Manifiesto de la Confluencia Trans

ATA - Sylvia Rivera • 28 de junio de 2020

Historicamente las personas trans, y más concretamente las mujeres trans, han liderado las protestas sociales que han desembocado en los avances más importantes del colectivo LGTBIQ+.

El 28 J celebramos el Orgullo que conmemora el comienzo del movimiento de liberación del colectivo durante los disturbios de Stonewall, liderado por dos mujeres trans, Marsha P Johnson y Sylvia Rivera.

En la primera marcha de protesta celebrada en Barcelona, en 1977, pidiendo la derogación de la ley franquista de Peligrosidad social, fueron las mujeres trans las que permanecieron en las pancartas aguantando las cargas policiales, a pesar de que en el inicio de la marcha se las quiso invisibilizar por el resto del colectivo.

El colectivo Trans ha visto como siempre iba quedando atrás en la consecución de derechos. El 17 de mayo de 1990 la OMS eliminaba la homosexualidad de las enfermedades mentales pero incorporaba la transexualidad en ese mismo listado. Paradójicamente esa fecha sirve para celebrar El Día Internacional contra la LGTBIfobia, ignorando que a día de hoy la OMS no ha eliminado definitivamente las identidades trans de su catálogo, situándolas como “condiciones relativas a la salud sexual" y llamándolas "incongruencia de género".

En julio de 2005 se legalizaba el matrimonio igualitario y la adopción para parejas del mismo sexo, mientras las personas trans aún no podían cambiar su identidad de forma legal y seguían siendo tratadas como enfermas mentales. Una vez más las aspiraciones de la “T” quedaban relegadas y borradas bajo la falsa apariencia de un avance colectivo.

Aún pasarían dos años, y con la presión de una huelga de hambre, para conseguir la rectificación del nombre y el sexo de las personas Trans en el Registro Civil. Todo esto bajo la Ley 3/2007 que excluye a las personas migrantes, a las personas No Binarias y excluía a las personas menores, hasta que el Tribunal Constitucional dictó un auto declarando inconstitucional esto último. Todo ello bajo la supervisión patologista de la medicina, mediante un diagnóstico psiquiátrico, que históricamente ha sido utilizada para despojar de autonomía y derechos a las personas trans, ha sido la excusa para la vulneración de sus derechos humanos condicionando el reconocimiento de la identidad a un tratamiento hormonal de mínimo dos años de duración.

Hasta julio de 2014 hubo que esperar para que la Ley integral para la no discriminación por motivos de identidad de género y reconocimiento de los derechos de las personas transexuales de Andalucía despatologizara la transexualidad y por primera vez en España reconociera el derecho a la libre autodeterminación del género como un derecho fundamental. Avance conseguido una vez más con la amenaza de huelga de hambre del activismo trans.

En 2017, la organización Hazte Oir lanzaba, impunemente, una campaña publicitaria incitando al odio hacia la infancia trans. En julio de 2019 un grupo de mujeres, entre ellas destacadas representantes del PSOE organizaron un Congreso en Gijón cuyo objetivo radicaba en ridiculizar y atacar al colectivo trans. El 9 de junio se filtraba el “panfleto tránsfobico” del PSOE atacando al colectivo, cuestionando sus derechos fundamentales y acusando del borrado del sujeto político “mujer” a las mujeres trans. Nuestro colectivo sufre unos niveles de violencia insoportables, estando expuesto a la exclusión educativa y laboral, al rechazo social, la estigmatización médica y la violencia policial.

Hasta ahora nunca ha habido una voluntad política real de cambiar esta situación y que se tradujera en legislaciones y acciones específicas por parte del Estado.

El hecho de ser un colectivo objeto de tanta violencia ha dificultado la organización, dedicando el grueso de la energía a sobrevivir y defenderse. Desde el año 2013 la aparición de las familias en el activismo trans y la constitución de la Federación de colectivos trans específicos, Plataforma Trans, ha significado un impulso y ha sumado fuerzas para luchar por las reivindicaciones históricas. Por ello las asociaciones de personas trans y de familias constituimos un grupo compacto con entidad para representar al colectivo trans y sus legítimas aspiraciones que en la lucha por la consecución de la Ley Trans Estatal, hemos construido un espacio común, llamado Confluencia Trans, donde se encuentran las asociaciones específicas de personas trans y de familias.

Hoy gritamos alto y claro que ya no vamos a esperar más, que nuestros derechos fundamentales no se debaten, que la obligación del gobierno es legislar para cumplir con los tratados internacionales de Derechos Humanos y con los compromisos adquiridos con nuestra comunidad.

Que las violencias específicas que sufre el colectivo trans necesitan de una ley específica.

También gritamos para que no se callen nuestras voces como en otras ocasiones, en las que se difuminaron con logros que no lo eran para las personas trans.

No vamos a permitir que se nos silencie, ni que se usurpe nuestra voz. Las personas trans binarias, no binarias y sus familias, tenemos entidad para representarnos y exigimos el trámite inmediato de la Ley Trans Estatal donde se recojan nuestras reivindicaciones.

La deuda histórica que la sociedad y el Estado tienen con el colectivo trans, es ya ampliamente reconocida desde los sectores progresistas y del activismo lgtbi, pero no basta solo con reconocer, es preciso reparar y esa reparación vendrá de la mano de la Ley Trans Estatal.

Llamamos a la unidad de todo el colectivo LGTBI y de la sociedad civil organizada para que se solidaricen con el clamor de la comunidad trans y que, en esta ocasión, por primera vez no seamos las ultimas.

Por una Ley Trans Estatal que nos traiga verdad, justicia y reparación.


ENTIDADES QUE CONFORMAMOS LA CONFLUENCIA TRANS ESTATAL:
Amizando- Asociación Trans de Galicia
ARELAS- Asociación de Familias de Menores Trans
Asociación Trans de Andalucía – Sylvia Rivera
Asociación Española de Transexuales – Transexualia
Asociación Trans de Cataluña - LLibertat
Asociación de Transexuales de Castilla y León – Rainbow
Asociación Estatal de Familias de Menores Trans Chrysallis
Balears Diversa
EUFORIA- Asociación de Familias Trans Aliadas
El Hombre Transexual
Asociación de Personas Transexuales de Euskadi Errespetuz
Colectivo Trans No Binaries España
TransBaix Power & Roses de Sant Feliu
I-Vaginarium
Visión Trans Aragón
Asociación de Mujeres Trans de Canarias-Transgirl
Asociación de Hombres Trans de Canarias-Transboys
Asociación de Personas Trans de Tenerife-Aperttura
Naizen Asociación de Familias de Menores Trans de Navarra y País Vasco.

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Barcelona, octubre de 1991. España todavía está entrando en los años 90, a unos meses de los Juegos Olímpicos. La ciudad intenta proyectar modernidad, apertura, libertad. Pero, en una glorieta del parque de la Ciutadella, un grupo de jóvenes neonazis encuentra a varias personas sin hogar descansando bajo unas mantas. Entre ellas hay una mujer trans de 45 años, Sonia Rescalvo. Pocos minutos después sería asesinada a golpes, patadas y barras metálicas, y otras dos personas resultarían gravemente heridas con secuelas permanentes. Y aunque entonces casi nadie lo sabía, aquel crimen iba a cambiar para siempre la manera en que la justicia española entendería los delitos de odio. ¿Quién era Sonia? Sonia Rescalvo nació en Cuenca en 1965. Y como muchísimas personas trans de su generación, tuvo que marcharse de su entorno para poder vivir su identidad. En la actualidad, usamos una palabra muy potente para eso: sexilio. Y Barcelona en aquella época, con todas sus contradicciones, era uno de los pocos lugares donde una persona trans podía intentar construir una vida con algo más de libertad. Sonia trabajó como vedette durante un tiempo, pero la realidad terminó golpeándola muy duro entre adicciones, prostitución y pobreza extrema. Una vulnerabilidad que la convertiría en un claro objetivo. La noche de los hechos El 5 de octubre de 1991, un grupo de jóvenes skinheads pasaba la noche por distintos bares de Barcelona, y sobre las tres y media de la madrugada entraron en el parque de la Ciutadella. Allí llegan a una glorieta donde duermen varias personas sin hogar tapadas con mantas y empiezan a hacer ruido. Sonia y otra persona les dicen algo muy sencillo: que los dejen dormir. En ese momento, se desencadena lo peor. Los agresores se dan cuenta de que quienes están allí son homosexuales y personas trans, y uno de ellos utiliza la expresión “subir a tocar el tambor”, que en su argot significaba golpear brutalmente la cabeza de alguien en manada. Los agresores comenzaron a patear sus cabezas y tórax, hasta que Sonia perdió el conocimiento. Seguidamente, uno de los neonazis comprobó si alguna de las víctimas seguía respirando, para acto seguido acabar con su vida. Un antes y un después en la justicia española El caso Sonia obligó a la justicia española a hacerse una pregunta distinta. Hasta entonces muchas investigaciones se centraban exclusivamente en: quién golpeó, quién mató o quién llevaba el arma. Pero este crimen obligó a preguntarse algo mucho más profundo: ¿por qué eligieron precisamente a esa víctima? Porque ella no fue asesinada al azar. Era una mujer trans, era pobre y dormía en la calle. En definitiva, era vulnerable. 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La importancia del fiscal especialista en delitos de odio Hay quien piensa que un fiscal solo aparece en el juicio. Y no. Hay fiscales revisando denuncias, monitorizando procedimientos, intentando detectar motivaciones discriminatorias que a veces ni siquiera aparecen claramente descritas en el atestado inicial por razones ajenas a los policías. Esta labor exige formación, sensibilidad y muchísimo compromiso humano. Y a pesar del esfuerzo, su ánimo no decae. Saben que detrás de cada denuncia hay una persona que muchas veces llega rota, con miedo, con vergüenza o con sensación de que nadie le va a creer. Y ahí, el papel del fiscal es estrictamente necesario. La realidad de las mujeres trans en la actualidad En unas jornadas recientes en la Fiscalía, se analizó el asesinato de Sonia, con la oportunidad de conversar y aprender de Sofía, Judith y Marina, mujeres trans con increíbles reflexiones e historias a sus espaldas. No hablaron desde el resentimiento, pero también desde la dignidad, reivindicando algo tan simple como su derecho a existir, a vivir tranquilas y a no tener miedo. Un testimonio que recuerda que la discriminación y la transfobia no conceptos abstractos. Detrás de ellas hay seres humanos, y la dignidad humana, no se debate. ¿Acabarán algún día este tipo de crímenes? El fiscal asegura que el problema no ha desaparecido, sino que ha cambiado de forma. A día de hoy tenemos mejores leyes y mayor formación, pero siguen existiendo discursos de deshumanización que se amparan en era de la desinformación. Hay que recalcar dos ideas fundamentales: 1. Los delitos de odio no castigan ideas, castigan conductas que lesionan derechos fundamentales en un contexto discriminatorio. 2. Los discursos de odio sí son peligrosos por sí mismos, porque reducen las barreras frente a la violencia. Cuando conviertes constantemente a un colectivo en amenaza, acabas facilitando que alguien crea legítimo atacarlo. 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Organizaciones piden a la Fiscalía del Edomex aplicar protocolos con perspectiva de género y diversidad sexual. De acuerdo con pronunciamientos difundidos por organizaciones civiles y medios locales, Fanny era maestra de danza, coreógrafa, creadora de contenido en TikTok y una persona muy querida dentro de su comunidad. Tras darse a conocer el caso, colectivos hicieron un llamado urgente a la Fiscalía General de Justicia del Estado de México para que el crimen sea investigado con perspectiva de género y diversidad sexual, evitando cualquier forma de revictimización. Además, solicitaron que se agoten todas las líneas de investigación, incluyendo la posibilidad de feminicidio y crimen de odio. “Las vidas de las mujeres trans importan y casos como éste no pueden permanecer en la impunidad”, expresaron organizaciones en redes sociales. También pidieron a medios de comunicación y autoridades respetar de forma irrestricta la identidad de género de la víctima durante la cobertura y el proceso judicial. En el posicionamiento, activistas recordaron que la violencia transfeminicida sigue siendo una realidad alarmante en México y señalaron que las reformas legales aprobadas recientemente en el Estado de México para tipificar el transfeminicidio deben traducirse en acceso real a la justicia para las víctimas y sus familias. Personas cercanas a Fanny compartieron mensajes de despedida y reconocimiento a su trayectoria como maestra de danza. “Fanny, una de las mejores maestras de danza. Que Papá Dios te tenga en un mejor lugar, te recordamos con mucho cariño”, escribió una persona en redes sociales. El caso ha provocado indignación entre usuarios y colectivos LGBTQ+, quienes han comenzado a difundir el hashtag #NoMásTransfeminicidios para exigir justicia y visibilizar la violencia contra mujeres trans en el país. Organizaciones también pidieron a medios y autoridades respetar la identidad de género de Fanny y evitar procesos de revictimización. “La violencia transfeminicida es una realidad galopante en el país”, señalaron activistas, quienes además recordaron que las reformas para tipificar el transfeminicidio deben traducirse en justicia real para las víctimas. Amistades y alumnas la recuerdan como una gran maestra de danza y una persona llena de sueños que hoy quedaron truncados. https://elclosetlgbt.com