El largo camino de una mujer trans para llegar a ser diputada en México

ATA - Sylvia Rivera • 1 de diciembre de 2021

México está cambiando, al menos eso ha demostrado su sociedad, al empezar a abrir oportunidades en los espacios políticos electorales para todos los grupos vulnerables, incluidas las mujeres trans. Uno de los tres Poderes de Gobierno, el Legislativo, cuenta con las dos primeras mujeres trans de la historia. Una de ellas cuenta su historia a Noticias ONU.

El artículo 2 de la Declaración Universal de los Derechos Humanos establece que: toda persona tiene todos los derechos y libertades proclamados en la Declaración, sin distinción alguna de raza, color, sexo, idioma, religión, opinión política o de cualquier otra índole, origen nacional o social, posición económica, nacimiento o cualquier otra condición.

Es decir, toda persona tiene derecho a estar libre de discriminación.

Sin embargo, en su informe anual al Consejo de Derechos Humanos de la ONU, el experto independiente* de la ONU sobre la protección de la violencia contra la discriminación por orientación sexual o identidad de género expresó su alarma por el aumento de la persecución de las personas trans y de género no binario en algunos países “en un momento en el que se cuestiona el concepto mismo de género”.

Víctor Madrigal Borloz indicó que por ese motivo “es más importante que nunca que los Estados creen un entorno seguro para quienes no se ajustan a las normas de género de la sociedad”.

México no ha sido una excepción y, sin embargo, poco a poco las cosas van cambiando. Noticias ONU ha entrevistado a una de las dos mujeres trans que ahora ha llegado a la cúspide de la política al conseguir ser diputadas.

Diputada Salma Luévano Luna

Salma Luévano llegó envuelta en un vestido de lentejuelas y con una bandera trans, a su primer día en San Lázaro, reconociéndose a sí misma y gritando a los cuatro vientos su orgullo de ser la primer mujer trans en acceder a una diputación federal por la cuota “arcoíris” de Morena, junto con su compañera de partido, María Clemente García.

Nació en Minatitlán, Veracruz, un lugar rodeado de naturaleza, y de mucho amor. En su infancia, vivió y creció entre árboles, ríos, y arroyos; creció en una familia muy trabajadora y amorosa. Su madre, a la cuál admira mucho, fue, sigue y seguirá siendo su motor de lucha e inspiración , y esa fuerza que la deja seguir avanzando.

“Ella me arropó, me educó, me escuchó y me entendió a su historia de vida, a su entender, esto hace más de 30 años”. A diferencia de muchas mujeres trans, Salma creció con apoyo y comprensión, sin embargo, ella aun así no lograba comprender lo que le pasaba, lo que sentía, y al crecer en un país católico, se llenó de más dudas y culpas por su religión.

A una corta edad y por decisión de sus padres, Salma tuvo que irse a vivir sola a la Ciudad de México, en dónde pudo aprender y entender el proceso de su construcción. Una vez que logró entender su identidad de mujer trans, visitó la ciudad de Aguascalientes, y entre ese buscar de respuestas y de entender su proceso, decidió acudir a una iglesia para hablar con un sacerdote, pensando que éste sería un buen consejero, sin embargo, en cuánto la vio abrió las puertas de par en par de su oficina, “como si yo fuera un apestado o el chamuco; ante esto salí corriendo con más sentimientos encontrados”.

En esa lucha, Salma empezó a construirse y a entender quién era y qué quería en su vida. Una vez que se fue a vivir a Aguascalientes, comenzó a ser víctima de discriminación y de la transfobia constantemente: desde esa visita a la iglesia, hasta en su lugar de trabajo que, por el simple hecho de haber recibido flores, fue despedida tras una queja de sus compañeras, a las que, a decir por parte de la diputada, no les gustó que una mujer trans recibiera un obsequio de esa índole en su lugar de trabajo. “Al no tener el conocimiento, y el estar en la ignorancia de cómo defender tus derechos humanos y tu dignidad, permití esa injusticia que me hizo mucho daño y me marcó ”.

Aguascalientes es un estado muy religioso, por lo que fue un camino largo de lucha y de defensa por sus derechos; a sus 18 años, Salma y sus compañeras vivían con miedo a ser detenidas o reprendidas, pues, por Ley, las autoridades tenían el derecho de detenerlas, y sin derecho a fianza, encarcelarlas, por el simple hecho de tener los labios pintados o vestirse de mujer , hecho que marcó a Salma e hizo que iniciara su activismo y búsqueda de espacios públicos en dónde ser escuchada y pudiera tomar decisiones.

Ante esta situación, Salma decidió, junto con la población LGBTT+ solicitar al presidente municipal de ese entonces que se les dejara de perseguir y de encarcelar, después de mucho insistir y exigir que se respetaran sus derechos, y sin obtener ninguna respuesta, el grupo decidió tomar medidas drásticas e iniciar una manifestación sin ropa, solo así lograron obtener la atención de las autoridades, dándoles la libertad que se merecían.

“Ahí, en ese momento entendí realmente lo que era nuestra lucha, que teníamos que exigir y pelear, y arrebatar. Ahí empiezo esa lucha del activismo y por buscar esa dignidad, espacios y reconocimiento”.

La cuota arcoíris

La historia política de Salma se inició hace dos años cuando llevó un oficio al Instituto Electoral de Aguascalientes, en dónde solicitó un 10% de los espacios políticos electorales para los grupos en situación de vulnerabilidad, incluyendo a las mujeres trans, sin embargo a pesar de que lo aceptaron, algunos grupos que se sintieron ofendidos, impugnaron e impugnaron hasta llegar al Tribunal Federal, en dónde se le dio la razón a Salma aceptando la cuota político-electoral denominándola “cuota arcoíris” , lo que le da la posibilidad tanto a ella, como a su compañera María Clemente, y a algunas más como a Ana Eugenia Rodríguez, que logró una regiduría en la ciudad de Monterrey, en Nuevo León.

“Tenemos que ocupar los espacios de toma de decisiones, esto es importante porque realmente tenemos este sentir y sabemos las necesidades de nuestra población, y obviamente nosotras, nosotros, y nosotres, lucharemos realmente por esas iniciativas y propuestas que históricamente se nos deben que son: salud digna, trabajo digno, y todos estos espacios dignos que como seres humanos merecemos . Tenemos derechos, olvidemos etiquetas, somos seres humanos, no debemos luchar por nuestros derechos, nos los deben de dar”.

Salma Luévano busca, desde su puesto como Legisladora, elevar a rango constitucional estas cuotas arcoíris, y así lograr su libre tránsito político, económico, y social.

“Esto trae un efecto dominó, que arropa las otras cuotas en este caso las indígenas, y también a otra compañera, entonces ya no somos una, si no dos, pues tenemos dos mujeres trans en la máxima tribuna”.

En el marco del análisis del presupuesto para 2022 en la Cámara de Diputados de México, Luévano Luna ha hecho hincapié en que el presupuesto que se destinará para el ejercicio 2022 a la comunidad de la diversidad debe ser transversal, y esa es la ruta en la que irá encaminada la opinión de la Comisión de la Diversidad, la misma que preside la diputada Salma, que busca la creación de organismos especializados en diversidad sexual que atiendan de forma específica las necesidades de la población LGBTTTIQ+, en áreas como la salud, la educación y en temas laborales.

“En nuestra población trans cuando la esperanza de vida son 60, 65, años, en México, de nuestra población no llegamos ni siquiera a los 35 , precisamente por esta transfobia, falta de tratamientos, espacios, y salud digna, al no tener estos servicios tenemos que recurrir a espacios dudosos que nos están matando. Al no tener un espacio digno de trabajo, nos obliga a trabajar en las calles, que es digno también, pero nos obligan, y aquí el problema es que nos arriesgamos. ¡Cuántas hermanas no han matado en la calle! El no respetar nuestra identidad ha provocado muchos suicidios; todo eso, desafortunadamente, ha hecho que no lleguemos ni a los 35 años”.

De acuerdo con el informe "Mujeres trans privadas de la libertad", la media de edad de las mujeres trans en México es de 35 años, por lo que, tanto Salma, como María Clemente, tienen bien definido que su trabajo estará enfocado en tres importantes rubros: la identidad de género, matrimonios igualitarios y salud integral.

“Nuestras historias son casi similares todas, casi todas ejercemos el trabajo sexual, y quiero decirles que hay vida, esperanza, luz, sueños, y que no paremos, sigamos gritando, denunciando, señalando, y no perdamos la esperanza, hay esa luz, y esa luz es para todos, todas, y todes”.

Reportaje escrito por Primavera Díaz para Noticias ONU

https://news.un.org

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Barcelona, octubre de 1991. España todavía está entrando en los años 90, a unos meses de los Juegos Olímpicos. La ciudad intenta proyectar modernidad, apertura, libertad. Pero, en una glorieta del parque de la Ciutadella, un grupo de jóvenes neonazis encuentra a varias personas sin hogar descansando bajo unas mantas. Entre ellas hay una mujer trans de 45 años, Sonia Rescalvo. Pocos minutos después sería asesinada a golpes, patadas y barras metálicas, y otras dos personas resultarían gravemente heridas con secuelas permanentes. Y aunque entonces casi nadie lo sabía, aquel crimen iba a cambiar para siempre la manera en que la justicia española entendería los delitos de odio. ¿Quién era Sonia? Sonia Rescalvo nació en Cuenca en 1965. Y como muchísimas personas trans de su generación, tuvo que marcharse de su entorno para poder vivir su identidad. En la actualidad, usamos una palabra muy potente para eso: sexilio. Y Barcelona en aquella época, con todas sus contradicciones, era uno de los pocos lugares donde una persona trans podía intentar construir una vida con algo más de libertad. Sonia trabajó como vedette durante un tiempo, pero la realidad terminó golpeándola muy duro entre adicciones, prostitución y pobreza extrema. Una vulnerabilidad que la convertiría en un claro objetivo. La noche de los hechos El 5 de octubre de 1991, un grupo de jóvenes skinheads pasaba la noche por distintos bares de Barcelona, y sobre las tres y media de la madrugada entraron en el parque de la Ciutadella. Allí llegan a una glorieta donde duermen varias personas sin hogar tapadas con mantas y empiezan a hacer ruido. Sonia y otra persona les dicen algo muy sencillo: que los dejen dormir. En ese momento, se desencadena lo peor. Los agresores se dan cuenta de que quienes están allí son homosexuales y personas trans, y uno de ellos utiliza la expresión “subir a tocar el tambor”, que en su argot significaba golpear brutalmente la cabeza de alguien en manada. Los agresores comenzaron a patear sus cabezas y tórax, hasta que Sonia perdió el conocimiento. Seguidamente, uno de los neonazis comprobó si alguna de las víctimas seguía respirando, para acto seguido acabar con su vida. Un antes y un después en la justicia española El caso Sonia obligó a la justicia española a hacerse una pregunta distinta. Hasta entonces muchas investigaciones se centraban exclusivamente en: quién golpeó, quién mató o quién llevaba el arma. Pero este crimen obligó a preguntarse algo mucho más profundo: ¿por qué eligieron precisamente a esa víctima? Porque ella no fue asesinada al azar. Era una mujer trans, era pobre y dormía en la calle. En definitiva, era vulnerable. La agresión no solo buscaba matarla sino mandar un mensaje de exclusión y de odio a todo un colectivo. Los errores en la construcción del caso El problema estructural en este caso radica en que no se contemplara el motivo discriminatorio en el actuar criminal. Muchas veces, el problema aparece al principio, en cómo se mira el crimen. Con Sonia ocurrió algo peligrosísimo: se empezó investigar como una agresión salvaje de jóvenes violentos, pero no con toda la intensidad necesaria como una posible agresión selectiva contra personas vulnerables. Afortunadamente, el Mosso d’Esquadra Joan Carles Molinero Juncà, se hizo cargo de esa investigación y la impulsó de forma moderna y profesional, pero voluntarista. Y eso condiciona todo. Porque, si desde el primer momento no incorporas la discriminación como hipótesis, el odio puede desaparecer del procedimiento aunque sea el núcleo del crimen. La importancia del fiscal especialista en delitos de odio Hay quien piensa que un fiscal solo aparece en el juicio. Y no. Hay fiscales revisando denuncias, monitorizando procedimientos, intentando detectar motivaciones discriminatorias que a veces ni siquiera aparecen claramente descritas en el atestado inicial por razones ajenas a los policías. Esta labor exige formación, sensibilidad y muchísimo compromiso humano. Y a pesar del esfuerzo, su ánimo no decae. Saben que detrás de cada denuncia hay una persona que muchas veces llega rota, con miedo, con vergüenza o con sensación de que nadie le va a creer. Y ahí, el papel del fiscal es estrictamente necesario. La realidad de las mujeres trans en la actualidad En unas jornadas recientes en la Fiscalía, se analizó el asesinato de Sonia, con la oportunidad de conversar y aprender de Sofía, Judith y Marina, mujeres trans con increíbles reflexiones e historias a sus espaldas. No hablaron desde el resentimiento, pero también desde la dignidad, reivindicando algo tan simple como su derecho a existir, a vivir tranquilas y a no tener miedo. Un testimonio que recuerda que la discriminación y la transfobia no conceptos abstractos. Detrás de ellas hay seres humanos, y la dignidad humana, no se debate. ¿Acabarán algún día este tipo de crímenes? El fiscal asegura que el problema no ha desaparecido, sino que ha cambiado de forma. A día de hoy tenemos mejores leyes y mayor formación, pero siguen existiendo discursos de deshumanización que se amparan en era de la desinformación. Hay que recalcar dos ideas fundamentales: 1. Los delitos de odio no castigan ideas, castigan conductas que lesionan derechos fundamentales en un contexto discriminatorio. 2. Los discursos de odio sí son peligrosos por sí mismos, porque reducen las barreras frente a la violencia. Cuando conviertes constantemente a un colectivo en amenaza, acabas facilitando que alguien crea legítimo atacarlo. Y por eso recordar a Sonia no es mirar al pasado. Es preguntarnos qué sociedad queremos ser, si una sociedad donde determinadas personas tengan miedo de existir, o una capaz de proteger la dignidad de todos. Martín reafirma que la dignidad humana no puede depender ni de la identidad, ni de la orientación sexual, ni del aspecto físico, ni de la pobreza, ni de la vulnerabilidad. Porque, es para todos, o al final no será para nadie. https://cadenaser.com