Desconocimiento, malas prácticas e inquietud: las dificultades de las personas trans que congelan óvulos o esperma

Mar Cambrollé Jurado • 18 de julio de 2024

El tratamiento hormonal puede reducir la fertilidad, por lo que algunas personas trans dedicen congelar gametos antes para no cerrarse puertas de cara al futuro, sin embargo, el proceso transcurre en ocasiones con algunas trabas

Un día de verano del año pasado, Laura llegó a la consulta de endocrinología. La exploración de su género le había llevado a afirmarse como mujer trans y a decidir empezar un tratamiento hormonal con estrógenos. Antes de acudir al hospital hizo su propia investigación sobre qué esperar y qué no de la hormonación y descubrió que el tratamiento conllevaría probablemente esterilidad. Las hormonas, que tanto necesitaba, la privarían de tener descendencia biológica a ella, que siempre había querido tenerla. Esto la descorazonó, pero su endocrino reavivó sus esperanzas: informó a Laura de que la sanidad pública contempla el derecho a congelar gametos para personas trans que van a iniciar un tratamiento hormonal.

El consentimiento informado para la terapia hormonal feminizante avisa de que “puede ocurrir esterilidad permanente tras 6 meses del uso de estrógenos”. La clave aquí es el “puede”: la hormonación no es sinónimo de esterilidad —y esta no tiene por qué ser irreversible si se suspende la administración de testosterona u estrógenos—, pero, como sí es una consecuencia probable, las propias personas trans lo tienen en cuenta de cara a su planificación vital. Por eso, es común que gran parte se plantee congelar esperma u ovocitos antes de tomar las hormonas.

El derecho a la vitrificación de material reproductivo para personas trans en España empezó a dar sus primeros pasos de la mano de las leyes trans autonómicas desde mediados de la década pasada. Las personas trans tenían derecho a congelar sus gametos dependiendo de la autonomía donde residiesen hasta finales de 2021, cuando el Ministerio de Sanidad añadió este procedimiento a la cartera de servicios comunes del Sistema Nacional de Salud. Para acceder a la criopreservación, los requisitos son que el personal médico indique el tratamiento y que exista un riesgo para la capacidad reproductiva —como es el caso del tratamiento hormonal—, explica el Ministerio.

A partir de ahí, el procedimiento concreto para congelar esperma u ovocitos depende de cada autonomía. En la Comunidad de Madrid se debe acudir a Atención Primaria para iniciar el proceso, según explica la Consejería de Sanidad. Desde el centro de salud se remite a la unidad hospitalaria de referencia. La primera cita tiene lugar en 50 y 60 días después y no hay priorización para personas trans, “pero dada su naturaleza se procede en consecuencia”. Estos tiempos no siempre se cumplen: Nuria Asenjo, psicóloga de la Unidad de Transexualidad e Intersexualidad (UTI) del Hospital Ramón y Cajal, afirma que la lista de espera para congelar esperma es de unos dos meses, pero la de óvulos es “más larga”. “Algunos de mis pacientes se ‘arrepienten’ —remarca las comillas— de la decisión si ven que el proceso va bastante lento”, asegura.

No se puede saber cuántas personas trans hacen uso del derecho a la criopreservación porque la lista de espera no está desglosada, pero una enfermera de la Unidad de Reproducción Humana del Hospital Gregorio Marañón de Madrid que prefiere no revelar su identidad ofrece una aproximación. El suyo es uno de los pocos centros públicos que hacen este proceso en la comunidad, y estima que tratan a dos o tres pacientes trans al mes. Se trata de hombres y mujeres en igual proporción, jóvenes, y en los tres años que ella lleva trabajando en la unidad, solo han tenido “dos o tres” casos de personas que acudan para utilizar material previamente congelado. “Lo usan [el material reproductivo] poco porque son muy jóvenes”, especula. Tienen margen para utilizarlo: en la pública, los ovocitos se pueden usar hasta los 50 años o antes de la menopausia; los espermatozoides se pueden retirar hasta los 55 años. Se preservan hasta el máximo de edad o desistimiento de la persona, y se pueden trasladar a un banco privado si se pide.

Para reducir la disforia en el proceso, la doctora Peñarrubia recomienda “un entorno clínico favorable”. Para crearlo, aconseja utilizar los pronombres de la persona, mostrar “sensibilidad contextual y empatía” y usar términos sin carga de género (sangrado en vez de menstruación, examen pélvico en lugar de examen ginecológico, etc.). Y la posibilidad de acudir a terapia en salud mental en el sistema público, añade Charlie, que ironiza que tuvo “muchos análisis de sangre, pero cero acompañamientos psicológicos”. No solo por la disforia, sino por el “síndrome premenstrual multiplicado” del proceso de estimulación ovárica: subidas y bajadas de ánimo, mucha falta de energía y picos de alegría y tristeza, explica.

Las listas de espera son un obstáculo contra el que no se puede hacer sino armarse de paciencia... o acudir a la sanidad privada, quien pueda. Al respecto se pronuncia Mar Cambrollé, presidenta de Plataforma Trans: muchos derechos para las personas trans, y el de congelar gametos en concreto, quedan en un “brindis al sol” por la “falta de agilidad” de la sanidad pública, denuncia. La asociación que preside ha solicitado una reunión con el Ministerio de Sanidad para abordar este problema, pero no ha obtenido respuesta a fecha de publicación de este reportaje.

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