Rubí, la joven trans que abre camino al derecho a la educación

ATA - Sylvia Rivera • 11 de marzo de 2019

Es una de las pocas mujeres de la comunidad que estudia en el nivel superior de la provincia de Santa Fe.

Sus compañeras y compañeros de la secundaria la hostigaban llamándola Rubí, igual que la malvada protagonista de una telenovela mexicana que hacía furor por ese entonces. La discriminación y la intolerancia la terminaron expulsando de la escuela de su pueblo natal. Se abrió camino y pudo terminar la educación obligatoria años después en una Eempa de Rosario y fue por más: desde el año pasado cursa locución en el Iset 18 y ya planea seguir periodismo. Hoy es una de las pocas personas trans de la provincia en llegar al nivel superior de enseñanza —el 73 por ciento no ha finalizado la educación obligatoria en Santa Fe—. Antes de este logro, en 2012, con la aprobación de la ley de identidad de género, eligió llamarse Rubí del Mar Pérez. Una manera de apropiarse y darle otro horizonte a aquel nombre que la asociaba a una historia de desplantes y castigos.

Rubí del Mar no espera a que se encienda el grabador para comenzar a hablar. Quiere compartir sin vueltas su historia de chica trans por hacer valer el derecho de todas y todos a la educación. Y comienza por el nombre con el que la llamaban en su adolescencia. "En ese momento iba a la escuela secundaria como un chico gay en mi pueblo, Zavalla. Me decían de todo hasta que empecé a contestar. Es imposible cuando una es tan atacada no devolver".

De un lado estaba la persecución de sus compañeros, el silencio cómplice de profesores, profesoras y directivas; del otro, su mamá que no lograba entenderla. La escuela se le volvía un lugar imposible de permanecer y debió dejar. "No había tanta información, ni perspectiva de género, ni leyes como las que hay hoy en día. Mi mamá quería lo que toda madre quiere, que termine el secundario. Pero nadie me preguntaba qué me pasaba, qué era lo que yo sentía", comparte Rubí. Dejó el colegio, se fue de la casa de sus padres y asegura que aunque costó que la comprendieran siempre mantuvo una buena relación con su familia. "Me vine a vivir a Rosario —continúa— a punto de explotar como una oruga y convencida que cuando volviese hecha una mariposa me iban a poder apreciar. Para mí también fue muy difícil reconocerme como una mujer trans. Sabía que cuando decidiese serlo mi única salida laboral iba a ser la prostitución".

En Rosario vivió en la casa de un amigo, consiguió un trabajo de limpieza pero siempre siguió escuchando "el chip" interno de su mamá que le decía "estudiá, estudiá...". A los 18 años estaba en la ciudad, tres años más tarde, en 2011, pudo retomar la secundaria en la Eempa Nº 1.164 José Pedroni de la zona norte: "Como todavía no estaba la ley de identidad de género, cuando me fui a anotar le pedí a la directora que al momento de tomar lista que por lo menos me digan el apellido pero bajo ninguna circunstancia el nombre masculino. No tuve problemas y siempre me respetaron". Y así fue que primero la llamaban por el apellido, luego con un simplemente "¿viniste?", había profesores que la dejaban para el final y otros que solo la miraban y anotaban.

La convivencia en el curso fue otro de los desafíos a sortear: "Cuando me presenté lo hice como chica trans y les dije «quédense tranquilos porque aquí no vengo a buscar nada». Les hablaba de sexo. Porque la verdad es que cada vez que ven una chica trans la asocian con sexo libre, drogas, con promiscuidad, con hechos violentos. Me costó muchas semanas explicarles que no tenía problemas legales. Y que no era trabajadora sexual como lo soy hoy en día".

Cada tanto Rubí se acomoda el cabello moreno mientras rememora su paso por la Eempa. La escuela la terminó a tiempo y no sólo se llevó su título secundario con su nombre elegido, sino otros logros más colectivos. "No me daba cuenta que a mi manera estaba haciendo militancia o activismo sin bandera partidaria o política, porque pararte delante de 25 personas y hablarles era eso. O, por ejemplo, tener la capacidad de no responder a una mujer evangelista, compañera de clase, que todo el tiempo me decía que ella conocía a chicos que se curaban. Además de esa valentía de decir que el único lugar laboral que nos dejan es el trabajo sexual".

Antes de todo eso, en el día a día, Rubí tuvo que hacerle frente a los preconceptos. "Ay mirá, hay una travesti estudiando", era lo que más escuchaba cuchichear por los pasillos. O que si se trataba de trabajar en grupo, en principio debía acomodarse con quien quedaba en suerte. "Ese día a día costó, dolió; tenía que enfrentarme a muchas críticas de cómo iba peinada o vestida o por qué me maquillaba todos los días. Hoy eso lo veo muy lejano", valora de los cambios que alcanzó junto a todo el grupo de estudiantes. Tanto fue así que las compañeras y compañeros la eligieron para que hable en la fiesta de graduación. Fue la única oradora y la aplaudieron de pie.

Con el tiempo Rubí se fue involucrando en distintas luchas y causas sociales, lo cual reconoce como un acompañamiento para su vida personal.

Para mediados de 2016 ya sabía que quería estudiar locución, pero recién pudo arrancar el año pasado. Confiesa que siempre hay un temor y ninguneo inicial a superar. "Yo soy sola para todo, y aunque siempre prefiero quedarme con lo bueno, eso no significa que lo malo no me frene, no me asuste, no me dé miedo", comparte sobre lo que le representa cada paso a dar. En esos miedos entran también las violencias de las que son víctimas las mujeres trans por el solo hecho de serlo; de ser insultadas y hasta golpeadas "porque sí".

El año pasado Rubí se inscribió en el Instituto Superior de Educación Técnica Nº 18 para comenzar locución. De 15 materias de primer año aprobó 12, y por si fuera poco se presentó a elecciones en el centro de estudiantes y quedó al frente de la Secretaría de la Mujer y Género. Además de locutora, planea estudiar periodismo. Mientras tanto, ya consiguió un espacio radial en un centro cultural. Un empujón importante para hacer pie en el nivel superior se lo dio la Subsecretaría de Diversidad Sexual de la provincia, con una beca que "es una ayuda para estudiar".

"Genial, genial, genial". Son las palabras que elige para contar cómo fue recibida en el Iset. "Los directivos me recibieron muy bien, también los profesores —hay algunos retrógrados todavía, acota— y con los compañeros me pasó lo mismo. Lo que sí yo entré distinta y cuando se habló de formar grupos de trabajo, yo tomé la iniciativa y le dije a un chico «con vos voy a hacer el trabajo» y lo tomó rebien".

Estudiar en el nivel superior abre para Rubí buenas perspectivas para cumplir con sus proyectos y sumar más logros. Cita con orgullo la participación que tuvo en la conducción de un "estudiantazo", en un acto oficial realizado frente a la Legislatura santafesina, donde ofició de locutora, y también ser parte de la organización del 8M.

Dice que se siente como "la Cenicienta de las travestis" por tener la suerte de contar con el apoyo de su familia, de haber podido estudiar y haber elegido de grande ser trabajadora sexual. En esa suerte que habla Rubí, tiene un lugar importante el que le dio la Eempa para terminar la secundaria. Cuando cursaba allí había regresado a vivir a Zavalla y viajaba todos los días, tomando dos colectivos para estar en las aulas de la José Pedroni. "Al secundario lo terminé donde quise y como quise pero sintiéndome bien. Cuando tuve la edad para estar en la secundaria no encontré un profesor que me contenga o una compañera que me defienda. No lo tuve. Esto es como un trabajo de hormiga", afirma.

De ese trabajo de hormiga se dio cuenta cuando terminó de cursar primer año de su carrera y unos profesores se largaron a llorar con ella y la felicitaron: "Ahí pude tomar conciencia de lo que he venido haciendo con la educación. Algo estoy haciendo bien pienso al ver esa emoción en mis compañeras y compañeros y profes que me apoyan".

¿Algo más que quieras decir? La pregunta llega al final de la conversación, queda abierta para que elija a sus anchas qué expresar. Y una vez más Rubí del Mar tiene mucho por compartir: "Siempre aconsejo a cualquier chica trans que estudie, que no saben de lo que somos capaces sino nos dejan de molestar y nos dejan ser. La comunidad trans está llena de arte, de amor, de capacidad. Hay chicas que maquillan muy bien, que peinan muy bien, cantan muy bien y hablan muy bien. Están quienes pueden llegar a ser buenas locutoras, periodistas o cajeras. Que se animen a estudiar y seguir. Quiero hacer sentir a la compañera que es capaz, que para eso se tiene que empoderar. No nacimos para estar solo de tacos y minifalda, o haciendo favores sexuales o cumpliendo esas fantasías. Nacimos para todo: para ser cantantes, escritoras, autoras, cocineras, para tener nuestros salones de belleza, para tener el trabajo que queramos. Nacimos para estar adentro de un Concejo, de un Senado o al frente de cualquier movimiento".

>> Programa de becas

Desde 2017, la Subsecretaría de Diversidad Sexual de la provincia sostiene un programa de Becas Educativas destinado a personas del colectivo trans. Según destacó el responsable del área, Esteban Paulón, durante el primer año alcanzo a 123 personas trans de 33 localidades; en 2018 a 140 de 40 localidades y este año aspiran superar las 150 personas.

Una encuesta que encaran en toda la provincia revela que cerca del 73 por ciento de las personas trans no han finalizado sus estudios primarios o secundarios, y que "es limitada la inserción terciaria y universitaria de este colectivo, destacando en los niveles superiores la visibilidad de los varones trans". "La terminalidad educativa obligatoria es central para lograr una mejor inserción laboral, incluso en las iniciativas de cupo trans, el titulo secundario suma posibilidades", alienta Paulón. A febrero pasado, 872 personas trans accedieron al reconocimiento de identidad en Santa Fe (222 varones trans y 650 mujeres trans).

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