Cispassing: el falso privilegio que refuerza la violencia cisnormativa
El “cispassing” impone estándares cisnormativos sobre las personas trans y refuerza violencias de género.


Sin embargo, no todo en la búsqueda implicó expresión y liberación, también se reforzó la idea de que las mujeres trans debían “pasar” por mujeres cis es decir, adecuarse a las normas de feminidad impuestas por la mirada hegemónica.
Aquí es donde entra en juego el concepto de realness, una categoría que hace referencia a la capacidad de una persona para “pasar” o ser percibida como si perteneciera a un determinado grupo de identidad de género o clase social sin que su pertenencia sea cuestionada.
En su origen, el realness funcionó como una forma de supervivencia y resistencia frente a la violencia estructural, pues para muchas personas trans y racializadas, “pasar” significaba protegerse del estigma, la pobreza y la exclusión, explica Santillán.
La violencia detrás del cispassing
De acuerdo con la Encuesta 2024 sobre la Salud Mental de las Juventudes LGBTQ+ en México, liderada por The Trevor Project, 67% de las juventudes trans llegaron a tener ideas suicidas. Esto significa que aproximadamente dos de cada tres personas trans consideraron el suicidio el año pasado.
Es crucial señalar que ser una persona trans o LGBTQ+ no crea precisamente estas ideas, lo que las crea son las violencias estructurales que perpetúa la sociedad en contra de esta minoría. Estas cifras están directamente relacionadas con la presión impuesta sobre los cuerpos de las personas de la comunidad LGBTQ+, especialmente de las mujeres trans y, por ende, con factores de estrés emocional debido a la presión social.

La consecuencia más directa del cispassing es que mide el nivel de entrada al mundo cis heterosexual y, por lo tanto, determina el nivel de discriminación y rechazo social que enfrentará una persona trans.
Fuera de la comunidad trans, se perpetúan muchísimas violencias, como la negación de dinero, el alimento, la familia, el trabajo y el hogar. La sociedad tiende a negar y castigar a las personas trans.
Aunque, la violencia que se entrelaza con el cispassing no siempre es exclusiva de los lugares cis heteronormados, también puede replicarse dentro de la misma comunidad trans.
La activista, filosofa y escritora, Mikaelah Drullard explica en Del cispassing al transpassing: las travas no le debemos “passing” a nadie, que: “El privilegio cis solo funciona cuando la persona que lo vive está conforme con su género, es decir, no es disidencia en relación a la norma y no vive un malestar por vivirse como se le obliga a ser o el contexto espera que sea” y que en ciertos espacios, “mientras más cispassing tengas, más legitimidad tienes para llamarte mujer trans. (...) se está replicando el discurso terf que sostiene que el sujeto del feminismo es la mujer cis y por más que transites no hay forma de subsanar el hecho de que viviste como hombre, porque lo que legitima a la mujer cis como sujeto del feminismo es su esencialismo biológico”.
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