De la prostitución a trabajar en un hotel: una oportunidad para personas trans, gracias a ATA - Sylvia Rivera
ATA - Sylvia Rivera • 3 de septiembre de 2024
"Antes estaba prosituyéndome en Ámsterdam, en algunas carreteras...", afirma una de las trabajadoras.
Después de estar más de 30 años en situación de prostitución y de encontrarse sistemáticamente cerradas las puertas del mercado laboral, Nuria, una mujer trans de 48 años, ha encontrado trabajo como limpiadora en un hotel de Torremolinos en el que, como otras siete chicas de su colectivo, ahora puede crecer laboralmente.
Desde una suite del hotel Ritual, con paredes y muebles rosados y una cama frente al mar, Nuria Román cuenta en una entrevista con EFE que hasta conseguir este empleo ha tenido que "luchar" mucho para hacerse un hueco en un entorno profesional sin apenas personas 'trans', colectivo que sufre una tasa de desempleo del 80 %, según datos de UGT.
Nuria explica las desagradables situaciones a las que ha tenido que hacer frente estos años, como comentarios de desprecio o miradas a su cuerpo "de arriba a abajo". En la mayoría de ocasiones, ni siquiera la han llamado para decirle que no le daban un empleo.
"A pesar de intentarlo no me han dado la oportunidad de desarrollarme ni en un oficio. Se me ha ido el tiempo, se me han pasado los años y ahora, con 48, ¿qué voy a hacer?", se pregunta.
Poder demostrar su valía
Al igual que Nuria, su compañera Aroha Barnés afirma que le ha ido "fatal" en el mundo laboral y que ha tenido que convivir con muchas "malas miradas", quejas a sus superiores y ser ella el tema de conversación constante en los bares y pubs en los que ha trabajado.
Cuenta que también ha tenido empleos en locales nocturnos como bailarina y camarera, pero que "gracias a Dios" ha encontrado trabajo en el hotel Ritual, enfocado al público LGTBI, donde empezó en febrero. Además de tratarla "muy bien", asegura, puede ser ella misma y no es necesario que vaya maquillada.
"Mi experiencia ha sido un poco dura porque, de estar acostumbrada a que te rechacen y no sepan de nosotras, a haber encontrado este trabajo... Mis compañeras y yo estamos super encantadas de poder vernos de cara al público y hacer aquello a lo que nos hemos querido dedicar", comenta Aroha, que trabaja como camarera en este hotel de la Costa del Sol que reserva un 10 % de los contratos para personas trans.
Como confirma Nuria, ella también se siente muy agradecida porque ha pasado de trabajar en la noche o "escondida" en cocinas o almacenes, a desarrollar un trabajo de cara al público.
"Antes estaba prosituyéndome en Ámsterdam, en algunas carreteras... Pero esto ya es un trabajo de riesgo. No es como antes porque los hombres están muy peligrosos, vienen muy agresivos, borrachos, drogados... Y la verdad es que me da miedo. Pero aquí me siento muy bien porque he encontrado gente que ha apostado por mí y me valora", relata.
Según detalla, siente que ha encontrado una familia que nunca tuvo y, después de atravesar etapas en las que ha sentido una soledad profunda, ahora está "feliz" y "contenta" por poder "demostrar su labor" y valía.
El compromiso de un hotel
El director general de Ritual Hoteles, Javier Merino, explica a EFE que en 2020 firmaron un acuerdo con la Asociación Trans de Andalucía (ATA) y se comprometieron a reservar al menos un 10 % de las contrataciones para este colectivo.
"Lo hicimos para dignificar un poco su vida laboral y social, porque muchas vienen de una vida de la noche o del espectáculo en la cual no están lo más reconocidas posible. Nosotros siempre hemos luchado por un trabajo digno en el cual tengan su nómina, sus beneficios laborales, jornada, etcétera", detalla.
El directivo explica que decidieron adoptar esta medida para devolver a la sociedad el beneficio que consiguieron al abrir esta cadena de hoteles. Actualmente tienen en sus alojamientos a 14 personas trans trabajando: cuatro en Sevilla, dos en El Palmar (Cádiz) y ocho en Málaga.
Indica que si no tienen experiencia para el puesto que van a desarrollar les ofrecen formación y que una vez que empiezan el empleo son grandes trabajadoras y "un volcán".
"La verdad es que estamos encantados. Todos los hoteles deberían hacerlo por concienciación social, porque son personas completamente iguales pero que les cuesta más que les normalicen su puesto de trabajo", asegura Javier.
Hacia la plena inclusión
Otra de las mujeres trans que trabaja en los Hoteles Ritual es Lara Sajen, bailarina, cantante y diseñadora argentina conocida por participar en programas de televisión como 'Supervivientes' o 'Maestros de la costura'.
Como subraya Javier Merino, ella es la directora del Hotel Ritual El Palmar, algo que tilda de "orgullo" al haber podido ascender hasta un puesto directivo.
Sin embargo, según lamenta Nuria Román, no es algo habitual: "Para mí, visibilidad trans o LGTBI es que por ejemplo te montes en un autobús o vayas a Correos y te reciba una persona del colectivo... Es decir, que haya en todos los puestos de trabajo, no solo en limpieza y cocina".
Concluye que aún queda mucho camino por recorrer para alcanzar esta inclusión y que las personas trans puedan acceder en igualdad de condiciones al mercado laboral.
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Barcelona, octubre de 1991. España todavía está entrando en los años 90, a unos meses de los Juegos Olímpicos. La ciudad intenta proyectar modernidad, apertura, libertad. Pero, en una glorieta del parque de la Ciutadella, un grupo de jóvenes neonazis encuentra a varias personas sin hogar descansando bajo unas mantas. Entre ellas hay una mujer trans de 45 años, Sonia Rescalvo. Pocos minutos después sería asesinada a golpes, patadas y barras metálicas, y otras dos personas resultarían gravemente heridas con secuelas permanentes. Y aunque entonces casi nadie lo sabía, aquel crimen iba a cambiar para siempre la manera en que la justicia española entendería los delitos de odio. ¿Quién era Sonia? Sonia Rescalvo nació en Cuenca en 1965. Y como muchísimas personas trans de su generación, tuvo que marcharse de su entorno para poder vivir su identidad. En la actualidad, usamos una palabra muy potente para eso: sexilio. Y Barcelona en aquella época, con todas sus contradicciones, era uno de los pocos lugares donde una persona trans podía intentar construir una vida con algo más de libertad. Sonia trabajó como vedette durante un tiempo, pero la realidad terminó golpeándola muy duro entre adicciones, prostitución y pobreza extrema. Una vulnerabilidad que la convertiría en un claro objetivo. La noche de los hechos El 5 de octubre de 1991, un grupo de jóvenes skinheads pasaba la noche por distintos bares de Barcelona, y sobre las tres y media de la madrugada entraron en el parque de la Ciutadella. Allí llegan a una glorieta donde duermen varias personas sin hogar tapadas con mantas y empiezan a hacer ruido. Sonia y otra persona les dicen algo muy sencillo: que los dejen dormir. En ese momento, se desencadena lo peor. Los agresores se dan cuenta de que quienes están allí son homosexuales y personas trans, y uno de ellos utiliza la expresión “subir a tocar el tambor”, que en su argot significaba golpear brutalmente la cabeza de alguien en manada. Los agresores comenzaron a patear sus cabezas y tórax, hasta que Sonia perdió el conocimiento. Seguidamente, uno de los neonazis comprobó si alguna de las víctimas seguía respirando, para acto seguido acabar con su vida. Un antes y un después en la justicia española El caso Sonia obligó a la justicia española a hacerse una pregunta distinta. Hasta entonces muchas investigaciones se centraban exclusivamente en: quién golpeó, quién mató o quién llevaba el arma. Pero este crimen obligó a preguntarse algo mucho más profundo: ¿por qué eligieron precisamente a esa víctima? Porque ella no fue asesinada al azar. Era una mujer trans, era pobre y dormía en la calle. En definitiva, era vulnerable. La agresión no solo buscaba matarla sino mandar un mensaje de exclusión y de odio a todo un colectivo. Los errores en la construcción del caso El problema estructural en este caso radica en que no se contemplara el motivo discriminatorio en el actuar criminal. Muchas veces, el problema aparece al principio, en cómo se mira el crimen. Con Sonia ocurrió algo peligrosísimo: se empezó investigar como una agresión salvaje de jóvenes violentos, pero no con toda la intensidad necesaria como una posible agresión selectiva contra personas vulnerables. Afortunadamente, el Mosso d’Esquadra Joan Carles Molinero Juncà, se hizo cargo de esa investigación y la impulsó de forma moderna y profesional, pero voluntarista. Y eso condiciona todo. Porque, si desde el primer momento no incorporas la discriminación como hipótesis, el odio puede desaparecer del procedimiento aunque sea el núcleo del crimen. La importancia del fiscal especialista en delitos de odio Hay quien piensa que un fiscal solo aparece en el juicio. Y no. Hay fiscales revisando denuncias, monitorizando procedimientos, intentando detectar motivaciones discriminatorias que a veces ni siquiera aparecen claramente descritas en el atestado inicial por razones ajenas a los policías. Esta labor exige formación, sensibilidad y muchísimo compromiso humano. Y a pesar del esfuerzo, su ánimo no decae. Saben que detrás de cada denuncia hay una persona que muchas veces llega rota, con miedo, con vergüenza o con sensación de que nadie le va a creer. Y ahí, el papel del fiscal es estrictamente necesario. La realidad de las mujeres trans en la actualidad En unas jornadas recientes en la Fiscalía, se analizó el asesinato de Sonia, con la oportunidad de conversar y aprender de Sofía, Judith y Marina, mujeres trans con increíbles reflexiones e historias a sus espaldas. No hablaron desde el resentimiento, pero también desde la dignidad, reivindicando algo tan simple como su derecho a existir, a vivir tranquilas y a no tener miedo. Un testimonio que recuerda que la discriminación y la transfobia no conceptos abstractos. Detrás de ellas hay seres humanos, y la dignidad humana, no se debate. ¿Acabarán algún día este tipo de crímenes? El fiscal asegura que el problema no ha desaparecido, sino que ha cambiado de forma. A día de hoy tenemos mejores leyes y mayor formación, pero siguen existiendo discursos de deshumanización que se amparan en era de la desinformación. Hay que recalcar dos ideas fundamentales: 1. Los delitos de odio no castigan ideas, castigan conductas que lesionan derechos fundamentales en un contexto discriminatorio. 2. Los discursos de odio sí son peligrosos por sí mismos, porque reducen las barreras frente a la violencia. Cuando conviertes constantemente a un colectivo en amenaza, acabas facilitando que alguien crea legítimo atacarlo. Y por eso recordar a Sonia no es mirar al pasado. Es preguntarnos qué sociedad queremos ser, si una sociedad donde determinadas personas tengan miedo de existir, o una capaz de proteger la dignidad de todos. Martín reafirma que la dignidad humana no puede depender ni de la identidad, ni de la orientación sexual, ni del aspecto físico, ni de la pobreza, ni de la vulnerabilidad. Porque, es para todos, o al final no será para nadie. https://cadenaser.com

María Cortés renovó el DNI en el año 2024 con su nuevo nombre y sexo, pero el Ayuntamiento de Dos Hermanas no remitió la información a la Oficina del Censo Electoral, por lo que su tarjeta no es correcta para las elecciones del domingo en Andalucía. El Consistorio alega que la ciudadana no actualizó el padrón, pero hace un año inició los trámites para modificar esos datos.

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