Marta Román Expósito, la investigadora trans que abre camino en el mundo de la ciencia

ATA - Sylvia Rivera • 3 de septiembre de 2021

La bioestadista del Servicio de Epidemiología del Instituto Hospital del Mar de Investigaciones Médicas (IMIM) es investigadora principal del equipo referente en España en la evaluación de los controles para detectar cáncer de mama

Muchas personas no tienen su vida planeada desde un principio. Se van construyendo a sí mismas en el camino. Cuando Marta Román Expósito hizo la carrera de estadística, no sabía que acabaría aplicándola a la salud. “No era mi vocación vital”, dice. Hoy es investigadora principal en el equipo referente a nivel estatal en la evaluación de las mamografías de cáncer de mama, del Servicio de Epidemiología del Instituto Hospital del Mar de Investigaciones Médicas (IMIM). Barcelona no solo fue el punto de partida de su recorrido como investigadora. “En la universidad todavía vivía mi vida como un varón. La transición fue una vez viviendo y trabajando aquí”, explica a Magazine Lifestyle . Hoy forma parte de un colectivo muy reducido, que es el de las investigadoras trans.

En lo que a las cifras respecta, las personas trans dentro de las STEM (ciencia, tecnología, ingeniería y matemáticas) parecen invisibles. Al solicitar al Ministerio de Igualdad datos oficiales de la presencia de este colectivo en el sector, respondieron que no disponen de ese tipo de información. Tanto la fundación británica Pride In STEM, como la asociación hermana en España, Prisma, aseguraron que no tienen conocimiento de ningún informe o estudio ni a nivel estatal ni internacional sobre la participación de personas trans en las ciencias.

“Alguna he conocido, pero somos muy pocas”, dice Marta Román Expósito, de 44 años y oriunda de Santander. En los últimos veinte años, acumuló una carrera universitaria y un máster en estadística, junto con un doctorado de esta disciplina aplicada a la salud pública. Vivió en Salamanca, Alicante, Inglaterra y, desde hace unos 17 años, en Barcelona. Participó de una docena de proyectos de investigación sobre controles de cáncer de mama. Como investigadora principal, formó parte del equipo que creó un modelo para prever a 20 años el riesgo de desarrollar la enfermedad y, actualmente, lidera un proyecto sobre el impacto de la COVID-19 en los indicadores de calidad de las mamografías.

Dos tatuajes a color, uno en un brazo y otro en una pierna, sirven como recuerdo de aquel pasado en el que formaba parte de un grupo de punk hardcore . “Viví los 90’ con mucha intensidad. Me vestía con una estética underground. Éramos cool , radicales”, explica la investigadora cuando se le pregunta por los dibujos. Es difícil imaginar a esta mujer de voz calma, que habla casi como si estuviera susurrando, moviendo la cabeza frenéticamente al compás del género más agresivo del rock. No solo los tatuajes sobrevivieron a ese pasado rockero. La pasión por la música sigue formando una parte importante de su vida, aunque ahora prefiere sonidos más suaves. Tiene un proyecto personal, The Blaxound ,
en el que compone música soul funk , cuyo último disco se llama Trans-mission .

Falta de referentes

"No quería ser una chica Amodóvar"

Román Expósito dice que, a sus 18 años, las únicas mujeres trans que conocía eran las actrices de las películas de Pedro Almodóvar, Bibiana Fernandez y Antonia San Juan. “Con todo el respeto que tengo hacia ellas, porque fueron unas pioneras de la época, yo ni quería ser una chica Almodóvar, ni quería ser actriz, ni me identificaba con ellas a nivel estético, físico o intelectual”, explica la investigadora, que lleva un maquillaje muy sutil en el rostro, enmarcado por un flequillo recto castaño claro.

​“No tenía referentes, y este era mi problema, porque me hacía cuestionarme si en verdad era una mujer trans”, dice Román Expósito. La llegada de internet, junto con el hecho de acercarse a colectivos trans, le fue ampliando su mapa de referentes con quienes sentirse identificada. “Me di cuenta que había otra manera de construirse como persona trans. Me ayudó mucho a entenderme y a colocar las fichas del puzle”, recuerda.

​El de la chica Almodóvar no fue el único estereotipo con el que se encontró. “El apoyo de mis padres fue total desde el primer momento. Pero el estereotipo que tenían era que una mujer trans automáticamente tendría que dejar el trabajo y ser trabajadora sexual”, explica. Su hermana, cuatro años menor, jugó un papel importante en derribar esa idea: “Ella les puso los pies en la tierra. Les explicó que esto hoy en día no es así. Aunque es verdad que hay muchas personas trans que siguen viviendo mucha discriminación y marginalidad, en mi caso tengo la suerte de haber transitado con ciertas herramientas familiares y sociales que han hecho que todo sea más fácil”, dice.

Su transición en el ámbito laboral fue “un proceso muy bonito del que tengo muy buenos recuerdos”. Primero lo compartió con su círculo de mayor cercanía dentro del Servicio de Epidemiología del Hospital del Mar, en el que hay unas treinta personas. “Un proceso de transición no se hace de un día para el otro. Siempre hay un momento intermedio en que hay mucha ambigüedad y vas compaginando espacios que vives como mujer y otros que vives como varón. Empecé por contárselo a estas personas, que me dieron su apoyo. Íbamos buscando actividades fuera del trabajo para hacer este proceso de transición juntas”, recuerda y agrega: “También me cubrían las espaldas. Empiezas a hormonarte, a hacerte depilación láser en la cara, a cambiar físicamente. La gente se extraña un poco y te pregunta. Mis amigas estaban ahí cubriéndome las espaldas”. Para la transición, cogí vacaciones, mi jefe avisó a todo el servicio, y cuando volví ya lo hice como Marta. La acogida fue muy buena.

“También hice este mismo proceso con mi jefe. Tuvo una empatía tremenda, a nivel de hacerse cargo y de ser consciente de que era un proceso que él, como jefe de servicio, tenía que facilitar que fuese lo más suave posible”, dice Román Expósito. Ya había hecho la transición a nivel familiar y social, pero la parte laboral era la más delicada, teniendo en cuenta que forma parte de un hospital donde trabajan más de dos mil personas. “Me cogí vacaciones, mi jefe le avisó a todo el servicio, y cuando volví ya lo hice como Marta. La acogida fue muy buena. No hubo ningún problema por parte de la institución, incluso cambiaron mi correo y tarjetas de acceso antes de que yo hiciera mi cambio de nombre legal”, recuerda.

El de Marta Román Expósito es un caso excepcional. Los datos así lo confirman. Según el último estudio de la UGT, más de un 80% de las personas trans se encuentran en situación de desempleo, más del doble que el resto de personas LGTBI. Además, muchos otros lo esconden por miedo a represalias tanto de sus compañeros como de la dirección de la empresa.

De lo que no pudo escapar la investigadora fue del duro proceso que implica el cambio de DNI. “Tuve que hacerme una evaluación psiquiátrica que duró al menos dos meses, para después pasar dos años en hormonación supervisada por un endocrinólogo, y finalmente pasar por un médico forense para que te dé el visto bueno”, dice Román Expósito y lamenta que “Una persona que no te conoce en absoluto tiene la capacidad de decidir en función de una sesión de una hora, en la que además te trata por el nombre en masculino, si eres lo suficientemente trans o no.”.

Marta Román Expósito es consciente de que ha llegado más lejos de lo que la sociedad tiene preparado para la mayoría de personas como ella. “Creo que sí que podría ser un referente para otras personas jóvenes. Lo pienso porque yo no los tuve”, aclara, y agrega que: “Tanto a una chica como a un chico trans le diría que luche con ganas por ser quien es y que nadie limite lo que puede llegar a ser”.

Marta Román Expósito, una de las pocas investigadoras trans que logró destacarse en un campo tradicionalmente reservado para hombres cis.

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