Villano Antillano, rapera: “Estoy lista para prenderle fuego al patriarcado”

ATA - Sylvia Rivera • 24 de febrero de 2026
Poco tiene de villana la rapera Villana Santiago Pacheco (Puerto Rico, 30 años), reconocida por un sagaz sentido del humor. Nació en Bayamón, creció en la época dorada del reggaetón en la isla, y a los 17 años huyó de su casa para encontrarse: estudió ciencias políticas y terminó dedicada al rap. Saltó a la fama de la mano del DJ argentino Bizarrap, en 2022, y ahora es la primera artista trans en entrar en Top 50 Global de Spotify. Ya suma numerosas colaboraciones, varios álbumes y distintos EP: Tiranía (2019), Ketaprincesa (2020), La sustancia X (2022), Hembrismo (2022), y el más reciente, Miss Misogyny, en 2024. Asentada entre Madrid y Puerto Rico, vino a Colombia por primera vez en 2023 para el Festival Estéreo Picnic. Regresó ahora al país para abrir el Festival Ondas, en el que compartió fecha con la icónica boricua Ivy Queen. Antes de cerrar su presentación, el viernes en la noche, invocó a Sara Millerey, la mujer trans cruelmente torturada y asesinada el año pasado en Antioquia. “Sigo pensando en Sara. La llevo aquí”, dijo.

Pregunta. La última vez que estuvo en Colombia fue al barrio Santa Fe, en el centro de Bogotá, para reunirse con la Red Comunitaria Trans. ¿Cómo las conoció?

Respuesta. Ellas se pusieron en contacto conmigo. Las visité, compartimos un ratito, nunca lo he olvidado. Sé que de ese momento para acá han pasado mil crímenes desastrosos. Es un poco agridulce el hecho de venir a Bogotá y recibir tanto amor, pero también saber de tanto maltrato hacia ellas, saber que a tantas mujeres como yo las matan sin ningún tipo de alto al tren. Bogotá tiene que avergonzarse un poco. Bueno, ¡el mundo entero!

P. Ellas y usted reivindican mucho el sentido de comunidad y la familia elegida.

R. Desde que yo tengo uso de razón, quienes han sacado la cara por mí, me han protegido y me han dado absolutamente todo, son mis amigas, cis y trans. Obvio, hay un lazo particular de experiencia de vida con mis hermanas trans, sin ellas yo no estaría aquí. Cuando era pequeña pensaba –creo que nos pasa a las personas que no caemos en la heteronorma– que no existía más gente como yo. Cuando te das cuenta de que no es verdad y encuentras tu sitio… es precioso. Ahí empieza un efecto en cadena: te inspiras de otras, te persigues a ti misma a través de otras, y cuando lo logras, te das cuenta de que venían otras detrás, que te estaban mirando y vieron ese espejo en ti. Suelo decir que las personas trans somos como vampiras: yo sé cuál fue la vampira que me mordió a mí y me despertó. También sé a cuáles he despertado. Ese lazo es inquebrantable, es un lazo de madre, de hermana, de amiga, de prima, de familia, que nada puede tocar.

P. ¿Cuáles son esas hermanas musicales?

R. Varios proyectos me gustan mucho, que no necesariamente son personas queer, o trans pero van de la mano con mi visión del mundo. Como La Blackie, que genuinamente me encanta, me la pongo en el gimnasio y todo. He visto cómo se enfrenta a la industria y hace las cosas distintas. Jedet también. Conocerla fue un momento canónico, la veía tan lejos y, bum, ahora es mi amiga, de las que amo, con la que he llorado y hemos pasado por muchas cosas. La vida te va juntando con gente que no esperas. Ahí es cuando dudo que seamos minoría, creo que hay mucha gente buena. Lo que pasa es que al mal le gusta hacer mucho ruido, pero no, no está ganando.

P. ¿Pese al auge de la ultraderecha?

R. En la mayoría de casos, o al menos así era de donde vengo, fue ignorancia y no maldad. Mis abuelas, mis papás, fueron educados de cierta manera, y los papás de un montón de otras chicas trans también. En mi caso, era ignorancia y un deseo de proteger. Pensaban: “No entiendo, pero sé que para la gente como tú, la vida es bien difícil, así voy a intentar evitártelo”. Así fuera incómodo, mis abuelas me dejaron jugar con muñecas, no decían nada, había una complicidad: “Voy a dejar que hagas estas cosas porque sé quién eres, pero allá fuera, en el mundo, no puedes hacerlo”. Por eso, no me parece que la maldad sea predominante, pienso que es más el miedo, el desconocimiento. En mi familia, nació desde esa frustración de no saber cómo protegerme.

P. El show de Bad Bunny en el Super Bowl generó muchas opiniones alrededor de ser latino. ¿Usted se reclama latina?


R. Tengo problemas con la latinidad. Me considero una mujer caribeña ante todo. No reniego de la identidad latina porque he crecido con ella, bajo ese término sombrilla que a veces esconde mucho racismo, mucha antinegritud. Hago esa distinción porque lo único que tengo en común con un argentino es que somos hispanohablantes. Tengo mucho más en común, aunque no hablemos en español, con un jamaiquino. Por culpa de la colonización de tantos poderes, en el Caribe sucede mucho que estamos unos al lado del otro, y ni lo sabemos. Vine a conocer Saint Kitts a los 29 años, pese a que está a 40 minutos de Puerto Rico. Lo mismo sucede en varios países del Caribe. Por eso, los grandes filósofos caribeños hablaron de una República Antillana. Y bueno, Puerto Rico es propiedad enteramente de los Estados Unidos y ninguno de nuestros hermanos del Caribe puede tener acceso a nosotros. Por esa experiencia tan disonante, si bien no me molesta que me digan latina, sé que soy una mujer caribeña.


P. Su último disco salió en 2024. ¿Cuándo espera sorprendernos con más música?


R. Pronto. Terminé hace un tiempo mi último trabajo, Ante el umbral del peligro no siento temor. Le di todo de mí y tardé mucho en hacerlo, siento que está a un nivel distinto de todo lo anterior. Quiero puntualizar que soy quien soy, y estoy donde estoy, pero el trabajo sexual sigue siendo mi main source, no la industria musical. De hecho, puedo meterle más a mi proyecto gracias al trabajo sexual. Estoy en un momento en el que me he tomado la libertad de enfocarme en mi arte, en crecer como artista, porque no puedo hacer más nada en la industria, no la voy a cambiar ni tengo interés en hacerlo. Lo digo porque a veces aparecen figuras que dicen: “cabrón, tienes que romper todos estos siglos de opresión”. Y pienso: “cabrón, pues rómpelos tú, que tienes el privilegio y el poder para hacerlo”. Al inicio sentía esa presión, ya no. He entendido que, como no existen tantas artistas como yo, no existen manuales ni instrucciones en un gremio que busca, literalmente, eliminarnos, que no fomenta absolutamente nada de inclusión. Cuando lo ha hecho es por conveniencia, porque es cool pararse al lado de una mujer trans.


P. ¿Cuál es la principal diferencia entre sus primeros discos y el que va a salir?


R. Este nació de un duelo profundo. Lo hice en medio de distintas etapas de ese duelo. En el proceso me di cuenta de que tenía mucho dolor adentro y quise sacarlo así, que suene perra y que la gente se halle. Tú puedes estar bailando bien cabrón y vas a calzar. Obviamente es bien enérgico, bien lleno de ira porque yo siempre tiro pa’llá. Siento que como colectivo estamos así, en el azul de la llama, en carne viva, vamos de shock tras shock, y de la manera más descabellada posible. Una siempre escucha barbaridades contra las personas trans y quisiera que alguien me diga ¿cuántas mujeres trans salieron en los archivos Epstein? No hay, todos fueron hombres cisheterosexuales. De eso no se habla. Los que nos acusaban y difaman son quienes están ahí. Esa es la razón perfecta para prenderle fuego al patriarcado, pero no va a pasar porque es un andamiaje que protege demasiadas cosas. Aun así, estoy lista para tirar el molotov hace rato.


P. ¿A qué se aferra para seguir en pie?


R. Me divorcié del miedo. Fue una decisión, porque tengo certeza de que soy feliz. Vivo la vida que quiero vivir, tomo las decisiones que quiero y me veo como me quiero ver. En mi cabeza hay una sincronía entre mi espíritu y cómo me presento al mundo. ¿Por qué tengo que estar en la mala por opiniones ajenas cuando me va tan cabrón? Si me fuese mañana, me iría tranquila porque sé que, en el tiempo que estuve aquí, hice lo que se me llamó a hacer. Quizá el 99% de la gente cisheterosexual no entiende eso, porque no han tenido que josear para tenerlo, no han tenido que ejercitar ese músculo psíquico de preguntarse quiénes son, andan en piloto automático y su identidad viene del algoritmo de Instagram. Así que yo me agarro de la gente que tengo alrededor, que vive su vida auténticamente, practicando la humanidad en un tiempo donde parece que los humanos se acabaron.

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Barcelona, octubre de 1991. España todavía está entrando en los años 90, a unos meses de los Juegos Olímpicos. La ciudad intenta proyectar modernidad, apertura, libertad. Pero, en una glorieta del parque de la Ciutadella, un grupo de jóvenes neonazis encuentra a varias personas sin hogar descansando bajo unas mantas. Entre ellas hay una mujer trans de 45 años, Sonia Rescalvo. Pocos minutos después sería asesinada a golpes, patadas y barras metálicas, y otras dos personas resultarían gravemente heridas con secuelas permanentes. Y aunque entonces casi nadie lo sabía, aquel crimen iba a cambiar para siempre la manera en que la justicia española entendería los delitos de odio. ¿Quién era Sonia? Sonia Rescalvo nació en Cuenca en 1965. Y como muchísimas personas trans de su generación, tuvo que marcharse de su entorno para poder vivir su identidad. En la actualidad, usamos una palabra muy potente para eso: sexilio. 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La importancia del fiscal especialista en delitos de odio Hay quien piensa que un fiscal solo aparece en el juicio. Y no. Hay fiscales revisando denuncias, monitorizando procedimientos, intentando detectar motivaciones discriminatorias que a veces ni siquiera aparecen claramente descritas en el atestado inicial por razones ajenas a los policías. Esta labor exige formación, sensibilidad y muchísimo compromiso humano. Y a pesar del esfuerzo, su ánimo no decae. Saben que detrás de cada denuncia hay una persona que muchas veces llega rota, con miedo, con vergüenza o con sensación de que nadie le va a creer. Y ahí, el papel del fiscal es estrictamente necesario. La realidad de las mujeres trans en la actualidad En unas jornadas recientes en la Fiscalía, se analizó el asesinato de Sonia, con la oportunidad de conversar y aprender de Sofía, Judith y Marina, mujeres trans con increíbles reflexiones e historias a sus espaldas. 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