Lidia Falcón y su malintencionada contribución a la homofobia y la transfobia en España.
ATA - Sylvia Rivera • 9 de noviembre de 2020

El psiquiatra Dr.López Ibor, sucesor de Vallejo Nájera, es importante, sobre todo, por su alcance; su libro sobre la vida sexual alcanza gran popularidad y trasciende las bibliotecas especializadas para colarse en las casas (seguro que más de una lo puede encontrar en la estantería de familiares no tan lejanos). Por tanto, podemos afirmar que contribuyó especialmente a difundir una imagen distorsionada de las sexualidades no normativas que, disfrazada de discurso aséptico, esconde (muy torpemente, además), una profunda homofobia, un profundo odio soterrado a todo tipo de orientación o identidad sexual no cisheteronormativa. Ambos científicos, a pesar de pertenecer a etapas muy distintas del franquismo, presentan lo diverso como anomalía, perversión y, de una u otra forma, peligrosidad.
López Ibor, que practicó lobotomías y terapias de electrochoque para ‘curar’ la homosexualidad durante la dictadura, con gran aplauso del régimen.
En pleno franquismo, el afamado psiquiatra Juan José Lopez Ibor publicó "el libro de la vida sexual", autentico manual de consulta de los españoles de la dictadura. Lidia Falcón revela que Eliseo Bayo y ella fueron los "negros" de aquel superventas. Ergo ella y no el psiquiatra fue la co-autora del libro que tanto daño hizo al colectivo lgtbi
Podríamos excusarla diciendo que eran otros tiempos, pero es que ahora sigue en el mismo punto y se advierte un odio, desprecio o animadversión (escojan el término que quieran, hay más) de Lidia Falcón hacia las personas trans y homosexuales.
Lo bueno es que esta señora ya sólo representa a una parte muy pequeña del feminismo y aunque sigue siendo influente políticamente, Lidia Falcón está muy sola con sus posiciones homofóbicas y TERF, así que se le agradece la parte de su labor que amplió libertades y su lucha por los derechos de las mujeres, se le cuestiona la que excluyó a todxs lxs LGTBI y ahora se le agradeceria que evitara que el feminismo estuviera en el debate de la exclusión de las personas trans.
Ahora su discurso de odio puede ser un delito y tener que presentarse ante un juez.
Lidia Falcón, en sus comunicaciones y declaraciones en redes sociales y medios de comunicación ha equiparado a las personas trans a conductas éticamente deleznables y de carácter delictivo, como hacer campaña a favor de la pedofilia y que uno de nuestros objetivos como colectivo es la trata de mujeres con fines reproductivos. Lo que supone criminalizar a todo un sector social por su identidad, en este caso a una población muy vulnerable atribuyéndole prácticas falsas. El discurso de odio es la antesala del delito de odio, necesitamos respuestas garantistas por parte del estado de derecho.
¡Señora, ya basta¡
https://gayles.tv/news/la-fiscalia-contra-los-delitos-de-odio-ve-indicios-para-abrir-una-investigaci...
Autor: Jordi Revirego, psicoterapeuta y médico de familia en Transit.
Lidia Falcón, en sus comunicaciones y declaraciones en redes sociales y medios de comunicación ha equiparado a las personas trans a conductas éticamente deleznables y de carácter delictivo, como hacer campaña a favor de la pedofilia y que uno de nuestros objetivos como colectivo es la trata de mujeres con fines reproductivos. Lo que supone criminalizar a todo un sector social por su identidad, en este caso a una población muy vulnerable atribuyéndole prácticas falsas. El discurso de odio es la antesala del delito de odio, necesitamos respuestas garantistas por parte del estado de derecho.
¡Señora, ya basta¡
https://gayles.tv/news/la-fiscalia-contra-los-delitos-de-odio-ve-indicios-para-abrir-una-investigaci...
Autor: Jordi Revirego, psicoterapeuta y médico de familia en Transit.
Noticias

Barcelona, octubre de 1991. España todavía está entrando en los años 90, a unos meses de los Juegos Olímpicos. La ciudad intenta proyectar modernidad, apertura, libertad. Pero, en una glorieta del parque de la Ciutadella, un grupo de jóvenes neonazis encuentra a varias personas sin hogar descansando bajo unas mantas. Entre ellas hay una mujer trans de 45 años, Sonia Rescalvo. Pocos minutos después sería asesinada a golpes, patadas y barras metálicas, y otras dos personas resultarían gravemente heridas con secuelas permanentes. Y aunque entonces casi nadie lo sabía, aquel crimen iba a cambiar para siempre la manera en que la justicia española entendería los delitos de odio. ¿Quién era Sonia? Sonia Rescalvo nació en Cuenca en 1965. Y como muchísimas personas trans de su generación, tuvo que marcharse de su entorno para poder vivir su identidad. En la actualidad, usamos una palabra muy potente para eso: sexilio. Y Barcelona en aquella época, con todas sus contradicciones, era uno de los pocos lugares donde una persona trans podía intentar construir una vida con algo más de libertad. Sonia trabajó como vedette durante un tiempo, pero la realidad terminó golpeándola muy duro entre adicciones, prostitución y pobreza extrema. Una vulnerabilidad que la convertiría en un claro objetivo. La noche de los hechos El 5 de octubre de 1991, un grupo de jóvenes skinheads pasaba la noche por distintos bares de Barcelona, y sobre las tres y media de la madrugada entraron en el parque de la Ciutadella. Allí llegan a una glorieta donde duermen varias personas sin hogar tapadas con mantas y empiezan a hacer ruido. Sonia y otra persona les dicen algo muy sencillo: que los dejen dormir. En ese momento, se desencadena lo peor. Los agresores se dan cuenta de que quienes están allí son homosexuales y personas trans, y uno de ellos utiliza la expresión “subir a tocar el tambor”, que en su argot significaba golpear brutalmente la cabeza de alguien en manada. Los agresores comenzaron a patear sus cabezas y tórax, hasta que Sonia perdió el conocimiento. Seguidamente, uno de los neonazis comprobó si alguna de las víctimas seguía respirando, para acto seguido acabar con su vida. Un antes y un después en la justicia española El caso Sonia obligó a la justicia española a hacerse una pregunta distinta. Hasta entonces muchas investigaciones se centraban exclusivamente en: quién golpeó, quién mató o quién llevaba el arma. Pero este crimen obligó a preguntarse algo mucho más profundo: ¿por qué eligieron precisamente a esa víctima? Porque ella no fue asesinada al azar. Era una mujer trans, era pobre y dormía en la calle. En definitiva, era vulnerable. La agresión no solo buscaba matarla sino mandar un mensaje de exclusión y de odio a todo un colectivo. Los errores en la construcción del caso El problema estructural en este caso radica en que no se contemplara el motivo discriminatorio en el actuar criminal. Muchas veces, el problema aparece al principio, en cómo se mira el crimen. Con Sonia ocurrió algo peligrosísimo: se empezó investigar como una agresión salvaje de jóvenes violentos, pero no con toda la intensidad necesaria como una posible agresión selectiva contra personas vulnerables. Afortunadamente, el Mosso d’Esquadra Joan Carles Molinero Juncà, se hizo cargo de esa investigación y la impulsó de forma moderna y profesional, pero voluntarista. Y eso condiciona todo. Porque, si desde el primer momento no incorporas la discriminación como hipótesis, el odio puede desaparecer del procedimiento aunque sea el núcleo del crimen. La importancia del fiscal especialista en delitos de odio Hay quien piensa que un fiscal solo aparece en el juicio. Y no. Hay fiscales revisando denuncias, monitorizando procedimientos, intentando detectar motivaciones discriminatorias que a veces ni siquiera aparecen claramente descritas en el atestado inicial por razones ajenas a los policías. Esta labor exige formación, sensibilidad y muchísimo compromiso humano. Y a pesar del esfuerzo, su ánimo no decae. Saben que detrás de cada denuncia hay una persona que muchas veces llega rota, con miedo, con vergüenza o con sensación de que nadie le va a creer. Y ahí, el papel del fiscal es estrictamente necesario. La realidad de las mujeres trans en la actualidad En unas jornadas recientes en la Fiscalía, se analizó el asesinato de Sonia, con la oportunidad de conversar y aprender de Sofía, Judith y Marina, mujeres trans con increíbles reflexiones e historias a sus espaldas. No hablaron desde el resentimiento, pero también desde la dignidad, reivindicando algo tan simple como su derecho a existir, a vivir tranquilas y a no tener miedo. Un testimonio que recuerda que la discriminación y la transfobia no conceptos abstractos. Detrás de ellas hay seres humanos, y la dignidad humana, no se debate. ¿Acabarán algún día este tipo de crímenes? El fiscal asegura que el problema no ha desaparecido, sino que ha cambiado de forma. A día de hoy tenemos mejores leyes y mayor formación, pero siguen existiendo discursos de deshumanización que se amparan en era de la desinformación. Hay que recalcar dos ideas fundamentales: 1. Los delitos de odio no castigan ideas, castigan conductas que lesionan derechos fundamentales en un contexto discriminatorio. 2. Los discursos de odio sí son peligrosos por sí mismos, porque reducen las barreras frente a la violencia. Cuando conviertes constantemente a un colectivo en amenaza, acabas facilitando que alguien crea legítimo atacarlo. Y por eso recordar a Sonia no es mirar al pasado. Es preguntarnos qué sociedad queremos ser, si una sociedad donde determinadas personas tengan miedo de existir, o una capaz de proteger la dignidad de todos. Martín reafirma que la dignidad humana no puede depender ni de la identidad, ni de la orientación sexual, ni del aspecto físico, ni de la pobreza, ni de la vulnerabilidad. Porque, es para todos, o al final no será para nadie. https://cadenaser.com

María Cortés renovó el DNI en el año 2024 con su nuevo nombre y sexo, pero el Ayuntamiento de Dos Hermanas no remitió la información a la Oficina del Censo Electoral, por lo que su tarjeta no es correcta para las elecciones del domingo en Andalucía. El Consistorio alega que la ciudadana no actualizó el padrón, pero hace un año inició los trámites para modificar esos datos.











