Fue crossdresser, abrazó su identidad trans después de los 50 y protagoniza un conmovedor documental: “Me salvé la vida”
ATA-Sylvia Rivera • 22 de marzo de 2024
Mar Bel Vázquez Delgado, una de las protagonistas del conmovedor documental Cross Dreamers, compartió su historia de transformación a raíz del estreno del filme de Soledad Velasco.

Fue crossdresser, abrazó su identidad trans después de los 50 y protagoniza un conmovedor documental: “Me salvé la vida”
Mar Bel Vázquez Delgado empezó a tomar pastillas para transicionar hace 3 años y medio, el día de su cumpleaños y a la hora en que nació, el 25 de octubre a las 23.45hs. Fue una decisión para la que necesitó traspasar la franja de los 50 y, hasta ese momento, encontró en la movida crossdresser un refugio para poder expresarse con libertad. “Me salvé la vida tomando esta decisión. Venía de un proceso de depresión y no quería ver la salida, no me daba cuenta y tampoco lo entendía. Cuando llegué a la mitad de mi vida y el reloj de arena se dio vuelta violentamente, me animé”, reveló la cantante y actriz que es una de las protagonistas del documental Cross Dreamers, que se centra en la historia de una comunidad cross -el cross dressing es una práctica en la que hombres cis se reúnen para habitar sus mujeres interiores, vistiéndose como tales y abandonando sus identidades masculinas por el rato que dure el encuentro- y las inquietudes y exploraciones de género de sus integrantes.
En diálogo con El Destape Mar Bel, que está transicionando desde hace 3 años y medio, es artista, cantante y, próximamente, actriz en una obra a estrenarse en el teatro Andamio 90, compartió su historia de transformación que la llevó hasta convertirse en una de las estrellas de la enternecedora película de Soledad Velasco.
- ¿Cuándo te diste cuenta que sentías atracción por tu lado femenino?
Es muy específico, a los seis años de edad. Vivo con mamá en la misma casa desde hace unos 50 años, yo tengo un poquito más, y recuerdo perfectamente el momento de mi niñez en que solía ir a buscar su ropa interior, en una de esas aventuras nocturnas encontré un lápiz labial y ella me encontró. Imaginate la escena: mamá recién divorciada y corría el año ‘74 -o sea, un contexto, cultural y social muy diferente al de hoy en día- así que su reacción inmediata fue no incentivar mi búsqueda, sino que trató de evitar que me metiera en problemas. Ese es el primer recuerdo que tengo. En la adolescencia volví a tener coqueteos con mi feminidad pero con una frecuencia no muy intensa… después vas creciendo y tomando tus decisiones.
En la época de la escuela primaria recuerdo el bullying, que es algo de toda la vida y de todas las culturas, ya que los niños pueden ser muy crueles, porque también es un mecanismo de defensa. Con este escenario latente viví de una forma absolutamente interna las cuestiones de mi sexualidad o de género, no había espacios para compartir, ni amigos a los que recurrir para charlar. Todo funcionaba dentro de nuestra cabeza, entonces empezaba a descubrir que convenía no hablar “del asunto”. Era lo que yo sentía. Luego, en la adolescencia siempre estuve en pareja con chicas, pero aún así me tomó muchos años poder compartirle a alguna de mis relaciones lo que sentía. En esa etapa de noviazgos empecé a comprobar en campo qué es lo que estaba pasando o no pasando en mi interioridad.
- ¿En qué personas o referentes encontrabas aliados que comprendiesen lo que te pasaba?
En Raffaella Carrá, ¡sin dudas! Era como muy Moria (Casán), inclusiva, una reina rodeada de maricas tan mostras como ella; había una ambigüedad muy seductora en su figura, no mostraba una feminidad tan hegemónica. Con el tiempo aparecieron las figuras de David Bowie y Boy George, como las personas más representativas en no ocultar su modo andrógino.
- Tu búsqueda en la apariencia tiene algo de los estilos de Boy George y Bowie
Es cierto, un poco busco mostrar una dualidad. Lo que también es cierto es que a mí me costó muchísimo mostrarme en público, me tomó toda la vida. Tuve muchos años de hacerlo puertas adentro, que también coincidió con una etapa de consumo de drogas para ayudarme a encontrar ese mundo interno. Y en el arte no encontraba una forma de manifestar esa feminidad, porque el rock sigue siendo un rubro machista.
- ¿Cómo aparece el concepto crossdresser en tu radar?
En el año 2003 y estando en pareja con Liliana -la mujer que aparece en el documental, la primera persona con la que pude compartir mi verdadero ser, mi mejor compañera y con la que tenemos una relación divina, a pesar de estar separados en la actualidad- empecé a vivir muy cerca de la noche travesti de La Plata, tejiendo una especie de familiaridad con ese ambiente. Mis cuestiones seguían siendo un secreto, algo privado, pero ya estaba investigando más sobre lo que me pasaba. A través de Internet conocí la palabra crossdresser y me enteré que existían movidas cross, una comunidad de personas como yo, costumbres y puntos de encuentro para formar amistades. Cuando empecé a asistir asiduamente a las noches cross me sentí en un lugar seguro donde al fin no tenía que explicarle nada a nadie. Si bien ya no me considero cross porque estoy 24/7 feminizada, en ese momento todas compartimos lo mismo y tiene que ver con algo generacional: pensábamos que estábamos aisladas de todos y que cada una era la única en estar viviendo un proceso de replanteo de género.
"Todas las trans han sido crossdressers, pero no todas las crossdressers van hacia lo trans"
- Una de las conclusiones que saqué después de ver el documental es que ser cross es un paso previo a la transición de género. ¿Esto es así en la mayoría de los casos?
Todas las chicas trans han sido crossdressers, pero no todas las chicas crossdressers van hacia lo trans. En mi caso, no tengo hijes ni pareja entonces tengo un grado de libertad que me permite decidir algunas cosas a diferencia de otras personas que prefieren conservar su vida social tal como funciona, no pretenden un cambio tan grande y prefieren seguir con su lugar establecido en el funcionamiento social: trabajo, familia, amigos, y para lo privado ser cross.
- Quiero volver a Liliana, tu excompañera. En el documental ella es una pieza clave en el acompañamiento de tus decisiones.
Sí, cuando nos conocimos con Liliana teníamos alrededor de 35 años y yo estaba viviendo de un modo muy intenso y no quería ocultar lo que sentía. La reacción de ella fue sumamente natural, siempre me estimuló y sugirió cosas, jamás me rechazó. Ahora no estamos en pareja pero nos gusta estar cerca: fuimos a un festival de cine de Mar del Plata juntos, a ver a los Babasónicos y también me presta ropa para la obra de teatro que estoy haciendo. Creo yo que ella es parte de un sector de la sociedad que necesita aceptar a las personas que quieren cambiar de género y eso habla muy bien de ella, la vuelve muy noble. Ella es bastante queer, gay friendly y tiene su lado medio lésbico aunque nunca estuvo con una mina. Siempre me dio la libertad de explorar mi lado femenino.
- ¿Se siguen haciendo las noches cross?
¡Sí! Desde hace 20 años que se hacen, aproximadamente. Yo asistí asiduamente al comienzo, ahora se hace en un bar que se llama Casa Jache sobre la calle Aranguren, en Villa Crespo. Es una reunión que se hace cada 30 días, el tercer viernes de cada mes, donde nos juntamos con las compañeras a tomar algo, comer y bailar. En aquel momento de ir seguido a las noches cross empecé a experimentar esta sensación de montarse como algo fantástico y desmontarse como algo doloroso, sacarse el maquillaje y la ropa era arrancarse la piel. Esa fue la primera señal de que me pasaba algo más.
- Al principio de la entrevista comentaste que vivís con tu mamá, ¿cuántos años tiene?
Mamá tiene 85 años.
- ¿Aprendió a tratarte con el pronombre ella?
Con mamá hay algo muy importante y es que ella fue la primera que me vio como mujer, a los 6 años. Mamá no quería hablar del asunto pero sabía… con el correr del tiempo, al decidir hacer un tratamiento hormonal para cambiar mi apariencia, no tuvo la mejor respuesta de entrada, le costó mucho. Hoy estamos muy bien en ese aspecto, tuvimos que deconstruir nuestra relación y reconstruirla por completo. Fue reciente cuando ella empezó a reconocerme como Mar Bel y no como Marcelo: la primera vez que recuerdo fue el año pasado que me dijo “alcanzáme eso vos que sos alta”. Lo fue incorporando de a poco, creo que ahora está más relajada y me ve bien y feliz.
Cross Dreamers se puede ver hasta el miércoles 27 de marzo en el cine Gaumont (Avenida Rivadavia 1635, CABA) a las 20.20 horas.
FUENTE: https://www.eldestapeweb.com/cultura/historias-de-vida/fue-crossdresser-abrazo-su-identidad-trans-despues-de-los-50-y-protagoniza-un-conmovedor-documental-me-salve-la-vida--202432121460
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Barcelona, octubre de 1991. España todavía está entrando en los años 90, a unos meses de los Juegos Olímpicos. La ciudad intenta proyectar modernidad, apertura, libertad. Pero, en una glorieta del parque de la Ciutadella, un grupo de jóvenes neonazis encuentra a varias personas sin hogar descansando bajo unas mantas. Entre ellas hay una mujer trans de 45 años, Sonia Rescalvo. Pocos minutos después sería asesinada a golpes, patadas y barras metálicas, y otras dos personas resultarían gravemente heridas con secuelas permanentes. Y aunque entonces casi nadie lo sabía, aquel crimen iba a cambiar para siempre la manera en que la justicia española entendería los delitos de odio. ¿Quién era Sonia? Sonia Rescalvo nació en Cuenca en 1965. Y como muchísimas personas trans de su generación, tuvo que marcharse de su entorno para poder vivir su identidad. En la actualidad, usamos una palabra muy potente para eso: sexilio. Y Barcelona en aquella época, con todas sus contradicciones, era uno de los pocos lugares donde una persona trans podía intentar construir una vida con algo más de libertad. Sonia trabajó como vedette durante un tiempo, pero la realidad terminó golpeándola muy duro entre adicciones, prostitución y pobreza extrema. Una vulnerabilidad que la convertiría en un claro objetivo. La noche de los hechos El 5 de octubre de 1991, un grupo de jóvenes skinheads pasaba la noche por distintos bares de Barcelona, y sobre las tres y media de la madrugada entraron en el parque de la Ciutadella. Allí llegan a una glorieta donde duermen varias personas sin hogar tapadas con mantas y empiezan a hacer ruido. Sonia y otra persona les dicen algo muy sencillo: que los dejen dormir. En ese momento, se desencadena lo peor. Los agresores se dan cuenta de que quienes están allí son homosexuales y personas trans, y uno de ellos utiliza la expresión “subir a tocar el tambor”, que en su argot significaba golpear brutalmente la cabeza de alguien en manada. Los agresores comenzaron a patear sus cabezas y tórax, hasta que Sonia perdió el conocimiento. Seguidamente, uno de los neonazis comprobó si alguna de las víctimas seguía respirando, para acto seguido acabar con su vida. Un antes y un después en la justicia española El caso Sonia obligó a la justicia española a hacerse una pregunta distinta. Hasta entonces muchas investigaciones se centraban exclusivamente en: quién golpeó, quién mató o quién llevaba el arma. Pero este crimen obligó a preguntarse algo mucho más profundo: ¿por qué eligieron precisamente a esa víctima? Porque ella no fue asesinada al azar. Era una mujer trans, era pobre y dormía en la calle. En definitiva, era vulnerable. La agresión no solo buscaba matarla sino mandar un mensaje de exclusión y de odio a todo un colectivo. Los errores en la construcción del caso El problema estructural en este caso radica en que no se contemplara el motivo discriminatorio en el actuar criminal. Muchas veces, el problema aparece al principio, en cómo se mira el crimen. Con Sonia ocurrió algo peligrosísimo: se empezó investigar como una agresión salvaje de jóvenes violentos, pero no con toda la intensidad necesaria como una posible agresión selectiva contra personas vulnerables. Afortunadamente, el Mosso d’Esquadra Joan Carles Molinero Juncà, se hizo cargo de esa investigación y la impulsó de forma moderna y profesional, pero voluntarista. Y eso condiciona todo. Porque, si desde el primer momento no incorporas la discriminación como hipótesis, el odio puede desaparecer del procedimiento aunque sea el núcleo del crimen. La importancia del fiscal especialista en delitos de odio Hay quien piensa que un fiscal solo aparece en el juicio. Y no. Hay fiscales revisando denuncias, monitorizando procedimientos, intentando detectar motivaciones discriminatorias que a veces ni siquiera aparecen claramente descritas en el atestado inicial por razones ajenas a los policías. Esta labor exige formación, sensibilidad y muchísimo compromiso humano. Y a pesar del esfuerzo, su ánimo no decae. Saben que detrás de cada denuncia hay una persona que muchas veces llega rota, con miedo, con vergüenza o con sensación de que nadie le va a creer. Y ahí, el papel del fiscal es estrictamente necesario. La realidad de las mujeres trans en la actualidad En unas jornadas recientes en la Fiscalía, se analizó el asesinato de Sonia, con la oportunidad de conversar y aprender de Sofía, Judith y Marina, mujeres trans con increíbles reflexiones e historias a sus espaldas. No hablaron desde el resentimiento, pero también desde la dignidad, reivindicando algo tan simple como su derecho a existir, a vivir tranquilas y a no tener miedo. Un testimonio que recuerda que la discriminación y la transfobia no conceptos abstractos. Detrás de ellas hay seres humanos, y la dignidad humana, no se debate. ¿Acabarán algún día este tipo de crímenes? El fiscal asegura que el problema no ha desaparecido, sino que ha cambiado de forma. A día de hoy tenemos mejores leyes y mayor formación, pero siguen existiendo discursos de deshumanización que se amparan en era de la desinformación. Hay que recalcar dos ideas fundamentales: 1. Los delitos de odio no castigan ideas, castigan conductas que lesionan derechos fundamentales en un contexto discriminatorio. 2. Los discursos de odio sí son peligrosos por sí mismos, porque reducen las barreras frente a la violencia. Cuando conviertes constantemente a un colectivo en amenaza, acabas facilitando que alguien crea legítimo atacarlo. Y por eso recordar a Sonia no es mirar al pasado. Es preguntarnos qué sociedad queremos ser, si una sociedad donde determinadas personas tengan miedo de existir, o una capaz de proteger la dignidad de todos. Martín reafirma que la dignidad humana no puede depender ni de la identidad, ni de la orientación sexual, ni del aspecto físico, ni de la pobreza, ni de la vulnerabilidad. Porque, es para todos, o al final no será para nadie. https://cadenaser.com

María Cortés renovó el DNI en el año 2024 con su nuevo nombre y sexo, pero el Ayuntamiento de Dos Hermanas no remitió la información a la Oficina del Censo Electoral, por lo que su tarjeta no es correcta para las elecciones del domingo en Andalucía. El Consistorio alega que la ciudadana no actualizó el padrón, pero hace un año inició los trámites para modificar esos datos.

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