Fènix, el equipo de hombres trans que desafía la discriminación en el fútbol: “Salía de los partidos con moretones”
ATA-Sylvia Rivera • 19 de febrero de 2024
30 jóvenes conforman este conjunto de Sant Feliu de Llobregat que, la temporada que viene, será el primer federado en España formado íntegramente por jugadores trans

Hugo Marlo, capitán de Fènix, en las instalaciones de la Penya de Sant Feliu
Hugo Marlo ha jugado durante toda su vida a fútbol. Es de esos jóvenes que disfrutan si tienen un balón entre las botas. Pero un día esa pasión se convirtió en una tortura. Durante los partidos, los equipos y aficiones contrarias se deshacían en insultos contra este joven que, en aquél momento, tenía 19 años. “Durante todo el partido tenía siempre alguien pegado y salía de allí con arañazos y moretones”, recuerda Hugo.
Este barcelonés rememora gritos de “A por él” y amenazas. “O te vas del campo ahora mismo, o te vas a enterar. No tienes derecho a estar aquí”, le dijeron al inicio de un juego. ¿El motivo? Hugo empezó su transición de género y su tratamiento hormonal. Él era un chico trans que seguía jugando en su equipo -femenino- de toda la vida.
Antes de la aprobación de la ley Trans, recuerda Hugo, había que tomar hormonas durante dos años para poder cambiar el género en el DNI. Este joven sabía que, cuando hiciera ese trámite, ya no podría jugar más en equipos femeninos. Así que decidió aprovechar todo el tiempo que pudiera porque, a pesar de que estaba sufriendo mucha transfobia, sabía que dar el paso y jugar con equipos masculinos podía ser “mucho peor”.
“La sola idea me daba muchísimo miedo”. Hugo temía los insultos dentro y fuera del campo. Pero sobre todo fuera. “Los vestuarios son algo muy chungo. No quería ni imaginarme estar en esos contextos con chicos cis”, se lamenta el joven. Por eso, cuando se cambió el DNI, dejó de jugar a fútbol. Colgó las botas durante tres años, hasta que dijo basta. Subió una publicación a su Instagram buscando chicos trans con los que formar un equipo y, para su sorpresa, fue un éxito.
En pocos días se juntaron 20 jóvenes, de entre 18 y 30 años, con ganas de jugar. Algunos son veteranos con experiencias a las espaldas como las de Hugo, quien ejerce de capitán. Otros son novatos que, por miedo a vivir lo mismo que otros ya habían sufrido, nunca dieron el paso. Todos ellos conforman Fènix, el primer equipo federado formado por hombres trans en España.
Empezaron a jugar juntos en enero de 2023 y, a pesar de que hace muy poco que se conocen, ya han sido apadrinados por la Penya Recreativa de Sant Feliu de Llobregat (Barcelona). Este año les ha cedido las instalaciones para que se vayan acostumbrando a jugar juntos en la liga de fútbol 7. Y, la temporada que viene, ya federados, harán el salto al fútbol 11, a cuarta catalana.
Acoso en los vestuarios
“Cuando los conocí, les escuchaba y pensaba en lo injusto que es querer hacer algo que te gusta y no te dejen. Me dejó tocado. Los valores del deporte no son estos”. Quien habla es Sergio Coarasa, presidente de la Penya Recreativa de Sant Feliu. Esta asociación deportiva fue la primera que acogió a Fènix y, abriéndole sus puertas, puso fin a un largo periplo en el que estos jóvenes no tenían dónde entrenar ni apenas pelotas para jugar.
Estuvieron unos meses quedando en un campo de Barcelona en el que les cobraban 65 euros la hora. “Somos jóvenes, algunos ni trabajan, y no tenemos dinero para pagar tanto y menos en esas condiciones”, recuerda Hugo, que describe campos destartalados, de las medidas equivocadas, falta de balones y diversas situaciones, incluso, de acoso. “El propietario de un campo entraba todo el rato al vestuario. No sé si sabía que somos trans y tenía curiosidad, pero la cosa es que nos miraba”.
Hugo ya estaba en contacto con la Penya Recreativa y durante uno de esos entrenamientos no pudo más y escribió a Coarasa un mensaje que decía “¿Cuándo empezamos?”. “Quería salir de ahí”, dice hoy, meses después, compartiendo una mirada cómplice con su presidente. Empezaron la semana siguiente.
“Cuando recibimos la propuesta, a mí me pareció genial, aunque estaba un poco inquieto por cómo se lo iba a tomar la gente”, rememora Coarasa. Pero la llegada de Fènix fue muy bien recibida, “es un gran paso para el club, que avanza con la sociedad”, asegura el presidente. De hecho, este equipo trans tiene hasta afición, que va a los partidos y a los entrenamientos ataviada con pompones y banderas trans.
Esos mismos colores -rosa, azul y blanco- son los que Fènix luce en su equipación cada vez que salta al campo. Llevar la bandera inquietaba un poco a algunos, debido a la transfobia que temían encontrarse durante los partidos. Pero, de momento, no han tenido ningún problema. Los partidos son muy tarde y “casi nadie los va a ver”, dice Hugo, que también achaca la calma a la protección de su afición. “O quizás es que no conocen los colores de la bandera”, bromea.
El club ha intentado “proteger” a Fènix no anunciando a bombo y platillo su incorporación, pero “estas cosas se acaban sabiendo y el año que viene todos los equipos contra los que juguemos sabrán que somos trans”, vaticina Hugo. Los partidos serán a horas menos intempestivas y sí esperan público. Pero la Penya vela por ellos. Por ellos y por el resto de equipos a los que acogen.
Este club cuenta con una Comisión Deportiva que se reúne cada semana para analizar lo que ha pasado en las gradas cuando juegan en casa o como visitantes. “Siempre estamos atentos, por si tenemos que llamar la atención a una afición o a un equipo. Fènix es de los nuestros y los cuidaremos”, asegura Coarasa.
Hace tres años, cuando Hugo tuvo que dejar de jugar a fútbol debido a la transfobia, jamás se hubiera imaginado que sería el capitán de un equipo trans. Hoy, tal es el éxito de convocatoria de este conjunto que la temporada que viene tendrá hasta cantera.
Los más experimentados darán el salto a fútbol 11 y lo harán bajo los colores y el nombre de la Penya Recreativa de Sant Feliu. El resto de los más de 30 jóvenes que ya se han apuntado jugarán en el Fènix B, un equipo que se quedará en fútbol 7 y mantendrá los colores de la bandera trans para “no perder la esencia y no olvidar quiénes somos y de dónde venimos”, explica Hugo, justo antes de saltar al campo junto a los suyos.
Fènix es un hogar para todos aquellos chicos que fueron expulsados de sus equipos y campos. Y para los que jamás se han atrevido a jugar. Pero el sueño de algunos jugadores como Hugo es que Fènix no tuviera que existir. “El deporte está muy delimitado en 'femenino' y 'masculino', cuando hay gente que ni siquiera encaja en estas categorías. Lo ideal sería que pudiéramos estar todos juntos, sin importar nuestro género. Al final sólo estamos jugando”, reflexiona el capitán.
FUENTE: https://www.eldiario.es/catalunya/fenix-equipo-hombres-trans-desafia-discriminacion-futbol-salia-partidos-moretones_1_10666784.html
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Barcelona, octubre de 1991. España todavía está entrando en los años 90, a unos meses de los Juegos Olímpicos. La ciudad intenta proyectar modernidad, apertura, libertad. Pero, en una glorieta del parque de la Ciutadella, un grupo de jóvenes neonazis encuentra a varias personas sin hogar descansando bajo unas mantas. Entre ellas hay una mujer trans de 45 años, Sonia Rescalvo. Pocos minutos después sería asesinada a golpes, patadas y barras metálicas, y otras dos personas resultarían gravemente heridas con secuelas permanentes. Y aunque entonces casi nadie lo sabía, aquel crimen iba a cambiar para siempre la manera en que la justicia española entendería los delitos de odio. ¿Quién era Sonia? Sonia Rescalvo nació en Cuenca en 1965. Y como muchísimas personas trans de su generación, tuvo que marcharse de su entorno para poder vivir su identidad. En la actualidad, usamos una palabra muy potente para eso: sexilio. Y Barcelona en aquella época, con todas sus contradicciones, era uno de los pocos lugares donde una persona trans podía intentar construir una vida con algo más de libertad. Sonia trabajó como vedette durante un tiempo, pero la realidad terminó golpeándola muy duro entre adicciones, prostitución y pobreza extrema. Una vulnerabilidad que la convertiría en un claro objetivo. La noche de los hechos El 5 de octubre de 1991, un grupo de jóvenes skinheads pasaba la noche por distintos bares de Barcelona, y sobre las tres y media de la madrugada entraron en el parque de la Ciutadella. Allí llegan a una glorieta donde duermen varias personas sin hogar tapadas con mantas y empiezan a hacer ruido. Sonia y otra persona les dicen algo muy sencillo: que los dejen dormir. En ese momento, se desencadena lo peor. Los agresores se dan cuenta de que quienes están allí son homosexuales y personas trans, y uno de ellos utiliza la expresión “subir a tocar el tambor”, que en su argot significaba golpear brutalmente la cabeza de alguien en manada. Los agresores comenzaron a patear sus cabezas y tórax, hasta que Sonia perdió el conocimiento. Seguidamente, uno de los neonazis comprobó si alguna de las víctimas seguía respirando, para acto seguido acabar con su vida. Un antes y un después en la justicia española El caso Sonia obligó a la justicia española a hacerse una pregunta distinta. Hasta entonces muchas investigaciones se centraban exclusivamente en: quién golpeó, quién mató o quién llevaba el arma. Pero este crimen obligó a preguntarse algo mucho más profundo: ¿por qué eligieron precisamente a esa víctima? Porque ella no fue asesinada al azar. Era una mujer trans, era pobre y dormía en la calle. En definitiva, era vulnerable. La agresión no solo buscaba matarla sino mandar un mensaje de exclusión y de odio a todo un colectivo. Los errores en la construcción del caso El problema estructural en este caso radica en que no se contemplara el motivo discriminatorio en el actuar criminal. Muchas veces, el problema aparece al principio, en cómo se mira el crimen. Con Sonia ocurrió algo peligrosísimo: se empezó investigar como una agresión salvaje de jóvenes violentos, pero no con toda la intensidad necesaria como una posible agresión selectiva contra personas vulnerables. Afortunadamente, el Mosso d’Esquadra Joan Carles Molinero Juncà, se hizo cargo de esa investigación y la impulsó de forma moderna y profesional, pero voluntarista. Y eso condiciona todo. Porque, si desde el primer momento no incorporas la discriminación como hipótesis, el odio puede desaparecer del procedimiento aunque sea el núcleo del crimen. La importancia del fiscal especialista en delitos de odio Hay quien piensa que un fiscal solo aparece en el juicio. Y no. Hay fiscales revisando denuncias, monitorizando procedimientos, intentando detectar motivaciones discriminatorias que a veces ni siquiera aparecen claramente descritas en el atestado inicial por razones ajenas a los policías. Esta labor exige formación, sensibilidad y muchísimo compromiso humano. Y a pesar del esfuerzo, su ánimo no decae. Saben que detrás de cada denuncia hay una persona que muchas veces llega rota, con miedo, con vergüenza o con sensación de que nadie le va a creer. Y ahí, el papel del fiscal es estrictamente necesario. La realidad de las mujeres trans en la actualidad En unas jornadas recientes en la Fiscalía, se analizó el asesinato de Sonia, con la oportunidad de conversar y aprender de Sofía, Judith y Marina, mujeres trans con increíbles reflexiones e historias a sus espaldas. No hablaron desde el resentimiento, pero también desde la dignidad, reivindicando algo tan simple como su derecho a existir, a vivir tranquilas y a no tener miedo. Un testimonio que recuerda que la discriminación y la transfobia no conceptos abstractos. Detrás de ellas hay seres humanos, y la dignidad humana, no se debate. ¿Acabarán algún día este tipo de crímenes? El fiscal asegura que el problema no ha desaparecido, sino que ha cambiado de forma. A día de hoy tenemos mejores leyes y mayor formación, pero siguen existiendo discursos de deshumanización que se amparan en era de la desinformación. Hay que recalcar dos ideas fundamentales: 1. Los delitos de odio no castigan ideas, castigan conductas que lesionan derechos fundamentales en un contexto discriminatorio. 2. Los discursos de odio sí son peligrosos por sí mismos, porque reducen las barreras frente a la violencia. Cuando conviertes constantemente a un colectivo en amenaza, acabas facilitando que alguien crea legítimo atacarlo. Y por eso recordar a Sonia no es mirar al pasado. Es preguntarnos qué sociedad queremos ser, si una sociedad donde determinadas personas tengan miedo de existir, o una capaz de proteger la dignidad de todos. Martín reafirma que la dignidad humana no puede depender ni de la identidad, ni de la orientación sexual, ni del aspecto físico, ni de la pobreza, ni de la vulnerabilidad. Porque, es para todos, o al final no será para nadie. https://cadenaser.com

María Cortés renovó el DNI en el año 2024 con su nuevo nombre y sexo, pero el Ayuntamiento de Dos Hermanas no remitió la información a la Oficina del Censo Electoral, por lo que su tarjeta no es correcta para las elecciones del domingo en Andalucía. El Consistorio alega que la ciudadana no actualizó el padrón, pero hace un año inició los trámites para modificar esos datos.

Organizaciones piden a la Fiscalía del Edomex aplicar protocolos con perspectiva de género y diversidad sexual. De acuerdo con pronunciamientos difundidos por organizaciones civiles y medios locales, Fanny era maestra de danza, coreógrafa, creadora de contenido en TikTok y una persona muy querida dentro de su comunidad. Tras darse a conocer el caso, colectivos hicieron un llamado urgente a la Fiscalía General de Justicia del Estado de México para que el crimen sea investigado con perspectiva de género y diversidad sexual, evitando cualquier forma de revictimización. Además, solicitaron que se agoten todas las líneas de investigación, incluyendo la posibilidad de feminicidio y crimen de odio. “Las vidas de las mujeres trans importan y casos como éste no pueden permanecer en la impunidad”, expresaron organizaciones en redes sociales. También pidieron a medios de comunicación y autoridades respetar de forma irrestricta la identidad de género de la víctima durante la cobertura y el proceso judicial. En el posicionamiento, activistas recordaron que la violencia transfeminicida sigue siendo una realidad alarmante en México y señalaron que las reformas legales aprobadas recientemente en el Estado de México para tipificar el transfeminicidio deben traducirse en acceso real a la justicia para las víctimas y sus familias. Personas cercanas a Fanny compartieron mensajes de despedida y reconocimiento a su trayectoria como maestra de danza. “Fanny, una de las mejores maestras de danza. Que Papá Dios te tenga en un mejor lugar, te recordamos con mucho cariño”, escribió una persona en redes sociales. El caso ha provocado indignación entre usuarios y colectivos LGBTQ+, quienes han comenzado a difundir el hashtag #NoMásTransfeminicidios para exigir justicia y visibilizar la violencia contra mujeres trans en el país. Organizaciones también pidieron a medios y autoridades respetar la identidad de género de Fanny y evitar procesos de revictimización. “La violencia transfeminicida es una realidad galopante en el país”, señalaron activistas, quienes además recordaron que las reformas para tipificar el transfeminicidio deben traducirse en justicia real para las víctimas. Amistades y alumnas la recuerdan como una gran maestra de danza y una persona llena de sueños que hoy quedaron truncados. https://elclosetlgbt.com











