Las mujeres trans en dictadura: del silencio a la lucha por la reparación histórica

ATA - Sylvia Rivera • 29 de septiembre de 2025

Durante décadas sus historias fueron invisibilizadas en los relatos oficiales sobre el terrorismo de Estado. Hoy, sobrevivientes y activistas exigen al Estado argentino ser reconocidas como víctimas y recibir políticas de reparación.

En la última dictadura cívico-militar (1976-1983), las personas trans sufrieron detenciones, torturas y violencia sexual por parte de las fuerzas de seguridad. Sin embargo, durante mucho tiempo sus historias no formaron parte de la memoria oficial ni de los procesos judiciales por delitos de lesa humanidad.

Recién en los últimos años comenzaron a incorporarse testimonios en juicios como el de las “Brigadas” en la provincia de Buenos Aires, donde cinco mujeres trans relataron ante los jueces el calvario que padecieron en centros clandestinos.

El rescate de las memorias


Documentales, investigaciones periodísticas y el Archivo de la Memoria Trans han contribuido a recuperar relatos de sobrevivientes como Julieta González y Fabiana Gutiérrez. Estos testimonios funcionan como prueba judicial y como un acto político: inscriben a las mujeres trans como víctimas del terrorismo de Estado y como protagonistas de la memoria colectiva.

La lucha de “Las Históricas Argentinas”


Hoy, agrupaciones de mujeres trans mayores, autodenominadas “Las Históricas Argentinas”, reclaman una reparación que contemple su condición de sobrevivientes de la represión y la exclusión estructural. Piden pensiones, programas de salud integral y reconocimiento simbólico del Estado.


Sostienen que los avances en materia de derechos —como la Ley de Identidad de Género y el cupo laboral travesti-trans— son conquistas fundamentales, pero no alcanzan para saldar la deuda con quienes envejecen después de haber sobrevivido a la violencia institucional y a décadas de marginalidad.


El desafío de incluirlas en la memoria oficial


Reconocer a las mujeres trans como víctimas del terrorismo de Estado significa ampliar la memoria colectiva. No se trata solo de sumar testimonios a los juicios, sino de replantear cómo se cuenta la historia reciente de la Argentina: quiénes fueron perseguidos, qué voces fueron silenciadas y qué narrativas aún deben emerger.

“Dar dignidad a lo que nos pasó”, expresó una de las sobrevivientes en audiencia judicial. Su frase condensa el núcleo del reclamo: que la historia de las personas trans en dictadura no quede en los márgenes, sino que ocupe el lugar que le corresponde en la memoria nacional.


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Y Barcelona en aquella época, con todas sus contradicciones, era uno de los pocos lugares donde una persona trans podía intentar construir una vida con algo más de libertad. Sonia trabajó como vedette durante un tiempo, pero la realidad terminó golpeándola muy duro entre adicciones, prostitución y pobreza extrema. Una vulnerabilidad que la convertiría en un claro objetivo. La noche de los hechos El 5 de octubre de 1991, un grupo de jóvenes skinheads pasaba la noche por distintos bares de Barcelona, y sobre las tres y media de la madrugada entraron en el parque de la Ciutadella. Allí llegan a una glorieta donde duermen varias personas sin hogar tapadas con mantas y empiezan a hacer ruido. Sonia y otra persona les dicen algo muy sencillo: que los dejen dormir. En ese momento, se desencadena lo peor. 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La agresión no solo buscaba matarla sino mandar un mensaje de exclusión y de odio a todo un colectivo. Los errores en la construcción del caso El problema estructural en este caso radica en que no se contemplara el motivo discriminatorio en el actuar criminal. Muchas veces, el problema aparece al principio, en cómo se mira el crimen. Con Sonia ocurrió algo peligrosísimo: se empezó investigar como una agresión salvaje de jóvenes violentos, pero no con toda la intensidad necesaria como una posible agresión selectiva contra personas vulnerables. Afortunadamente, el Mosso d’Esquadra Joan Carles Molinero Juncà, se hizo cargo de esa investigación y la impulsó de forma moderna y profesional, pero voluntarista. Y eso condiciona todo. Porque, si desde el primer momento no incorporas la discriminación como hipótesis, el odio puede desaparecer del procedimiento aunque sea el núcleo del crimen. La importancia del fiscal especialista en delitos de odio Hay quien piensa que un fiscal solo aparece en el juicio. Y no. Hay fiscales revisando denuncias, monitorizando procedimientos, intentando detectar motivaciones discriminatorias que a veces ni siquiera aparecen claramente descritas en el atestado inicial por razones ajenas a los policías. Esta labor exige formación, sensibilidad y muchísimo compromiso humano. Y a pesar del esfuerzo, su ánimo no decae. Saben que detrás de cada denuncia hay una persona que muchas veces llega rota, con miedo, con vergüenza o con sensación de que nadie le va a creer. Y ahí, el papel del fiscal es estrictamente necesario. La realidad de las mujeres trans en la actualidad En unas jornadas recientes en la Fiscalía, se analizó el asesinato de Sonia, con la oportunidad de conversar y aprender de Sofía, Judith y Marina, mujeres trans con increíbles reflexiones e historias a sus espaldas. 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