Los asesinos de la tiktoker trans Brianna Ghey son condenados a 20 años de cárcel en Reino Unido
ATA-Sylvia Rivera • 9 de febrero de 2024
La jueza expuso los detalles de un asesinato que calificó de una "brutalidad excepcional"

Los asesinos de Brianna Ghey.
Dos adolescentes de 16 años, Scarlett Jenkinson y Eddie Ratcliffe, han sido sentenciados a cadena perpetua (con rebaja a 22 y 20 años) por el asesinato de la joven trans Brianna Ghey, que fue apuñalada 28 veces un parque de Warrington, en las cercanías de Manchester el 11 de febrero del 2023, en un suceso que causó una gran conmoción en el Reino Unido.
"Vosotros participásteis en un asesinato excepcionalmente brutal y planeado, con un componente de naturaleza sádica, y con un segundo motivo: la hostilidad hacia Brianna por su identidad transgénero", declaró la jueza Amanda Yip a la hora de dictar sentencia.
Por la edad de los acusados, que tenían 15 años en el momento de cometer el asesinato, la jueza estipuló un mínimo de 22 años de prisión para Scarlett Jenkinson y 20 años para Eddie Ratcliffe.
Scarlett Jenkinson fue considerada como la artífice del "asesinato premeditado" y ha llegado a reconocer "un profundo deseo de matar". En su poder, meses después de su detención, fue encontrada una "lista negra" de personas a la que quería asesinar, incluidos varios de los policías y guardias que la tuvieron bajo custodia
"Elegisteis a Brianna porque pensásteis que era un objetivo fácil" declaró la jueza, que recordó la obsesión de Scarlett Jenkinson con la joven trans, con miles de seguidores en Tik Tok. Durante los testimonios trascendió que, tras el asesinato, pretendía haberse quedado con partes de su cuerpo y en especial sus "bellos ojos".
Jenkinson llegó a admitir que intentó envenenar a Brianna semanas antes del apuñalamiento con pastillas de ibuprofeno, haciéndole creer que le servirían para colocarse. Brianna enfermó después del intento fallido, con grandes dolores en el vientre, y su madre pensó que tenía apendicitis.
Jenkinson y Ratcliffe se conocían desde los 11 años y mantuvieron una extraña amistad alimentada por los deseos de la chica de elaborar una lista de niños y niñas a los que quería matar. A los 15 años eligieron finalmente su objetivo y usaron incluso un código (la palabra "gay") para activar el plan que consumaron en el parque lineal Culcheth, a plena luz del día.
Asestaron 28 puñaladas a Brianna cuando estaba sentada en un banco y salieron corriendo cuando vieron a una pareja paseando con un perro. "¿Estás ansioso porque temes que nos pillen?", escribió Scarlett Jenkinson a su compinche a las pocas horas, el primero de una serie de mensajes "transfóbicos" y"deshumanizadores" que salieron a la luz durante el juicio.
Fueron detenidos al día siguiente. La policía encontró el cuchillo usado en el asesinato en dormitorio de Ratcliffe. Hallaron también resto de sangre en las suelas de sus zapatos con coincidieron con el ADN de la víctima.
FUENTE: https://www.elmundo.es/internacional/2024/02/02/65bd2396e85ece907f8b458b.html
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Barcelona, octubre de 1991. España todavía está entrando en los años 90, a unos meses de los Juegos Olímpicos. La ciudad intenta proyectar modernidad, apertura, libertad. Pero, en una glorieta del parque de la Ciutadella, un grupo de jóvenes neonazis encuentra a varias personas sin hogar descansando bajo unas mantas. Entre ellas hay una mujer trans de 45 años, Sonia Rescalvo. Pocos minutos después sería asesinada a golpes, patadas y barras metálicas, y otras dos personas resultarían gravemente heridas con secuelas permanentes. Y aunque entonces casi nadie lo sabía, aquel crimen iba a cambiar para siempre la manera en que la justicia española entendería los delitos de odio. ¿Quién era Sonia? Sonia Rescalvo nació en Cuenca en 1965. Y como muchísimas personas trans de su generación, tuvo que marcharse de su entorno para poder vivir su identidad. En la actualidad, usamos una palabra muy potente para eso: sexilio. Y Barcelona en aquella época, con todas sus contradicciones, era uno de los pocos lugares donde una persona trans podía intentar construir una vida con algo más de libertad. Sonia trabajó como vedette durante un tiempo, pero la realidad terminó golpeándola muy duro entre adicciones, prostitución y pobreza extrema. Una vulnerabilidad que la convertiría en un claro objetivo. La noche de los hechos El 5 de octubre de 1991, un grupo de jóvenes skinheads pasaba la noche por distintos bares de Barcelona, y sobre las tres y media de la madrugada entraron en el parque de la Ciutadella. Allí llegan a una glorieta donde duermen varias personas sin hogar tapadas con mantas y empiezan a hacer ruido. Sonia y otra persona les dicen algo muy sencillo: que los dejen dormir. En ese momento, se desencadena lo peor. Los agresores se dan cuenta de que quienes están allí son homosexuales y personas trans, y uno de ellos utiliza la expresión “subir a tocar el tambor”, que en su argot significaba golpear brutalmente la cabeza de alguien en manada. Los agresores comenzaron a patear sus cabezas y tórax, hasta que Sonia perdió el conocimiento. Seguidamente, uno de los neonazis comprobó si alguna de las víctimas seguía respirando, para acto seguido acabar con su vida. Un antes y un después en la justicia española El caso Sonia obligó a la justicia española a hacerse una pregunta distinta. Hasta entonces muchas investigaciones se centraban exclusivamente en: quién golpeó, quién mató o quién llevaba el arma. Pero este crimen obligó a preguntarse algo mucho más profundo: ¿por qué eligieron precisamente a esa víctima? Porque ella no fue asesinada al azar. Era una mujer trans, era pobre y dormía en la calle. En definitiva, era vulnerable. La agresión no solo buscaba matarla sino mandar un mensaje de exclusión y de odio a todo un colectivo. Los errores en la construcción del caso El problema estructural en este caso radica en que no se contemplara el motivo discriminatorio en el actuar criminal. Muchas veces, el problema aparece al principio, en cómo se mira el crimen. Con Sonia ocurrió algo peligrosísimo: se empezó investigar como una agresión salvaje de jóvenes violentos, pero no con toda la intensidad necesaria como una posible agresión selectiva contra personas vulnerables. Afortunadamente, el Mosso d’Esquadra Joan Carles Molinero Juncà, se hizo cargo de esa investigación y la impulsó de forma moderna y profesional, pero voluntarista. Y eso condiciona todo. Porque, si desde el primer momento no incorporas la discriminación como hipótesis, el odio puede desaparecer del procedimiento aunque sea el núcleo del crimen. La importancia del fiscal especialista en delitos de odio Hay quien piensa que un fiscal solo aparece en el juicio. Y no. Hay fiscales revisando denuncias, monitorizando procedimientos, intentando detectar motivaciones discriminatorias que a veces ni siquiera aparecen claramente descritas en el atestado inicial por razones ajenas a los policías. Esta labor exige formación, sensibilidad y muchísimo compromiso humano. Y a pesar del esfuerzo, su ánimo no decae. Saben que detrás de cada denuncia hay una persona que muchas veces llega rota, con miedo, con vergüenza o con sensación de que nadie le va a creer. Y ahí, el papel del fiscal es estrictamente necesario. La realidad de las mujeres trans en la actualidad En unas jornadas recientes en la Fiscalía, se analizó el asesinato de Sonia, con la oportunidad de conversar y aprender de Sofía, Judith y Marina, mujeres trans con increíbles reflexiones e historias a sus espaldas. No hablaron desde el resentimiento, pero también desde la dignidad, reivindicando algo tan simple como su derecho a existir, a vivir tranquilas y a no tener miedo. Un testimonio que recuerda que la discriminación y la transfobia no conceptos abstractos. Detrás de ellas hay seres humanos, y la dignidad humana, no se debate. ¿Acabarán algún día este tipo de crímenes? El fiscal asegura que el problema no ha desaparecido, sino que ha cambiado de forma. A día de hoy tenemos mejores leyes y mayor formación, pero siguen existiendo discursos de deshumanización que se amparan en era de la desinformación. Hay que recalcar dos ideas fundamentales: 1. Los delitos de odio no castigan ideas, castigan conductas que lesionan derechos fundamentales en un contexto discriminatorio. 2. Los discursos de odio sí son peligrosos por sí mismos, porque reducen las barreras frente a la violencia. Cuando conviertes constantemente a un colectivo en amenaza, acabas facilitando que alguien crea legítimo atacarlo. Y por eso recordar a Sonia no es mirar al pasado. Es preguntarnos qué sociedad queremos ser, si una sociedad donde determinadas personas tengan miedo de existir, o una capaz de proteger la dignidad de todos. Martín reafirma que la dignidad humana no puede depender ni de la identidad, ni de la orientación sexual, ni del aspecto físico, ni de la pobreza, ni de la vulnerabilidad. Porque, es para todos, o al final no será para nadie. https://cadenaser.com

María Cortés renovó el DNI en el año 2024 con su nuevo nombre y sexo, pero el Ayuntamiento de Dos Hermanas no remitió la información a la Oficina del Censo Electoral, por lo que su tarjeta no es correcta para las elecciones del domingo en Andalucía. El Consistorio alega que la ciudadana no actualizó el padrón, pero hace un año inició los trámites para modificar esos datos.











