Imane Khelif, transfobia contra una mujer cis
ATA - Sylvia Rivera • 5 de agosto de 2024
Cualquier mujer cis que sea más alta de lo habitual, con más vello facial, sin capacidad gestante, con más potencia, más rápida, menos flexible, más resistente o fuerte de lo que el patriarcado contempla como la norma, es una potencial víctima de transfobia.
Una ola global de transfobia se ha generado a raíz de que la boxeadora argelina, Imane Khelif, haya eliminado en sólo 46 segundos a su rival, la italiana Angela Carini, en los Juegos Olímpicos de París. Personalidades de todo el mundo, desde la primera ministra italiana Giorgia Meloni hasta la escritora J.K. Rowling, pasando por Elon Musk, Donald Trump o el argentino Javier Milei,
han acusado a la deportista ganadora de ser “un trans” o “un hombre golpeando a una mujer”.
“Si seguía la mataba”, ha llegado a escribir el presidente argentino en la red social X, en respuesta a un vídeo que ha circulado por redes sociales. Sin embargo, la boxeadora Imane Khelif no es una mujer trans, es una mujer cis. O, dicho en lenguaje transfóbico, una mujer biológica, una mujer nacida mujer. Aunque la boxeadora hubiera querido someterse a un proceso de transición de género, no habría podido porque en su país está prohibido y se castiga con pena de prisión.
Imane Khelif es una mujer con altos niveles de testosterona, un trastorno hormonal llamado hiperandrogenismo que produce exceso de andrógenos y hormonas sexuales masculinas en la sangre de una mujer. Esta característica le otorga a la boxeadora argelina más fuerza, lo que le beneficia en una práctica como el boxeo, pero implica también menos flexibilidad, lo que le perjudicaría si en lugar de boxeadora fuera gimnasta o nadadora artística.
El debate surgido sobre la boxeadora argelina plantea una reflexión nuclear. La transfobia no es una ideología de odio sólo contra las personas trans, sino contra cualquier persona que se aleje de los cánones que el patriarcado ha definido para otorgar la categoría de mujer u hombre.
Cualquier mujer cis que sea más alta de lo habitual, con más vello facial, sin capacidad gestante, con más potencia, más rápida, menos flexible, más resistente o fuerte de lo que el patriarcado contempla como la norma, es una potencial víctima de transfobia. Igualmente, cualquier hombre cis con poca fuerza, baja resistencia, mucha flexibilidad o con bajos niveles de testosterona en sangre, será considerado sospechoso de ser poco hombre por no superar el examen de género patriarcal.
Lo que borra a las mujeres no son las mujeres trans, sino la transfobia, que es una batalla cultural de la ultraderecha global en la que viene a decir que las personas trans son un invento de ingeniería social y no una muestra de la diversidad humana que existe desde que el mundo es mundo. La transfobia no es más que una bifurcación de la autopista por la que circula el antifeminismo global.
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