las fuerzas de seguridad y el ejército, que ponen en vilo a la democracia. Pero en esas coberturas hay una particularidad: siempre estos "raritos" son pintados como el devenir del degeneramiento que provocó la perspectiva de género. Porque a más de un facho le tienta la idea de decir que por fin se cumplía aquel viejo argumento de “si yo quiero me percibo perro”, que se usaba para hablar en contra de la Ley de Identidad de Género. Históricamente, todo lo malo (desde los villanos de Disney hasta los delitos más perversos como la pedofilia) ha sido asignado como una característica propia de las disidencias sexuales. A su vez, cualquier cultura alternativa era asociada inmediatamente al colectivo LGBT. Si bien no podemos negar que el colectivo LGBT ha construido formas culturales alternativas a la norma a lo largo de la historia, esto no significa que cualquier cultura alternativa sea, ineludiblemente, una creación del malvado lobby LGBT. En los 60, cuando aparecieron los hippies, se decía que eran todos putos. En los 80, cuando apareció el punky sus subculturas, en seguida se lo asoció con la homosexualidad y el satanismo. Cuando los emo ganaron las pantallas en los 90 y los 2000, también se culpó a los putos, las tortas y las travas de esa subcultura de gente monocromática. Y ahora parece que también tenemos la culpa de estas personas de ciudad disfrazadas de lobos. Separemos Toda esta estelaridad que tuvieron los therian en las últimas semanas me hizo acordar a una discusión que tuve con un viejo dueño de una fábrica cuando trabajaba capacitando a empresas en el equipo de Ley Micaela. La capacitación venía bien; cada tanto había algún comentario progre de alguna administrativa, algún hetero curioso que hacía alguna consulta.... Hasta que llegó el momento del PowerPoint en el que hablábamos de la autopercepción del género y de las personas trans. Desde la primera fila de la hilera de sillas, y con ese aire sobrado de patrón de estancia, un viejo que tenía la cara de Landriscina y el pelo del Dr. Cormillot dijo: “Entonces alguien puede decir que se autopercibe perro y hay que respetarlo”. Y mi respuesta fue: “Señor, seamos honestos, nadie nunca planteó eso. Y si lo planteara, el autopercibirse como otra especie animal corresponde a conductas propias de una persona con algún tipo de alteración psiquiátrica”. Y acá es donde conviene separar las cosas. Existe algo que en psiquiatría se llama teriantropía clínica que es la creencia delirante de que una persona se transforma en un animal. Una revisión de 77 casos publicados en la revista Neuroscience and BioBehavioral Reviews arrojó lo siguientes datos: el 41% tenía condiciones asociadas a trastornos psicóticos, depresión psicótica (24 %), trastorno bipolar (18 %) y síndrome de Cotard (12 %). Pero más allá de este estudio bastante acotado, nuestros therians parecieran ser una subcultura del montón; quizá una tribu urbana más que congrega a un conjunto de personas que no buscan otra cosa más que pertenecer (a costa de hacer el ridículo en público tratando de aullar como un perro siberiano). Una subalternidad más de la que muchos pakis intentan culpar al colectivo LGBT. Pero entonces, ¿qué tiene que ver un therian con la comunidad LGBT? Nada. Nos reíamos del argumento de “¿y si me autopercibo perro?” hasta que llegó el día en que se planteó que se “autopercibe lobo” en televisión nacional. Y por eso ahora hay que salir a aclarar que los therian no son gays; que la T de LGBT no es de Therian; y que los pedófilos son los mega ricos que figuran en los archivos de Epstein, no las personas LGBT. Autora: Federica Kesseler https://periodicas.com.ar
Por ATA - Sylvia Rivera 18 de febrero de 2026
A raíz del tiroteo masivo del 10 de febrero en un instituto de Tumbler Ridge, Canadá, que terminó con al menos diez muertos y decenas de heridos, en redes sociales han circulado imágenes falsamente atribuidas a la autora, Jesse Van Rootselaar. En VerificaRTVE recopilamos y desmentimos estos mensajes falsos que aprovechan el contexto de que la autora del tiroteo sea una joven trans para lanzar discursos contra este colectivo. Quien sostiene un arma en esta imagen no es la autora del tiroteo "Esta es la autora de la masacre en Canadá. ¿No notas algo raro?", dice un mensaje de X compartido más de 1.000 veces desde el 12 de febrero. El texto adjunta una fotografía en la que se ve a una persona sosteniendo un arma que lleva una camiseta con la frase "Princesa de Internet". Otra publicación en esta red social difunde la misma instantánea y dice en portugués que "se han publicado nuevas fotos del autor del ataque que dejó 10 muertos en una escuela de Canadá". Es falso, esta fotografía no muestra a la identificada como autora del tiroteo.
Por ATA - Sylvia Rivera 17 de febrero de 2026
Todos los audiovisuales cuentan historias, pero esta vez, más que contar, dignifican la vida de una persona que fue pionera en su época. La protagonista luchó por sus derechos, fue fiel a su autenticidad y, seguramente, soñó con cambiar el mundo; Sara La Paquera de Córdoba, un proyecto realizado por Mael Producciones y dirigido por Fátima y Miguel Ángel Entrenas, es un recordatorio que pone en valor la lucha activa de todas esas personas que destruyeron barreras para el colectivo LGTBIQ+. Sara La Paquera fue muy conocida en Córdoba, con una vida marcada por episodios trágicos que el documental retrata, mostrando el rechazo tanto de la sociedad, como de su familia. Nacida en 1939, padeció la incomprensión y represión durante toda su vida, sospechosa habitual para la policía y sufridora de la Ley de Vagos y Maleantes. Fueron unos sucesos crueles que no la detuvieron en su desempeño por conseguir una vida digna, donde podía manifestarse tal y como se sentía: como una mujer. Por eso, al llegar la democracia, perteneció al primer movimiento gay (Frente de Liberación Homosexual). Falleció en 1995. Desde el primer momento la misión de la productora estaba clara. Aunque la mayoría de los cordobeses veteranos podían conocer la historia de Sara, con el 30 aniversario de su muerte, Mael producciones quiso contarla para que también calara en las nuevas generaciones y fueran conscientes de todo el esfuerzo que realizó por el colectivo. Pero, por encima de todo, su misión era dignificar su figura y abrazar su lucha como se merece. "Nosotros somos una asociación cultural y desde hace mucho venimos haciendo documentales o ficción sobre personajes como Averroes, Julio Romero, Góngora, pero también personas como la Paquera, que fue parte de la cultura popular. Veíamos que era un personaje muy importante en la Córdoba de la transición y que era merecedora de hacer un documental sobre su vida", afirma Miguel Ángel Entrenas, codirector del film "La gente joven también se preocupa por estas personas que en aquella época se mostraba ante la gente de su barrio como se sentía. Si ves todos los videos de ella, había una postura caricaturesca, y nosotros intentamos dignificar su figura", añade Entrenas. Un homenaje en el presente El desarrollo del film necesitó horas de trabajo, donde la documentación y la investigación estuvieron presentes desde el primer momento. "Entrevistamos a más de 150 personas. Empezamos a indagar donde vivía y había gente que la conocía; fue una tarea de un par de años. Investigamos y fuimos haciendo entrevistas". Con estas declaraciones, los creadores lograron reconstruir su vida, desde aquellas casas de vecinos donde pasaba sus días. "Hemos recogido otros testimonios que nos parece muy interesantes como el de su sobrina, que vino expresamente a hablarnos de ellas. A través de estas personas hemos dignificado su figura", añade. Como cuenta Entrenas, cuando proyectaron la película por primera vez, más que un estreno fue un acto de homenaje y reconocimiento para Sara. "Se llenó todo el teatro, que tiene un aforo de 1.400 personas, las entradas se acabaron en días. A la sobrina, que vino al estreno, se le hizo un homenaje. La propia Asociación Carnavalesca le dedicó una chirigota", señala Entrenas. Aunque el homenaje no quedá aquí, siguieron proponiendo iniciativas para conmemorar a este personaje tan pionero. "Solicitamos que le pusieran una calle y una placa, aún pendiente. Le han concedido el nombre de una calle, y ahora estamos detrás de que se le ponga una placa", recalca el creador."Con el audiovisual hay gente que se emociona. Retratamos la parte dura: el rechazo de la sociedad y su familia. Ella quería manifestar que se sentía mujer", añade. Como relata, los tiempos donde vivía Sara no fueron fáciles, en mitad de una Transición donde la libertad aún no era un derecho garantizado, y donde podías ser juzgado simplemente por ser tú mismo. Ella tuvo que luchar el doble para poder sobrevivir en estos tiempos convulsos, y refugiarse de alguna forma "en el carnaval, el único momento donde podría mostrarse como era". "Se puede aprender muchísimo de su legado, ella sí participó en el primer movimiento que se celebró en año 1973 en Barcelona, Sara participó activamente, fue de las pioneras en esas luchas por ser como eres.", recuerda Entrenas. https://www.eldiadecordoba.es
Por ATA - Sylvia Rivera 16 de febrero de 2026
Hace once años, cuando Ian de la Rosa pensaba en la que podría ser su primera película cuando acabó su proyecto fin de carrera, se le ocurrió que por qué no contar un Romeo y Julieta en Almería, entre los invernaderos que tan poco (y tan estereotipados) ha mostrado el audiovisual español. No sería un Romeo y Julieta normal, sino uno atravesado por conflictos de clase, género y raza. Uno que demostrara que todos esos elementos nos definen y se mezclan aunque la gente quiera negarlo. Uno que reivindicara el amor como fuerza de cambio frente al odio al diferente. Más de diez años después, ese Romeo y Julieta tiene nombre. Se llama Iván y Hadoum y compite en la sección Panorama del Festival de Berlín, el mismo certamen que vio nacer cineastas españoles como Carla Simón, Pilar Palomero o Alauda Ruiz de Azúa. Una película que imagina una historia de amor que no es tóxica, que muestra la precariedad del trabajo en las fábricas de Almería, y que muestra el cuerpo, el deseo y el sexo de un hombre trans como pocas veces el cine lo ha hecho. Ian de la Rosa muestra inteligencia y sensibilidad para crear un nuevo imaginario en ese sentido. “No sé si es una película madura, pero lo hemos intentado”, dice el cineasta a pocas horas de presentar el filme ante el público por primera vez —luego competirá por la Biznaga de Oro en el Festival de Málaga—, y haciéndolo una semana después de que Bad Bunny reivindicara el mismo mensaje que su película, que solo el amor es más fuerte que el odio. Un amor que aquí no es tóxico y se convierte en refugio para Iván, un hombre trans interpretado por Silver Chicón, y Hadoum, una joven de origen marroquí a la que da vida Herminia Loh Moreno. “En esencia esta película va de cómo el amor y el deseo pueden ser y son el motor principal para una revolución que empieza en lo personal”, dice, y ahí apunta otra de las claves de su filme, que cada pequeña decisión, cuenta: “Toda revolución a gran escala empieza por decisiones pequeñas que son personales”.
Por ATA - Sylvia Rivera 13 de febrero de 2026
Advertencia de contenido: este artículo hace referencia a estadísticas sobre tasas de suicidio infantil. El número de menores de 18 años trans que han muerto por suicidio ha aumentado trágicamente en los últimos años, sugiere un nuevo informe condenatorio. Los expertos legales de Good Law Project revelaron en un informe del sábado (7 de febrero) que las muertes por suicidio entre jóvenes trans aumentaron a 22 en Inglaterra entre 2021 y 2022. El número es casi seis veces mayor que las muertes reportadas en 2020-21, según sus datos de libertad de información (FOI), con al menos cuatro jóvenes trans y no binarios en 2020-21. Comparativamente, el número de muertes reportadas se redujo en uno entre 2019-20 y 2020-21. The Good Law Project señaló que el aumento se produjo en medio de la decisión del NHS de Inglaterra de dejar de proporcionar hormonas supresoras de la pubertad a los jóvenes trans. El Good Law Project dijo que después de expresar su preocupación por el creciente número de muertes, Wes Streeting criticó las cifras del grupo y las calificó de “peligrosas”. Agregaron: “La decisión de Wes Streeting de encargar una revisión de los suicidios que minimizó la escala de estas tragedias fue imperdonable. Su informe negó la realidad de las muertes trans, del mismo modo que la prohibición de Streeting sobre los bloqueadores de la pubertad negaba la realidad de las vidas trans”. El medicamento, a menudo llamado bloqueadores de la pubertad, bloquea temporalmente los cambios físicos y emocionales no deseados que trae consigo la pubertad. Organizaciones médicas de todo el mundo, como la Asociación Mundial de Profesionales para la Salud Transgénero (WPATH) o Trans Care BC en Canadá, los describen como seguros, eficaces y potencialmente salvadores de vidas. Actualmente son inaccesibles en el NHS para pacientes trans que no forman parte de un ensayo clínico. Sin embargo, todavía son accesibles para los jóvenes cis para tratar afecciones como la pubertad precoz o temprana. Si bien el fallo finalmente fue derogado, el Servicio Nacional de Salud de Inglaterra se vio obligado una vez más a dejar de recetar bloqueadores de la pubertad después de que el secretario de salud, Wes Streeting, extendiera indefinidamente la prohibición del tratamiento propuesto originalmente por el anterior gobierno conservador en mayo de 2024. Jóvenes trans enfrentan una crisis de salud mental por la prohibición de los bloqueadores de la pubertad Streeting, de 43 años, amplió la prohibición en respuesta a la muy controvertida revisión de la prestación de atención sanitaria para personas trans realizada por la pediatra Dra. Hilary Cass. La revisión fue duramente criticada por activistas y expertos médicos, y muchos argumentaron que tenía fallas metodológicas. Según los datos de FOI del Good Law Project, al menos 10 niños trans se quitaron la vida en 2022-23, al mismo tiempo que los bloqueadores de la pubertad seguían siendo inaccesibles. La Base de Datos Nacional de Mortalidad Infantil (NCMD), financiada por el NHS, que proporcionó los datos, agregó que las cifras reportadas en los últimos años probablemente estén “subestimadas” debido a una mayor proporción de revisiones de muertes infantiles aún incompletas.
Por ATA - Sylvia Rivera 12 de febrero de 2026
La estrella e ícono LGTBI+ Jane Krakowski está hablando en contra de los ataques de la administración de Donald Trump a los jóvenes trans. La siete veces nominada al Premio Emmy, de 57 años, apareció en la Cena del Gran Nueva York 2026 de la Campaña de Derechos Humanos (HRC) el 7 de febrero, donde la organización le otorgó el Premio Aliado por la Igualdad. A lo largo de sus casi cinco décadas de carrera, la actriz se ha pronunciado en apoyo de la comunidad LGBTQ+ en numerosas ocasiones y, en respuesta, se ha ganado un público queer incondicional. Al subir al escenario para aceptar el galardón, Krakowski compartió una conmovedora historia sobre cómo comenzó su defensa LGBTQ+ durante la crisis del SIDA, y expresó su tristeza porque el gobierno continúa “dando la espalda” a las personas LGBTQ+, particularmente a los jóvenes trans. Al comenzar su discurso, Krakowski habló sobre su temprana conexión con la comunidad queer, que comenzó cuando su padre dirigió una producción local del musical Hechizo divino en Nueva Jersey. Estaba “enamorada” del actor que interpretaba a Jesús. “Pensé que había encontrado a Dios. Lo que en realidad encontré fue una atracción temprana y duradera hacia las personas queer y una nueva y emocionante forma de rechazo”, bromeó. “Incluso entonces, antes de que tuviera palabras para expresarlo, me sentí atraída por algo de esta comunidad. La creatividad, la valentía, la negativa a disculparse por ocupar un espacio o expresarse plenamente”, dijo. Su debut en Broadway llegó 1987 con Expreso luz de las estrellas, durante el apogeo de la crisis del SIDA que asfixia a la comunidad queer de Nueva York. “Los amigos se enfermaban, los compañeros de reparto desaparecían de la noche a la mañana. Todos éramos terribles y al gobierno no le importaba… no tenía otra opción que ser una aliada y una defensora para siempre de esta comunidad”, explicó. “Cuando las personas que amas luchan por tus vidas, luchas junto a ellas”. “Una vez más, vivimos tiempos muy aterradores. Aquí estamos, 2026, y el gobierno nuevamente le ha dado la espalda a esta comunidad. Peor aún, la están atacando activamente”, dijo. “Los niños trans están siendo atacados por una legislación diseñada para borrarlos. Se están arrancando libros de los estantes de las bibliotecas. Los discursos de odio están siendo amplificados por quienes están en el poder, alimentando el aumento de los crímenes de odio”, continuó. Desde su regreso a la Casa Blanca en enero pasado, Trump ha promulgado numerosas órdenes legislativas diseñadas para hacer retroceder las libertades de las personas LGBTQ+, en particular de las personas trans. Estas órdenes incluyen restringir la atención médica que afirma el género para jóvenes trans menores de 19 años e impedir que las mujeres y niñas trans compitan en deportes femeninos. Mientras tanto, la lista de los libros más prohibidos en Estados Unidos sigue destacando autores e historias LGBTQ+. Precisamente el 10 de febrero, Trump ordenó que se retirara la bandera del Orgullo del Monumento Nacional Stonewall en Nueva York, provocando indignación. “Estoy viendo a esta comunidad responder con el mismo desafío, con la misma solidaridad y la misma insistencia en ser visto que presencié por primera vez hace tantos años”, dijo Krakowski. “Se negaron a guardar silencio cuando el gobierno les dio la espalda. Se negaron a esconderse cuando el mundo les dijo que se avergonzaran. Se negaron a dejar de hacer arte, hacer historia y hacer que sus vidas fueran plenas y ruidosas”. La ganadora del premio Tony pasó a llamar a sus compañeros famosos aliados para que hablen en nombre de la comunidad. “Para aquellos de nosotros que nos hemos beneficiado de esta comunidad, y es decir, cada uno de nosotros, ahora es el momento de presentarnos”, instó entre los aplausos de la audiencia. https://www.sentidog.com
Por ATA - Sylvia Rivera 11 de febrero de 2026
Un evento significativo ha sacudido la comunidad LGBTQ+ en Nueva York, tras la remoción silenciosa de una gran bandera del orgullo de la plaza del Monumento Nacional Stonewall, el 9 de febrero de 2026. Este acto, derivado de una directiva del gobierno de Trump, se considera un nuevo golpe a los derechos de esta comunidad, que ha enfrentado diversos desafíos en los últimos años. El Monumento Nacional Stonewall no es solo un punto de interés turístico en Manhattan; es un símbolo fundamental del movimiento por los derechos LGTBI+ en Estados Unidos, recordando la revuelta de 1969 que marcó el inicio de una lucha sostenida por la igualdad. Designado monumento nacional por el entonces presidente Barack Obama en 2016, el sitio incluye el famoso Stonewall Inn y Christopher Park, donde se desarrollaron protestas históricas lideradas por mujeres trans racializadas contra la brutalidad policial. La National Park Service (NPS), responsable del Monumento, anunció que la bandera fue retirada “en cumplimiento con un nuevo orden del gobierno” que restringe las banderas que pueden ondear en sus instalaciones. Según esta guía emitida en enero, solo se permiten la bandera estadounidense y otras aprobadas a nivel congresional o departamental, lo que deja a la bandera del orgullo fuera de lugar en este espacio emblemático. La eliminación de esta bandera se produce en un contexto ya tenso; hace un año, la NPS había enfrentado críticas por eliminar menciones de personas queer y trans de su sitio web, lo que generó indignación entre activistas. Esta situación se ha intensificado con la reciente acción de retirar la bandera más reconocible de apoyo a la comunidad LGBTQ+, generando reacciones de alarma entre los visitantes. “Esto se siente como un paso más en una serie de ataques”, expresó Alex, un residente local y visitante del parque. Las declaraciones de apoyo y resistencia han surgido de diversas partes. Brad Hoylman-Sigal, presidente de Manhattan, ha declarado su oposición a la decisión de la NPS y se ha comprometido a luchar para que la bandera del orgullo ondee nuevamente en el Monumento Nacional. A lo largo del día de la remoción, decenas de visitantes expresaron su descontento, refiriéndose a la acción como “disgustante” y “lgtbifóbica”, y destacando la importancia de honrar la historia y las luchas de la comunidad LGBTQ+ en este sitio. En un trasfondo de políticas regresivas, el expresidente Trump ha impulsado, desde su segundo mandato, decisiones que han perjudicado los derechos de las personas LGBTQ+, como la prohibición de la participación de atletas trans en deportes femeninos y restricciones a la atención médica para jóvenes trans. Este contexto ha llevado a activistas y defensores a considerar la remoción de la bandera del orgullo como un avance preocupante en una narrativa más amplia de opresión. Mientras tanto, el debate por los derechos LGBTQ+ continúa, y muchos se preguntan cómo este evento influenciará el futuro de los espacios dedicados a la comunidad en lo que lleva siendo una lucha histórica. Lo que está claro es que la bandera del orgullo, un símbolo de resistencia y amor, sigue siendo un faro para muchos, aun frente a los obstáculos que persisten. https://columnadigital.com