Mujer, mayor de 50 y trans: Eva Díaz, la CEO que ha derribado todas las barreras
ATA-Sylvia Rivera • 1 de febrero de 2024
Es consejera delegada de la tecnológica Appogeo Digital, a los 52 años abrazó un proceso de transición para poder darse a la libertad y felicidad plenas

Esta historia comienza con el reflejo de un niño en la ventanilla de un tren rumbo al agosto de Alicante, con su playa y su veraneo. Termina con esa misma ventanilla devolviendo la imagen de una mujer y alta ejecutiva, subida a un AVE, camino de una importante reunión.
El de Eva Díaz, ingeniera industrial, especialista en consultoría estratégica y tecnológica, y mujer transgénero ha sido un viaje vital muy complejo. Ese que corresponde a la mujer que nace en el cuerpo de un hombre. Por eso su tren solo tiene un destino: un mundo realmente de igualdad, de libertad y de respeto.
“Con 8 años, había algo extraño en mí. Me llamaba Enrique, tenía padres, un hermano, iba al colegio… y hasta ahí todo normal. Pero tenía la sensación de que había otra persona dentro de mí que, de vez en cuando, quería salir y expresarse", explica Eva Díaz a la periodista Joana Bonet en la serie de 12 entrevistas Mujeres y Viajeras de Renfe.
Un relato tras el que se esconde una batalla interna "entre lo que me decían que tenía que ser y esa mujer que había dentro de mí que pugnaba por vivir. Es un conflicto muy complejo. Tienes unas presiones internas y externas que son muy difíciles de compaginar. Y, al final, es la peor lucha, porque es la lucha contra ti misma la que tienes que mantener. Yo he llorado muchísimo”, añade.
"Llegó un momento en el que era: transiciono o muero"
Así vivió, con apariencia masculina, hasta que ya no pudo más. Fue en 2015, con 52 años de edad, cuando Eva Díaz decidió completar su proceso de transición de género. Empezó así una nueva forma de estar en el mundo porque “si a vivir le llamas pasar por la vida, podría haber seguido viviendo así. Si a vivir le llamas tener intensidad, sueños, pasiones, ilusiones, disfrutar de cada día que te levantas, entonces no. Llegó un momento en el que era: transiciono o muero", confiesa.
Según Eva, dar el paso definitivo depende también de las circunstancias que te rodean: "A partir de los 48 ó 49 años, mis hijos ya estaban relativamente encauzados, haciendo la carrera y, de alguna forma, había conseguido muchas cosas en mi vida. Quizás ya era el tiempo de dedicarme a mí, de cuidarme. El nivel de tristeza que llevas cuando no eres auténtica es demasiado grande”, relata.
Poner voz y rostro a lo que ha vivido es tan necesario para ella que no ha dejado de hacerlo cuando ha tenido oportunidad. “He tenido la suerte de poder trasladar mi mensaje para acercar a nuestra sociedad a un proceso de transición que está ahí y que, en muchos casos, se entiende muy mal, porque no lo explicamos”, asegura.
Una nueva etapa que empieza
Ahora, Eva Díaz contempla ante sí un mundo lleno de muchas más posibilidades y oportunidades que cuando se llamaba Enrique. “Un mundo mucho más amplio, rico y poderoso. Más gratificante de lo que era para mí antes de la transición”.
Eso sí, antes tuvo que pasar por un proceso de deconstrucción. “Tuve que saber qué parte de mis actitudes, reacciones, pensamientos, ilusiones y sueños era mía y cuál me venía impuesta. Los ‘tienes que’ que nos van metiendo desde que somos niñas… Tuve que ir encontrando qué era mío y qué, de alguna forma, se me había adherido a la mochila. Culturalmente, socialmente, personalmente… Hasta que encontré a la mujer que era. Cuando llegas a tu esencia, la libertad que tienes es brutal, porque deja de importarte lo que piensen”.
Sufrí una discriminación triple: por mujer, por transexual y por edad. Me puse a buscar trabajo con 52 años”
También asegura que no siente ninguna discriminación en sus carnes. “Estoy muy visible, todo el mundo conoce mi pasado, no lo oculto por ningún sitio. Entras en mi perfil de LinkedIn y antes o después lo pillas. Y eso hace que con quien interaccione lo tenga asumido, naturalizado. En el pasado, al principio, fue complicado. Y sufrí una discriminación triple: por mujer, por transexual y por edad. Me puse a buscar trabajo con 52 años”, dice.
Siempre ha sido muy consciente de su suerte. Otras no lo han tenido “tan fácil”, muy entre comillas, como dice ella. “Yo soy una privilegiada y mi caso es extraño y te diría que fácil, muy entre comillas. Hacer este proceso en una posición profesional y en un entorno geográfico distinto al de Madrid, al entorno ejecutivo, es muchísimo más complejo. Hay más reparos, sesgos y problemas para aceptar una serie de cosas”.
Avances tecnológicos: libertad y peligro
Eva Díaz es la consejera delegada de Appogeo Digital, una empresa que trabaja para acercar la tecnología a sectores donde tradicionalmente no estaba y dotarlos así de un elemento diferencial. “Nunca nos imaginamos un restaurante tecnificado, por ejemplo. Estamos a punto de trabajar con el Basque Culinary Center para introducir tecnología en los restaurantes. También trabajamos en tecnología para el bienestar de los mayores y los discapacitados”.
Pero la ingeniera no ignora que la tecnología, además de llevarnos a la libertad, también nos conduce a un mundo más enloquecido. “Y más peligroso, estamos viendo todos los ataques de ciberseguridad que se están dando. Un mundo donde tenemos un riesgo muy grande de perder nuestra privacidad, dominado por grandes compañías tecnológicas que tienen muchísimo más poder que cualquier Estado, donde nuestros datos e información personal y mucho de lo que somos puede estar al alcance de cualquiera”, advierte.
A lo largo de sus muchos años de experiencia profesional en puestos directivos de consultoras gigantes, Eva Díaz ha experimentado el liderazgo masculino y también el femenino.
El femenino es un liderazgo más lento, pero, una vez que lo tienes, es más potente, porque es más cohesivo con la organización"
“Las diferencias son todas. El liderazgo masculino es muy ejecutivo, muy basado en la posición y en la jerarquía. Las mujeres nos tenemos que ganar ese respeto por nuestra valía, tenemos que demostrarla. Es un liderazgo más lento, pero, una vez que lo tienes, es más potente, porque es más cohesivo con la organización, más de colaboración, convencimiento y valores. También más a largo plazo, donde los equipos generalmente suelen ser muy leales”, asegura.
De vuelta al terreno personal, la mujer que es Eva Díaz huye de los “compartimentos”, de las etiquetas. “Me cansan y me aburren todos estos mensajes tan dogmáticos y sectarios cuando estamos todos buscando la igualdad. Respeto, libertad, capacidad para trabajar y para ser como somos, seamos como seamos. Para mí el feminismo es alcanzar la igualdad entre hombres y mujeres”.
¿Estamos muy lejos de ese objetivo? “Estamos mucho más cerca de lo que estábamos, pero todavía estamos lejos. Y no solamente eso, sino que estamos retrocediendo. Estamos poniendo palos a la rueda en lugar de ayudar, convirtiendo algo que debería ser una lucha por la igualdad en una lucha entre géneros. Cada vez somos más visibles en política, tecnología, en todo, y de alguna forma estamos ocupando la zona de confort del hombre. Creo que, hasta que el hombre no encuentre su nueva posición en esta sociedad, vamos a seguir teniendo un problema muy importante”.
FUENTE: https://www.lavanguardia.com/vida/20240130/8126301/eva-diaz-exitosa-ceo-transgenero-rompe-estereotipos-renfe-brl.html
Noticias

Barcelona, octubre de 1991. España todavía está entrando en los años 90, a unos meses de los Juegos Olímpicos. La ciudad intenta proyectar modernidad, apertura, libertad. Pero, en una glorieta del parque de la Ciutadella, un grupo de jóvenes neonazis encuentra a varias personas sin hogar descansando bajo unas mantas. Entre ellas hay una mujer trans de 45 años, Sonia Rescalvo. Pocos minutos después sería asesinada a golpes, patadas y barras metálicas, y otras dos personas resultarían gravemente heridas con secuelas permanentes. Y aunque entonces casi nadie lo sabía, aquel crimen iba a cambiar para siempre la manera en que la justicia española entendería los delitos de odio. ¿Quién era Sonia? Sonia Rescalvo nació en Cuenca en 1965. Y como muchísimas personas trans de su generación, tuvo que marcharse de su entorno para poder vivir su identidad. En la actualidad, usamos una palabra muy potente para eso: sexilio. Y Barcelona en aquella época, con todas sus contradicciones, era uno de los pocos lugares donde una persona trans podía intentar construir una vida con algo más de libertad. Sonia trabajó como vedette durante un tiempo, pero la realidad terminó golpeándola muy duro entre adicciones, prostitución y pobreza extrema. Una vulnerabilidad que la convertiría en un claro objetivo. La noche de los hechos El 5 de octubre de 1991, un grupo de jóvenes skinheads pasaba la noche por distintos bares de Barcelona, y sobre las tres y media de la madrugada entraron en el parque de la Ciutadella. Allí llegan a una glorieta donde duermen varias personas sin hogar tapadas con mantas y empiezan a hacer ruido. Sonia y otra persona les dicen algo muy sencillo: que los dejen dormir. En ese momento, se desencadena lo peor. Los agresores se dan cuenta de que quienes están allí son homosexuales y personas trans, y uno de ellos utiliza la expresión “subir a tocar el tambor”, que en su argot significaba golpear brutalmente la cabeza de alguien en manada. Los agresores comenzaron a patear sus cabezas y tórax, hasta que Sonia perdió el conocimiento. Seguidamente, uno de los neonazis comprobó si alguna de las víctimas seguía respirando, para acto seguido acabar con su vida. Un antes y un después en la justicia española El caso Sonia obligó a la justicia española a hacerse una pregunta distinta. Hasta entonces muchas investigaciones se centraban exclusivamente en: quién golpeó, quién mató o quién llevaba el arma. Pero este crimen obligó a preguntarse algo mucho más profundo: ¿por qué eligieron precisamente a esa víctima? Porque ella no fue asesinada al azar. Era una mujer trans, era pobre y dormía en la calle. En definitiva, era vulnerable. La agresión no solo buscaba matarla sino mandar un mensaje de exclusión y de odio a todo un colectivo. Los errores en la construcción del caso El problema estructural en este caso radica en que no se contemplara el motivo discriminatorio en el actuar criminal. Muchas veces, el problema aparece al principio, en cómo se mira el crimen. Con Sonia ocurrió algo peligrosísimo: se empezó investigar como una agresión salvaje de jóvenes violentos, pero no con toda la intensidad necesaria como una posible agresión selectiva contra personas vulnerables. Afortunadamente, el Mosso d’Esquadra Joan Carles Molinero Juncà, se hizo cargo de esa investigación y la impulsó de forma moderna y profesional, pero voluntarista. Y eso condiciona todo. Porque, si desde el primer momento no incorporas la discriminación como hipótesis, el odio puede desaparecer del procedimiento aunque sea el núcleo del crimen. La importancia del fiscal especialista en delitos de odio Hay quien piensa que un fiscal solo aparece en el juicio. Y no. Hay fiscales revisando denuncias, monitorizando procedimientos, intentando detectar motivaciones discriminatorias que a veces ni siquiera aparecen claramente descritas en el atestado inicial por razones ajenas a los policías. Esta labor exige formación, sensibilidad y muchísimo compromiso humano. Y a pesar del esfuerzo, su ánimo no decae. Saben que detrás de cada denuncia hay una persona que muchas veces llega rota, con miedo, con vergüenza o con sensación de que nadie le va a creer. Y ahí, el papel del fiscal es estrictamente necesario. La realidad de las mujeres trans en la actualidad En unas jornadas recientes en la Fiscalía, se analizó el asesinato de Sonia, con la oportunidad de conversar y aprender de Sofía, Judith y Marina, mujeres trans con increíbles reflexiones e historias a sus espaldas. No hablaron desde el resentimiento, pero también desde la dignidad, reivindicando algo tan simple como su derecho a existir, a vivir tranquilas y a no tener miedo. Un testimonio que recuerda que la discriminación y la transfobia no conceptos abstractos. Detrás de ellas hay seres humanos, y la dignidad humana, no se debate. ¿Acabarán algún día este tipo de crímenes? El fiscal asegura que el problema no ha desaparecido, sino que ha cambiado de forma. A día de hoy tenemos mejores leyes y mayor formación, pero siguen existiendo discursos de deshumanización que se amparan en era de la desinformación. Hay que recalcar dos ideas fundamentales: 1. Los delitos de odio no castigan ideas, castigan conductas que lesionan derechos fundamentales en un contexto discriminatorio. 2. Los discursos de odio sí son peligrosos por sí mismos, porque reducen las barreras frente a la violencia. Cuando conviertes constantemente a un colectivo en amenaza, acabas facilitando que alguien crea legítimo atacarlo. Y por eso recordar a Sonia no es mirar al pasado. Es preguntarnos qué sociedad queremos ser, si una sociedad donde determinadas personas tengan miedo de existir, o una capaz de proteger la dignidad de todos. Martín reafirma que la dignidad humana no puede depender ni de la identidad, ni de la orientación sexual, ni del aspecto físico, ni de la pobreza, ni de la vulnerabilidad. Porque, es para todos, o al final no será para nadie. https://cadenaser.com

María Cortés renovó el DNI en el año 2024 con su nuevo nombre y sexo, pero el Ayuntamiento de Dos Hermanas no remitió la información a la Oficina del Censo Electoral, por lo que su tarjeta no es correcta para las elecciones del domingo en Andalucía. El Consistorio alega que la ciudadana no actualizó el padrón, pero hace un año inició los trámites para modificar esos datos.

Organizaciones piden a la Fiscalía del Edomex aplicar protocolos con perspectiva de género y diversidad sexual. De acuerdo con pronunciamientos difundidos por organizaciones civiles y medios locales, Fanny era maestra de danza, coreógrafa, creadora de contenido en TikTok y una persona muy querida dentro de su comunidad. Tras darse a conocer el caso, colectivos hicieron un llamado urgente a la Fiscalía General de Justicia del Estado de México para que el crimen sea investigado con perspectiva de género y diversidad sexual, evitando cualquier forma de revictimización. Además, solicitaron que se agoten todas las líneas de investigación, incluyendo la posibilidad de feminicidio y crimen de odio. “Las vidas de las mujeres trans importan y casos como éste no pueden permanecer en la impunidad”, expresaron organizaciones en redes sociales. También pidieron a medios de comunicación y autoridades respetar de forma irrestricta la identidad de género de la víctima durante la cobertura y el proceso judicial. En el posicionamiento, activistas recordaron que la violencia transfeminicida sigue siendo una realidad alarmante en México y señalaron que las reformas legales aprobadas recientemente en el Estado de México para tipificar el transfeminicidio deben traducirse en acceso real a la justicia para las víctimas y sus familias. Personas cercanas a Fanny compartieron mensajes de despedida y reconocimiento a su trayectoria como maestra de danza. “Fanny, una de las mejores maestras de danza. Que Papá Dios te tenga en un mejor lugar, te recordamos con mucho cariño”, escribió una persona en redes sociales. El caso ha provocado indignación entre usuarios y colectivos LGBTQ+, quienes han comenzado a difundir el hashtag #NoMásTransfeminicidios para exigir justicia y visibilizar la violencia contra mujeres trans en el país. Organizaciones también pidieron a medios y autoridades respetar la identidad de género de Fanny y evitar procesos de revictimización. “La violencia transfeminicida es una realidad galopante en el país”, señalaron activistas, quienes además recordaron que las reformas para tipificar el transfeminicidio deben traducirse en justicia real para las víctimas. Amistades y alumnas la recuerdan como una gran maestra de danza y una persona llena de sueños que hoy quedaron truncados. https://elclosetlgbt.com










