Brasil registra mayor cifra de transfeminicidios en un año
ATA - Sylvia Rivera • 2 de febrero de 2022

En el primer semestre de 2021, 89 personas trans fueron asesinadas según Antra. | Foto: Latfem
Brasil sigue siendo el país más inseguro para las personas trans, pues resultó por decimotercera vez consecutiva el primero en reportar la mayor cifra de transfeminicidios en un año con 125, según el informe de la organización Transgender Europe (TGEU).
El 70 por ciento de todos los asesinatos registrados tuvo lugar en América del Sur y Central, con un 33 por ciento en Brasil, lo que equivale a un total de 125 asesinatos, seguido por México con 65 muertes y por Estados Unidos, con 53. Por su parte, la Asociación Nacional de Travestis y Transexuales (ANTRA) de Brasil reportó solo en 2020, 175 transfeminicidios y mapeó 80 decesos en el primer semestre de 2021.
El reporte de la entidad europea mostró que la cifra de asesinatos de mujeres trans y travestis en el mundo entre el 1 de octubre de 2020 y el 30 de septiembre de 2021 ascendió a 375 asesinatos, la más alta registrada desde el 2008, cuando comenzaron a publicar dichas estadísticas. Otro de los datos presentados por la organización constata que en los últimos 13 años, al menos 4.042 personas trans y género diversas fueron asesinadas entre enero de 2008 y septiembre de 2021.
Asimismo el 58 por ciento de las personas trans asesinadas cuya profesión se conocía eran trabajadoras sexuales, según las cifras publicadas por la organización, la cual también señaló que el 96 por ciento de las personas asesinadas en todo el mundo eran mujeres trans. Mientras, la edad promedio de las personas asesinadas es de 30 años (la más joven tenía 13 años, y la mayor edad, 68 años); el 36 por ciento de los homicidios ocurrieron en la calle, y 24 puntos porcentuales ocurrieron en sus propios domicilios. El proyecto indicó también que las cifras reportadas en 2021 representan un siete por ciento más que las publicadas en 2020. De igual manera otros datos constataron que hubo por vez primera un registro en Grecia, Kazajstán y Malaui.
Transgender Europe en su informe publicado valoró que “los datos indican una tendencia preocupante en lo referente a las intersecciones entre misoginia, racismo, xenofobia y el odio hacia las trabajadoras sexuales, siendo la mayoría de las víctimas mujeres trans negras y de color, migrantes y trabajadoras sexuales”.
Otros datos de Brasil
En el primer semestre de 2021, unas 89 personas trans fueron asesinadas según la Asociación Nacional de Travestis y Transexuales (Antra) de Brasil, y en este período Antra también registró 33 intentos de asesinato y 27 violaciones de derechos humanos contra esta población.
Los datos ofrecidos muestran que el 80 por ciento de los casos fue catalogado como cruel porque hubo prácticas como la carbonización, lapidación y decapitación. Los datos ofrecidos indican además que el transfemicidio en el país se cruza con las categorías de clase y la raza.
Por su parte el coordinador de la Revista Estudos Transviades y del Instituto Brasileño Transmasculinidades ( IBRAT), Kaio de Souza Lemos, expresó que la falta de informes policiales convierte la transfobia en un crimen invisible, lo que dificulta mapear las políticas públicas.
En octubre de 2021, el medio de comunicación Jornal Hoje realizó una investigación donde solicitó el número de casos de homofobia y transfobia registrados en las comisarías de todos los estados del país, a través de las secretarías estatales de seguridad pública mediante la Ley de Acceso a la Información (LAI).
Dicho análisis mostró que solo 15 estados y el Distrito Federal reportaron las cifras, 10 estados dijeron que sus sistemas no les permiten conocer sus propias estadísticas sobre estos delitos, y el estado de Santa Catarina dio una respuesta no concluyente. Esto fue constatado además por la plataforma comunicativa Brasil de Fato.
Por otro lado, la psicóloga y activista trans negra, Gilmara Cunha, valoró que la mujer trans negra no es reconocida y, en la favela, la vulnerabilidad es aún mayor. “La favela es un espacio donde se reproduce el machismo, la transfobia y el prejuicio. Si ya no se cuantifica con precisión el número de mujeres trans muertas, en las favelas controladas por las drogas, es aún peor”, remarcó Gilmara Cunha.
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Barcelona, octubre de 1991. España todavía está entrando en los años 90, a unos meses de los Juegos Olímpicos. La ciudad intenta proyectar modernidad, apertura, libertad. Pero, en una glorieta del parque de la Ciutadella, un grupo de jóvenes neonazis encuentra a varias personas sin hogar descansando bajo unas mantas. Entre ellas hay una mujer trans de 45 años, Sonia Rescalvo. Pocos minutos después sería asesinada a golpes, patadas y barras metálicas, y otras dos personas resultarían gravemente heridas con secuelas permanentes. Y aunque entonces casi nadie lo sabía, aquel crimen iba a cambiar para siempre la manera en que la justicia española entendería los delitos de odio. ¿Quién era Sonia? Sonia Rescalvo nació en Cuenca en 1965. Y como muchísimas personas trans de su generación, tuvo que marcharse de su entorno para poder vivir su identidad. En la actualidad, usamos una palabra muy potente para eso: sexilio. Y Barcelona en aquella época, con todas sus contradicciones, era uno de los pocos lugares donde una persona trans podía intentar construir una vida con algo más de libertad. Sonia trabajó como vedette durante un tiempo, pero la realidad terminó golpeándola muy duro entre adicciones, prostitución y pobreza extrema. Una vulnerabilidad que la convertiría en un claro objetivo. La noche de los hechos El 5 de octubre de 1991, un grupo de jóvenes skinheads pasaba la noche por distintos bares de Barcelona, y sobre las tres y media de la madrugada entraron en el parque de la Ciutadella. Allí llegan a una glorieta donde duermen varias personas sin hogar tapadas con mantas y empiezan a hacer ruido. Sonia y otra persona les dicen algo muy sencillo: que los dejen dormir. En ese momento, se desencadena lo peor. Los agresores se dan cuenta de que quienes están allí son homosexuales y personas trans, y uno de ellos utiliza la expresión “subir a tocar el tambor”, que en su argot significaba golpear brutalmente la cabeza de alguien en manada. Los agresores comenzaron a patear sus cabezas y tórax, hasta que Sonia perdió el conocimiento. Seguidamente, uno de los neonazis comprobó si alguna de las víctimas seguía respirando, para acto seguido acabar con su vida. Un antes y un después en la justicia española El caso Sonia obligó a la justicia española a hacerse una pregunta distinta. Hasta entonces muchas investigaciones se centraban exclusivamente en: quién golpeó, quién mató o quién llevaba el arma. Pero este crimen obligó a preguntarse algo mucho más profundo: ¿por qué eligieron precisamente a esa víctima? Porque ella no fue asesinada al azar. Era una mujer trans, era pobre y dormía en la calle. En definitiva, era vulnerable. La agresión no solo buscaba matarla sino mandar un mensaje de exclusión y de odio a todo un colectivo. Los errores en la construcción del caso El problema estructural en este caso radica en que no se contemplara el motivo discriminatorio en el actuar criminal. Muchas veces, el problema aparece al principio, en cómo se mira el crimen. Con Sonia ocurrió algo peligrosísimo: se empezó investigar como una agresión salvaje de jóvenes violentos, pero no con toda la intensidad necesaria como una posible agresión selectiva contra personas vulnerables. Afortunadamente, el Mosso d’Esquadra Joan Carles Molinero Juncà, se hizo cargo de esa investigación y la impulsó de forma moderna y profesional, pero voluntarista. Y eso condiciona todo. Porque, si desde el primer momento no incorporas la discriminación como hipótesis, el odio puede desaparecer del procedimiento aunque sea el núcleo del crimen. La importancia del fiscal especialista en delitos de odio Hay quien piensa que un fiscal solo aparece en el juicio. Y no. Hay fiscales revisando denuncias, monitorizando procedimientos, intentando detectar motivaciones discriminatorias que a veces ni siquiera aparecen claramente descritas en el atestado inicial por razones ajenas a los policías. Esta labor exige formación, sensibilidad y muchísimo compromiso humano. Y a pesar del esfuerzo, su ánimo no decae. Saben que detrás de cada denuncia hay una persona que muchas veces llega rota, con miedo, con vergüenza o con sensación de que nadie le va a creer. Y ahí, el papel del fiscal es estrictamente necesario. La realidad de las mujeres trans en la actualidad En unas jornadas recientes en la Fiscalía, se analizó el asesinato de Sonia, con la oportunidad de conversar y aprender de Sofía, Judith y Marina, mujeres trans con increíbles reflexiones e historias a sus espaldas. No hablaron desde el resentimiento, pero también desde la dignidad, reivindicando algo tan simple como su derecho a existir, a vivir tranquilas y a no tener miedo. Un testimonio que recuerda que la discriminación y la transfobia no conceptos abstractos. Detrás de ellas hay seres humanos, y la dignidad humana, no se debate. ¿Acabarán algún día este tipo de crímenes? El fiscal asegura que el problema no ha desaparecido, sino que ha cambiado de forma. A día de hoy tenemos mejores leyes y mayor formación, pero siguen existiendo discursos de deshumanización que se amparan en era de la desinformación. Hay que recalcar dos ideas fundamentales: 1. Los delitos de odio no castigan ideas, castigan conductas que lesionan derechos fundamentales en un contexto discriminatorio. 2. Los discursos de odio sí son peligrosos por sí mismos, porque reducen las barreras frente a la violencia. Cuando conviertes constantemente a un colectivo en amenaza, acabas facilitando que alguien crea legítimo atacarlo. Y por eso recordar a Sonia no es mirar al pasado. Es preguntarnos qué sociedad queremos ser, si una sociedad donde determinadas personas tengan miedo de existir, o una capaz de proteger la dignidad de todos. Martín reafirma que la dignidad humana no puede depender ni de la identidad, ni de la orientación sexual, ni del aspecto físico, ni de la pobreza, ni de la vulnerabilidad. Porque, es para todos, o al final no será para nadie. https://cadenaser.com

María Cortés renovó el DNI en el año 2024 con su nuevo nombre y sexo, pero el Ayuntamiento de Dos Hermanas no remitió la información a la Oficina del Censo Electoral, por lo que su tarjeta no es correcta para las elecciones del domingo en Andalucía. El Consistorio alega que la ciudadana no actualizó el padrón, pero hace un año inició los trámites para modificar esos datos.

Organizaciones piden a la Fiscalía del Edomex aplicar protocolos con perspectiva de género y diversidad sexual. De acuerdo con pronunciamientos difundidos por organizaciones civiles y medios locales, Fanny era maestra de danza, coreógrafa, creadora de contenido en TikTok y una persona muy querida dentro de su comunidad. Tras darse a conocer el caso, colectivos hicieron un llamado urgente a la Fiscalía General de Justicia del Estado de México para que el crimen sea investigado con perspectiva de género y diversidad sexual, evitando cualquier forma de revictimización. Además, solicitaron que se agoten todas las líneas de investigación, incluyendo la posibilidad de feminicidio y crimen de odio. “Las vidas de las mujeres trans importan y casos como éste no pueden permanecer en la impunidad”, expresaron organizaciones en redes sociales. También pidieron a medios de comunicación y autoridades respetar de forma irrestricta la identidad de género de la víctima durante la cobertura y el proceso judicial. En el posicionamiento, activistas recordaron que la violencia transfeminicida sigue siendo una realidad alarmante en México y señalaron que las reformas legales aprobadas recientemente en el Estado de México para tipificar el transfeminicidio deben traducirse en acceso real a la justicia para las víctimas y sus familias. Personas cercanas a Fanny compartieron mensajes de despedida y reconocimiento a su trayectoria como maestra de danza. “Fanny, una de las mejores maestras de danza. Que Papá Dios te tenga en un mejor lugar, te recordamos con mucho cariño”, escribió una persona en redes sociales. El caso ha provocado indignación entre usuarios y colectivos LGBTQ+, quienes han comenzado a difundir el hashtag #NoMásTransfeminicidios para exigir justicia y visibilizar la violencia contra mujeres trans en el país. Organizaciones también pidieron a medios y autoridades respetar la identidad de género de Fanny y evitar procesos de revictimización. “La violencia transfeminicida es una realidad galopante en el país”, señalaron activistas, quienes además recordaron que las reformas para tipificar el transfeminicidio deben traducirse en justicia real para las víctimas. Amistades y alumnas la recuerdan como una gran maestra de danza y una persona llena de sueños que hoy quedaron truncados. https://elclosetlgbt.com










