Diez años de ley trans andaluza: la primera en despatologizar las identidades trans

17 de julio de 2024

"Se trataba de considerar a las identidades trans como sujetos de derecho y no como objetos de medicina, así como la libre autodeterminación de género. [Esta ley] ha sido faro y guía para todas las aprobadas después", reivindica Mar Cambrollé.

"Con independencia de cualquier clasificación que afirme lo contrario, la orientación sexual y la identidad de género de una persona no son, en sí mismas, condiciones médicas y no deberán ser tratadas, curadas o suprimidas".

Esta frase, recogida en el preámbulo de la ley 2/2014, de 8 de julio aprobada en el Parlamento de Andalucía hace diez años resume el espíritu de una norma que fue pionera y que por primera vez en el Estado despatologizaba las identidades trans.

"[Se trataba de] considerar a las identidades como sujetos de derecho y no como objetos de medicina, así como la libre autodeterminación de género. [Esta ley] ha sido faro y guía para todas las aprobadas con posterioridad", reivindica Mar Cambrollé, presidenta de Asociación Trans de Andalucía (ATA)—Sylvia Rivera.

"Las leyes posteriores se hicieron amparándose en el enfoque de la ley andaluza, que a su vez se enfocaba en la ley argentina de 2010. La ley andaluza ha conseguido mucho más de lo que pretendía. Ha empapado de su espíritu a las demás leyes. Éxito rotundo", resume Raúl Solís, autor de La batalla trans, un ensayo sobre la ley trans estatal que causó durante su tramitación una enorme polémica.

"Ha cambiado la consideración social, las personas trans ya no son vistas o no tanto como antes como una aberración, un chiste y el hazmerreír del pueblo. Han ganado espacios de dignidad y eso también se refleja en los temas materiales", agrega Solís.

"Queríamos hablar de lo que no se puede comprar en las farmacias, del amor de las familias, —afirma Cambrollé—, de los protocolos contra el acoso, de los menores. También queríamos acabar con la unidad de trastorno de identidad de género en Málaga. Andalucía tiene una red de hospitales con grandes endocrinos y ya era hora de que entráramos por la misma puerta que todo el mundo".

Ella misma y ATA fueron claves en aquel momento para que la norma pudiera aprobarse por unanimidad. Participaron en ella, primero, PSOE e IU, que compartían gobierno entonces y PP, cuya portavoz de entonces, Esperanza Oña, también jugó un papel muy relevante para que la derecha entrara en este consenso.

Junto a ella, las ponentes de la ley Soledad Pérez, del PSOE y Alba Doblas, de IU, negociaron los aspectos de aquella norma. "Tuvimos la suerte de no negociar con el PP, sino con Oña, que es un verso suelto del PP en estas materias. Una vez que tuvimos un texto Alba Doblas y yo y lo hubimos consensuado con los colectivos, nos sentamos una mañana con el PP. Teníamos mayoría y no necesitábamos al PP", recuerda hoy Pérez.

"Con independencia de cualquier clasificación que afirme lo contrario, la orientación sexual y la identidad de género de una persona no son, en sí mismas, condiciones médicas y no deberán ser tratadas, curadas o suprimidas".

Esta frase, recogida en el preámbulo de la ley 2/2014, de 8 de julio aprobada en el Parlamento de Andalucía hace diez años resume el espíritu de una norma que fue pionera y que por primera vez en el Estado despatologizaba la transexualidad.


"[Se trataba de] considerar a las identidades como sujetos de derecho y no como objetos de medicina, así como la libre autodeterminación de género. [Esta ley] ha sido faro y guía para todas las aprobadas con posterioridad", reivindica Mar Cambrollé, presidenta de Asociación de Transexuales de Andalucía (ATA)- Sylvia Rivera.

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"Las leyes posteriores se hicieron amparándose en el enfoque de la ley andaluza, que a su vez se enfocaba en la ley argentina de 2010. La ley andaluza ha conseguido mucho más de lo que pretendía. Ha empapado de su espíritu a las demás leyes. Éxito rotundo", resume Raúl Solís, autor de La batalla trans, un ensayo sobre la ley trans estatal que causó durante su tramitación una enorme polémica.

"Ha cambiado la consideración social, las personas trans ya no son vistas o no tanto como antes como una aberración, un chiste y el hazmerreír del pueblo. Han ganado espacios de dignidad y eso también se refleja en los temas materiales", agrega Solís.

"Queríamos hablar de lo que no se puede comprar en las farmacias, del amor de las familias, —afirma Cambrollé—, de los protocolos contra el acoso, de los menores. También queríamos acabar con la unidad de trastorno de identidad de género en Málaga. Andalucía tiene una red de hospitales con grandes endocrinos y ya era hora de que entráramos por la misma puerta que todo el mundo".

Mar Cambrollé, cierre de lista de Podemos-IU al Ayuntamiento de Madrid y presidenta de la Federación Plataforma Trans. — Cedida a Público
Mar Cambrollé: "Las transodiantes han desempolvado el discurso de odio del franquismo"
Ella misma y ATA fueron claves en aquel momento para que la norma pudiera aprobarse por unanimidad. Participaron en ella, primero, PSOE e IU, que compartían gobierno entonces y PP, cuya portavoz de entonces, Esperanza Oña, también jugó un papel muy relevante para que la derecha entrara en este consenso.

Junto a ella, las ponentes de la ley Soledad Pérez, del PSOE y Alba Doblas, de IU, negociaron los aspectos de aquella norma. "Tuvimos la suerte de no negociar con el PP, sino con Oña, que es un verso suelto del PP en estas materias. Una vez que tuvimos un texto Alba Doblas y yo y lo hubimos consensuado con los colectivos, nos sentamos una mañana con el PP. Teníamos mayoría y no necesitábamos al PP", recuerda hoy Pérez.

"Pero en el PSOE insistimos mucho en que el PP votara a favor, para evitar recursos al Tribunal Constitucional desde el PP de Madrid. Esperanza Oña se erigió en ponente de la ley. Las enmiendas fueron muy pocas. Nos sentamos, y el texto salió prácticamente sin tocar", agrega Pérez, en conversación con Público.

Raúl Solís, autor de La batalla trans.
Raúl Solís, autor de 'La batalla trans': "Por primera vez las personas trans van a dejar de estar tuteladas"
Cambrollé rompe una lanza por la importancia de la sociedad civil en todo el proceso: "La conjunción de un partido y un gobierno progresista de coalición fue fundamental, pero estuvimos empujando y venciendo obstáculos para lograr la aprobación de la norma y por unanimidad, lo que la ha blindado contra cualquier intención de retroceso".

La presidenta de ATA reconoció también el papel de Oña: "Con independencia de las posiciones políticas, las personas trans llegamos a calar tan hondo que por encima de las ideologías se consiguió esa unanimidad". "Oña me llamó entonces y me dijo: 'hay cosas que no entiendo y que necesito que me aclares'. Me encajé en su despacho. Y lo conseguimos. Y Oña nos dijo que iban a votar a favor", aseguró.

Hoy no existe esa unanimidad. El PP de Isabel Díaz Ayuso ha derogado parcialmente la ley trans de Madrid, que también se inspiró en la andaluza, y el Gobierno la ha llevado al Tribunal Constitucional. El Gobierno de Ayuso lo que ha liquidado es el derecho al reconocimiento de la identidad de género libremente manifestada y vuelve a patologizar las identidades trans, la esencia de la ley andaluza.

"Eran otros tiempos. El PP no estaba contaminado por querer agradar a la ultraderecha. Estaba en posiciones más en la línea de respetar las libertades individuales. Y en el PSOE no había nacido la semilla de ese movimiento de personas transodiantes que hemos tenido que soportar", resume Cambrollé.

"Estaría muy bien celebrar este aniversario reivindicando la unanimidad que hubo en la aprobación de la ley. Es triste que diez años después ese consenso se haya resquebrajado. Esta ley fue pionera, transgresora, moderna y europea. Y ver que eso se ha perdido es, cuando menos, preocupante", reflexiona Miguel Ángel Parra, autor de Miss Dragón, una novela sobre la epopeya en la Marbella de finales del franquismo de Luismi y La Toñi y La Tanke.

El coordinador federal de IU, Antonio Maíllo, también hizo hincapié en el aniversario de la ley de la importancia de la alianza social y apostó por "recuperar el espíritu" de consenso, ya no solo para este tema, sino para otros como el del reparto de menores migrantes entre las comunidades autónomas, según recoge Europa Press.

"Lo de después [de la ley andaluza] —añade Solís— ha sido surrealista. Nadie nos podía decir que señoras del PSOE que habían estado apoyando las leyes trans de Andalucía y de otras Comunidades se iban a posicionar contra la autodeterminación de género. Hay un repunte de transfobia en sectores insospechados. Es una ramificación de la ultraderechización de la sociedad".

Aunque en estos años se ha avanzado, en los últimos tiempos, para Parra, "se ha producido un proceso de demonización del colectivo, que debería hacernos pensar". "Debería cumplirse la ley sin estar planteándonos ninguna otra cuestión", añade.

"Esto es transversal. Se trata de respeto de los derechos y de reconocimiento de una sociedad plural y diversa. Cuando tienes un partido que amenaza a los centros educativos y prohíbe libros, se genera un ambiente terrible. Hemos sufrido una regresión en los últimos años", lamenta el autor de Miss Dragón.

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