Se espera que los Juegos Olímpicos introduzcan la prohibición de las atletas trans para los juegos de verano de 2028
ATA - Sylvia Rivera • 11 de noviembre de 2025

Las fuentes dicen que el Comité Olímpico Internacional pronto concederá los deseos transfóbicos del presidente Donald Trump.
El Comité Olímpico Internacional (COI) probablemente implementará una prohibición general que impida a las atletas trans competir en competencias femeninas para los Juegos Olímpicos de Verano de Los Ángeles 2028. La mayoría de los organismos deportivos internacionales ya han prohibido a las mujeres trans. La prohibición del COI cumpliría con el deseo del presidente Donald Trump de prohibir la participación del evento a todos los atletas trans.
Es probable que el COI ponga en vigor una prohibición en los próximos seis a 12 meses, dijeron varias fuentes, cumpliendo con la promesa de campaña de la nueva presidenta del COI, Kirsty Coventry, de hacerlo. Trump se nombró a sí mismo presidente de un grupo de trabajo de la Casa Blanca sobre los Juegos Olímpicos de Verano de 2028 en agosto y dijo: “Estados Unidos no permitirá que los hombres roben trofeos a las mujeres en los Juegos Olímpicos de 2028”.
Solo un puñado de atletas trans y no binarios han competido en deportes olímpicos femeninos, y ninguno de ellos ha ganado medallas, a pesar de que se les permitió participar (y a pesar de las mentiras de Trump que afirman lo contrario). La política actual del COI permite que las atletas trans compitan si cumplen con los criterios de clasificación establecidos por los órganos rectores de sus deportes y si sus niveles de testosterona se mantienen por debajo de un cierto umbral.
Sin embargo, la probable prohibición del COI ha recibido críticas internas sobre si también excluiría a los atletas que fueron asignados mujeres al nacer pero que tienen cromosomas masculinos y niveles de testosterona masculinos, como el medallista olímpico sudafricano, el velocista Caster Semenya. Los conocedores del COI dijeron que esperan que una prohibición impida que cualquier atleta que haya pasado por la pubertad masculina pueda competir en eventos femeninos.
La inminente posibilidad de una prohibición en los deportes a las personas trans por parte del COI surgió en parte debido a una presentación reciente realizada por la directora de salud, medicina y ciencia del COI, la Dra. Jane Thornton. Según se informa, su presentación incluyó una revisión científica de la evidencia que muestra ventajas físicas permanentes para las personas asignadas como varones al nacer y mencionó el uso de una prueba genética con hisopo en la mejilla para determinar el sexo biológico de los atletas.
Trump dijo que quería reintroducir las pruebas de sexo en los Juegos Olímpicos de 2028, que utilizarían exámenes físicos/médicos y pruebas cromosómicas para “probar” el sexo biológico de los atletas. Esta práctica se suspendió en el año 2000 después de décadas de implementación problemática.
“Lo que hará una política (de pruebas de género del COI) es causar estragos en las mujeres intersexuales que no habrán tenido idea de que eran intersexuales hasta que se vean obligadas a someterse a una prueba de ADN invasiva”, escribió la abogada trans de derechos civiles Alejandra Caraballo a través de Bluesky. “Serán descalificados y sus vidas cambiarán por completo. Los atletas se han suicidado por esto”.
“Dado que los Juegos Olímpicos se celebran en Los Ángeles, esta política violaría la ley estatal de derechos civiles y espero que los atletas trans e intersexuales desafíen dicha política”, añadió Caraballo.
En febrero, Trump firmó una orden ejecutiva que prohíbe a las atletas trans participar en deportes escolares. La orden también prometía presionar al COI para que prohibiera a los atletas trans. Su orden pedía explícitamente a numerosos órganos rectores del deporte que aprobaran políticas que prohibieran a las mujeres trans competir junto a mujeres cis.
Al firmar su orden ejecutiva, Trump también ordenó a la secretaria de Seguridad Nacional, Kristi Noem, que negara visas a “hombres que intenten ingresar fraudulentamente a Estados Unidos mientras se identifican como mujeres atletas”. Con este fin, el secretario de Estado Marco Rubio ha amenazado con prohibir permanentemente a cualquier atleta trans extranjero que intente ingresar a Estados Unidos en virtud de una ley de 1952 que castiga a las personas que tergiversan fraudulentamente sus identidades para ingresar al país.
Como resultado, cualquier atleta trans nacido en el extranjero que hubiera competido en los Juegos Olímpicos o cualquier otra competencia deportiva internacional celebrada en los EE. UU. corría el riesgo de que se le revocaran las visas y se le prohibiera permanentemente el ingreso a los Estados Unidos, incluso si las leyes de sus países de origen les permitieran cambiar el género que figura en sus certificados de nacimiento y otros documentos de identificación emitidos por el gobierno.
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Barcelona, octubre de 1991. España todavía está entrando en los años 90, a unos meses de los Juegos Olímpicos. La ciudad intenta proyectar modernidad, apertura, libertad. Pero, en una glorieta del parque de la Ciutadella, un grupo de jóvenes neonazis encuentra a varias personas sin hogar descansando bajo unas mantas. Entre ellas hay una mujer trans de 45 años, Sonia Rescalvo. Pocos minutos después sería asesinada a golpes, patadas y barras metálicas, y otras dos personas resultarían gravemente heridas con secuelas permanentes. Y aunque entonces casi nadie lo sabía, aquel crimen iba a cambiar para siempre la manera en que la justicia española entendería los delitos de odio. ¿Quién era Sonia? Sonia Rescalvo nació en Cuenca en 1965. Y como muchísimas personas trans de su generación, tuvo que marcharse de su entorno para poder vivir su identidad. En la actualidad, usamos una palabra muy potente para eso: sexilio. Y Barcelona en aquella época, con todas sus contradicciones, era uno de los pocos lugares donde una persona trans podía intentar construir una vida con algo más de libertad. Sonia trabajó como vedette durante un tiempo, pero la realidad terminó golpeándola muy duro entre adicciones, prostitución y pobreza extrema. Una vulnerabilidad que la convertiría en un claro objetivo. La noche de los hechos El 5 de octubre de 1991, un grupo de jóvenes skinheads pasaba la noche por distintos bares de Barcelona, y sobre las tres y media de la madrugada entraron en el parque de la Ciutadella. Allí llegan a una glorieta donde duermen varias personas sin hogar tapadas con mantas y empiezan a hacer ruido. Sonia y otra persona les dicen algo muy sencillo: que los dejen dormir. En ese momento, se desencadena lo peor. Los agresores se dan cuenta de que quienes están allí son homosexuales y personas trans, y uno de ellos utiliza la expresión “subir a tocar el tambor”, que en su argot significaba golpear brutalmente la cabeza de alguien en manada. Los agresores comenzaron a patear sus cabezas y tórax, hasta que Sonia perdió el conocimiento. Seguidamente, uno de los neonazis comprobó si alguna de las víctimas seguía respirando, para acto seguido acabar con su vida. Un antes y un después en la justicia española El caso Sonia obligó a la justicia española a hacerse una pregunta distinta. Hasta entonces muchas investigaciones se centraban exclusivamente en: quién golpeó, quién mató o quién llevaba el arma. Pero este crimen obligó a preguntarse algo mucho más profundo: ¿por qué eligieron precisamente a esa víctima? Porque ella no fue asesinada al azar. Era una mujer trans, era pobre y dormía en la calle. En definitiva, era vulnerable. La agresión no solo buscaba matarla sino mandar un mensaje de exclusión y de odio a todo un colectivo. Los errores en la construcción del caso El problema estructural en este caso radica en que no se contemplara el motivo discriminatorio en el actuar criminal. Muchas veces, el problema aparece al principio, en cómo se mira el crimen. Con Sonia ocurrió algo peligrosísimo: se empezó investigar como una agresión salvaje de jóvenes violentos, pero no con toda la intensidad necesaria como una posible agresión selectiva contra personas vulnerables. Afortunadamente, el Mosso d’Esquadra Joan Carles Molinero Juncà, se hizo cargo de esa investigación y la impulsó de forma moderna y profesional, pero voluntarista. Y eso condiciona todo. Porque, si desde el primer momento no incorporas la discriminación como hipótesis, el odio puede desaparecer del procedimiento aunque sea el núcleo del crimen. La importancia del fiscal especialista en delitos de odio Hay quien piensa que un fiscal solo aparece en el juicio. Y no. Hay fiscales revisando denuncias, monitorizando procedimientos, intentando detectar motivaciones discriminatorias que a veces ni siquiera aparecen claramente descritas en el atestado inicial por razones ajenas a los policías. Esta labor exige formación, sensibilidad y muchísimo compromiso humano. Y a pesar del esfuerzo, su ánimo no decae. Saben que detrás de cada denuncia hay una persona que muchas veces llega rota, con miedo, con vergüenza o con sensación de que nadie le va a creer. Y ahí, el papel del fiscal es estrictamente necesario. La realidad de las mujeres trans en la actualidad En unas jornadas recientes en la Fiscalía, se analizó el asesinato de Sonia, con la oportunidad de conversar y aprender de Sofía, Judith y Marina, mujeres trans con increíbles reflexiones e historias a sus espaldas. No hablaron desde el resentimiento, pero también desde la dignidad, reivindicando algo tan simple como su derecho a existir, a vivir tranquilas y a no tener miedo. Un testimonio que recuerda que la discriminación y la transfobia no conceptos abstractos. Detrás de ellas hay seres humanos, y la dignidad humana, no se debate. ¿Acabarán algún día este tipo de crímenes? El fiscal asegura que el problema no ha desaparecido, sino que ha cambiado de forma. A día de hoy tenemos mejores leyes y mayor formación, pero siguen existiendo discursos de deshumanización que se amparan en era de la desinformación. Hay que recalcar dos ideas fundamentales: 1. Los delitos de odio no castigan ideas, castigan conductas que lesionan derechos fundamentales en un contexto discriminatorio. 2. Los discursos de odio sí son peligrosos por sí mismos, porque reducen las barreras frente a la violencia. Cuando conviertes constantemente a un colectivo en amenaza, acabas facilitando que alguien crea legítimo atacarlo. Y por eso recordar a Sonia no es mirar al pasado. Es preguntarnos qué sociedad queremos ser, si una sociedad donde determinadas personas tengan miedo de existir, o una capaz de proteger la dignidad de todos. Martín reafirma que la dignidad humana no puede depender ni de la identidad, ni de la orientación sexual, ni del aspecto físico, ni de la pobreza, ni de la vulnerabilidad. Porque, es para todos, o al final no será para nadie. https://cadenaser.com

María Cortés renovó el DNI en el año 2024 con su nuevo nombre y sexo, pero el Ayuntamiento de Dos Hermanas no remitió la información a la Oficina del Censo Electoral, por lo que su tarjeta no es correcta para las elecciones del domingo en Andalucía. El Consistorio alega que la ciudadana no actualizó el padrón, pero hace un año inició los trámites para modificar esos datos.

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