Nuevo caso de transfobia: mujer trans denuncia agresión de su vecino
ATA-Sylvia Rivera • 11 de abril de 2024
Bogotá, Colombia

Una mujer trans que ha dedicado parte de su vida al servicio social, denuncia una terrible agresión por parte de uno de los vecinos del barrio Bosa Porvenir. Q’HUBO conoció los detalles del caso.
Hace dos años Fernanda*, una mujer de la población Lgbti, llegó a vivir al barrio Bosa Porvenir, encontrando allí una compleja situación social que demandaba la atención de personas en condición de calle.
“Yo llegué con muchas ganas de transformar el espacio público del sector Bicentenario, en la calle 55 sur con carrera 103. En ese momento tuvimos la necesidad de hacerle una soldadura a una reja y fue cuando contactamos a Sebastián”, comenta Fernanda, quien agrega que tras terminar ese trabajo en hombre les cobró de mala gana.
“Yo no le di mayor trascendencia y le pagué lo suyo como correspondía; pensé que ya con eso quedaba resuelto, pero desde ese momento quedó una fricción con ese señor. Cada vez que me miraba era como si me quisiera matar, su lenguaje corporal era hostil y cada vez que me veía por allí decía: ‘la mala pa’ los maricas’, ‘maricas hijue&%$’ y cosas como esas”, denuncia esta mujer que hoy trabaja como contratista de la Secretaría de Integración Social.
Pese a los constantes insultos, la mujer decidió hacerle caso al viejo refrán de ‘a palabras necias, oídos sordos’, pero tras dos años de paciencia e inteligencia emocional para no ceder a los constantes signos de discriminación, la situación se tornó insostenible.
“El Viernes Santo salí a recorrer el barrio, como siempre acostumbro a hacer todos los días, y me encontré a este señor, que estaba sentado en su vehículo tomando licor y estupefacientes. Yo crucé y él, sin mediar palabra, se me abalanzó encima y me dijo: ‘loca hijue(/&%, te vas a morir’, esa fue la palabra textual y empezó a darme una golpiza”.
Para Fernanda es lamentable porque nunca antes se habían dado señas de una agresión física, pero tras este episodio es inevitable que tema por su vida.
“Él no es residente del conjunto en el que vivo, pero va frecuentemente a visitar unos familiares que viven allí. Desde el día del ataque no lo he vuelto a ver, pero en días recientes sí hubo alguien de la familia que intentó interactuar conmigo y hablar del episodio, pero yo le dije que no tengo nada que hablar con nadie, este tema se resuelve entre la justicia colombiana, Sebastián y yo”, señaló Fernanda, quien confirmó que ya interpuso la denuncia ante la Fiscalía y que tiene una valoración por parte de Medicina Legal, pues la golpiza por poco termina en tragedia.
“Necesitamos mirar un poquito más allá, más allá de las diferencias externas, por dentro todos somos iguales y sentimos dolor, tristeza y miedo”, reflexionó Fernanda.
*El nombre de la víctima fue modificado por su seguridad.
FUENTE: https://www.qhubobogota.com/asi-paso/mujer-trans-agresion-vecino/
Noticias

Barcelona, octubre de 1991. España todavía está entrando en los años 90, a unos meses de los Juegos Olímpicos. La ciudad intenta proyectar modernidad, apertura, libertad. Pero, en una glorieta del parque de la Ciutadella, un grupo de jóvenes neonazis encuentra a varias personas sin hogar descansando bajo unas mantas. Entre ellas hay una mujer trans de 45 años, Sonia Rescalvo. Pocos minutos después sería asesinada a golpes, patadas y barras metálicas, y otras dos personas resultarían gravemente heridas con secuelas permanentes. Y aunque entonces casi nadie lo sabía, aquel crimen iba a cambiar para siempre la manera en que la justicia española entendería los delitos de odio. ¿Quién era Sonia? Sonia Rescalvo nació en Cuenca en 1965. Y como muchísimas personas trans de su generación, tuvo que marcharse de su entorno para poder vivir su identidad. En la actualidad, usamos una palabra muy potente para eso: sexilio. Y Barcelona en aquella época, con todas sus contradicciones, era uno de los pocos lugares donde una persona trans podía intentar construir una vida con algo más de libertad. Sonia trabajó como vedette durante un tiempo, pero la realidad terminó golpeándola muy duro entre adicciones, prostitución y pobreza extrema. Una vulnerabilidad que la convertiría en un claro objetivo. La noche de los hechos El 5 de octubre de 1991, un grupo de jóvenes skinheads pasaba la noche por distintos bares de Barcelona, y sobre las tres y media de la madrugada entraron en el parque de la Ciutadella. Allí llegan a una glorieta donde duermen varias personas sin hogar tapadas con mantas y empiezan a hacer ruido. Sonia y otra persona les dicen algo muy sencillo: que los dejen dormir. En ese momento, se desencadena lo peor. Los agresores se dan cuenta de que quienes están allí son homosexuales y personas trans, y uno de ellos utiliza la expresión “subir a tocar el tambor”, que en su argot significaba golpear brutalmente la cabeza de alguien en manada. Los agresores comenzaron a patear sus cabezas y tórax, hasta que Sonia perdió el conocimiento. Seguidamente, uno de los neonazis comprobó si alguna de las víctimas seguía respirando, para acto seguido acabar con su vida. Un antes y un después en la justicia española El caso Sonia obligó a la justicia española a hacerse una pregunta distinta. Hasta entonces muchas investigaciones se centraban exclusivamente en: quién golpeó, quién mató o quién llevaba el arma. Pero este crimen obligó a preguntarse algo mucho más profundo: ¿por qué eligieron precisamente a esa víctima? Porque ella no fue asesinada al azar. Era una mujer trans, era pobre y dormía en la calle. En definitiva, era vulnerable. La agresión no solo buscaba matarla sino mandar un mensaje de exclusión y de odio a todo un colectivo. Los errores en la construcción del caso El problema estructural en este caso radica en que no se contemplara el motivo discriminatorio en el actuar criminal. Muchas veces, el problema aparece al principio, en cómo se mira el crimen. Con Sonia ocurrió algo peligrosísimo: se empezó investigar como una agresión salvaje de jóvenes violentos, pero no con toda la intensidad necesaria como una posible agresión selectiva contra personas vulnerables. Afortunadamente, el Mosso d’Esquadra Joan Carles Molinero Juncà, se hizo cargo de esa investigación y la impulsó de forma moderna y profesional, pero voluntarista. Y eso condiciona todo. Porque, si desde el primer momento no incorporas la discriminación como hipótesis, el odio puede desaparecer del procedimiento aunque sea el núcleo del crimen. La importancia del fiscal especialista en delitos de odio Hay quien piensa que un fiscal solo aparece en el juicio. Y no. Hay fiscales revisando denuncias, monitorizando procedimientos, intentando detectar motivaciones discriminatorias que a veces ni siquiera aparecen claramente descritas en el atestado inicial por razones ajenas a los policías. Esta labor exige formación, sensibilidad y muchísimo compromiso humano. Y a pesar del esfuerzo, su ánimo no decae. Saben que detrás de cada denuncia hay una persona que muchas veces llega rota, con miedo, con vergüenza o con sensación de que nadie le va a creer. Y ahí, el papel del fiscal es estrictamente necesario. La realidad de las mujeres trans en la actualidad En unas jornadas recientes en la Fiscalía, se analizó el asesinato de Sonia, con la oportunidad de conversar y aprender de Sofía, Judith y Marina, mujeres trans con increíbles reflexiones e historias a sus espaldas. No hablaron desde el resentimiento, pero también desde la dignidad, reivindicando algo tan simple como su derecho a existir, a vivir tranquilas y a no tener miedo. Un testimonio que recuerda que la discriminación y la transfobia no conceptos abstractos. Detrás de ellas hay seres humanos, y la dignidad humana, no se debate. ¿Acabarán algún día este tipo de crímenes? El fiscal asegura que el problema no ha desaparecido, sino que ha cambiado de forma. A día de hoy tenemos mejores leyes y mayor formación, pero siguen existiendo discursos de deshumanización que se amparan en era de la desinformación. Hay que recalcar dos ideas fundamentales: 1. Los delitos de odio no castigan ideas, castigan conductas que lesionan derechos fundamentales en un contexto discriminatorio. 2. Los discursos de odio sí son peligrosos por sí mismos, porque reducen las barreras frente a la violencia. Cuando conviertes constantemente a un colectivo en amenaza, acabas facilitando que alguien crea legítimo atacarlo. Y por eso recordar a Sonia no es mirar al pasado. Es preguntarnos qué sociedad queremos ser, si una sociedad donde determinadas personas tengan miedo de existir, o una capaz de proteger la dignidad de todos. Martín reafirma que la dignidad humana no puede depender ni de la identidad, ni de la orientación sexual, ni del aspecto físico, ni de la pobreza, ni de la vulnerabilidad. Porque, es para todos, o al final no será para nadie. https://cadenaser.com

María Cortés renovó el DNI en el año 2024 con su nuevo nombre y sexo, pero el Ayuntamiento de Dos Hermanas no remitió la información a la Oficina del Censo Electoral, por lo que su tarjeta no es correcta para las elecciones del domingo en Andalucía. El Consistorio alega que la ciudadana no actualizó el padrón, pero hace un año inició los trámites para modificar esos datos.











