Moria Casán, nueva obra, historia ficcionada sobre su vida para Netflix, película con Suar y una confesión: “Soy trans desde que nací”

ATA - Sylvia Rivera • 2 de junio de 2025

La diva habló de todo con Clarín: su relación con Susana, Mirta y Tinelli; cómo defendía a las travestis en la dictadura; y su rol militante en la causa LGBT.

Además cuenta que Adrián Suar escribió su próximo filme para ella y adelanta como será "Cuestión de género", con Jorge Marrale, en el Metropolitan.

Cuando muchos nacen, además de la huella digital que los hace únicos, hay prefijos, palabras y adjetivos que los acompañarán en la aventura de vivir y que determinarán sus destinos. Moria Casán es de esos seres que nació bajo el signo “trans”. Para ella, no remite sólo al término abreviado que se utiliza para referirse a personas transgénero o transexuales. En el caso de la diva, se emparenta con palabras como “transformación”, “transición” y “transmutación”. "Soy trans desde que nací", dice. Y no resulta rara la declaración.

Como veremos, la existencia de la multifacética artista estuvo y está signada por causalidades “trans” que le permiten reinventarse y evolucionar. Mientras realiza los últimos ensayos de su nueva obra teatral llamada Cuestión de género (se estrenó el 30 de mayo en el Teatro Metropolitan), Moria Casán recibe a Clarín con su intacto carisma. Posa luminosa para las fotos y se entrega a la charla entusiasmada por su presente.

En esta comedia francesa de Jade-Rose Parker que se convirtió en un fenómeno en París (con Victoria Abril como estrella), Casán comparte protagónico con Jorge Marrale, bajo la dirección de Nelson Valente y la producción general de Pablo Kompel, Tomás Rottemberg y Ricardo Hornos. El elenco se completa con Paula Kohan y Ariel Pérez de María.

No es novedad que a sus 78 años, Moria proyecta emociones, ideas y sentimientos que trascienden la edad. Su energía es atemporal, siempre nueva y renovada. Ahora la metamorfosis artística la lleva a ponerse en la piel de Jade, una diseñadora que recibe el resultado negativo en un examen médico de rutina. Al comunicárselo a Francisco (Jorge Marrale), su esposo desde hace 30 años, aprovecha para revelarle un secreto que oculta desde el inicio del matrimonio.

Dice Moria: “El tema de la obra es muy actual, habla de una transición de género, con todo lo que conlleva. Se refiere al bullying; a todo lo que debe atravesar una persona para ser libre. Y a quien se encuentra con que el otro nunca le dijo lo que pasaba y se siente engañado. Es un guión que propone una montaña rusa emocional, porque entendés a uno, y después te ponés de parte del otro, y comprendés a los dos”.

Fascinada por trabajar junto a Jorge Marrale, Casán anticipa que el público se encontrará con aristas de comicidad que nunca vio en el talentoso actor. Afirma: “Había trabajado en televisión con Marrale en Doble vida (2005), pero nunca nos cruzamos en las escenas. La química que tuvimos con él desde el primer ensayo fue brutal. Compartimos el mismo sentido del ritmo, como si tuviéramos un amperímetro y un cronómetro adentro nuestro. En el primer acto tenemos 35 páginas de ping pong. No paramos de tirarnos frases, y se produce una interacción maravillosa”.


Titiritera de su destino y el nombre Jade

Moria Casán ya había interpretado a una mujer  trans, cuando fue Bernadette en Priscilla, la reina del desierto, rol en el que reemplazó a Pepe Cibrián. “Fui la única mujer a la que los ingleses, dueños de los derechos, le permitieron hacer un personaje escrito para un actor, para que interpretara a una transexual”, destaca.


¿Cuál es la diferencia entre aquella Bernadette y esta Jade?

Con mi rol en Priscilla sentí que me puse en un papel de mujer trans sin necesitar explicar mi transición, entonces no atravesé ningún proceso. El rol de Jade ofrece otros matices emocionales porque debe ir a su pasado, para explicarlo y que su hija adoptiva (interpretado por Paula Kohan) lo entienda... Es como un llamado a la tolerancia, a la empatía, a saber que no todos podemos ser iguales. A entender que estamos en 2025 y la gente sí puede cambiar de sexo. Claro que no se puede evitar la estupidez, las malas miradas, las sonrisas burlonas. Todo eso está siempre ahí, latente. Pero hay que atravesarlo y jugarse por lo que uno quiere. Y eso es un laburo.


¿Es cierto que tuviste que ver con la elección del nombre Jade para el personaje?

Sí, y una vez más queda demostrado que yo misma soy titiritera de mi destino. Siempre tengo una cosa predictiva y metafísica de lo que va a ocurrir. El año pasado me entregaron el libro de la obra Cuestión de género. Lo leí y vi que mi personaje se llamaba Carla. Era un nombre que no me gustaba, porque lo consideraba muy común. El nombre masculino no lo voy a decir, porque el público lo va a descubrir cuando venga a ver la obra. Pero para la mujer trans elegí Jade.

¿Por qué?

Varios motivos: primero porque me habían regalado una piedra de jade que me ayudó sobre todo con mi hija, un día que estuvo un poquito complicada. Yo tenía esa piedra y se solucionó todo en menos de un segundo. Después fui a China, y antes de recorrer la Muralla visité la fábrica de jade más importante del mundo y me compré un anillo. Elegí Jade para el personaje porque es un nombre fuerte, hermoso, relacionado con la prosperidad. Pero mirá lo que pasó después.


Alguna sincronicidad...

Totalmente. Un día teníamos otra lectura del guión en grupo y me olvidé mi libro. Le pedí a Tomás Rottemberg que me hiciera llegar otro. Y cuando lo recibí, noté que debajo del título Cuestión de género, estaba el nombre de la autora: Jade-Rose Parker. Todos supusieron que yo había elegido el nombre Jade por cómo se llama ella. Pero eso era imposible, ya que en el libro que me habían pasado a mí y tenía en casa, no estaba el nombre de la autora. ¡Nunca había leído cómo se llamaba!


Amigas trans y su empatía en plena dictadura


Moria luce plena. Dice que además de estar a full con esta nueva obra, firmó contrato con Netflix para hacer la historia ficcionada de su vida. Además adelanta que en septiembre empezará a filmar una película con Adrián Suar. “Es una comedia que escribió pensando en mí”, afirma. La sensibilidad de Moria traspasó la pantalla en el Bailando 2023, cuando ella participaba del jurado y se quebró frente a dos participantes trans a la hora de dar su devolución: “Sé por lo que pasan, sé de qué se trata y me emocionaron muchísimo”, expresó.  Además, le comenta a Clarín: “Cuando debuté en el teatro de revista, mis dos bailarines eran Ana Lupes que se llamaba Hugo Chaparro, y Vanessa Show (fallecida en 2023), que era José. Ana Lupes vivía en mi casa y presencié todas las etapas de su transición. Ella se casó, tuvo un gran éxito en Barcelona, después se mudó a Italia y actualmente vive en Mendoza. Es una persona increíble”.

Destaca que siempre se conectó con gente del ambiente homo. Que hasta su hija Sofía Gala Castiglione (38) se quedaba a dormir en casa de parejas gays amigas, y que ella también tiene una tribu donde todo el mundo es libre y sin rótulos.

Dice: “Nuestra sensibilidad está más acorde con la gente que debe luchar por estar encerrada en un cuerpo que no sienten propio. Imaginate que ahora mi personaje, Jade, es una mujer que también tuvo que mantener las apariencias para complacer a los demás”.

Casán recuerda que en 1977 (plena dictadura) cuando era estrella del Maipo, trabajando junto a Tato Bores y Carlos Perciavalle, ayudaba a sacar a los bailarines que se llevaban detenidos. “Los metían en cana, les pegaban, abusaban de ellos, le hacían de todo. Yo me los iba a buscar a la comisaría. Los policías me decían: ‘Bueno, Moria, vio que tienen el pelo muy largo y cómo caminan’. Era tremendo lo que pasaba. Pero yo los terminaba sacando de ahí.”

Orgullo y diversidad sin oportunismo

A lo largo de su carrera, Moria se transformó en un ícono de colectivos de la diversidad y referente de la comunidad LGBTQ+; creó el boliche gay “Gaysoline” y “Playa Franka” en Mar del Plata (en 1994); y acompaña las Marchas del Orgullo.


¿Te conectás con estas causas desde un espíritu militante?

No me tiro a la pileta si no hay agua, obvio, pero cuando estás segura de las cosas que hacés, no te mueve ningún oportunismo. Lo único que te impulsa es un sentido de libertad, y lo transmitís con alegría, sin adoctrinamiento, sin querer ser políticamente correcta. Lo mío siempre fue genuino. Nunca lo hice para ganar nada, al contrario, perdía.

¿Por qué?

Cuando empecé con el boliche gay, no tenía ni medio sponsor, era todo plata mía. Quería poner champán de una marca importante y no me lo daban porque era para homosexuales. Cuando quise hacer Playa Franka, todos los vecinos decían que era una degeneración. Después llegaron de la BBC de Londres a filmar el fenómeno, todos los colectivos empezaron a salir desde el Provincial con carteles que decían Playa Franka. Más tarde todos los terrenos que la rodeaban se vendían el triple de su valor. Después los mismos que se oponían me rendían tributo.


Transiciones que la reinventaron

En el diccionario de la “Real Academia Moría Casán” (que incluye términos y expresiones como Lengua karateca; Obelisco con tetas; El decorado se calla; Si querés llorar, llorá; entre otros que hasta se estampan e inmortalizan en remeras, boxers y ropa interior femenina), en ese diccionario comenzó a utilizarse el verbo “transicionar”, aludiendo a la acción de pasar de un modo de ser o estar a otro distinto. La One le dice a Clarín que ella pasó por muchas transiciones que la impulsaron a instalarse en nuevos lugares profesionales y existenciales.


Dice: “Lo primero que transicioné fue mi nombre. Mi mamá me puso Ana María Casanova. Me querría haber puesto Moria Elizabeth, pero en esa época no se permitía Elizabeth. Y Moria es muy parecido a María. Así que como nací un día antes o después de Santa Ana, no recuerdo bien, les gustó más el nombre compuesto, Ana María. Si hubiera sido varón me hubiesen llamado Bruno.


¿Y cuándo empezás a ser Moria Casán?

Cuando comienzo a querer ser yo misma, paso de ser Ana María a Moria. Fue mi primera transición: Moria Casanova. Así me llamé apenas entré al teatro, y enseguida me pusieron en el programa. Estaban Alfredo Barbieri, Don Pelele, Norma y Mimí Pons, Pedrito Rico, una cartelera impresionante. Y Carlos A. Petit (conocido como el Zar de la Revista), por primera vez había hecho un programa con disposición horizontal. Después de todos esos nombres tan consagrados, me pusieron a mí en el último lugar, con mi foto de perfil. Y como no entraba el Casanova, me lo cortaron y pusieron Casán. Me encontré con que alguien me había elegido el apellido sin consultarme (Risas).

¿Cuál fue tu segunda transición?

Cuando interpreté mi primer personaje, el de un hombre. Hice de Charles Chaplin y con esos bigotitos parecía Hitler. Un horror. Y después terminaba de mujer, haciendo un streap tease y quedaba con una bikini y algunas plumas. Antes te cuento que tuve que ir a comprarme una maquinita de afeitar en un kiosco para rasurarme la pussy, porque no estaba preparada. Así que entraba como hombre y cuando me convertía en mujer, quedaba desnuda. Así debuté en el escenario del teatro El Nacional, a principios de los '70. Pensá que era una niña que venía de la Facultad de Derecho, donde estudiaba Abogacía.


¿También hiciste de Julio César en 2022?

Sí, un Julio César “drag-queeneano” (otro término incorporado al Diccionario Moria Casán), con unos tacos altísimos. Era una obra de Shakespeare adaptada por José María Muscari, en el teatro San Martín y con todo el elenco después terminamos haciendo una función gloriosa en el Teatro Romano de Mérida, España.


Y siguieron más transiciones.

Sí, cuando me transformé de una chica que iba a ser siempre una vedette a una “actriz seria” y consagrada en Brujas.

Mujer fálica y feminista no agresiva. Moria no tiene problemas en admitir que es una mujer fálica (“Tengo un pene que uso de bufanda, con el que salgo a pelear a la vida”), pero que al mismo tiempo se considera una “feminista no agresiva”.

En pareja con Fernando Galmarini desde 2021, asegura: “Amo que el hombre me corteje. Un tipo que dice algo de mi cuerpo y me halaga, para mí no es un pajero ni un boludo. Pero al mismo tiempo tengo una independencia muy masculina, desde chiquita. Nunca le pedí plata a nadie. En ese sentido era como una especie de hombrecito”.

Su fortaleza y franqueza no bloquean su ternura. Y cuenta una anécdota: “El otro día fui a buscar a mi nieto Dante (Della Paolera, de 10 años) al colegio y salió viralizado en todos lados. Como si fuera un monstruo que no puedo ir a buscar al chico”.

Moria le pidió a su nieto que nunca la llame abuela, y ahora el niño la llama abuelo (un cambio de género inesperado que la divierte mucho). La otra debilidad de la One es su nieta, Helena Tuñón, de 16 años (hija de Diego Tuñón, tecladista de Babasónicos, y Sofía Gala). Dice que ella es empoderada desde siempre. Con vehemencia asegura: “Hay mujeres que hacen una sacralización de la belleza. Se creen que son empoderadas porque se ponen uñas largas y se meten silicona en el orto. Yo también me operé, pero no lo hice para conseguir nada.” Y agrega: “Fui la primera vedette que hizo topless en el teatro, cuando debuté. A mí me contrató Gerardo Sofovich con las lolitas y la cara con las que vine al mundo. Y recién después decidí operarme”.


Sobredosis de TV

Muchos creen que la TV tradicional está desapareciendo, ¿qué opinás?

No. Lo que pasa es que la TV cumple el lugar de entretenimiento, no pretendamos que tenga un rol de formación. La televisión es un electrodoméstico: vas a una tienda y te comprás una tostadora, una licuadora y una televisión. En la tele hoy ves la guerra de Ucrania, Wanda Nara que se pelea con Mauro Icardi, ves todos los cuernos que se meten, todo el mismo día. Hay una sobredosis de información.

¿Consumís mucha televisión?

Bastante. A mí me divierte y me entretiene. Me parece que nuestra tele posee una impronta única. Lo que más importa es el chisme, y es lo que todo argentino quiere saber desde el Cabildo Abierto. Los chismes los meten hasta en los noticieros.


¿Te gusta el streaming?

A mí me encantó hacer el programa Nave nodriza, por Picnic Extraterrestre. Pero lo que hacen los chicos jóvenes no lo consumo demasiado. A mí no me molesta que usen el lenguaje que usan, porque yo soy una guarra, pero una guarra con clase. Hay personas que las escuchás decir cosas muy fuertes y son desagradables, porque no las saben expresar bien.


Hedonista del “momentismo”

Moria se refiere a la relación que mantiene con Mirtha Legrand, Susana Giménez y Marcelo Tinelli: “Con Susana no me hablo, con Marcelo, sí. Con Susana en un momento fuimos compañeras de teatro, pero nunca amigas. Con la que más me hablo es con la Legrand. Me va a ver al teatro, me llama para decirme que me vio hermosa en alguna nota. Siempre me manda mensajitos por WhatsApp”.


Moria, ¿estamos en presencia de tu mejor versión?

Tengo más de 50 años de profesión, me encuentro en este teatro (el Metropolitan) en donde hice tantos éxitos en los '80, a punto de estrenar una nueva obra... Creo que este es el mejor día de mi vida porque estoy viva y estoy hablando con vos. Soy la mujer del “momentismo” absoluto. El hecho de trans...gredir, de trans...mutar, de elegirme y priorizarme, hace que sea un yo feliz. Soy una mujer que goza todo el tiempo, de mi arte, mi hija, del crecimiento de mis nietos, de mi pareja, de leer, del cine... Mi mejor versión es siempre ahora.


https://www.clarin.com

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Barcelona, octubre de 1991. España todavía está entrando en los años 90, a unos meses de los Juegos Olímpicos. La ciudad intenta proyectar modernidad, apertura, libertad. Pero, en una glorieta del parque de la Ciutadella, un grupo de jóvenes neonazis encuentra a varias personas sin hogar descansando bajo unas mantas. Entre ellas hay una mujer trans de 45 años, Sonia Rescalvo. Pocos minutos después sería asesinada a golpes, patadas y barras metálicas, y otras dos personas resultarían gravemente heridas con secuelas permanentes. Y aunque entonces casi nadie lo sabía, aquel crimen iba a cambiar para siempre la manera en que la justicia española entendería los delitos de odio. ¿Quién era Sonia? Sonia Rescalvo nació en Cuenca en 1965. Y como muchísimas personas trans de su generación, tuvo que marcharse de su entorno para poder vivir su identidad. En la actualidad, usamos una palabra muy potente para eso: sexilio. Y Barcelona en aquella época, con todas sus contradicciones, era uno de los pocos lugares donde una persona trans podía intentar construir una vida con algo más de libertad. Sonia trabajó como vedette durante un tiempo, pero la realidad terminó golpeándola muy duro entre adicciones, prostitución y pobreza extrema. Una vulnerabilidad que la convertiría en un claro objetivo. La noche de los hechos El 5 de octubre de 1991, un grupo de jóvenes skinheads pasaba la noche por distintos bares de Barcelona, y sobre las tres y media de la madrugada entraron en el parque de la Ciutadella. Allí llegan a una glorieta donde duermen varias personas sin hogar tapadas con mantas y empiezan a hacer ruido. Sonia y otra persona les dicen algo muy sencillo: que los dejen dormir. En ese momento, se desencadena lo peor. Los agresores se dan cuenta de que quienes están allí son homosexuales y personas trans, y uno de ellos utiliza la expresión “subir a tocar el tambor”, que en su argot significaba golpear brutalmente la cabeza de alguien en manada. Los agresores comenzaron a patear sus cabezas y tórax, hasta que Sonia perdió el conocimiento. Seguidamente, uno de los neonazis comprobó si alguna de las víctimas seguía respirando, para acto seguido acabar con su vida. Un antes y un después en la justicia española El caso Sonia obligó a la justicia española a hacerse una pregunta distinta. Hasta entonces muchas investigaciones se centraban exclusivamente en: quién golpeó, quién mató o quién llevaba el arma. Pero este crimen obligó a preguntarse algo mucho más profundo: ¿por qué eligieron precisamente a esa víctima? Porque ella no fue asesinada al azar. Era una mujer trans, era pobre y dormía en la calle. En definitiva, era vulnerable. La agresión no solo buscaba matarla sino mandar un mensaje de exclusión y de odio a todo un colectivo. Los errores en la construcción del caso El problema estructural en este caso radica en que no se contemplara el motivo discriminatorio en el actuar criminal. Muchas veces, el problema aparece al principio, en cómo se mira el crimen. Con Sonia ocurrió algo peligrosísimo: se empezó investigar como una agresión salvaje de jóvenes violentos, pero no con toda la intensidad necesaria como una posible agresión selectiva contra personas vulnerables. Afortunadamente, el Mosso d’Esquadra Joan Carles Molinero Juncà, se hizo cargo de esa investigación y la impulsó de forma moderna y profesional, pero voluntarista. Y eso condiciona todo. Porque, si desde el primer momento no incorporas la discriminación como hipótesis, el odio puede desaparecer del procedimiento aunque sea el núcleo del crimen. La importancia del fiscal especialista en delitos de odio Hay quien piensa que un fiscal solo aparece en el juicio. Y no. Hay fiscales revisando denuncias, monitorizando procedimientos, intentando detectar motivaciones discriminatorias que a veces ni siquiera aparecen claramente descritas en el atestado inicial por razones ajenas a los policías. Esta labor exige formación, sensibilidad y muchísimo compromiso humano. Y a pesar del esfuerzo, su ánimo no decae. Saben que detrás de cada denuncia hay una persona que muchas veces llega rota, con miedo, con vergüenza o con sensación de que nadie le va a creer. Y ahí, el papel del fiscal es estrictamente necesario. La realidad de las mujeres trans en la actualidad En unas jornadas recientes en la Fiscalía, se analizó el asesinato de Sonia, con la oportunidad de conversar y aprender de Sofía, Judith y Marina, mujeres trans con increíbles reflexiones e historias a sus espaldas. No hablaron desde el resentimiento, pero también desde la dignidad, reivindicando algo tan simple como su derecho a existir, a vivir tranquilas y a no tener miedo. Un testimonio que recuerda que la discriminación y la transfobia no conceptos abstractos. Detrás de ellas hay seres humanos, y la dignidad humana, no se debate. ¿Acabarán algún día este tipo de crímenes? El fiscal asegura que el problema no ha desaparecido, sino que ha cambiado de forma. A día de hoy tenemos mejores leyes y mayor formación, pero siguen existiendo discursos de deshumanización que se amparan en era de la desinformación. Hay que recalcar dos ideas fundamentales: 1. Los delitos de odio no castigan ideas, castigan conductas que lesionan derechos fundamentales en un contexto discriminatorio. 2. Los discursos de odio sí son peligrosos por sí mismos, porque reducen las barreras frente a la violencia. Cuando conviertes constantemente a un colectivo en amenaza, acabas facilitando que alguien crea legítimo atacarlo. Y por eso recordar a Sonia no es mirar al pasado. Es preguntarnos qué sociedad queremos ser, si una sociedad donde determinadas personas tengan miedo de existir, o una capaz de proteger la dignidad de todos. Martín reafirma que la dignidad humana no puede depender ni de la identidad, ni de la orientación sexual, ni del aspecto físico, ni de la pobreza, ni de la vulnerabilidad. Porque, es para todos, o al final no será para nadie. https://cadenaser.com