En el colectivo trans hay un paro del 85%

-¿Su identidad sexual le ha cerrado muchas puertas laboralmente?
-Ha sido muy complicado en el mundo laboral, porque durante los dos años que te estás hormonando la ley te impide cambiarte el nombre en el DNI. Esta es mi reivindicación número uno. Lo pude cambiar hace muy poquito. Ya no es que la gente te pueda rechazar, sino que yo ya no me atrevía. Fuera donde fuera tenía que dar explicaciones. La gente me trataba como mujer por mi aspecto, pero luego al ver mi DNI cambiaba el trato.
¿Pudo trabajar en alguna ocasión?
-Sí, tuve suerte. Trabajé en la UNED y en un supermercado. Tenía un jefe que me dejó boquiabierta. No le importó que no me hubiese llegado el DNI. "Tú eres una mujer y ya está; tú quieres trabajar aquí y tus aptitudes son lo que importan", me dijo. Me sorprendió muchísimo.
¿En Pontevedra?
-Sí, eso ocurrió en Pontevedra. He tenido mucha suerte porque la gente que me he encontrado, aún con desinformación, tenía mucha voluntad de aprender. En el colectivo trans hay un paro del 85 por ciento, lo que llevaba en ocasiones a una prostitución forzada, porque no tienen papeles ni oportunidades. Las estadísticas de las mujeres trans son muy malas.
-¿Cómo vive el 8-M?
-Cuando se habla de machismo yo siento lo mismo que mis amigas, todas las mujeres tenemos las mismas sensaciones. El año pasado fui, pero fue algo frustrante porque eché en falta una alusión a las mujeres trans. En la lucha feminista me veo común a las mujeres. Las trans sufrimos doble discriminación, por ser trans y por ser mujeres.
-¿Cuál es su consejo de vida para una persona que esté en la fase de asumir su identidad?
-Que busque a personas informadas que viven su misma situación. Todas lo vivimos de forma distinta. Te sientes muy desamparada.
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