‘Vestida de azul’, la película que visibilizó al colectivo trans en la Transición y que ahora se convierte en una serie producida por Los Javis
ATA-Sylvia Rivera • 19 de diciembre de 2023
Basada en libro de investigación de Valeria Vegas, esta nueva producción de Atresplayer se encarga de reivindicar el pasado y el presente de la transexualidad en nuestro país

'Vestidas de azul', miniserie de Atresplayer, recrea aquella mítica reunión del documental original de 1983
En 1983 se estrenó un documental absolutamente inédito hasta la fecha en nuestro país. Se llamaba Vestida de azul, lo dirigió Antonio Giménez Rico y en él se daba voz al colectivo transexual en la España de la Transición a través de una serie de mujeres que se encargaban de expresar en primera persona todos los retos a los que habían tenido que enfrentarse por defender su identidad sexual, desde la marginación y el estigma social hasta la persecución policial.
De hecho, así comenzaba la película, con una redada en las calles donde algunas de ellas se veían obligadas a ejercer la prostitución. A continuación, el director reunía a un ecléctico grupo en el Palacio de Cristal de Madrid, en un entorno casi de fantasía en el que, mientras tomaban la merienda, podían hablar sin miedo de sus vidas, sus frustraciones y sus sueños, dentro de su realidad opresiva.
Pioneras y supervivientes del colectivo ‘trans’
Entre ellas encontrábamos a Loren, la mayor, que estuvo presa en la cárcel de Carabanchel y que tuvo que hacer el servicio militar. A Renée Amor, que era peluquera y que ha ocultado a su familia su nueva condición. A Nacha, que se dedica a la prostitución, a Eva, que se encontraba dentro del mundo del espectáculo y a Tamara, que era gitana y que tuvo que atravesar toda una serie de tabúes dentro de su comunidad para poder expresarse con libertad. Por último, Josette, cuya hermana estaba en la misma situación, aunque prefería malgastar el dinero, al que contrario que ella, que ahorra para tener una vida propia.
Cada una había tenido su propio recorrido, pero había elementos que las unían de forma irremediable dentro de un entorno en el que las reivindicaciones del colectivo LGTBQ+ todavía no se habían manifestado, convirtiéndose en auténticas pioneras dentro de un sistema todavía retrógrado.
Poco a poco los personajes trans fueron introduciéndose en el cine, sobre todo gracias a las películas de Pedro Almodóvar, pero Vestida de azul quedaría como un clásico de culto prácticamente imposible de encontrar, ya que durante mucho tiempo permaneció descatalogo.
Valeria Vegas y su recuperación de la memoria histórica
Para Valeria Vegas, periodista y escritora, se había convertido en una película muy especial tanto a nivel emocional como por lo que había representado, así que se embarcó en un proceso de búsqueda y de documentación para escribir un ensayo que terminaría convirtiéndose en Vestidas de azul. Análisis social y cinematográfico de la mujer transexual en los años de la transición española (Editorial Dos Bigotes, 2019).
También intentó contactar con las protagonistas de la película, pero solo seguían vivas Nacha y Josette, que ayudó a la escritora a través de sus recuerdos, de sus experiencias dentro del mundo del espectáculo, de la prostitución y de cómo era perseguida por la Ley de Vagos y Maleantes, cuando se las conocía como ‘travestis’.
Ahora, libro se adaptado en una serie para la plataforma Atresplayer que constituiría una especie de secuela emocional de Veneno (o una expansión de su universo), la serie de Javier Ambrossi y Javier Calvo que en este caso ejercen como productores.
En ella, la propia Valeria Vegas vuelve a estar encarnada por Lola Rodríguez que, como su alter ego, se introduce en el proceso de investigación de lo que se convertiría en su libro, precisamente cuando encuentra un VHS que encontró en casa de Cristina Ortiz y en el que grabó encima una de sus intervenciones televisivas, quedando así ese testimonio de los años ochenta borrado. Una metáfora que tiene que ver con ese olvido del colectivo y su discriminación histórica.
A partir de ahí se despliega una narración que bascula entre el presente y el pasado ficcionado de aquellas supervivientes. En el reparto encontramos a Paca La Piraña, Sacha, Juani, Rossa Ceballos, Bimba Farero, Chloe Santiago, Geena Román, Penélope Guerreo o Keila Òdena, que representan a los diferentes personajes trans, además de Goya Toledo, Marisa Paredes, Susana Abaitua, Elena Irureta, Claudia Traisac, Mercedes Sampietro, Anabel Alonso o Pedro Casablanc.
De la dirección se encarga Mikel Rueda y Claudia Costafreda, que ya habían participado en Veneno y Cardo, esta última como creadora junto a Ana Rujas.
FUENTE: https://www.infobae.com/espana/2023/12/18/vestida-de-azul-la-pelicula-que-visibilizo-al-colectivo-trans-en-la-transicion-y-que-ahora-se-convierte-en-una-serie-producida-por-los-javis/
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Barcelona, octubre de 1991. España todavía está entrando en los años 90, a unos meses de los Juegos Olímpicos. La ciudad intenta proyectar modernidad, apertura, libertad. Pero, en una glorieta del parque de la Ciutadella, un grupo de jóvenes neonazis encuentra a varias personas sin hogar descansando bajo unas mantas. Entre ellas hay una mujer trans de 45 años, Sonia Rescalvo. Pocos minutos después sería asesinada a golpes, patadas y barras metálicas, y otras dos personas resultarían gravemente heridas con secuelas permanentes. Y aunque entonces casi nadie lo sabía, aquel crimen iba a cambiar para siempre la manera en que la justicia española entendería los delitos de odio. ¿Quién era Sonia? Sonia Rescalvo nació en Cuenca en 1965. Y como muchísimas personas trans de su generación, tuvo que marcharse de su entorno para poder vivir su identidad. En la actualidad, usamos una palabra muy potente para eso: sexilio. Y Barcelona en aquella época, con todas sus contradicciones, era uno de los pocos lugares donde una persona trans podía intentar construir una vida con algo más de libertad. Sonia trabajó como vedette durante un tiempo, pero la realidad terminó golpeándola muy duro entre adicciones, prostitución y pobreza extrema. Una vulnerabilidad que la convertiría en un claro objetivo. La noche de los hechos El 5 de octubre de 1991, un grupo de jóvenes skinheads pasaba la noche por distintos bares de Barcelona, y sobre las tres y media de la madrugada entraron en el parque de la Ciutadella. Allí llegan a una glorieta donde duermen varias personas sin hogar tapadas con mantas y empiezan a hacer ruido. Sonia y otra persona les dicen algo muy sencillo: que los dejen dormir. En ese momento, se desencadena lo peor. Los agresores se dan cuenta de que quienes están allí son homosexuales y personas trans, y uno de ellos utiliza la expresión “subir a tocar el tambor”, que en su argot significaba golpear brutalmente la cabeza de alguien en manada. Los agresores comenzaron a patear sus cabezas y tórax, hasta que Sonia perdió el conocimiento. Seguidamente, uno de los neonazis comprobó si alguna de las víctimas seguía respirando, para acto seguido acabar con su vida. Un antes y un después en la justicia española El caso Sonia obligó a la justicia española a hacerse una pregunta distinta. Hasta entonces muchas investigaciones se centraban exclusivamente en: quién golpeó, quién mató o quién llevaba el arma. Pero este crimen obligó a preguntarse algo mucho más profundo: ¿por qué eligieron precisamente a esa víctima? Porque ella no fue asesinada al azar. Era una mujer trans, era pobre y dormía en la calle. En definitiva, era vulnerable. La agresión no solo buscaba matarla sino mandar un mensaje de exclusión y de odio a todo un colectivo. Los errores en la construcción del caso El problema estructural en este caso radica en que no se contemplara el motivo discriminatorio en el actuar criminal. Muchas veces, el problema aparece al principio, en cómo se mira el crimen. Con Sonia ocurrió algo peligrosísimo: se empezó investigar como una agresión salvaje de jóvenes violentos, pero no con toda la intensidad necesaria como una posible agresión selectiva contra personas vulnerables. Afortunadamente, el Mosso d’Esquadra Joan Carles Molinero Juncà, se hizo cargo de esa investigación y la impulsó de forma moderna y profesional, pero voluntarista. Y eso condiciona todo. Porque, si desde el primer momento no incorporas la discriminación como hipótesis, el odio puede desaparecer del procedimiento aunque sea el núcleo del crimen. La importancia del fiscal especialista en delitos de odio Hay quien piensa que un fiscal solo aparece en el juicio. Y no. Hay fiscales revisando denuncias, monitorizando procedimientos, intentando detectar motivaciones discriminatorias que a veces ni siquiera aparecen claramente descritas en el atestado inicial por razones ajenas a los policías. Esta labor exige formación, sensibilidad y muchísimo compromiso humano. Y a pesar del esfuerzo, su ánimo no decae. Saben que detrás de cada denuncia hay una persona que muchas veces llega rota, con miedo, con vergüenza o con sensación de que nadie le va a creer. Y ahí, el papel del fiscal es estrictamente necesario. La realidad de las mujeres trans en la actualidad En unas jornadas recientes en la Fiscalía, se analizó el asesinato de Sonia, con la oportunidad de conversar y aprender de Sofía, Judith y Marina, mujeres trans con increíbles reflexiones e historias a sus espaldas. No hablaron desde el resentimiento, pero también desde la dignidad, reivindicando algo tan simple como su derecho a existir, a vivir tranquilas y a no tener miedo. Un testimonio que recuerda que la discriminación y la transfobia no conceptos abstractos. Detrás de ellas hay seres humanos, y la dignidad humana, no se debate. ¿Acabarán algún día este tipo de crímenes? El fiscal asegura que el problema no ha desaparecido, sino que ha cambiado de forma. A día de hoy tenemos mejores leyes y mayor formación, pero siguen existiendo discursos de deshumanización que se amparan en era de la desinformación. Hay que recalcar dos ideas fundamentales: 1. Los delitos de odio no castigan ideas, castigan conductas que lesionan derechos fundamentales en un contexto discriminatorio. 2. Los discursos de odio sí son peligrosos por sí mismos, porque reducen las barreras frente a la violencia. Cuando conviertes constantemente a un colectivo en amenaza, acabas facilitando que alguien crea legítimo atacarlo. Y por eso recordar a Sonia no es mirar al pasado. Es preguntarnos qué sociedad queremos ser, si una sociedad donde determinadas personas tengan miedo de existir, o una capaz de proteger la dignidad de todos. Martín reafirma que la dignidad humana no puede depender ni de la identidad, ni de la orientación sexual, ni del aspecto físico, ni de la pobreza, ni de la vulnerabilidad. Porque, es para todos, o al final no será para nadie. https://cadenaser.com

María Cortés renovó el DNI en el año 2024 con su nuevo nombre y sexo, pero el Ayuntamiento de Dos Hermanas no remitió la información a la Oficina del Censo Electoral, por lo que su tarjeta no es correcta para las elecciones del domingo en Andalucía. El Consistorio alega que la ciudadana no actualizó el padrón, pero hace un año inició los trámites para modificar esos datos.











