El legado de Laura Weinstein para la población trans en Colombia

ATA - Sylvia Rivera • 12 de enero de 2021

La activista murió el 2 de enero. Su trabajo fue clave en el reconocimiento de identidades trans.

“La invitación es a amar la diversidad, a reconocer la capacidad que tenemos las personas trans para transformar el mundo, porque somos la señal de que esto puede ser de otra forma. Si somos capaces de transformar algo que muchos creen que no debería ser así (...), también cualquier forma de violencia, discriminación e injusticia se puede transformar . De verdad, les invito a que nos pensemos lo que significan las vidas de las personas trans”.

Esas fueron las palabras de la activista y defensora de derechos humanos Laura Weinstein en medio de un acto conmemorativo en noviembre pasado por el Día Internacional de la Memoria Trans.

Weinstein fue una de las personas que más trabajó por el reconocimiento de las identidades trans en Colombia. Lo hizo principalmente desde la Fundación GAAT (Grupo de Acción y Apoyo Trans), organización que dirigió desde 2010 y desde la cual lideró iniciativas sociales, legislativas e institucionales a favor de los derechos de las personas trans, como el voto trans, la política pública LGBT, el apoyo a la infancia trans, el rechazo a los transfeminicidios, entre otras.

La madre Laura, como le llamaban de cariño, falleció el 2 de enero por complicaciones respiratorias no relacionadas con el covid-19 . Llevaba varios días hospitalizada. Ella misma lo compartió en sus redes sociales: “Esto de no poder respirar es algo que nunca le desearía a nadie”.

Su muerte tomó por sorpresa a un país en el cual, según el conteo de La Red Comunitaria Trans, al menos 31 personas trans fueron asesinadas en 2020 y en donde aún falta un largo camino para conseguir la plena igualdad y dignidad de esta población, como tanto insistía Laura.

Ella, historiadora con estudios en Trabajo Social, narró decenas de veces, y en todo tipo de escenarios, las distintas violencias que se ejercen sobre la población trans y las escasas garantías de seguridad con las que cuenta: discriminación en centros de salud, pedradas en las calles, violencia policial, linchamiento social y un extenso etcétera.

En 2017, en una entrevista con Sentiido , un portal web dedicado a hablar de diversidad sexual y de género, contó que su primera actividad como directora del GAAT consistió en llevar a un grupo de mujeres trans al Museo de Arte del Banco de la República, en Bogotá, a ver ‘Habeas corpus: que tengas [un] cuerpo [para exponer] , una exposición sobre el cuerpo humano.

Laura conocía de cerca la realidad de las trabajadoras sexuales y quería que sus compañeras, como las llamaba, reflexionaran al respecto y salieran de sus rutinas.

Ellas, entusiasmadas, accedieron. Para muchas, de hecho, era la primera visita a un museo. Pero durante el ingreso—le contó Laura a ese portal web—, los detectores de metal empezaron a pitar. Todas se miraban entre sí. Nadie entendía qué pasaba. Les pidieron abrir sus bolsos y el equipo de seguridad encontró variedad de cuchillos y navajas.

Ese día dimensionó a lo que se enfrentaba.

“Ellas no salen sin eso (las armas) para defender sus vidas. Eso nos hizo prender las alarmas. Nos dimos cuenta de la necesidad de comenzar a trabajar en herramientas de denuncia con las que ellas entendieran que no podíamos seguir así”.

Laura Weinstein empezó a trabajar en la defensa de los derechos de la población trans desde mucho antes de emprender su propia transición. Sus primeros pasos los dio por medio de activismo digital, de manera individual y espontánea. Un día, por ejemplo, decidió crear 'Travestis Bogotá', un grupo en Yahoo! en el que se planteaban discusiones sobre identidades diversas.

Pronto, su lucha se trasladó a las calles, ese escenario hostil donde tantas veces, desde muy pequeña, fue testigo de cómo las personas trans eran víctimas de discriminación. Desarrolló entonces una vocación de servicio: acogía a trabajadoras sexuales golpeadas por policías, acompañaba a mujeres trans a centros de salud y en más de una ocasión encaró a las autoridades para reclamar lo que consideraba justo.

Batallaba en solitario, pero con el tiempo organizaciones la contactaron y se fue involucrando en procesos colectivos. Así, y ya con su transición en curso, fue vocera de la Mesa LGBT de Bogotá, donde lideró la creación de la escuela de formación para líderes LGBT y promovió la alianza con otros sectores de la sociedad.

Más adelante, creó la Fundación Transrevolucionando Géneros y, al poco tiempo, en 2009, llegó al GAAT, donde asumió la dirección ejecutiva un año después. En 2011 le fue otorgado el premio León Zuleta por la visibilidad trans.

Su trayectoria en la defensa de los derechos de las personas trans es extensa y ampliamente reconocida: fue funcionaria de la alcaldía de Bogotá en el Centro de Diversidad, orientando servicios a personas trans en el Distrito; impulsó la expedición del decreto 1227, el cual permite el cambio de sexo en el documento de identidad ; colaboró en la formación de fiscales para avanzar en temas de justicia e investigación de casos de violencia y crímenes hacia personas LGBT; sentó el debate sobre la libreta militar para hombres trans, y priorizó la atención a personas viviendo con VIH, particularmente mujeres trans trabajadoras sexuales.

Además, varias veces pisó escenarios internacionales. Participó, por ejemplo, en asambleas de la sociedad civil en la OEA con la creación y socialización de informes sobre la situación de mujeres LBT (Lesbianas, bisexuales y trans) ante la CEDAW, así como en diálogos en las Naciones Unidas, el Congreso Judío Mundial LGBTI para el hemisferio occidental, entre otros.

En los últimos años, a través del GAAT, se dedicó a trabajar con niños y niñas trans y sus familias para apoyarles en el proceso al cual denominó "un tránsito seguro y autónomo". Y desde 2019 se desempeñaba como consejera consultiva LGBT en Bogotá, cargo de interlocución entre las organizaciones sociales y la administración Distrital.

Aportes concretos

Su trabajo era incesante. Uno de sus aportes más recientes fue una victoria trascendental en relación a la política pública para la población LGBT en Colombia , la cual fue expedida por orden de la Corte Constitucional en 2018, durante el gobierno de Juan Manuel Santos, pero que aún no ha sido implementada por la administración de Iván Duque.

Esta política es clave para que las personas con orientaciones sexuales, identidades y/o expresiones de género diversas obtengan mejores condiciones de vida, así como para prevenir casos de violencia. Laura era consciente de esa importancia, y por eso, a través del GAAT, interpuso una acción de tutela en junio de 2020 en contra del Ministerio del Interior para que se atendiera esa implementación.

Un juez de Bogotá falló a su favor y le ordenó a esa cartera iniciar las gestiones administrativas para expedir el Plan de Acción de la Política Pública Nacional LGBT, así como crear un grupo técnico que se encargue del cumplimiento de las obligaciones. Además, le ordenó elaborar un programa y cronograma de trabajo con fechas claras.

Redes desde la empatía y puentes desde la conciliación

“Ella entendía que sentarse a dialogar con el gobierno requería reconocer que hay límites, limitantes, procesos y temporalidades, pero no negociaba principios ni derechos; negociaba las formas, aceptando sabiamente que Estados y gobiernos tienen formas propias , y lo que la sociedad civil veía como un impedimento, ella lo visualizaba como una posibilidad”, dijo en un comunicado Caribe Afirmativo, otra organización LGBT del país.

Precisamente, en septiembre pasado, Weinstein presentó junto a esa organización y la Misión de Observación Electoral (MOE) una propuesta ante el Consejo Nacional Electoral (CNE) para la construcción de un protocolo que promoviera medidas que garanticen el derecho al voto de las personas trans en igualdad de condiciones y libre de discriminación.

En noviembre, la iniciativa fue acogida en su totalidad, y así Colombia se convirtió en el segundo país en América Latina en aprobar un protocolo de este tipo, después de México .

"Sus aportes permitieron que avanzáramos como sociedad", resaltó la Oficina en Colombia del Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Derechos Humanos.

Laura, nacida en Bogotá en el seno de una familia de tradición judía, se sobrepuso a la transfobia —el rechazo de cercanos, la negligencia de médicos y psicólogos, el no reconocimiento de su identidad en todo tipo de entornos públicos— y tomó la vocería del movimiento de una población que históricamente ha sido marginada.

Nunca abandonó su liderazgo, ni siquiera en 2017, cuando recibió amenazas de muerte por parte de desconocidos. De hecho, en esa ocasión, además de denunciar, convirtió lo ocurrido en una oportunidad: se asoció con otras mujeres para escribir una cartilla que hoy ayuda a lideresas a enfrentar amenazas e incidir frente al Estado para conseguir la garantía de su ejercicio político como defensoras de derechos humanos.

Con su laboral, le apostó al trabajo colectivo, a construir redes desde la empatía y puentes desde la conciliación , y siempre lo hizo ondeando con orgullo la bandera azul, blanca y rosada, que representa a las identidades trans.

Activistas, organizaciones y colectivos LGBT, distintas entidades y cientos de ciudadanos hoy lamentan su muerte, pero coinciden en que su trabajo fue valioso para las vidas de las personas trans en Colombia. En palabras del GAAT: “Que su legado nos inspire y guíe en la lucha por una sociedad más justa”.

La ‘parcera’ de las personas trans

EL TIEMPO reproduce a continuación un fragmento de 'Derechos en clave trans', una entrevista que William Moreno Hernández le hizo a Laura Weinstein para la antología 'Voces de resistencia. Entrevistas a líderes sociales y activistas', publicada en 2019 como un trabajo de grado.

Hace poco leí una entrevista en la usted dice que, antes de activista, usted es ‘parcera’ de las personas trans, ¿Qué quiere decir eso?

El GAAT va a cumplir once años trabajando por la reivindicación de los derechos de las personas trans. Yo llevo vinculada más o menos diez, pero hasta hace poco vine a darme cuenta de que lo que yo hacía se reconocía como activismo. Yo empecé en esto porque me di cuenta de que había muchas cosas que eran injustas en las vidas de nosotras las personas trans. Entonces, más allá de la figura de la activista, me gusta decir que soy la parcera porque me gusta sentarme y preguntarles por sus vidas, sus problemas, sus familias y, sobre todo, por sus sueños.

El proyecto más reciente del GAAT es trabajar con familias de niños y niñas trans, ¿por qué?

Fue una apuesta más personal, una reivindicación para decir que los niños y las niñas trans sí existen y que todas las personas trans merecen familias que las amen. Para mí no fue fácil la infancia. Fue una época llena de dificultades, de mucha soledad. Ningún niño ni ninguna niña deben pasar por lo mismo que yo viví, entonces creí que había una deuda histórica con ese ‘niño’ que fue discriminado. Ese ‘niño’ que no solo es mi experiencia de vida sino seguramente la de muchas otras personas. Necesitamos, entonces, involucrar a las familias porque cuando una persona trans logra que su familia la acompañe en este proceso, que reconozca su tránsito y le brinden apoyo, su vida es otra; tiene el 90 por ciento de su vida asegurada porque no va a caer en entornos de violencia y criminalización.


¿En qué consiste ese trabajo con las familias?

Nosotros tenemos varios programas institucionales de encuentro y formación. Uno de ellos es el Grupo de Apoyo, en el que acompañamos los tránsitos y el proceso identitario de mujeres y hombres trans, pero también a las personas que las rodean, como familiares, amigos e incluso parejas. Por lo general, nos reunimos una vez cada semana. Tenemos un grupo para adultos y otro para niños y niñas trans y sus papás. Hacemos acompañamiento, construimos redes de solidaridad y compartimos vivencias que nos atraviesan cotidianamente.

¿Qué otras líneas de trabajo tiene la fundación?

Tenemos la ‘Patrulla Trans’, que se encarga de atender casos de violaciones de derechos humanos. Entonces, hacemos seguimiento a casos de asesinatos, desplazamientos forzados, golpizas, expulsiones de colegios y de trabajos y todo tipo de barreras al momento de acceder al sistema de salud o para cambiar documentación. El problema es que a la fundación siempre llegan casos, pero no hay recursos para enfrentarlos.

Ahora nos interesa también capacitar y concientizar a las personas trans sobre sus derechos y empoderarlas, entonces hemos organizado talleres para resolver dudas o atender reclamos relacionados con sus derechos y ahí les mostramos opciones para mejorar su calidad de vida. Ese proyecto se llama ‘Cinco derechos en clave trans’ y nació en 2016.

¿Y por qué ‘cinco derechos’?

Por los cinco derechos que consideramos más vulnerados en la comunidad trans: movilidad, educación, trabajo, vivienda y salud.

"Las personas trans, en cambio, vivimos en un partido que nos jugamos todos los días de nuestras vidas porque tenemos que ir por todos lados explicando quiénes somos, y encima de todo reafirmarlo."

Las cifras de violencia en contra de la población LGBT en general son alarmantes, pero las personas trans son especialmente vulnerables. ¿Por qué?

Aquí primero habría que decir que hay un problema inicial y es que se acostumbra a meternos a todas las personas LGBT en una misma bolsa, ignorando que cada grupo poblacional tiene unas necesidades específicas. En el caso de las personas trans, todo parte de una falta de reconocimiento. Si tú eres una persona homosexual o bisexual ni siquiera tienes que decirlo. Las personas trans, en cambio, vivimos en un partido que nos jugamos todos los días de nuestras vidas porque tenemos que ir por todos lados explicando quiénes somos, y encima de todo reafirmarlo. Eso es muy violento y puede llegar a generar discriminación.

También es cierto que muchas personas trans están inmersas en entornos violentos y de alta criminalización como la prostitución, entonces son más vulnerables a ataques por ser quienes son, por su identidad.

¿Y por qué llegan a esos entornos de alta criminalización?

La gran mayoría de las personas trans no tiene un trabajo formal. Eso, sumado a la falta de educación –que también ocurre por la discriminación–, lleva a que muchas, sobre todo las mujeres, acaben en entornos laborales que son absolutamente precarios y muy criminalizados. No es que ellas quieran estar en esos lugares sino que es lo que hay, y tenemos que sobrevivir con eso. En el GAAT hemos calculado que cerca del 70 por ciento de las mujeres trans y el 50 por ciento de los hombres trans encuentran en el servicio sexual su principal actividad profesional.

El informe más reciente de Colombia Diversa sobre estos casos señala que los crímenes en contra de personas trans tienden a ser “justificados” por los atacantes, incluso por las mismas autoridades, porque se cree que las víctimas se dedicaban a robar o estaban vinculadas a redes de microtráfico.

Claro, hay una violación en el proceso de las diligencias porque, de entrada, se asume que las personas trans son delincuentes. Eso genera un estereotipo que limita el acceso a la justicia en casos de violaciones de derechos humanos. Pero además esa estigmatización es estructural. La gente tiene unos imaginarios incorrectos sobre la realidad de las personas trans. Nos ven como personas peligrosas, escandalosas, conflictivas, como personas con las que hay que tener cuidado. Por eso, cada espacio que logramos conquistar es un logro. Pero no es fácil. Muchas personas nos siguen viendo como si fuéramos un mito, negando que somos toda una realidad, que existimos.

Sobre el acceso a trabajo hay un marco jurídico. La Corte Constitucional, por ejemplo, se pronunció en 2007 sobre la discriminación de personas trans en ese ámbito. ¿Qué ocurre en ese caso?

Analicemos cuántas personas trans hay en Colombia en cargos decisorios de empresas o entidades. Ninguna. En la discriminación laboral ocurre algo particular y es que no solo se trata de que se ofrezca trabajo a las personas trans sino que, cuando tenemos acceso, nos obligan a trabajar más por ser personas trans. De alguna manera, nos obligan a demostrar que somos “buenos trabajadores” a pesar de lo que somos. A mí me pasó cuando trabajé en la institucionalidad. En algún momento me dijeron que yo era “una acción afirmativa”, pero me di cuenta de que mis compañeros y compañeras ganaban más que yo, aun cuando yo trabaja igual o más que muchos de ellos. Esos espacios siguen siendo violentos. No estamos en igualdad.

Otro ámbito en el que se manifiesta con mucha frecuencia la discriminación hacia las
personas trans es la salud, ¿Qué pasa ahí?

El sistema de salud todavía no entiende las construcciones identitarias de las personas trans, entonces a veces es muy complejo. Muchas veces somos nosotras y nosotros quienes tenemos que decirle al médico qué se podría hacer porque ellos no tienen ni la mínima idea. Pero este problema va mucho más allá. El acceso a la salud es muy complicado para las personas trans porque a veces ni siquiera hay una forma de obtener una afiliación en salud.

Muchas veces las personas trans no tienen un documento que se ajuste a su identidad. Y no tienen ese documento por distintas razones, porque decidieron no sacarlo o porque, al perderlo, decidieron no lidiar de nuevo con el proceso, en fin. El problema es que para acceder al sistema de salud necesitas ese documento –la cédula–, que para cualquiera puede ser lo más común del mundo pero para las personas trans es todo un proceso.

Y ahí no termina la historia. Para acceder a salud, tenemos que estar afiliadas, pero también tenemos que encontrarnos al vigilante en la puerta, anunciarnos con la recepcionista y enfrentar un trato inapropiado por parte del médico en el consultorio. En todos esos espacios, por lo general, no se reconoce nuestra identidad, entonces te tratan como hombre si eres mujer trans y viceversa. Es un sistema que continuamente es violento.

¿Esas ‘trabas’ en el acceso a la salud ocurren únicamente cuando se quiere adelantar la transición o también se manifiestan en procedimientos comunes?

Ocurren todo el tiempo. Ahora mismo, por ejemplo, yo tengo cáncer —que esa es otra reivindicación por la que hoy trabajo— y me he sentido discriminada varias veces por ser una mujer trans. Me preguntan que qué soy, que por qué y, de hecho, cuando comencé a enfermarme, lo primero que me dijo el médico, sin haberme examinado, es que seguramente se trataba de una enfermedad venérea. La discriminación y la violencia son constantes. Este sistema de salud es perverso.

"La gente tiene unos imaginarios incorrectos sobre la realidad de las personas trans. Nos ven como personas peligrosas, conflictivas. Por eso, cada espacio que logramos conquistar es un logro."

En informes sobre violencia hacia población LGBT se suele advertir sobe el número de casos que son cometidos por parte de integrantes de la fuerza pública. ¿Es la fuerza pública un actor discriminador?

Ahí pasa algo paradójico y es que, a pesar de que el nuevo Código de Policía incluye sanciones por discriminación hacia personas LGBT, son los mismos miembros de la Policía quienes violentan nuestros derechos. En el caso de las personas trans, las agresiones se producen en las zonas de trabajo sexual, que, como te digo, son lugares criminalizados.

En estos casos, lo que hay que hacer es comenzar a humanizar a los miembros de la Policía porque sensibilizar ya no funciona. El abuso policial es un problema que las personas trans enfrentamos a diario, pero nos quedamos en la charla, en el taller. No, hay que ir más allá y decir: ‘Venga, señor Policía, y nos sentamos a conversar sobre nuestras realidades y lo que tenemos que soportar a diario’. Por ahí empieza la transformación.

En las cifras de discriminación hacia personas trans llama la atención que las mujeres son más vulnerables. ¿Por qué?

Sí, la verdad es que las realidades de los hombres trans y las mujeres trans son completamente diferentes. Las mujeres trans somos más visibles y, aparte, los estereotipos que se nos imponen con relación a la feminidad son más fuertes. Un chico trans tiene una transición que muchas veces ni siquiera se nota, mientras que a las mujeres, ya sea por su contextura u otras cuestiones, se nos nota más, y ahí empieza la discriminación. Es más, uno podría hablar de una ‘doble discriminación’: una por ser mujer y otra por ser mujer trans.

A propósito de esa ‘doble discriminación’, hace unos meses, por primera vez en la historia, se tipificó el homicidio de una mujer trans como feminicidio. ¿Cómo recibieron ustedes esa decisión?

Ese fallo es histórico y muy importante porque, por primera vez, somos reconocidas como mujeres. Sin embargo, no creemos que sea prudente regularizar como feminicidio sino se va a quedar ahí, en feminicidio. Es decir, nuestra preocupación es que los asesinatos de mujeres trans sumen a las estadísticas de feminicidio sin la claridad de que fueron cometidos contra una mujer trans. En nuestro caso, los asesinatos no solo son por el hecho de ser mujer sino también por nuestras construcciones identitarias. En ese campo sí creemos que le hace falta mucho al sistema judicial.

¿Y las mujeres trans no encuentran garantías en el sistema judicial?

No, por lo general, cuando vas a ir a denunciar te preguntan si estás diciendo la verdad. Sin contar que todos los casos quedan en la impunidad. Yo, por ejemplo, recibí amenazas por mi trabajo en el GAAT. Cuando me acerqué a denunciar, me preguntaban que si estaba segura de que no había sido uno de mis novios, que si no se trata de alguien que yo conocía o que si de verdad yo estaba segura de que se trataba de una amenaza. Entonces, nos ignoran o no nos creen. Incluso, a la fundación han llegado casos de mujeres trans a quienes, al momento de intentar presentar una denuncia, les piden el documento para indagar primero si tienen antecedentes o denuncias en su contra, reforzando esa idea de que somos peligrosas.

¿Quién la amenazó?

No sabemos. Me amenazaron a mí y a varios integrantes del GAAT, pero la investigación no avanzó. Se quedó en etapa preliminar. Son amenazas por ser personas LGBT y trabajar por esto.

En los últimos años, las personas trans han ganado visibilidad en los medios de comunicación. ¿Cómo cree que los medios están hablando sobre las personas trans?

De un tiempo para acá hemos tenido unos avances importantes porque se habla de las personas trans, sí, pero muchas veces, creo, no se hace de la manera adecuada. Muchos comunicadores no están formados para hablar. No se trata solamente de querer hablar de estos temas sino hacerlo de manera asertiva. Cuando se informa, creo yo, debe hacerse siempre con respeto y conocimiento. De lo contrario, se está desinformando. Entonces, ahí es cuando propongo unir fuerzas: ¿por qué no unimos el conocimiento que yo tengo sobre este tema con sus habilidades para informar? Eso ayudaría muchísimo a cambiar los imaginarios sociales acerca de las personas trans.

Una despedida digna para Laura.

La Fundación GAAT abrió una iniciativa digital con el fin de recaudar fondos que serán destinados a una despedida a Laura Weinstein. " Hoy todas las personas que recibimos sus enseñanzas y su amor nos unimos para darle una despedida digna. Luchadora y guerrera incansable hasta el fin de sus días", manifestaron.


https://www.eltiempo.com

WILLIAM MORENO HERNÁNDEZ

Periodista de ELTIEMPO.COM
En Twitter: @ williammoher

Noticias

Por ATA - Sylvia Rivera 24 de febrero de 2026
Poco tiene de villana la rapera Villana Santiago Pacheco (Puerto Rico, 30 años), reconocida por un sagaz sentido del humor. Nació en Bayamón, creció en la época dorada del reggaetón en la isla, y a los 17 años huyó de su casa para encontrarse: estudió ciencias políticas y terminó dedicada al rap. Saltó a la fama de la mano del DJ argentino Bizarrap, en 2022, y ahora es la primera artista trans en entrar en Top 50 Global de Spotify . Ya suma numerosas colaboraciones, varios álbumes y distintos EP: Tiranía (2019), Ketaprincesa (2020), La sustancia X (2022), Hembrismo (2022), y el más reciente, Miss Misogyny, en 2024. Asentada entre Madrid y Puerto Rico, vino a Colombia por primera vez en 2023 para el Festival Estéreo Picnic. Regresó ahora al país para abrir el Festival Ondas, en el que compartió fecha con la icónica boricua Ivy Queen. Antes de cerrar su presentación, el viernes en la noche, invocó a Sara Millerey, la mujer trans cruelmente torturada y asesinada el año pasado en Antioquia. “Sigo pensando en Sara. La llevo aquí”, dijo. Pregunta. La última vez que estuvo en Colombia fue al barrio Santa Fe, en el centro de Bogotá, para reunirse con la Red Comunitaria Trans. ¿Cómo las conoció? Respuesta. Ellas se pusieron en contacto conmigo. Las visité, compartimos un ratito, nunca lo he olvidado. Sé que de ese momento para acá han pasado mil crímenes desastrosos. Es un poco agridulce el hecho de venir a Bogotá y recibir tanto amor, pero también saber de tanto maltrato hacia ellas, saber que a tantas mujeres como yo las matan sin ningún tipo de alto al tren. Bogotá tiene que avergonzarse un poco. Bueno, ¡el mundo entero! P. Ellas y usted reivindican mucho el sentido de comunidad y la familia elegida. R. Desde que yo tengo uso de razón, quienes han sacado la cara por mí, me han protegido y me han dado absolutamente todo, son mis amigas, cis y trans. Obvio, hay un lazo particular de experiencia de vida con mis hermanas trans, sin ellas yo no estaría aquí. Cuando era pequeña pensaba –creo que nos pasa a las personas que no caemos en la heteronorma– que no existía más gente como yo. Cuando te das cuenta de que no es verdad y encuentras tu sitio… es precioso. Ahí empieza un efecto en cadena: te inspiras de otras, te persigues a ti misma a través de otras, y cuando lo logras, te das cuenta de que venían otras detrás, que te estaban mirando y vieron ese espejo en ti. Suelo decir que las personas trans somos como vampiras: yo sé cuál fue la vampira que me mordió a mí y me despertó. También sé a cuáles he despertado. Ese lazo es inquebrantable, es un lazo de madre, de hermana, de amiga, de prima, de familia, que nada puede tocar. P. ¿Cuáles son esas hermanas musicales? R. Varios proyectos me gustan mucho, que no necesariamente son personas queer, o trans pero van de la mano con mi visión del mundo. Como La Blackie, que genuinamente me encanta, me la pongo en el gimnasio y todo. He visto cómo se enfrenta a la industria y hace las cosas distintas. Jedet también. Conocerla fue un momento canónico, la veía tan lejos y, bum, ahora es mi amiga, de las que amo, con la que he llorado y hemos pasado por muchas cosas. La vida te va juntando con gente que no esperas. Ahí es cuando dudo que seamos minoría, creo que hay mucha gente buena. Lo que pasa es que al mal le gusta hacer mucho ruido, pero no, no está ganando. P. ¿Pese al auge de la ultraderecha? R. En la mayoría de casos, o al menos así era de donde vengo, fue ignorancia y no maldad. Mis abuelas, mis papás, fueron educados de cierta manera, y los papás de un montón de otras chicas trans también. En mi caso, era ignorancia y un deseo de proteger. Pensaban: “No entiendo, pero sé que para la gente como tú, la vida es bien difícil, así voy a intentar evitártelo”. Así fuera incómodo, mis abuelas me dejaron jugar con muñecas, no decían nada, había una complicidad: “Voy a dejar que hagas estas cosas porque sé quién eres, pero allá fuera, en el mundo, no puedes hacerlo”. Por eso, no me parece que la maldad sea predominante, pienso que es más el miedo, el desconocimiento. En mi familia, nació desde esa frustración de no saber cómo protegerme.
Por ATA - Sylvia Rivera 23 de febrero de 2026
Kansas está a punto de invalidar unas 1.700 licencias de conducir en poder de personas trans y aproximadamente la misma cantidad de certificados de nacimiento en virtud de una nueva ley que va más allá de las restricciones impuestas por los republicanos en otros estados sobre la inclusión de identidades de género en documentos gubernamentales. La nueva ley entrará en vigor el jueves. La gobernadora demócrata Laura Kelly vetó la medida, pero las supermayorías republicanas de la Legislatura anularon su veto la semana pasada, mientras legisladores republicanos en todo el país impulsan otra ronda de medidas para recortar los derechos de las personas trans. El proyecto de ley prohíbe que los documentos consignen cualquier sexo que no sea el asignado al nacer. Florida, Tennessee y Texas tampoco permiten que las licencias de conducir reflejen la identidad de género de una persona trans, y al menos ocho estados, además de Kansas, tienen políticas que impiden a residentes trans cambiar sus certificados de nacimiento. Pero solo la ley de Kansas exige revertir cambios realizados previamente para residentes trans. Funcionarios de Kansas prevén cancelar unas 1.700 licencias de conducir y emitir nuevos certificados de nacimiento para hasta 1.800 personas. La legisladora estatal demócrata Abi Boatman, una veterana trans de la Fuerza Aérea designada en enero para cubrir una vacante de Wichita, afirmó: “Esto me dice que los republicanos de Kansas están interesados en estar a la vanguardia de la guerra cultural y en una carrera hacia el fondo”. La nueva ley de Kansas contó con un apoyo republicano casi unánime. Es el éxito más reciente de lo que se ha convertido en un esfuerzo anual para recortar aún más los derechos de las personas trans por parte de republicanos en legislaturas estatales de todo Estados Unidos, reforzado por políticas y retórica del gobierno del presidente Donald Trump. Kelly apoya los derechos de las personas trans, pero los legisladores republicanos han anulado sus vetos en tres de los últimos cuatro años. Kansas prohíbe la atención de afirmación de género para menores y veta que mujeres y niñas tran integren equipos deportivos femeninos, desde el kínder hasta la universidad. Las personas trans no pueden usar baños públicos, vestuarios u otras instalaciones de un solo sexo asociadas con sus identidades de género, aunque no existía un mecanismo de aplicación hasta que la ley de este año incorporó nuevas disposiciones estrictas. Personas trans han dicho que portar identificaciones que las clasifican con un género que no es el suyo las expone a preguntas intrusivas, acoso e incluso violencia cuando las muestran a la policía, a comerciantes y a otras personas. En 2023, los republicanos detuvieron los cambios en los certificados de nacimiento y las licencias de conducir de Kansas al promulgar una medida que puso fin al reconocimiento legal por parte del estado de las identidades de género de residentes trans. Aunque la ley no mencionaba ninguno de los dos documentos, definió legalmente lo masculino y lo femenino según el “sistema reproductivo biológico” de una persona al nacer. Sin embargo, una demanda derivó en decisiones de tribunales estatales que el año pasado permitieron que se reanudaran los cambios en las licencias de conducir. Legisladores de al menos otros siete estados están considerando proyectos de ley para impedir que las personas trans cambien uno o ambos documentos, según una búsqueda realizada con el software de seguimiento legislativo Plural. Pero ninguno revertiría cambios anteriores. El paso adicional de los legisladores de Kansas refuerza el mensaje de “que las personas trans no son bienvenidas”, manifestó Anthony Alvarez, un estudiante trans de la Universidad de Kansas que trabaja para un grupo a favor de los derechos LGBTQ. Kansas probablemente notificará por correo a residentes trans que sus licencias de conducir ya no son válidas y que deben acudir a una oficina local de licencias para obtener una nueva, indicó Zachary Denney, portavoz de la agencia que las emite. La Legislatura no ha asignado fondos para cubrir el costo, por lo que cada persona lo pagará: 26 dólares por una licencia estándar. Alvarez ya ha tenido cuatro identificaciones en cuatro años: cuando cambió su nombre, cuando cambió su marcador de género y al cumplir 21 años. Había planeado quedarse en su Kansas natal después de obtener su título en historia esta primavera, pero ahora “solo están haciendo que sea cada vez más difícil para mí vivir en el estado que amo”. https://www.independentespanol.com
Por ATA - Sylvia Rivera 20 de febrero de 2026
En la mañana del miércoles 18 de febrero, fue hallada muerta en su vivienda ubicada en el barrio Santa Fe, de la localidad de Los Mártires en Bogotá, la madre Constanza, reconocida como “abuela de todas las travestis”, y considerada una de las figuras más emblemáticas del movimiento trans de la capital. La noticia fue confirmada por el colectivo Caribe Afirmativo, que precisó que el cuerpo presentaba signos de violencia. Aunque el hallazgo sugiere un posible crimen, corresponde a las autoridades adelantar una investigación integral y rápida para determinar si se trató de un asesinato. Constanza se destacó por su labor de cuidado y acompañamiento a jóvenes trans desplazadas o expulsadas de sus hogares. Su trabajo incluía orientación, acompañamiento legal y social, y defensa de los derechos fundamentales de la población trans, consolidando su reputación como un referente histórico en la ciudad. Con este caso, ya suman ocho las muertes violentas de personas trans en lo que va de 2026, situación que organizaciones y defensores de derechos humanos consideran parte de un patrón persistente de violencia por prejuicio, ensañamiento e impunidad que afecta de manera desproporcionada a mujeres trans.
Por ATA - Sylvia Rivera 19 de febrero de 2026
En las últimas semanas vemos cómo los portales de noticias cubrieron mucho más el fenómeno de los jóvenes disfrazados de animales (llamados Therians) que los diferentes reclamos de las fuerzas de seguridad y el ejército, que ponen en vilo a la democracia. Pero en esas coberturas hay una particularidad: siempre estos "raritos" son pintados como el devenir del degeneramiento que provocó la perspectiva de género. Porque a más de un facho le tienta la idea de decir que por fin se cumplía aquel viejo argumento de “si yo quiero me percibo perro”, que se usaba para hablar en contra de la Ley de Identidad de Género. Históricamente, todo lo malo (desde los villanos de Disney hasta los delitos más perversos como la pedofilia) ha sido asignado como una característica propia de las disidencias sexuales. A su vez, cualquier cultura alternativa era asociada inmediatamente al colectivo LGBT. Si bien no podemos negar que el colectivo LGBT ha construido formas culturales alternativas a la norma a lo largo de la historia, esto no significa que cualquier cultura alternativa sea, ineludiblemente, una creación del malvado lobby LGBT. En los 60, cuando aparecieron los hippies, se decía que eran todos putos. En los 80, cuando apareció el punky sus subculturas, en seguida se lo asoció con la homosexualidad y el satanismo. Cuando los emo ganaron las pantallas en los 90 y los 2000, también se culpó a los putos, las tortas y las travas de esa subcultura de gente monocromática. Y ahora parece que también tenemos la culpa de estas personas de ciudad disfrazadas de lobos. Separemos Toda esta estelaridad que tuvieron los therian en las últimas semanas me hizo acordar a una discusión que tuve con un viejo dueño de una fábrica cuando trabajaba capacitando a empresas en el equipo de Ley Micaela. La capacitación venía bien; cada tanto había algún comentario progre de alguna administrativa, algún hetero curioso que hacía alguna consulta.... Hasta que llegó el momento del PowerPoint en el que hablábamos de la autopercepción del género y de las personas trans. Desde la primera fila de la hilera de sillas, y con ese aire sobrado de patrón de estancia, un viejo que tenía la cara de Landriscina y el pelo del Dr. Cormillot dijo: “Entonces alguien puede decir que se autopercibe perro y hay que respetarlo”. Y mi respuesta fue: “Señor, seamos honestos, nadie nunca planteó eso. Y si lo planteara, el autopercibirse como otra especie animal corresponde a conductas propias de una persona con algún tipo de alteración psiquiátrica”. Y acá es donde conviene separar las cosas. Existe algo que en psiquiatría se llama teriantropía clínica que es la creencia delirante de que una persona se transforma en un animal. Una revisión de 77 casos publicados en la revista Neuroscience and BioBehavioral Reviews arrojó lo siguientes datos: el 41% tenía condiciones asociadas a trastornos psicóticos, depresión psicótica (24 %), trastorno bipolar (18 %) y síndrome de Cotard (12 %). Pero más allá de este estudio bastante acotado, nuestros therians parecieran ser una subcultura del montón; quizá una tribu urbana más que congrega a un conjunto de personas que no buscan otra cosa más que pertenecer (a costa de hacer el ridículo en público tratando de aullar como un perro siberiano). Una subalternidad más de la que muchos pakis intentan culpar al colectivo LGBT. Pero entonces, ¿qué tiene que ver un therian con la comunidad LGBT? Nada. Nos reíamos del argumento de “¿y si me autopercibo perro?” hasta que llegó el día en que se planteó que se “autopercibe lobo” en televisión nacional. Y por eso ahora hay que salir a aclarar que los therian no son gays; que la T de LGBT no es de Therian; y que los pedófilos son los mega ricos que figuran en los archivos de Epstein, no las personas LGBT. Autora: Federica Kesseler https://periodicas.com.ar
Por ATA - Sylvia Rivera 18 de febrero de 2026
A raíz del tiroteo masivo del 10 de febrero en un instituto de Tumbler Ridge, Canadá, que terminó con al menos diez muertos y decenas de heridos, en redes sociales han circulado imágenes falsamente atribuidas a la autora, Jesse Van Rootselaar. En VerificaRTVE recopilamos y desmentimos estos mensajes falsos que aprovechan el contexto de que la autora del tiroteo sea una joven trans para lanzar discursos contra este colectivo. Quien sostiene un arma en esta imagen no es la autora del tiroteo "Esta es la autora de la masacre en Canadá. ¿No notas algo raro?", dice un mensaje de X compartido más de 1.000 veces desde el 12 de febrero. El texto adjunta una fotografía en la que se ve a una persona sosteniendo un arma que lleva una camiseta con la frase "Princesa de Internet". Otra publicación en esta red social difunde la misma instantánea y dice en portugués que "se han publicado nuevas fotos del autor del ataque que dejó 10 muertos en una escuela de Canadá". Es falso, esta fotografía no muestra a la identificada como autora del tiroteo.
Por ATA - Sylvia Rivera 17 de febrero de 2026
Todos los audiovisuales cuentan historias, pero esta vez, más que contar, dignifican la vida de una persona que fue pionera en su época. La protagonista luchó por sus derechos, fue fiel a su autenticidad y, seguramente, soñó con cambiar el mundo; Sara La Paquera de Córdoba, un proyecto realizado por Mael Producciones y dirigido por Fátima y Miguel Ángel Entrenas, es un recordatorio que pone en valor la lucha activa de todas esas personas que destruyeron barreras para el colectivo LGTBIQ+. Sara La Paquera fue muy conocida en Córdoba, con una vida marcada por episodios trágicos que el documental retrata, mostrando el rechazo tanto de la sociedad, como de su familia. Nacida en 1939, padeció la incomprensión y represión durante toda su vida, sospechosa habitual para la policía y sufridora de la Ley de Vagos y Maleantes. Fueron unos sucesos crueles que no la detuvieron en su desempeño por conseguir una vida digna, donde podía manifestarse tal y como se sentía: como una mujer. Por eso, al llegar la democracia, perteneció al primer movimiento gay (Frente de Liberación Homosexual). Falleció en 1995. Desde el primer momento la misión de la productora estaba clara. Aunque la mayoría de los cordobeses veteranos podían conocer la historia de Sara, con el 30 aniversario de su muerte, Mael producciones quiso contarla para que también calara en las nuevas generaciones y fueran conscientes de todo el esfuerzo que realizó por el colectivo. Pero, por encima de todo, su misión era dignificar su figura y abrazar su lucha como se merece. "Nosotros somos una asociación cultural y desde hace mucho venimos haciendo documentales o ficción sobre personajes como Averroes, Julio Romero, Góngora, pero también personas como la Paquera, que fue parte de la cultura popular. Veíamos que era un personaje muy importante en la Córdoba de la transición y que era merecedora de hacer un documental sobre su vida", afirma Miguel Ángel Entrenas, codirector del film "La gente joven también se preocupa por estas personas que en aquella época se mostraba ante la gente de su barrio como se sentía. Si ves todos los videos de ella, había una postura caricaturesca, y nosotros intentamos dignificar su figura", añade Entrenas. Un homenaje en el presente El desarrollo del film necesitó horas de trabajo, donde la documentación y la investigación estuvieron presentes desde el primer momento. "Entrevistamos a más de 150 personas. Empezamos a indagar donde vivía y había gente que la conocía; fue una tarea de un par de años. Investigamos y fuimos haciendo entrevistas". Con estas declaraciones, los creadores lograron reconstruir su vida, desde aquellas casas de vecinos donde pasaba sus días. "Hemos recogido otros testimonios que nos parece muy interesantes como el de su sobrina, que vino expresamente a hablarnos de ellas. A través de estas personas hemos dignificado su figura", añade. Como cuenta Entrenas, cuando proyectaron la película por primera vez, más que un estreno fue un acto de homenaje y reconocimiento para Sara. "Se llenó todo el teatro, que tiene un aforo de 1.400 personas, las entradas se acabaron en días. A la sobrina, que vino al estreno, se le hizo un homenaje. La propia Asociación Carnavalesca le dedicó una chirigota", señala Entrenas. Aunque el homenaje no quedá aquí, siguieron proponiendo iniciativas para conmemorar a este personaje tan pionero. "Solicitamos que le pusieran una calle y una placa, aún pendiente. Le han concedido el nombre de una calle, y ahora estamos detrás de que se le ponga una placa", recalca el creador."Con el audiovisual hay gente que se emociona. Retratamos la parte dura: el rechazo de la sociedad y su familia. Ella quería manifestar que se sentía mujer", añade. Como relata, los tiempos donde vivía Sara no fueron fáciles, en mitad de una Transición donde la libertad aún no era un derecho garantizado, y donde podías ser juzgado simplemente por ser tú mismo. Ella tuvo que luchar el doble para poder sobrevivir en estos tiempos convulsos, y refugiarse de alguna forma "en el carnaval, el único momento donde podría mostrarse como era". "Se puede aprender muchísimo de su legado, ella sí participó en el primer movimiento que se celebró en año 1973 en Barcelona, Sara participó activamente, fue de las pioneras en esas luchas por ser como eres.", recuerda Entrenas. https://www.eldiadecordoba.es
Por ATA - Sylvia Rivera 16 de febrero de 2026
Hace once años, cuando Ian de la Rosa pensaba en la que podría ser su primera película cuando acabó su proyecto fin de carrera, se le ocurrió que por qué no contar un Romeo y Julieta en Almería, entre los invernaderos que tan poco (y tan estereotipados) ha mostrado el audiovisual español. No sería un Romeo y Julieta normal, sino uno atravesado por conflictos de clase, género y raza. Uno que demostrara que todos esos elementos nos definen y se mezclan aunque la gente quiera negarlo. Uno que reivindicara el amor como fuerza de cambio frente al odio al diferente. Más de diez años después, ese Romeo y Julieta tiene nombre. Se llama Iván y Hadoum y compite en la sección Panorama del Festival de Berlín, el mismo certamen que vio nacer cineastas españoles como Carla Simón, Pilar Palomero o Alauda Ruiz de Azúa. Una película que imagina una historia de amor que no es tóxica, que muestra la precariedad del trabajo en las fábricas de Almería, y que muestra el cuerpo, el deseo y el sexo de un hombre trans como pocas veces el cine lo ha hecho. Ian de la Rosa muestra inteligencia y sensibilidad para crear un nuevo imaginario en ese sentido. “No sé si es una película madura, pero lo hemos intentado”, dice el cineasta a pocas horas de presentar el filme ante el público por primera vez —luego competirá por la Biznaga de Oro en el Festival de Málaga—, y haciéndolo una semana después de que Bad Bunny reivindicara el mismo mensaje que su película, que solo el amor es más fuerte que el odio. Un amor que aquí no es tóxico y se convierte en refugio para Iván, un hombre trans interpretado por Silver Chicón, y Hadoum, una joven de origen marroquí a la que da vida Herminia Loh Moreno. “En esencia esta película va de cómo el amor y el deseo pueden ser y son el motor principal para una revolución que empieza en lo personal”, dice, y ahí apunta otra de las claves de su filme, que cada pequeña decisión, cuenta: “Toda revolución a gran escala empieza por decisiones pequeñas que son personales”.
Por ATA - Sylvia Rivera 13 de febrero de 2026
Advertencia de contenido: este artículo hace referencia a estadísticas sobre tasas de suicidio infantil. El número de menores de 18 años trans que han muerto por suicidio ha aumentado trágicamente en los últimos años, sugiere un nuevo informe condenatorio. Los expertos legales de Good Law Project revelaron en un informe del sábado (7 de febrero) que las muertes por suicidio entre jóvenes trans aumentaron a 22 en Inglaterra entre 2021 y 2022. El número es casi seis veces mayor que las muertes reportadas en 2020-21, según sus datos de libertad de información (FOI), con al menos cuatro jóvenes trans y no binarios en 2020-21. Comparativamente, el número de muertes reportadas se redujo en uno entre 2019-20 y 2020-21. The Good Law Project señaló que el aumento se produjo en medio de la decisión del NHS de Inglaterra de dejar de proporcionar hormonas supresoras de la pubertad a los jóvenes trans. El Good Law Project dijo que después de expresar su preocupación por el creciente número de muertes, Wes Streeting criticó las cifras del grupo y las calificó de “peligrosas”. Agregaron: “La decisión de Wes Streeting de encargar una revisión de los suicidios que minimizó la escala de estas tragedias fue imperdonable. Su informe negó la realidad de las muertes trans, del mismo modo que la prohibición de Streeting sobre los bloqueadores de la pubertad negaba la realidad de las vidas trans”. El medicamento, a menudo llamado bloqueadores de la pubertad, bloquea temporalmente los cambios físicos y emocionales no deseados que trae consigo la pubertad. Organizaciones médicas de todo el mundo, como la Asociación Mundial de Profesionales para la Salud Transgénero (WPATH) o Trans Care BC en Canadá, los describen como seguros, eficaces y potencialmente salvadores de vidas. Actualmente son inaccesibles en el NHS para pacientes trans que no forman parte de un ensayo clínico. Sin embargo, todavía son accesibles para los jóvenes cis para tratar afecciones como la pubertad precoz o temprana. Si bien el fallo finalmente fue derogado, el Servicio Nacional de Salud de Inglaterra se vio obligado una vez más a dejar de recetar bloqueadores de la pubertad después de que el secretario de salud, Wes Streeting, extendiera indefinidamente la prohibición del tratamiento propuesto originalmente por el anterior gobierno conservador en mayo de 2024. Jóvenes trans enfrentan una crisis de salud mental por la prohibición de los bloqueadores de la pubertad Streeting, de 43 años, amplió la prohibición en respuesta a la muy controvertida revisión de la prestación de atención sanitaria para personas trans realizada por la pediatra Dra. Hilary Cass. La revisión fue duramente criticada por activistas y expertos médicos, y muchos argumentaron que tenía fallas metodológicas. Según los datos de FOI del Good Law Project, al menos 10 niños trans se quitaron la vida en 2022-23, al mismo tiempo que los bloqueadores de la pubertad seguían siendo inaccesibles. La Base de Datos Nacional de Mortalidad Infantil (NCMD), financiada por el NHS, que proporcionó los datos, agregó que las cifras reportadas en los últimos años probablemente estén “subestimadas” debido a una mayor proporción de revisiones de muertes infantiles aún incompletas.
Por ATA - Sylvia Rivera 12 de febrero de 2026
La estrella e ícono LGTBI+ Jane Krakowski está hablando en contra de los ataques de la administración de Donald Trump a los jóvenes trans. La siete veces nominada al Premio Emmy, de 57 años, apareció en la Cena del Gran Nueva York 2026 de la Campaña de Derechos Humanos (HRC) el 7 de febrero, donde la organización le otorgó el Premio Aliado por la Igualdad. A lo largo de sus casi cinco décadas de carrera, la actriz se ha pronunciado en apoyo de la comunidad LGBTQ+ en numerosas ocasiones y, en respuesta, se ha ganado un público queer incondicional. Al subir al escenario para aceptar el galardón, Krakowski compartió una conmovedora historia sobre cómo comenzó su defensa LGBTQ+ durante la crisis del SIDA, y expresó su tristeza porque el gobierno continúa “dando la espalda” a las personas LGBTQ+, particularmente a los jóvenes trans. Al comenzar su discurso, Krakowski habló sobre su temprana conexión con la comunidad queer, que comenzó cuando su padre dirigió una producción local del musical Hechizo divino en Nueva Jersey. Estaba “enamorada” del actor que interpretaba a Jesús. “Pensé que había encontrado a Dios. Lo que en realidad encontré fue una atracción temprana y duradera hacia las personas queer y una nueva y emocionante forma de rechazo”, bromeó. “Incluso entonces, antes de que tuviera palabras para expresarlo, me sentí atraída por algo de esta comunidad. La creatividad, la valentía, la negativa a disculparse por ocupar un espacio o expresarse plenamente”, dijo. Su debut en Broadway llegó 1987 con Expreso luz de las estrellas, durante el apogeo de la crisis del SIDA que asfixia a la comunidad queer de Nueva York. “Los amigos se enfermaban, los compañeros de reparto desaparecían de la noche a la mañana. Todos éramos terribles y al gobierno no le importaba… no tenía otra opción que ser una aliada y una defensora para siempre de esta comunidad”, explicó. “Cuando las personas que amas luchan por tus vidas, luchas junto a ellas”. “Una vez más, vivimos tiempos muy aterradores. Aquí estamos, 2026, y el gobierno nuevamente le ha dado la espalda a esta comunidad. Peor aún, la están atacando activamente”, dijo. “Los niños trans están siendo atacados por una legislación diseñada para borrarlos. Se están arrancando libros de los estantes de las bibliotecas. Los discursos de odio están siendo amplificados por quienes están en el poder, alimentando el aumento de los crímenes de odio”, continuó. Desde su regreso a la Casa Blanca en enero pasado, Trump ha promulgado numerosas órdenes legislativas diseñadas para hacer retroceder las libertades de las personas LGBTQ+, en particular de las personas trans. Estas órdenes incluyen restringir la atención médica que afirma el género para jóvenes trans menores de 19 años e impedir que las mujeres y niñas trans compitan en deportes femeninos. Mientras tanto, la lista de los libros más prohibidos en Estados Unidos sigue destacando autores e historias LGBTQ+. Precisamente el 10 de febrero, Trump ordenó que se retirara la bandera del Orgullo del Monumento Nacional Stonewall en Nueva York, provocando indignación. “Estoy viendo a esta comunidad responder con el mismo desafío, con la misma solidaridad y la misma insistencia en ser visto que presencié por primera vez hace tantos años”, dijo Krakowski. “Se negaron a guardar silencio cuando el gobierno les dio la espalda. Se negaron a esconderse cuando el mundo les dijo que se avergonzaran. Se negaron a dejar de hacer arte, hacer historia y hacer que sus vidas fueran plenas y ruidosas”. La ganadora del premio Tony pasó a llamar a sus compañeros famosos aliados para que hablen en nombre de la comunidad. “Para aquellos de nosotros que nos hemos beneficiado de esta comunidad, y es decir, cada uno de nosotros, ahora es el momento de presentarnos”, instó entre los aplausos de la audiencia. https://www.sentidog.com
Por ATA - Sylvia Rivera 11 de febrero de 2026
Un evento significativo ha sacudido la comunidad LGBTQ+ en Nueva York, tras la remoción silenciosa de una gran bandera del orgullo de la plaza del Monumento Nacional Stonewall, el 9 de febrero de 2026. Este acto, derivado de una directiva del gobierno de Trump, se considera un nuevo golpe a los derechos de esta comunidad, que ha enfrentado diversos desafíos en los últimos años. El Monumento Nacional Stonewall no es solo un punto de interés turístico en Manhattan; es un símbolo fundamental del movimiento por los derechos LGTBI+ en Estados Unidos, recordando la revuelta de 1969 que marcó el inicio de una lucha sostenida por la igualdad. Designado monumento nacional por el entonces presidente Barack Obama en 2016, el sitio incluye el famoso Stonewall Inn y Christopher Park, donde se desarrollaron protestas históricas lideradas por mujeres trans racializadas contra la brutalidad policial. La National Park Service (NPS), responsable del Monumento, anunció que la bandera fue retirada “en cumplimiento con un nuevo orden del gobierno” que restringe las banderas que pueden ondear en sus instalaciones. Según esta guía emitida en enero, solo se permiten la bandera estadounidense y otras aprobadas a nivel congresional o departamental, lo que deja a la bandera del orgullo fuera de lugar en este espacio emblemático. La eliminación de esta bandera se produce en un contexto ya tenso; hace un año, la NPS había enfrentado críticas por eliminar menciones de personas queer y trans de su sitio web, lo que generó indignación entre activistas. Esta situación se ha intensificado con la reciente acción de retirar la bandera más reconocible de apoyo a la comunidad LGBTQ+, generando reacciones de alarma entre los visitantes. “Esto se siente como un paso más en una serie de ataques”, expresó Alex, un residente local y visitante del parque. Las declaraciones de apoyo y resistencia han surgido de diversas partes. Brad Hoylman-Sigal, presidente de Manhattan, ha declarado su oposición a la decisión de la NPS y se ha comprometido a luchar para que la bandera del orgullo ondee nuevamente en el Monumento Nacional. A lo largo del día de la remoción, decenas de visitantes expresaron su descontento, refiriéndose a la acción como “disgustante” y “lgtbifóbica”, y destacando la importancia de honrar la historia y las luchas de la comunidad LGBTQ+ en este sitio. En un trasfondo de políticas regresivas, el expresidente Trump ha impulsado, desde su segundo mandato, decisiones que han perjudicado los derechos de las personas LGBTQ+, como la prohibición de la participación de atletas trans en deportes femeninos y restricciones a la atención médica para jóvenes trans. Este contexto ha llevado a activistas y defensores a considerar la remoción de la bandera del orgullo como un avance preocupante en una narrativa más amplia de opresión. Mientras tanto, el debate por los derechos LGBTQ+ continúa, y muchos se preguntan cómo este evento influenciará el futuro de los espacios dedicados a la comunidad en lo que lleva siendo una lucha histórica. Lo que está claro es que la bandera del orgullo, un símbolo de resistencia y amor, sigue siendo un faro para muchos, aun frente a los obstáculos que persisten. https://columnadigital.com