El armario y las personas trans

ATA - Sylvia Rivera • 11 de enero de 2021

Cuando empecé a hacer activismo lo hice convencida de la importancia de hacer un mundo mejor, pero también siendo consciente de que me arriesgaba a pagar un precio por ello. Ningún cambio sale gratis, todos se consiguen con sacrificio y también, lamentablemente, con sufrimiento personal.

Dado que cada día estoy más firmemente convencida de que lo personal es político, hoy quiero hablarles de un tema que han usado contra mí muy a menudo y que admito que me resulta doloroso, y es el tema del armario.

Ser una persona trans en una sociedad cisexista no es fácil. Ser una persona trans no binaria como realidad aún menos conocida y validada, tampoco lo es. Pero decidir visibilizarte como una persona trans antes de decidir hacer un tránsito, ya sea físico o de expresión de género, supone exponerte a una violencia muy grande. No me arrepiento de haber decidido hacer este activismo, creo que las personas trans que deciden no transitar necesitan tener referentes y que alguien les reconozca públicamente que su identidad es válida. Pero el cisexismo es muy violento en su defensa de que ciertas expresiones de género solo pueden vincularse a ciertas identidades.

Nadie es más o menos trans por transitar. Básicamente porque las personas trans siempre descubren o comprenden su identidad antes de iniciar el tránsito. No son trans por haber transitado, transitan porque son trans. Y si no transitan, lo siguen siendo.

Los motivos que las personas trans podemos tener para no transitar son muchos y variados. La intersección de privilegios y opresiones (esa que las terfs niegan al decir que solo existe una opresión, la de los genitales de nacimiento) genera configuraciones muy distintas, y no en todas es posible o lo más deseable iniciar un tránsito. Pero las decisiones que una persona tome no cambian su identidad, ni cambian el que esta coincida o no con la asignada al nacer. Lo que cambian es su estar en el mundo y la forma en la que el mundo se relacionará con esa persona.

Toda persona LGTB sabe que el armario es un instrumento de opresión cisheteropatriarcal que busca invisibilizar nuestra existencia y negarnos nuestra dignidad. Pero a la vez, todes sabemos que puede ser un instrumento para afrontar la violencia. En una sociedad profundamente LGTBfóbica, el armario puede ser un recurso para pasar inadvertide y escapar de la violencia. Y yo nunca voy a juzgar las estrategias de supervivencia de nadie, si no dañan a terceras personas.

La mayoría de las personas trans recurren al armario durante muchos años hasta que reúnen el valor para contarlo en su entorno, transitar e intentar alcanzar el cispassing lo antes posible (que nadie note que son personas trans). Por el simple hecho de que cuanto más tiempo seas visiblemente reconocida como una persona trans, más te arriesgas a sufrir la violencia -ya sea física, verbal, simbólica o de tantos otros tipos- que todes, quienes conocemos a personas trans, sabemos que se sufre. Sin embargo, algunas personas nos visibilizamos antes de decidir hacer tránsitos y eso nos pone en una situación diferente, porque podemos armarizarnos en ciertas situaciones.

Yo he recurrido y recurro al armario en ocasiones. Estudié derecho, un campo de trabajo bastante conservador, y tanto mientras ejercía como autónoma en los juzgados como ahora, que me he mudado recientemente para trabajar en un pueblo de 5.400 habitantes, me he armarizado en mi entorno laboral. Algo que, por cierto, han hecho o hacen siete de cada diez personas LGTB, según la encuesta de la FRA (Agencia de los Derechos Fundamentales de la Unión Europea), lo que demuestra la insuficiencia de las leyes que deberían protegernos. No me siento orgullosa de ello, pero tampoco voy a flagelarme por intentar subsistir en una economía capitalista.

A mí nadie me ha dado “paguitas” públicas, aunque muchas TERF reconocidas me hayan difamado diciéndolo, y si tengo que armarizarme para subsistir, lo haré. También me he armarizado en ciertos contextos sociales, como frente a ciertas personas de mi familia (tengo curiosidad por saber si dejarán de burlarse de mi por visibilizar que tengo un trastorno de la conducta alimentaria antes de empezar a burlarse de mis malas relaciones familiares o combinarán ambas muestras de debate respetuoso). En realidad, cuando lasTERF intentan poner en duda mi identidad publicitando que me armarizo en el trabajo, lo único que hacen es dar visibilidad a la demanda de leyes que nos protejan de tener que armarizarnos en el trabajo. A este fenómeno las millenials lo conocemos por “está tan confuso que se ha herido a sí mismo”.

No hace falta ser una persona LGTB para saber que el armario ni es inocuo ni sale gratis. Está más que demostrado, y cualquiera con formación en psicología lo sabe, que tiene consecuencias nefastas sobre la autoestima y el bienestar emocional en general. Es una de las cosas, junto con la LGTBfobia que sufrimos, que más lastra la salud mental del colectivo LGTB. Pero si el armario sigue existiendo es porque seguimos teniendo una sociedad tan violenta con las personas LGTB que en ocasiones tenemos que ocultarnos para sobrevivir.

Este texto no va dirigido a las TERF. A la gente que lleva casi un año acosándome en redes por los pronombres que siento como propios sé que no puedo apelar a su empatía ni a su razón, porque soy el enemigo a destruir para ellas y harán cualquier cosa para lograrlo.

Esto va dirigido a todas esas personas trans que aún no han decidido transitar y están en el armario. Ustedes no son cobardes. Ustedes no son traidoras. Ustedes son personas que viven en una sociedad que les rechaza y están intentando salir adelante. No dejen nunca que nadie les haga sentir mal por intentar vivir vidas más felices y dignas de ser vividas sin hacer daño a nadie en el proceso.

La rueda del odio está en marcha, pero no es nada que no hayamos resistido antes como comunidad. Llegará el día en que romperemos todos los armarios y prometo que lucharé por ello mientras me queden fuerzas. Hasta entonces, también haré mi mejor esfuerzo para, como ustedes, seguir resistiendo. Porque para nosotras, resistir es vencer y conseguir ser felices, un acto revolucionario.

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